Cosas sencillas… pasado, futuro, presente 💭

Hablar del pasado y del futuro, parece sencillo, pero muchas veces se nos complica; a los humanos parece qu nos gustan los extremos.

Si la vida fuera como un campo de fútbol…

El pasado sería ese juego que ya fue… cómo dice la canción «lo que pasó, paso» (y quizás lo que no pasó, también). Por muy bueno que resultara el gol, ya su gloria quedó atrás.

Ese fue un partido que se ganó o perdió, pero que después de él vendrian muchos más (mejores o peores). Te queda la camiseta y el sonido de los barras rugiendo a favor del equipo, y eso será para recordarlo.

➰El pasado… cementerio de recuerdos.

Por otro lado el futuro… seductor y guapo; nos guiña un ojo y nos derretimos creyendo a veces en promesas que ni quiera nos ha hecho. Pareciera que tenemos la manía de desear lo que viene, aún sin saber qué es.

Pretender que en el futuro se realizará todos nuestros sueños, sería como pensar que por correr detrás de alguien, terminará interesándose en nosotros.

El futuro, un nacimiento que todavía no sucede.➰

Y entonces aterrizamos en el presente. Te has fijado que es el tiempo en el que siempre estamos? En el p r e s e n t e.

Quizás no tenga la cara (el presente) que queramos, pero es la oportunidad disponible para nosotros. Es el reflejo en nuestro espejo, la realidad que roza nuestras manos. Las ausencias que nos duele y el gran descubrimiento de personas maravillosas que encontramos y permancen con nosotros.

El presente es nuestra realidad que con los brazos abiertos nos dice que la podemos amar.

En términos del juego el presente es «la pelota caliente «que está de un lado a otro con o sin anotación. Tenemos los boletos de entrada, estamos en las gradas o en la cancha «pero estamos» y eso es lo importante.

El presente es nuestra realidad y lo mejor que podemos hacer es abrazarla y amarla. ♥️

Últimos días… 2021

Aunque este año que se dejó nombrar 2021, junto al anterior han sido raros y difíciles, ha sido un tiempo de mucho valor, quizás por lo que hemos descubierto y aún nos falta.

Nos dimos cuenta (aunque quizás para luego olvidarlo), que:

➰La brevedad de la vida es una certeza que no podemos objetar, aunque obstinadamente nos empeñemos en ello.

➰Llegamos quizás también a percatarnos de nuestras soledades, al chocar con la de otro que compartia nuestro espacio de forma obligada por cuarentena y restricciones, aun cuando siempre nos dijimos (sabiendo que era verdad o no) que nos acompañábamos. Dos soledades juntas, solo son eso… una gran soledad al cuadrado; no compañía.

➰Descubrimos a lo mejor el privilegio que hemos tenido por tanto tiempo de andar a cara descubierta, aunque muchas veces y sin necesidad nos aferramos a tontas máscaras que camuflan nuestra verdadera identidad, que a veces ni conocemos. ¿Será que seremos tan irónicos que al momento que esta necesidad de llevar mascarilla pase, saldremos corriendo en búsqueda de nuestra máscara acostumbrada de impostores en una vida que no creemos que nos pertenece?

➰Nos vimos en el espejo de nuestras necesidades. Necesidades afectivas y emocionales en la mayoría de los casos. Los abrazos se hicieron privativos para unos, pero la falta de querer darlos tal vez continuo con alguno y la pandemia fue la excusa perfecta para terminar de aislarnos. Somos más inse sables de lo que aceptamos ante otros y hasta ante nosotros mismos.

Pareciera un panorama interno algunas veces desolador, pero termina sumando.

Conocernos aún en nuestras peores sombras, es bueno porque… cómo podríamos acercarnos nadie más y ser de verdad de alguna manera, sino atinamos a vernos como realmente somos.

No quedó todo saldado con esta pandemia, pero si quedaron muchas cosas al descubierto; y desnudos podemos ser (quizás) mucho más sensibles y despiertos ante el calor y el frío, tal vez un poco más conscientes de lo que nos ocurre dentro y eso de alguna manera nos puede permitir reaccionar ante todo eso que nos rodea.

Quizás por eso, Diciembre esta haciendo un espectáculo en el cielo… como diciendo que no todo está perdido, ni es obvio, sino que hemos empezado a andar el camino de nuestras propias emociones, verdades y mentiras, con un equipaje cada vez más liviano. Claro, si hemos aprendido…

2021 en sus últimos días…

Cielo… vida ☁️ 🌞

Como cielo diverso es nuestra vida, llena nubarrones que parecen no cesar, con ventanas azules en el fondo, donde quisiéramos quedarnos.

El viento de los acontecimientos nos mueve y a veces comienza a llover en nosotros antes que en el cielo. Todo termina mojado, alborotado y revuelto.

Entonces algo se despeja, inusitadamente llega la sensatez abrazada de la calma, y los rayos de sol se convierten en pequeños universos luminosos que nos acompañan, mientras dura la brevedad de la sonrisa.

Como el cielo, la vida no se repite, porque nadie podrá sentir algo exactamente igual, dos veces. Nuestras nubes y soles nos pertenecen, como lo único real e intangible a la vez, que tenemos.

Nada se detiene, ni el cielo arriba dando origen a formas y figuras extraordinarias, ni aquí abajo la vida, que va dejando una huella, mientras camina segura hacia el final.

Sigue valiendo la pena, ser parte de esto… aunque la lluvia predomine y sigamos con el alma mojada, y los rayos de sol a veces solo parezcan utopías.

Muchas palabras… no dicen nada? 😷

Hay quien dice mucho, todo el tiempo… y lo más probable es que no diga nada.

La campana mientras más vacía está, más duro suena, y eso mismo puede ocurrir con aquellos que tiene algo para decir siempre, aunque sus muchas palabras, carezcan de sentido .

La administración del silencio es algo que requiere madurez y profundidad. Estar lleno de mucho, para que lo poco que se pueda decir sea suficiente, es una virtud cultivada por gente rara.

Gritos… son necesarios? 😱🗣

Como humanos podemos «perder los papeles» en algún momento y desubicarnos, pero anclarnos en la estación del querer tener la razón en todo, todo el tiempo, puede ubicarnos dentro del rango de las personas que son desagradables.

Gritar es un verbo, que todos conjugamos alguna vez; pero la frecuencia de hacerlo, no garantiza que algo bueno o semejante a lo que esperamos, suceda.

Grita el que tiene miedo, quizás para pedir auxilio, porque se siente perdido, porque un gran peligro siente que se cierne sobre su vida, o porque la montaña rusa está en su tope más alto y la caída es inminente.

Grita el que necesita ser escuchado, y piensa que no le prestan atención; aquel que tiene problemas en su propio órgano auditivo, el que está convencido erróneamente de que «la letra entra con sangre».

Grita el impaciente, ese que quiere todo para ayer, e irónicamente sus acciones viven en el pasado. Aquel que maneja la vida de forma «express» y pasa por alto que cada ser humano tiene un ritmo, que no todos caminan y hablan igual y sobre todo que no piensan de la misma manera, aunque parezca obvio que así fuera.

Humanamente, gritamos.

Pero, gritar no hará espantar al miedo, ni ser escuchado por quien nos ignora y mucho menos hará que sucedan las cosas de la forma que quisiéramos, simplemente por que si.

El grito es un arma que a menudo usan los controladores, esos que creen tener el poder de decidir todo lo que ocurre en todas partes y en todas las personas. Por supuesto que eso nunca es así, y al darse cuenta de esa gran verdad, gritan.

➰El ejercicio de pedir perdón, puede dar la oportunidad de sentirse humano y bajar del pedestal de la perfección, entonces no será necesario el grito, sino que la vulnerabilidad de nuestra humanidad tendrá permiso para mostrarse➰.

Entonces viviremos.

Hipócritas… abundancia de la mentira 🎭

El disfraz de la hipocresía, nos cubre a todos. Vivimos en un mundo donde abundan las palabras de inclusión, empatia y empoderamiento, pero nuestras acciones están lejos de ello.

Se reparten «te amo’s y te quiero ‘s» con una intención tan común como la del que comunica que es de buena educación  saludar con un «buenos dias».  Y entonces es solo una muletilla que camufla muchas veces un desinterés real, total.

Oficios que están vacíos, pero que siguen adornando la «marquesina» o letrero que aún no empeñamos en acuñar en nuestros escritorios o mesas de trabajo, donde se recoge en pocas letras lo que una vez hicimos o fuimos y quizás ya no. Economista,  Abogado, Escritor,  Ejecutivo, esposo, amigo, consejero, amante. Nos aferramos a lo que ya pasó  o simplemente hacíamos sin que nos apasionara… pero suena bien acariciar los reconocimientos pasados, al menos para no parecer ante otros (hipocresia) como si no déjamos nada en el camino transitado.

Y viene el tiempo de las tumbas, empujado por una pandemia que no se entiende o porque simplemente el reloj de una vida se detuvo en su momento justo. Entonces de nada vale todo aquello que no se comunicó. Las llamadas de una hora en las cuales no se decía nada, solo hechas para hablar de si mismo y condenar a otros a escuchar nuestro propio monólogo gastado, disfrazado de interés en el que atendía la llamada, ya no existe más.

Hijos dando miles palabras de amor, a través de un teléfono,  solapando el no estar dispuestos a mirar a los ojos, abrazar y contener a un anciano que en sus últimos años necesita más de compañía y atención que de palabras y quizás de algunos objetos caros. El manto hipócrita cubre la vida, para luego ser corrido cuando ante un féretro toca hacer un teatro mayor de gritos y lamentos, por no aprovechar el tiempo y entregarse un poquito, mientras hubo tiempo. Es más fácil llorar ante una tumba que disponerse a escuchar una historia repetida de alguien a quien  los recuerdos y la vida se le escapa.

Abunda la mentira, sutilmente disfrazada de hipocresía (esta es más elegante). Miles de redes que prometen acercar a las personas, llenar sus soledades y compartir lo que es cada uno. Mentira. Las fotos son escogidas  mayormente con filtros y retoques; el día a día ideal mostrado no es real. Esa persona no es la que está cuando una emergencia física o emocional te atrapa.

Parejas que se miran a los ojos, pero que no se ven. Cada cual muy acomodado, sin que sus pensamientos salgan a la luz. Buenos en todo: buenos padres, buenos esposos,  buenos abuelos, buenos amigos. Quizás escondidos en grandes espacios vacíos para no toparse uno con el otro, porque la verdad puede doler. Es más fácil estar bien de mentira, que ponerse a urgar en un dolor que no ha sido tratado desde hace años, pero maquillado puede verse hasta bien.

Todos pincelados con trazos de hipocresía, esa que nadie nos enseña a cultivar; la misma que alimenta nuestras inseguridades y necesidad de conseguir aceptación. Esa misma que nos viste de lo que no somos, para luego mirarnos al espejo y decir: —¡Nos gusta! Aunque ni nosotros mismos nos lo creamos.


¿Quien soy? Me pregunto
Como quien quiere descubrir el abismo,
Coronar la cima para darme cuenta entonces
De la pequeñez frente al cielo.

¿Qué de la sonrisa ficticia?
Que te gusta, pero que yo no siento
Y con ella
nos vemos bien y los aplausos llegan.

¿Y de los abrazos mentirosos que no existen?
Solo dejan frío,
aunque tengan muchas capas
que lo cubran.

	

Estados de WhatsApp’s… Ser o no ser… 😳

A veces no hay mejor forma de “pensar en voz alta” que a t aves de un -estado- o story…

Nos empeñamos en hacer y hacer; sin muchas veces saber ¿para qué o quién? ¿Porqué o hacia dónde? Simplemente hacemos, para sentir y justificar ante otros, que “estamos haciendo algo”.

¿Eso que deja? frustración, incomodidad, agotamiento… ¿porqué? Porque el reconocimiento no llega, porque no salió como esperabas, porque el cansancio llegó para quedarse.

No se puede Ser, sin que eso traiga consigo un hacer. Los frutos son evidentes. Las mandarina (o la fruta que más te guste) no viene antes de que exista el árbol o planta que la produce.

De esa misma manera no somos lo que hacemos, hacemos porque somos. Y hay un camino de incoherencia recorrido, cuando nos empeñamos en decir que somos esto o aquello y lo que hacemos dista mucho de ello.

He decidido ser, y encontrarme conmigo misma en el hacer del ser…

Y tú, como la llevas? Empeñado en hacer? O por otro lado solo obstinado en ser? Pero el equilibrio habla de que este último debe ir acompañado del primero.