Septiembre y otra lección de sus atardeceres

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El atardecer de ayer fue algo bello.

Aunque el tráfico,  el sonido de cornetas incesantes que gritaban: ¡apúrate! en la locura de la prisa coleftiva de mi ciudad y porqué no decirlo, la.paranoia también colectiva reflejada en el temor de no pararse en ningún lado porque alguien se puede antojar de ti para quitarte lo que ellos consideran que les pertenece por el ejercicio de la fuerza o por la intimidación de algún arma, todas ellas me impidieron de algún modo contemplar lentamente la transición de ese atardecer… También puedo decir que a pesar de eso, en medio de ese movimiento lo pude ver.

Viendo la paleta de sus colores, simplemente había algo impresionante que pasaba arriba. Los grises rastros de la lluvia que a manera de regalo se presentó ayer, después del medio día,  (luego de una semana con 35° y hasta más de temperatura por estos lados) era el fondo perfecto para ver rafagas de rojos, azules, morados, narajas y un amarillo que se colaba de algun modo producto de un sol que se había bañado con suaves gotas en su paseo de ayer.

No alcancé a registrar eso en foto, pero creo que le hice más justicia describiéndolo de forma audible, para quien disfruta de esto tanto como yo.

De este atardecer una vez más,  me quedó una lección…

Aunque quise llegar a tiempo para su captura,  ya se había ido para cuando llegué a un lugar “más seguro”. Y pensando en esto, recibí el mensaje y entee mis pensamientos, tomé nota unq vez más:

“Aprovecha lo bello”, lo hermoso,  lo que captura tu atención mientras puedas hacerlo,  porque en algún momento ya no estará más.

En el caso de los atardeceres pasan en cuestión de minutos y es imposible detenerlos (anque se puedan grabar). Del mismo modo ocurre con las personas y hasta con lo que sentimos;  si no nos detenemos a contrmplar, a abrazar  a decir: aquí estoy yo para ti… puede que a ese atardecer le sorprenda la noche y ya no vuelva la oportunidad de decir y hacer lo que pensamos podíamos dejar para luego.

Y no es que el ahora sepulte o ahogue el pasado de ayer, ni desdibuje las horas del mañana; es sólo que ese ahora que no atendimos en el pasado y que nos hace lamentar algunas cosas en nuestro hoy, es el mismo que  si pasamos rápido por ocupados o distraídos, es el que nos va a pasar factura en el vacio que encontraremos mañana.

Lo que hay que expresar, hay que hacerlo ahora;  no mañana, no después… porque esas son palabras para los que quieren vivir la vida de forma posdatada olvidando que su fecha de caducidad cada instante está más cerca.

Llegué y lo vi, me acerqué, contemplé. .. ya no era el mismo, se veia de otro modo, estaba como de despedida final, pero le abracé con el amor del que entiende con gratitud  la lección enseñada. Y él, el atardecer se despidio con una sonrisa tenue del que exhibe una misión cumplida. .. me recordó a ti…

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Y tambien me recordó mi atrevimiento al  no dejarte pasar sin pararme  a disfrutarte…

AC★

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