Octubre… Y algunas de las lecciones que en sus atardeceres, me dejó

Octubre, el mes que acaba de transcurrir ha sido uno de los más importantes para mí en este año, y… ¿porqué no decirlo?, quizás el más importante en algunos años.

Su huella especial en mi vida, no tiene que ver  con alguna fecha relacionada con cumpleaños, aniversario o sus derivados, aunque si hay dos personas importantes que nacieron en ese mes. Tampoco se debe al solo hecho de que sea un mes “par” de esos que me gustan (¿alguna vez te he dicho que me gustan mas los números pares que los impares?). Lo especial de los días de Octubre han sido las lecciones recibidas en medio de sus espectaculares atardeceres.

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Voy a mencionar, por ahora,  algunas de las que realmente me marcaron:

Hay algo que siempre está ahí…

Una de esas tardes empecé a prestar atención a los atardeceres de Octubre desde muy temprano,  prácticamente desde que la tarde comenzó,  y me ayudé por supuesto con el registro fotográfico para no perderme nada.

A las dos y un poco más de una de esas tardes que me conmovieron, había un sol extremadamente brillante, perfectamente a mi vista,  llenando todo “el cuadro” desde mi ventana. En ese momento,  nadie, incluyéndome a mí,  podía pensar que en poco tiempo dejara de “estar allí” .

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Para mi sorpresa en poco menos de una hora, la situación de mi cuadro comenzó a cambiar, y nubes grises que eran imposibles hasta ese momento, se empezaron a desplazar, llenando todo el espacio que hasta hacía poco tiempo ocupaba mi amigo, el radiante sol con todo su mágico esplendor.

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De pronto todo… Se volvió gris y oscuridad.   😦

Como lección implícita en todo lo que que iba viendo hasta ese momento, me quedaba:

★★ Aunque algo parezca muy bien, en cualquier momento se puede poner mal…

Alguna vez te ha pasado que crees estar de lo mejor con nuna persona,  y por esas cosas que ni tu mismo entiendes, de pronto las nubes negras comienzan a minar tu relación;  ya sea por palabras dichas sin ser comprendidas o por silencios prolongados que no tienen justificación.  Ambas cosas por si solas parecen inofensivas (palabras – silencios),  pero tomando espacio en el teatro de nuestra mente de forma negativa  pueden conducirnos a una tormenta segura. Y entonces, una palabra puede encender la llama de una discusión y un silencio puede lastimar como el más duro de los desprecios.

Al ver todo ese panorama gris,  dije:  ¡Va a llover… y duro! (Eso lo supuse y hasta di por cierto). Las gotas nunca llegaron…!

En cuestión  de unos 40 o 50 minutos más, el viento seguía soplando, cambiando un poco el escenario del cielo,  y me atreví a “suponer” nuevamente  que la lluvia caía en otro lado que yo no podía ver, pero ciertamente tampoco cayó. 

Hice dos suposiciones y en ambas erré… ni llovió cuando pensé que era inminente que pasaría,  ni cayó el aguacero en las cercanías, al menos no fue registrado en ninguna parte: ni red social, ni medio de comunicación o por comentario de algún conocido,  no pude corroborar que así fuera. Me equivoqué.

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★★Otra lección es que las “suposiciones” son solo eso, supuestos, y la mayoría de las veces no suceden así.

Por tanto,  se me está permitido suponer, lo que si no debo hacer es “creer” a priori en dicha suposición,  entonces simplemente hay que brindarle el “beneficio de la duda” a las suposiciones tormentosas de la mente y estar claros que conforme pudiera ser que “si” lo que estamos pensando, también pudiera ser que “no” , confirmar lo que “suponemos” es lo que  se hace cero la ecuación mental del tormento. Esto para mantenerse en armonía con alguien que uno quiere, o que consideramos simplemente importante en nuestra vida, es de mucha ayuda y efectividad. ♥

Esa tarde siguió avanzando como quien dice: ¡aun no lo has terminado  de ver todo!

Como si las nubes grises y casi negras que cubrieron todo mi cielo, fueran solo el tapiz transitorio de una hermosa obra de color, el sol, tal rey que despierta de una siesta, sin desgastarse con todo lo que yo había pensado o supuesto,  estiró sus brazos y sus refulgentes rayos se empezaron a dejar ver entre unos tonos rojos y naranjas que hablaban de la fuerza y vigor que aún le acompañaban.

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Yo de pasada ví el espectáculo que comenzaba a mostrarse y a pesar que iba en otra dirección, me devolví a la ventana que servía de marco de tal maravilla, para ser testigo de esta mágica película que el atardecer estaba pasando completamente gratis (al menos en metálico) ante mis ojos. Me decía a mi misma: ¿que pasó con él,  no y que se había ido ya? Yo pensaba que él ya no estaba más, que los aires de tormenta se lo habían llevado.  Pero no, él me demostró que seguía allí.

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Eso me dejó otra lección incluida entre el equipaje que me dejaba desempacar ese otro atardecer de Octubre:

★★ El AMOR nunca se va.

A veces nos enredamos en nuestros pensamientos y en el temor al dolor; y por huir del dolor, nos queremos quedar sólo en lo brillante del sentimiento, así como el sol a primera hora de la tarde; confieso que en algún momento (no ahora) yo he sido de esas.

Sin embargo, el amor es más que eso, en él vamos a experimentar nubes que también se van a acercar con apariencia de tormenta, asustándonos, y provocando en nosotros unas ganas de correr  a algún lado para protegernos; nubarrones  que nos van impedir ver con claridad por un tiempo no determinado (pueden ser segundos, minutos,  horas y hasta lapsos mucho mas largos,  para los que viven esclavizados del mal llamado y cobarde tiempo).

Lo bueno de todo esto, es que no tenemos que quedarnos allí  y podemos salir , (podemos quedarnos en lo gris, pero también podemos salir y encontrar color) y aunque es fácil decirlo,  en el momento no es tan sencillo de hacer.

Entonces llega la gran oportunidad de poner en duda todo ese mal tiempo y tormentas que parecen venir sobre nosotros, ver con objetividad lo que significa realmente dejarnos arrastrar por ellas y disponernos entonces a tomar decisiones para determinar que es mucho mejor elegir que el viento sople con toda su fuerza desde nuestro corazón,  con amor del que es real, del de verdad, y así con toda nuestra intención arriesgarnos a soplar con el, tan fuerte, como si de eso dependiera nuestra vida.

Y eso lo haremos hasta que logremos que todas esas nubes grises salgan de nuestro cielo. ¿Cómo lo hacemos? aclarando los malos entendidos, disipando por completo las suposiciones negativas, a través de la confirmación de percepciones, criticando su mal efecto en nosotros y… lo mejor, disponiéndonos a disfrutar al final del día, de un increíble atardecer con un sol,  que imitando al amor,  no se rindió,  sino que simplemente se mantuvo allí, aun cuando nuestra vista se nubló y no lo vimos.

Y como resultado… la calidez del sentimiento, tal como esos últimos rayos del sol, volverá a cubrirnos. Allí estuve yo… tomando las lecciones de otro atardecer en los apuntes de mi alma.

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Confieso que toda esta gran lección y sus etapas en ese maravilloso atardecer pude verla en un par de días,  pero todo lo que sentí, pensé y reflexioné me llevó más de una semana de ser procesado.

Creo que los atardeceres en mi humanidad van en cámara lenta, porque hace rato ya, que decidí no vivir la vida en el formato normal del tiempo,  sino  que mido el transcurso de sus días en hechos,  sensaciones,  sentimientos y emociones.

Espero que en tu caso,  junto conmigo también hayas recibido estas lecciones de Octubre, que para mí junto a sus atardeceres, se convirtió en un mes inolvidable.

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