Mensaje enviado…

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Sólo hoy y ahora,
Tenemos la oportunidad de expresar
Lo que sentimos.

No quiero dejar pasar
La oportunidad de hoy
Por eso ya, sin pensar
Justamente, a eso voy.

Tú me importas,
Yo te quiero,
El tiempo se acorta
Siempre que te veo.

Te pienso, te escribo,
No quiero olvidarte
No existe el olvido
Tú eres importante.

Por aquí mis letras
Son simple recuerdo
Y son simple muestra
De lo que yo siento…

Ya envié mi mensaje, espero lo recibas!
AC✴

Cruzar…

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Cuando deseamos algo o a alguien,
Siempre hay dos extremos; uno, donde nos encontramos nosotros, otro donde está lo deseado.

Oímos hablar de tender puentes… Y eso está muy bien,
Pero “los puentes son inútiles, si no hay quien se ATREVA a cruzarlos”. Hay muchas formas de llegar de un extremo al otro, sin embargo el temor no se cuenta entre ellas.

¿Qué nos hace continuar? ¡Las ganas!
¿Que nos detiene? ¡El temor!

Detenernos a pensar ¿qué pasará? si estamos en lo cierto o no, si resbalaremos y nos ahogaremos… Todas esas son  simplemente las excusas del miedo. Ese que nos atrapa, nos tritura y luego nos escupe como algo inservible.

¿Queremos llegar al otro lado? ¡Entonces hay que andar! Y hacerlo es un atrevimiento, quizás a veces parezca hasta ilógico, pero es lo único que nos puede llevar hasta allá… a donde realmente queremos.

No importa el tamaño de los pasos, importan las ganas que tengamos realmente de hacerlo, porque avanzar no se trata de centímetros o metros recorridos, sino de un corazón libre que acorta distancias. 

Sólo resta no mirar hacia abajo, ni mucho menos escuchar a esos que su único papel en nuestra vida es decirnos: que no llegaremos, que lo más probable es que nos caeremos y que hasta nos ahogaremos o lo peor de todo… Que insisten en convencernos que no habrá nadie (nunca) esperándonos en ningún lado.

Dejemos que el corazón lata con toda su fuerza, y que esa misma fuerza nos mantenga con los ojos puestos en lo que deseamos.

“Esa es la forma que el amor tiene de llegar,
ese que en sí mismo, no sabe de miedos,
porque ya los ha enfrentado todos sin dudar
y luego de la batalla, todos a él se rindieron”.

Cruzo y dejo el temor a un lado…. Espérame            AC✴

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Huellas en el desierto…

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Hasta el desierto guarda silencio
Cuando el amor aparece,
Y rinde sus arenas
A la dulzura de sentir,
Dejándose seducir
Por su mieles que
Dejan huella.

Ninguna sed que no se pueda aplacar,
Ningún camino que no se pueda andar,
Si hay amor, de ese, el de verdad…

Soy afortunada de encontrar tus huellas
En mi desierto,
Huellas que no se llevó el viento,
Ni tampoco el tiempo.
Huellas que llenan mi ser
De este sentimiento.

La belleza y las espinas…

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Las espinas aparecerán al avanzar en el camino,
Pero eso no evita que podamos encontrar y disfrutar
La dulzura, como mayor expresión de la belleza.

Todo lo que tiene valor, como el amor,
En algún momento causará dolor…
Y al entender su lección,
Todo irá mucho mejor.

Si pasamos las espinas, llegaremos a las flores,
Y viniendo de las flores hallaremos las espinas.

Eso es la vida…
Brindo por ella, brindó por tí. ♥

Como árbol desnudo…

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Cómo árbol desnudo…
(Para los que no pueden esconder su amor, frente a quien no lo quiere ver)

Como árbol desnudo en pleno otoño,
Esta mi corazón lejos del tuyo
Amarte, eso ha sido lo que añoro
Y se ha vuelto mi voz sólo un murmullo.

Como árbol desnudo y con frío
Se encontró mi amor sin tu presencia,
No se a dónde te fuiste con tu olvido
Dejando en mi un dolor,  de negra  ausencia.

Como un árbol desnudo están mis manos
Vacías de buscarte y no encontrarte
¿Porque será que a veces los humanos,
Sufrimos el amor como si fuera un arte?

Como árbol desnudo que en otoño,
Recuerda que una vez fue primavera,
Este amor en mi ser será un retoño,
Que volverá a crecer aunque no quieras.

Como árbol desnudo tu me observas ,
con la mirara quieta, indiferente
Y muy dentro de ti aun conservas,
Los rastros que hay de mí, que son ardientes.

Como árbol desnudo y tu en verano,
Jamás me buscarás eso he sabido,
Y hoy me dejas caer desde tus manos,
Y me condenas al camino del olvido.

Como árbol desnudo ya me marcho
Por el camino incierto de  la vida,
Quizás se quede en mí, tu eterno rastro,
Pero si no te puedo amar, hay despedida.

Como árbol desnudo…

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✳✳✳✳✳✳✳✳

Así como los árboles desnudos, sin nada que esconder son los amores, que aún castigándole la distancia, la realidad o el destino; q pueden expresar lo que se siente sin temor, sin dolor y sin olvido.
Soy como un árbol desnudo, tu sabes lo que siento, tu has visto mis inviernos y sientes mis desiertos…
Sigue pasando como la brisa que hiela y cubre mis latidos.
AC✴

Cayó una Hoja…

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Cayó la Hoja…
(Para los que piensan que siempre estarán donde quieren estar)

Cayó la hoja,
La arrastra el viento
Se irá muy lejos
Donde no hay tiempo.

Y su color
Lo perderá,
Junto al amor
Se morirá.

Cayó la hoja
De ese gran árbol
No se oyó queja,
Pero es amargo.

En su silencio
Sola caía,
Y por sus ramas
Ya descendía.

No hubo forma
Ya de evitarlo,
soplaba el viento
Se hizo muy largo.

Quedan las ramas
Con otras hojas
Que caerán
Hora,  tras horas.

Una cayó,
Otra le sigue
En soledad
Que la persigue.

Ya sin las hojas
Queda desnudo
Un árbol grande
Que ahora está mudo.

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Somos como una hoja que cae…
Nuestros sentimientos nos arrastran y somos desprendidos de lo incierto. Pareciera que alejarnos nos hace olvidar, pero somos hojas de ese árbol, no hay remedio.

Aunque separados cada fibra de la hoja y cada una de su marcas,  hablará de la semilla que le dio vida, de la mano que le cuidó y también del viento que le arrojó lejos. AC✴

La soledad y estar solos…

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Sentir soledad es una experiencia por la que todos pasamos…

A veces nos sentimos solos, porque no hay nadie a nuestro alrededor, pero a veces también ocurre en medio de mucho gente.

Cuando nadie está con nosotros, eso tiene alguna explicación. Quizás nuestras actitudes los han espantando de alguna manera, puede que nuestros intereses sean distintos al de todos ellos o también puede ser que esos mismos que no quieren estar con nosotros, simplemente estén ejerciendo el derecho que tienen y que no debemos condenar, de elegir en quien invierten su bien más preciado, que es el tiempo (emociones, sensaciones, atención y sentimientos).

Cuando somos nosotros los que no queremos estar con nadie, eso también tiene sus razones. Quizás arrastramos heridas que no queremos compartir o simplemente hay temor de que cualquiera las vuelva a abrir. O también podría ser que tengamos el privilegio circunstancial de entender, que en un momento determinado no queremos estar con quien tenemos a la mano y es imposible con quien si queremos, por tanto preferimos estar sin compañía y eso tampoco debería ser criticable o condenable, aunque es muy extraño que algunas se esas dos no suceda.

En cualquiera de los casos, siempre es bueno revisar.  En el medio de todo lo que implica sentirnos solos, la sensación de “abandono” se nos cuela por ahí y empezamos a buscar culpables, en lugar de reconocer el verdadero origen de nuestra soledad o mejor dicho de sentirnos solos.

Por el bien nuestro es recomendable que Revisemos nuestras actitudes y acciones, porque muchas veces de ellas depende el que estemos solos o acompañados. Una vez hecha la revisión y comprobar que todo está en orden, sólo queda disfrutar el estado en el que estemos.

Dicho sea de paso, la soledad no es mala… Puede convertirse en un encuentro delicioso con nosotros mismos, un pensamiento guiado hacia lo queremos ver en nuestro interior, un espacio para respirar a nuestro compás y porque no, un momento para deleitarnos en lo que queremos pensar, o en quien queremos pensar, sin que nadie lo interrumpa (y eso es algo que contiene precio). 

En estos momentos de soledad con propósito, podemos experimentar a veces los sentimientos más sublimes y las pasiones más fuertes y ver en perspectiva alguna parte de nuestra vida que en medio de la bulla de la gente, se nos hace imposible.

Por eso disfruto la soledad, porque me permite estar contigo en el pensamiento… Lo que no me gusta es sentirme sola, porque eso viene cuando a pesar de estar con muchas personas, simplemente tu no estás por ningún lado.

La soledad sirve para revisarnos, el sentirnos solos, para lastimarnos.

Atardeceres de Enero y pensamientos de sus días…

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Recordando los atardeceres de estos últimos dos días, no puedo dejar de pensar en algo…

Todo cambia… Pero también, Todo es posible. Y todo tiene sus fases.

El lunes por ejemplo, el día se pintó tal como se ve arriba, una mezcla de gris y azul una estampida de nubes corriendo tras un destino incierto, un sol algo cansado, sin muchas ganas de aparecer, o quizás entretenido con la brisa mañanera que al fin lo sedujo y le bajó los humos de alguna manera.

No era uno de esos días “de lujo” en los que el cuadro se pinta con colores que invitan al placer, al menos no del desenfrenado.  Miré el cielo, ese que se ha vuelto mi compañero fiel, que se deja observar y no me condena, no me fustiga, no me censura, ese… El mismo de la ventana.
Observé lo que esta en la imagen de arriba, pero a pesar de no ser de esos espectáculos de los que atrapan, reconoci que tenía su encanto.

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A la hora del medio día (la foto que antecede), el sol se dejó ver con fuerza, y unos pájaros salieron a celebrarlo en las cercanías del mar, sin embargo no era de esos días que muestran toda su fortaleza y lo que traen con ellos. Había como una cierta lejanía, un desapego por parte del cielo y lo que pasaba más abajo, sin embargo todo siguió andando.

El día transcurrió a su ritmo,  paso a paso, y entre el vaivén de las horas, la tarde empezó a caer… Y ví, uno de los atardeceres más sublimes para mí.

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Esa especie de magia azul, envuelta en una capa de sabanas blancas, amarillas y quizás alguna otro color que yo no sabría definir… Color a paz, a serenidad, a abrazo eterno. Todo cambió…. De la mañana a la tarde. No era necesario que el sol brillará para que fuese hermoso el firmamento; la estela que había dejado en su caída era suficiente para teñir de encanto el final de ese día.  Todo se hace posible, mientras tengamos los sentidos abiertos y despiertos para apreciarlos y el deseo con la acción combinados para que así suceda.

La tarde del martes, la de ayer estuvo bella, con pocas nubes, con pocos colores, una tarde de esas limpias, en las que parece que alguien allá arriba decidió “arreglar” un poco el desorden, no dejando que las nubes se desperdigaran como quisieran, sino más bien, todo en su sitio.

Y ví aparecer a una que no sabe de excusas, que como yo tantas veces, simplemente se deja ver, aún sin que la estén esperando mucho, sin que los pretextos abunden, pero si con las mismas ganas de que sientas mi presencia.  La luna estaba allí, dejándose encontrar como parte del regalo del cielo.  Me recordó que entre el cambio y lo que pueda pasar, hay ciclos que cumplir que suceden de forma natural.

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Tal como la luna, algunas veces uno se deja ver completamente, otras apenas nos damos el permiso de aparecer, pero lo cierto es que como ella, esa misma luna que ví entre el atardecer y la noche de ayer (cuando el día esta indeciso entre marcharse o quedarse) uno está presente y girando al rededor de esta tierra que nos contiene, de esa persona por quien sentimos, lo que sentimos. 

Así pasa conmigo (y contigo) todo cambia, a veces, hay tantos ciclos cumplidos y por cumplir y lo más importante, todo será posible si dejamos que el cielo sea el marco que nos contenga.

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Cambiando, haciendo lo posible y dejándose ver… Así soy yo, con respecto a ti. Es la única forma que sé…

Cerquita…

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Y a veces el “estar” cerquita no tiene nada que ver con centímetros, metros o kilómetros que ya no existan (o si), que puedan separar geográficamente; sino más con la certeza que nos damos uno al otro, de saber que existimos, que el pensamiento nos une y el sentimiento nos convoca al mismo encuentro.

JUNTOS… Siempre será mejor, porque estaremos mirando hacia el mismo norte, y más aún, dentro de nosotros mismos estará la mirada del otro.

¿Yo? ¡siempre cerca! (aunque estés tan lejos como la canción de Sin Bandera) ♥