Abril y sus atardeceres… Otra lección: despedida

No me gustan las despedidas” (quizás esto a más de uno le suene)

Creó que nadie se siente a gusto con ellas, sobre todo cuando queremos al que se va.  Como dice una canción que me gusta, de esas que desgarran…

Cuando alguien se va… El que se queda, sufre más◀ entonces podría pensarse que el dolor que decimos sentir es simplemente egoísmo, porque no queremos dejar de disfrutar todo lo que tenemos dentro de los límites de nuestra comodidad.

Estos tres últimos días los atardeceres fueron diferentemente, bellos… Pero al fin y al cabo hubo atardeceres todos los días.

Pensando en ellos, me preguntaba ¿Porqué no me gusta la sensación que dejan las despedidas?  Y mientras me perdía en mis pensamientos en una oscuridad que ya había llegado hacía rato,  sentí  al ver las fotos de los atardeceres de estos últimos tres días, que el sol  me argumentó lo siguiente:

-Yo me despido todos los días, y tú disfrutas de eso….

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– Tienes razón, le contesté…. Y me quedé pensando  en sus palabras, mirando con detalle las imágenes más recientes de otros dos días en los que efectivamente él hacía su despedida.

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Ciertamente tenía razón, cada día él se había despedido y yo disfruté el espectáculo, registré su travesía y me he quedado soñando con la estela que deja a su paso, hasta que ya no veo más su rastro…

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Cuando la noche llega y va borrando el atardecer para cubrirlo todo con su traje oscuro. Sí, él se va, todos los días desaparece ante mis ojos, se marcha y yo no lo puedo detener. Me quedé pensando en eso, sin tener que responderle a este sol de atardecer, recibiendo la lección que no terminaba de entender.

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¡Y de pronto me alumbro!  Quizás no entendí la lección de estos días (quizás me toque repetirla), sin embargo si pude ver porqué disfrutaba cada una de sus despedidas…

-¿Sabes porqué tu despedida no me mata…?
-¿Porqué? Sentí que respondió el sol.
-Porque cada vez que te veo marcharte, me dejas en el corazón la certeza, de que mañana volverás a mí, y te veré. Y esa es mi esperanza….

Por eso cada día, cada atardecer me suena más a constancia a estar allí, que a despedida. A amor que no se cansa…

Este atardecer  de hoy (que no pude registrar como el de todos los días) me dejó como mensaje en lugar de lección lo siguiente:

-Hoy fui yo quien recibí de tí la lección.
Me enseñaste que mis despedidas no te ocasionan dolor, porque simplemente no me voy, porque aunque no me veas por un tiempo, tu sabes que yo estoy.  Sí, yo, el sol de tu atardecer…

Y eso me dibujo una suave sonrisa.

✳✳✳✳✳✳✳✳
A veces pensamos que la gente que queremos es la que se va, y que para nuestra desdicha los que se quedan son los que representan una carga… Pero pensándolo mejor, no  es que los que se van son sólo los que queremos, sino que ellos corresponden a los que si extrañamos y por eso lo notamos.  Seamos de las personas que dejan un vacío palpable cuando no están, y no de esos por los que se celebra cuando se ausentan.

12 comentarios en “Abril y sus atardeceres… Otra lección: despedida

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