Balde de agua fría…

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Entre sábanas revueltas una vez más amaneció. Tanteó con su mano izquierda… no había nadie. La sensación era de pérdida.  Pero, pérdida ¿de qué o mejor dicho de quien?

Recordaba que le había visto un par de veces en el comedor común de la oficina. Nunca intercambiaron palabras, ella sólo le veía. Tantos años trabajando en el mismo lugar y ningún lazo afectivo, era como un desperdicio, pero así era, el país de los muertos, el de los trabajos sin paga que alcance, el de los sueños que se rompen por una simple noche de sexo, hasta sin placer. Muchas personas unidas con un mismo fin, hacer crecer la estadísticas y posición de una organización, que cada vez les había hecho más desorganizadas sus vidas, porque al fin y al cabo ya no vivían. Diez años allí, y su corazón seguía igual, vacío.
Unas conquistas de esas aleatorias, sin premeditación y por otra parte sin sentido o futuro, le había arrinconado en el extremo de la cama vacía y el silencio ruidoso de noches interminables.
Muchos decían en medio de las pláticas del almuerzo:
-¿Hasta cuándo estás así? Los años te pasan y no esperan ¡inviértelos en el cuerpo de alguien..! para que no quede solo consumido por la edad.
Eran comentarios satíricos y burlones que lejos de hacerle sentir mejor, aumentaban su desasosiego.
Una media sonrisa se permitía dibujar, mientras por su espalda de deslizaban las palabras hirientes, yéndose a quedar en la parte baja de sus caderas, esas que efectivamente ya habían empezado a recibir los embates de los años.
En algún momento lo miró, en ese mismo comedor que a veces detestaba, por el ruido y la comida repetida que siempre servían.  A cuatro mesas de la de ella, se sentó… quizás algo solitario, como ella (pensó) o más bien abstraído del mundo, pensando en cual sería su próximo movimiento.
En la mesa de ella, entre sus compañeros habituales, dos eran mujeres y los otros dos hombres, ella era la que definitivamente rompía el esquema del “dos para dos” de ahí los ánimos que recibía. 
Como quien no tiene interés, pero si curiosidad, preguntó por él a sus amigos.
Los detalles no se hicieron esperar. Cien por ciento digital, respondieron casi al unísono. Ratón de la biblioteca de Ciencias en la Universidad, comento una de sus compañeras fijas, quien se había cruzado con él en algunas clases, cuando ambos eran muy jóvenes y algo diferente a lo de ahora.
Entre tantas palabras, ella se silenció. Le parecía no muy acertado el que sintieran que le gustaba. Podrían establecer algún tipo de presión al respecto, así que decidió dejarlo hasta ahí. No preguntó más, ni comentó más.
Pocos días pasaron y el hombre lejano de acercó, como al descuido. Una bandeja caída, un tropiezo y un: -“Disculpa” fue suficiente para que ella realmente pudiera detallar sus ojos.
Se miraba al espejo y se decía: “No te emociones que esas cosas, ya eso ha quedado en el pasado”. Sus planes sólo eran sobrevivir en este mundo en el que todos casi mataban por sobresalir. No era tan malo, a pesar de todo contaba con sus amigos, los del comedor, los de los comentarios hirientes, los seguros de todos los días. Un rictus en lugar de una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando los pensaba.  Pero aún así, les amaba.
Cuando tenían problemas entre sí, ella mediaba. Una de ellas se practicó un aborto por temor al rechazo de su “par” y ella le aconsejó por todos los medios que no lo hiciera y cuando todo falló y salió mal, casi muere, pero ella estuvo allí para atender y consolar, con la discreción que el caso ameritaba.
Cuando uno de ellos, el más alegre y descarado.  El que nunca se enteró que iba a ser padre, flirteaba con otra casi en la cara de quien era su pareja (o al menos parte de su dos para dos) ella intervino más de una vez, no con amenazas, sino con palabras que le hicieron reflexionar y ver lo que podía perder. Con buen resultado o no, ella obraba para el bien del equipo.
Cuando el otro masculino del grupo, el divorciado y emparejado con la otra chica del cuarteto que se convertía en quinteto disonante con ella, no recogía a su hija a tiempo los días que la tenía, ella le hacía el “quite” y la buscaba para entretenerla mientras él aparecía y así llevaban todos la fiesta en paz, en pro del bienestar de la niña.
Cuando la segunda de las chicas, la emparejada con el divorciado quería irse de farra, con drogas incorporadas, más de una vez la recogió y le buscó ayuda profesional para que no quedara atrapada por sus adicciones. Le hizo pensar en algún momento que el hogar que quería formar, necesitaba de la sobriedad de ella y la atención de él, por tanto debía hacer su parte cada uno.
En fin, esa era ella y su grupo… en aquel medio ambiente hostil, de la competencia.  Eran todos quizás algo mas jóvenes que ella, pero igualmente todos muchísimo más viejos por los desaciertos y malas actitudes ejercidas y sobre todo no dispuestos a corregir. Ellos llenaban sus bocas diciendo que si “vivían”, mientras ella sólo les veía y callaba.
Que otra persona se acercara era algo no usual, pero ocurrió.  De pronto se sintió atraída aún más, por el que había visto un par de veces en aquel comedor atiborrado de comensales.
Una vez recibió una nota, otras un libro de sus preferidos, con el ánimo de préstamo, pero que al tercer dia fue dejado como parte del afecto que surgía.  Esta como si él sabía cómo la ruta para acercársele.
¿Cuántos días pasaron? ¿Ocho o diez? Quizás menos.  Lo cierto es que de un momento a otro la vida le cambió.  Era importante para alguien.  Por mucho tiempo se resistió a dejarse llevar, a bailar el compás del amor, los desencantos pasado le habían hecho ser muy precavida, pero esta vez había decidido confiar.
En ese amanecer la sensación de amor era confusa. La soledad del extremo izquierdo de su cama, se presentaba y le golpeaba.  Ella había entregado su amor, pero el simplemente no estaba, y ella no entendía para nada que pasaba.
Era día de trabajo normal, martes, así que debía apurarse. Aún sin entender bien lo ocurrido, en medio del vacío de la habitación se quedó… parada allí, frente al espejo, sintiendo que una sonrisa se había dibujado en su ser, la noche anterior cuando entró con él.  Las lágrimas se confundieron con la las gotas de la regadera.  El reloj presionó y no quedó más que disponerse a arreglarse y a salir a toda prisa.
Al mirar su bolso abierto, encontró una nota que decía. 
-“Tu efectivo no cubrió todo el costo, dile a tus amigos que paguen el resto… tu premio fue suficiente. -Ah, no estás tan mal, después de todo”.
Esas palabras fueron como un balde de agua fría que le despertaron aquel día, y como que también para el resto de la vida.
La faena diaria se desarrolló normal en la mañana. Guiños de ojos entre los cuatros del grupo se observaron. La miraban y anhelaban el encuentro en la comida.  Sonrisitas burlonas, se dejaban escuchar en medio del silencio entre los teclados.

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La fila para el comedor era larga, pero todos estaban puntuales, ella se demoró, realmente no le apetecía nada; sin embargo de la fuerza que no tenía sacó, y llegó a su lugar de todos los días, al de aquellos “amigos” desconocidos.
Todos sentados normalmente, y sonrisas con muecas inusuales en sus rostros. El silencio reinante.  Ella jugando un poco con los utensilios. El silencio ruidoso allí, hasta que una de ellas, con picardía pregunto:
-¿Y cómo ha sido tu noche? Creíamos que hoy te soltarías el pelo( como manera de decir que se saltaría las reglas y hasta no iría por la oficina).
– ¿El amor te hizo el favor, por fin? Dijo otro en carcajada.
– ¿Con ganas de repetir? Se escuchó otro comentario.
– ¡Ala pues! Que tanto silencio abruma. ¡Dí que tienes algo ahora par contar a los hijos de tus amigas! Deja el silencio.
Ella sólo pasó su mirada lentamente por cada uno de los cuatro y dijo:

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– La nota decía, que “mi efectivo, no era suficiente” así que ustedes tendrán que pagar el resto de la tarifa.
El ambiente de tornó frío. El descubierto de la trampa quedó ante todos. La vergüenza hizo que se retorcieran un poco en sus asientos. La burla, tuvo cara de muerte ahora. Pero las salidas del desparpajo, no se hicieron esperar:
– Pero bueno no es han malo, compartimos el costo de tu placer, te ayudamos. Vamos, no vengas ahora con un “corazón roto” por un tal desconocido.
– Nosotros valemos más que él.
– Ya nos conoces, no queremos que te desperdicies.
– Ya mañana te habrás olvidado de ese fulano…
Respiró profundo y levantándose volvió a decirles:
-Tienen razón, un corazón roto puede sanar, la amistad si es de verdad, vale por encima de muchas otras cosas… se quienes son, ahora lo sé, y mañana ya no querré recordarlo.
-El desengaño no es por él, sino por ustedes. Creí que yo valía algo más que una burla, que mis acciones y demostraciones de afecto para cada uno de ustedes habían tenido algún significado.  -¡Pero gracias! ese balde de agua fría recibido, ¡me ha despertado! Y ahora puedo ver, que estoy en el lugar equivocado.
Simplemente se levantó y se fue.

2 comentarios en “Balde de agua fría…

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