Septiembre se despidió…

Ya Septiembre es pasado, pero igual merece el resguardo en mis letras de sus últimos días y horas, por la forma en que me trató y las lecciones que me dejó.  Fue un mes un tanto atípico, con mis sentimientos bajo control un tanto desordenados; un mes que comenzó con una timidez enmascarada y termino casi en tormenta desatada.  Eso me lleva a pensar que indiscutiblemente así también somos.

A ratos podemos estar totalmente clamados y controlados y luego una emoción nos revuelve el corazón.

Esta última semana, sus atardeceres se vistieron de la gala de quién se va, pero en una fiesta… nada de tristezas no de despedidas…


Colores intensos llenaron el espacio y un cielo multicolor mostró que aunque sea de los últimos meses, no implica que este vencido, viejo o desauciado.

Ha sido un mes de transición para muchos entre lo que fue un verano ardiente y lo que podría ser un gélido invierno, mientras eso ocurría, algunas de sus últimas tardes algunas veces fueron secas y otras un tanto mojadas en este lado del mundo… en el lado del corazón de esto que llaman América.


Ayer con la despedida del mes, la tarde se vistió de lluvia, fuertes vientos soplaron y la amenaza de un huracán o tormenta tropical nunca antes vista se cirnió sobre nuestro territorio… bastaron tan solo pocos minutos de fuertes gotas y un recio viento para que todo  colapsara y  se llenara irremediablemente de agua lo que conformaban las vías terrestres, ya que lo caído del cielo no encontraba por donde escurrir, pero al final no pasó de allí.


Igualmente en nuestra vida llegan amenazas de tormentas y a veces creemos que perecemos bajos las aguas de las dudas y nos encontramos sin salida, pero ¿sabes qué? En algún momento ella fuerte corriente que nos arrasaba Roma otro giro y sale de nuestro camino; tarde o temprano todo pasa, así sea con nosotros a cuesta.

Y en cuanto a lo anegado de las calles, no puede ocurrir de la misma manera… que lo que emerge de nuestro corazón, tampoco consigue por donde salir o mejor dicho, no tiene quien lo reciba y eso puede terminar ahogándonos o inundándonos de manera peligrosa.  Así que roguemos porque nuestra tormenta interna no arrecie intensamente.

Septiembre se marchó, y me dejo un sabor de ausencia con presencia un tanto difícil de digerir. Tuvo sus lágrimas y sonrisas como todos los meses, colores y días grises para amar a unos y otros y esperanza porque llegue el mes de las hojas caídas y los sentimientos descubiertos.


Este ha sido Septiembre, el de los 9’s el que se deja iluminar con un rayo en medio de la tormenta. El que me conquisto de a poco y que también me dejó como es obligatorio.

Así ocurre con nuestro corazón y sus tristezas, cuando alguien nos toca y como un rayo de luz, simplemente nos enciende, para luego oscurecernos totalmente cuando ya no le encontramos. Increíble y paradójico que quién nos enciende puede apagar os de alguna manera.

Toca despedirte Septiembre, con la promesa de que vuelvas y si yo ya no estuviere, quedan mis letras con tus registros de lo que hiciste en mí, en medio de tus atardeceres.

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