Octubre… Un atardecer vestido de Otoño 🍂 

Este Octubre avanza, y con él la cercanía de los árboles que se quedan sin hojas, y las hojas que están, van cambiando sus colores.  En otros países, distintos al mío, esta estación se da, anualmente y con todas sus características.  Confieso que a pesar que la primavera  me seduce con sus colores y el verano con su brillo, el otoño es la estación que más evoca mi alma, quizás porque es la víspera de un invierno que de alguna manera conozco, y no precisamente porque aquí se de dicha estación…

Lo cierto es que, ayer, ese día de Octubre en su atardecer de colores otoñales, me dejó algo perpleja y pensando algunas cosas.


Todo parecía normal… como a veces nuestra vida. Pasamos de un lado a otro, vemos a las personas (bueno, a las que podemos), decimos: ¡Hola! Y asumimos, que todo está bien. Lo que no necesariamente es así… como dice el refrán: “Caras vemos, corazones no sabemos”. 

Así iba el atardecer, como algo normal y tranquilo.


Quería ver el mar, porque hace días por razones que no vienen al caso ahora, no había podido visitar sus aguas y ya me hacía falta respirarle cerca.  Por tanto, no hice de rogar a “mis ganas” al menos no a esas, y me fui dejando conducir hasta su orilla. El atardecer desde allí, es algo especial para mi alma. Es un momento de quietud, donde a veces se exorcizan mis más profundas emociones, que en otro ambiente me sería imposible de dejar fluir….


El Otoño se dibujaba en el cielo de este Octubre y su tarde.  Tonos grises, rojos, naranjas y algún rastro amarillo se dejaba ver.  Yo hipnotizada por el agua, simplemente me acerqué… y luego fue que comprendí lo que estaba pasando.

La calle frente a ella, de mi playa, la que han llamado “Playa Mansa” se encontraba llena de agua también.  Por supuesto que el nombre de esta playa, se debe a su característico oleaje suave y hasta sereno. Nada la perturba, ni la agita; como aparentemente son muchas vidas vistas desde afuera… quizás la mía también.

Estando en su orilla empecé a escuchar como rugían sus olas, y fue entonces que me di cuenta de que algo no estaba “normal” o bien.  El ruido del oleaje era intimidante… y fue entonces que levantándome (porque estaba agachada viendo el agua muy de cerca) que comprendí lo que ocurría. 

El agua había salido de sus límites y la calle a unos metros estaba llena de su misma esencia.  Me sentí como un pequeño punto, en medio de una gran porción de agua…


Todo la arena estaba mojada hasta llegar a la calle, que estaba algo inundada.  Eso era evidencia de que, lo que parecía tranquilo o “manso” había cambiado de alguna manera, aunque fuera por solo momentos.

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​Este atardecer con los colores del otoño, me permite confirmar una vez más, qué hay tantas cosas que no están a nuestra vista, pero que de igual manera, suceden...

Como las olas son muchas veces nuestra emociones… las retraemos, controlamos  o escondemos tanto, que luego terminan “rompiendo” con una fuerza que a veces sorprende y hasta asombra a otros y hasta a nosotros mismos.  Por tanto, es preferible darle la oportunidad de que fluyan cómo son, sin reprimirlas tanto, para que definitivamente las podamos surfear en el momento que toque.  De lo contrario, nos podemos llevar una gran sorpresa, de las que asustan.

Algo frágil e indefenso puede volverse arrollador y trágico sin es movido por fuertes emociones.   Definitivamente cuando tengo oportunidad de ver el mar y el vaivén de sus olas, no puedo más que pensar que en nuestra alma, el oleaje también se calma e incrementa de acuerdo a lo que podemos sentir.  A veces hay gran  bonanza, otra fuertes tempestades y todo eso ocurre (o puede ocurrir),  mientras nuestro semblante aparente sugiera que no está pasando nada.

Me fui de su orilla, viendo aún por mi retrovisor los colores otoñales en el cielo, reflejados también en el agua, pensando en m: lo fácil que es suponer que todo es de una forma, cuando no es así, lo ciego que podemos volvernos al fijar nuestra mirada solo en algo, obviando lo demás;? y lo pasajero que es todo al considerar que en ese momento ya el mar se había salido de sus límites y había vuelto a ellos (con sus rastros visibles) y que el atardecer avanzaba hacia la noche, pero simplemente eso era la preparación para la llegada de la próxima mañana.


Y desde lejos las cosas se perciben diferente.  Para saber realmente cómo son, debemos acercarnos.  Y los colores del Otoño se fueron desdibujando…

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8 comentarios en “Octubre… Un atardecer vestido de Otoño 🍂 

    1. Así es “Mar” él, el de tu mismo nombre evoca tantas cosas que a veces no podemos explicar. Estamos conectados con lo que nos rodea de una forma magistral que lega a inspirarnos y movernos de firmas extraordinarias y hasta sublimes.
      Un fuerte abrazo amiga

      Le gusta a 1 persona

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