Una lección definitiva…

El atardecer de ayer viernes, Día de Reyes… fue todo un regalo, duro, quizás triste, pero como toda lección, un regalo que bien vale la pena desempacar y aprender.

Al ver desde mi lugar, sus tonos grises, similares a todos los de estos tres últimos días, él pasó hasta mi encuentro e inició la conversación…

-Pssss, psss es contigo… tú la que juegas a que no me ves.

Le miré lentamente y como quien está ausente, contesté: – ¿Quién yo?

-Por supuesto, tú.  ¿Te puedo comentar sobre algo?

Y claro que al verlo… solo pude decir, que si.

-¿Estás inquieta por algo?

No respondí…

-Bueno, como quizás tengas muchas cosas en tu cabeza, solo quiero invitarte a que veas algo.  Fíjate en el horizonte…

-¿Cómo son mis colores?

– En tonos grises… como en los últimos días.

-Ese es el punto.  Es así, hay tonos grises, porque he permitido que las nubes de forma continua tapen un poco más de lo acostumbrado, los rayos del sol.  -Mientras lo siga haciendo así, tendremos este mismo formato, con la variación que da la diferencia de cada día, pero los resultados serán similares.  -¿Vas entendiendo?

Asentí con mi cabeza, mientras seguí callada en mis pensamientos.

Lección de ayer:

 Si hacemos algo y duele… empeñarse en seguir haciendo lo mismo, va a causar el mismo dolor.  Tiempo de hacer otra cosa.

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