Febrero… aprendiendo… quién se atreve?

Aprendiendo en estos días… 

Muchas veces hablamos de “Atrevernos” de desafiarlo todo y seguir nuestros sueños, deseos, corazón o cualquier otra cosa que se parezca a lo que realmente queremos… y me pregunto…¿realmente creemos eso? O es una simple retórica, o un imposible , una historia incumplida o cualquier “a medias” que se nos quedó en el camino y se nos ha vuelto entonces, una utopía fácil de repetir (ya hasta de creer que la creemos).

Acercándome al mar en estas tardes, pude comprobar algo…👀


El mar, cuando quiere… se atreve.

Todos sabemos que tiene un limite, que no se desborda por doquier; sin embargo hace con su orilla lo que literalmente “le da la gana”. Una veces se retrae y otras simplemente, la toca, la toca y la toca… y si alguno está por ahí… prepárese para sentir lo que es que el agua le corretee y moje, porque así la evadas, en algún momento sin que te des cuenta, se colará entre tus pies y simplemente te mojará… se atreverá!

Generalmente, somos capaces de ser como olas del Mar, pero solo para fluctuar en nuestras percepciones (unas veces algo nos parece una cosa y puede que luego otra), más no para atrevernos realmente en llegar a lo que queremos y sobre todo, hasta donde queremos.  En eso, estamos s muy lejos… de ser como el mar.


¡Ni hablar del Sol..! ya que él, en el día más nublado, cuando uno ya no le apuesta a un atardecer de esos espectaculares, más de una vez (y ya lo hemos visto) nos deja sorprendidos por simplemente no apagarse al libro, sino que se atreve y se abre paso aún en medio de la circunstancia más atípica (por no decir adversa, porque no creo que él tenga una situación de esas).  Si el tiene que subir, pues lo hace y llega a brillar por qué el es así… y si tiene que bajar, igual, se despide, pero se deja ver. Nada interfiere con lo,que quiere hacer.

¿Y nosotros..? Si, nosotros, los que si coleccionamos “situaciones difíciles” y parece que capitalizáramos ese tipo de inventario (el del sufrimiento) ¿cuando es que de verdad nos atrevemos a aparecer, a mostrarnos? A decir: -Epa, estoy aquí, vengo por ti!  ¿Hasta ahí llega nuestro ímpetu, nuestro atrevimiento? Empezamos nuevamente a considerar todos los argumentos, razones y justificaciones para no hacer, lo que hemos dicho que queremos hacer? Pues si! Y terminamos creyendo cada uno de esos argumentos… legitimamos entonces, el letargo de nuestro ser.  No llegamos a “salir” porque pensamos en todos los contra y tampoco nos terminamos de “ir” por la cobardia que padece aquel que no sabe lo que viene (como si hubiera tiempo par que algo viniera).  Todo interfiere para no hacer lo que queremos hacer… y eso me lleva a preguntarme ¿será que en el fondo no queremos hacer nada?


¿Has visto volar alguna vez a un pájaro al final del día? Sabemos que ellos se recogen para dormir temprano, sin embargo eso no les limita disfrutar su vuelo, hasta el último segundo. Se atreven a asumir el riesgo de volar, como si fuera su última oportunidad, porque la es… Hasta la ultima gota de luz, la aprovechan para subirse al cielo y hacerlo suyo todas la veces que sea necesario.  No tienen que correr cual Cenicienta, porque ya la magia se va a acabar, ¡no! Simplemente la magia va con ellos.

Por nuestra parte, vivimos la esclavitud del reloj.  Si estás viendo algo hermoso, tiene que ser rápido, “porque ya es la hora”;  si estás disfrutando de una buena conversación… bueno “te dejo, porque me tengo que ir”; si hemos dispuesto el momento para estar con nosotros mismos y pensar, recordar o simplemente sentir…¡no! Aparece esa persona indicándonos lo que tenemos que hacer, trayendo a nuestra realidad el hecho de  que le hemos “hipotecado” nuestro tiempo a alguien (quizás ese mismo que nos interrumpe) y hasta ahí llegó, nuestro propio tiempo.

Ni hablar del Cielo…


El se pinta como,quiere, cuando quiere y nada más que admirarlo podemos hacer…


Alguien puede decirle… ¿tíñete ahora de otro color? ¿Porque mejor no te pones así de esta manera o de otra?


¿Logrará alguien hacerle cambiar de parecer? Pues simplemente ¡no!

Y hoy Martes 28… de este Febrero moribundo, puedo confirmar una vez más que no. Todo lo que vemos y nos maravilla… así es, ¡porque no lo podemos cambiar!

En este asueto de carnaval… todo el mundo está listo para ir a la playa, a gozar del sol y todo lo que ofrece… y miren como amaneció el día aquí (donde siempre hay sol)


La lluvia fue el signo de este amanecer. Gotas mínimas cayeron, pero por largos minutos, el sol quería quedarse a dormir en el lugar donde amaneció (habría que preguntarle a Luna como les fue, que les pasó 💕)


Y sí, habrá gente que seguirá con sus planes indistintamente de si llueve o no… pero el punto es, que pareciera que él quien estaba “obligado” a ser de una manera era otro… era el día, este día.  Y así como lo hace la playa y sus olas, el sol de la mañana (el mismo del atardecer), los pájaros, el cielo en su expansión… así también el día, determinó que él tampoco estaba “atado” a los caprichos de nadie, y que conforme a lo que el consideraba que era necesario, eso hizo.  Para el día, la prioridad era regar las plantas, pues, así lo hizo.  Sin mucho,argumento, sin tener que pedir persmiso, quizás ante el desconcierto de muchos. Simplemente se atrevió.

Los humanos somos más de vacilaciones, de “compromisos”, de apariencias irreales…

El Cielo no, y ahora (hora media después de la lluvia) simplemente decidió ponerse un traje azul para salir a pasear… porque es lo que quiere hacer.  No se quedó escondido, ni tampoco salió cuando otro lo esperaba, simplemente lo hizo cuando consideró que estaba listo.

Lo que vemos es reflejo de lo que no vemos….

 Cada espectáculo natural que podemos observar, está ahí para decirnos algo, para llamarnos la atención, para hacernos sentir que dentro de este gran todo también podemos seguir, y no necesariamente debemos estar atados a lo que no nos gusta, solo para “encajar” con lo que otros han determinado que debamos ser.

Día a día las lecciones están a la mano, el no hacerse conscientes de ellas, simplemente nos dice que volveremos a repetirlas, hasta que en el algún momento las hayamos aprendido, o en el peor de los casos las hayamos desechado.

Hoy, me atrevo a escribir esto… hoy me pregunto, si de verdad a eso… a lo demás… me atrevo…

Febrero, cierro contigo, tú que me recordaste que el amor es más que fechas y regalos circunstanciales, que es más que decir Te Quiero…  tú en el que me atreví a acercarme a contemplar y a tocar a ese… ya sabes… mi Cielo.  Ruego solo que el atreverme, no se convierta en letra muerta, en el archivo del olvido.

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Yo siento… el tiempo lo sabe💕


Desde el fondo de mi alma, yo te observo… me siento al borde de la tuya, te rozo.

Mi mirada te recorre, vas sintiendo… como mi presencia en silencio te acompaña.

Recorres tus sueños, vas y vienes… yo me adapto a tu paso, rápido y lento voy contigo.

Tus palabras van fluyendo aún a solas, yo te escucho, voy pensando, te interpreto.

Desde este mi rincón, en mi ser, sin más nadie, yo te pienso… mientras el tiempo que no para, continúa.

Tú volteas, sonríes y me sientes… aunque aparentemente no haya nadie.

Mis palabras son susurro de viento fresco…en tarde de sol;  brisa cálida si hubiera frío, porque eres tú el destinatario.

Asientes con tu cabeza, me descubres… preguntas por lo yo pienso, sabes la respuesta.

Despiertas, la luz viene después… madrugadas arropadas todavía.

Antesala de la noche también se acerca, cotidiana… te acompaño, la observo me complace.

Letras tuyas, letras mías van haciendo, el camino donde andamos cada día.

Lo que pienso, lo que siento tú lo sabes… sigo aquí en este rincón , aún en tu vida.

Días sin tiempo, amor sin amarras, fuego que acecha…quizás me pierda en todo esto, y el tiempo se extinga, el sentimiento se desboque y la llama sea soplada.

El tiempo es eso que transcurre mientras sentimos… que también se desperdicia e igual se consume, si es que no nos atrevemos a hacerlo.

Mi pensamiento te toca en este ahora… siénteme, has que tenga sentido el tiempo.

Atardecer en movimiento… lecciones de Febrero

​​

Una tarde de regalo…

El vaivén de las olas me dice que: 

Todo pasa, y que todo se queda… dependiendo del lado de la ola en que estemos.

Ante tanta belleza, vale la pena soltar y solo dedicarse a disfrutar!

Febrero, gracias por compartirme este atardecer.  Cielo, gracias porque te veo por todos lados, siendo el marco perfecto de las palabras de este sol que ya se va…


Y a pesar de la despedida, no deja de expresar quien es en colores y a claro oscuro.  Que lección!


Como las olas de mar,  como brisa de la tarde… sentimiento que aquí estás y que en mi pecho, arde!

No te rindas aunque quieras, no desertes, no te vayas… hay un mundo que está adentro, aunque el corazón se calla.

Febrero… que te vas, y una lección tempranera 😳🎨

Cuando todo lo vemos del mismo color…

Viendo este amanecer no puedo irme en “blanco”… el día hoy muy temprano habla, y me hace reflexionar un poco.

Hay situaciones en nuestra vida que son como esta hora del día… en la que “todo lo vemos de un mismo color”.  Ya sea porque estamos súper emocionados por algo, puede ser una buena noticia, un nuevo trabajo, terminar de escribir un libro, la respuesta afirmativa de ese alguien que nunca se enteró que tú estabas ahí  hasta ahora… en fin, todo lo bueno que se nos pueda ocurrir para que se dispare el *color luz* en nuestros ojos. Sí,  en nuestros ojos, porque es ahí donde aparece este color y quizás no en todo lo que vemos.

Por otro lado también existe otro color; el *color oscuridad* ese con el que vemos cuando una puerta se nos cerró (o nos la cerraron) en la cara, alguien se fue, la llamada que nunca llegó, un té quiero que jamás salió de unos labios (o peor un té quiero que te diste cuenta, era fingido), una mano que no se extendió.  Es entonces cuando la penumbra y la sombra nos acompaña y desde esa perspectiva lo vemos todo.  

La lámpara de nuestra visión del mundo, simplemente se apaga o se enciende.  Pero más que eso, este amanecer me ha susurrado algo al corazón, y es que:

Un solo color existe pero no persiste por siempre.


Podemos pasar de un solo color a muchos…

Luego, por una causa u otra, nos damos cuenta que el panorama puede tener otros matices, inigualables y a veces hasta incalculables.  Quizás alguien nos tropieza mientras vamos caminando en nuestra “nube” o en nuestro “túnel” y nos regala un poco de equilibrio necesario para no pasar el día como fuera de lugar…  tal vez una llamada repica cuando estamos a punto de llorar y sumergirnos en el llanto más amargo por aquello que no pasó. O simplemente la chica de la recepción del médico a donde vamos, dice nuestro nombre y tenemos que “bajarle dos” a esa sonrisa que alguien nos dejó hace más de una hora y que por más que han pasado los minutos, solo de pensarlo, volvemos a sonreir.

En fin… este inicio de día me recuerda  una vez más, que hay varias formas de ver las cosas… perspectiva la han denominado.  No hay in color que se quede sin cambiar en el escenario fascinante de la vida.  No hay una emoción estática, es emoción justamente por eso.  No hay in sentimiento sin salto ni variedad, porque trae intensidad consigo. Existen los bemoles en toda composición musical, existen otros tonos que a lo largo del camino se pueden encontrar.  Existen seres que te llevan a lo más sublime y a la zozobra desesperante… esos son los que no podemos olvidar.

Dentro de las cosas más terribles que considero me puedan pasar, está la que me ocurre cuando “ya todo me da igual” es un estado emocional, menta y sentimental, que no se lo dese a nadie… es como cuando uno dice:  

-Si estás bien… y si no, igual. 

Cuando nada ocurre, cuando el sobresalto te abandonó y ya no hay algo que encienda tu atención… cuando todo es tan igual que puedo predecir el segundo que viene y el que se acaba de suicidar.  Cuando una relación está en ese punto, solo hay que colocar la lápida… porque la tumba está llena y hace rato el sentimiento se murió.  Eso es por donde lo pueda ver… ¡terrible! Es simplemente como ir arrastrando un cadaver que te pesa, sin encontrar al fin un lugar donde dejarlo descansar en paz, y sobre todo un lugar donde sea uno mismo quien pueda desacansar (sin ese peso).


Y cuando ya entendemos que no todo es de un mismo color, que los matices inundan nuestra vida, que hay suficientes como  para vestir cada día…  entonces nos sacudimos de lo que ha pasado, sea bueno o malo y volvemos con ganas de recomenzar.

La historia de nuestra vida, la escribimos con un lápiz que tiene infinitos colores… tan infinitos como nuestros pensamientos y su magnitud tan extensa como la de un sentimiento.


Te encuentro en esos colores, los que son de fijación, los  de un momento y los que varían en la medida que avanza nuestro propio cuento…. esos que se tenjen en el alma, en el pensamiento y hasta en la piel.

Amanecer y su promesa… atardecer y su sello 🌄🌅

La promesa del día…

Un amanecer es como el regalo de una promesa. Solo quien lo entrega es capaz de hacer que suceda. Con el, ha venido hoy la esperanza de las nuevas horas que ansiosas se deslizan por los segundos eternos que ellas mismas desconocen.  No saben de tiempo, pero lo integran, no saben de irse e igual llegan.

La presencia del amanecer augura que la vida no se cansa de regalar una sonrisa, de soplarnos un impulso, de abrazarnos con la sutileza de su luz.  La promesa del amor que siempre vuelve, aún después de la tiniebla.

Este día es una promesa, su amanecer es la magia de quien tiene para entregar una nueva razón, un porqué al descubierto, una mágica esperanza.

Y aprovecho que ya es de tarde y esta entrada del amanecer quedó sin enviar, para decir que:

Si el Amanecer es la promesa del día, el Atardecer es su sello de garantía…

El Atardecer y su sello de amor, de vida, de misión cumplida…

Es la confirmación de que el regalo valió la pena, que en las horas transcurridas nos permitimos  sentir y es nuestra mejor huella o evidencia, para comprobar que estamos vivos.

El atardecer se viste de sueños, que pronto desembocarán en la noche y que serán entregados al nuevo amanecer para su realización, pero todo empieza ahora…

Eres como promesa de amanecer y sello de atardecer… Cielo, eres parte de mí día, parte de mi vida.

Vacilaciones… ⁉️💭

Las vacilaciones…

Son esas que nos hacen frenar nuestros pasos en el camino.  Esas que nos llevan a pensar en los peligros, más que el disfrute de descubrir. Esas… enemigas de la certeza sin sentido que da el lanzarse al vacío.

Los “si y no” que encontramos (como las señales de tránsito) que nos dicen a donde ir o no. Todas vienen envueltas en un delicado papel que por todos lados en letras casi invisibles dice: –Detente, piénsalo mejor… será para después!

Vacilaciones… asiduas visitantes de quien pretende controlar el tiempo, aún sabiendo que es imposible y que su factura en la medida que avanza se cierra cada vez más. 

Pero sin duda, las vacilaciones son  el consuelo vago, de aquel que no se atrevió a descubrir realmente como se hacía el camino, y se conformó o más bien resignó a las ataduras del cuidado, ese que va de la mano con el peligro y el miedo.

Parada frente al camino
Veo huellas, quizás muchas
Parece que hubo una lucha
Por dejarlas muy marcadas.

Quiero correr, parar,
Seguir, desertar…
Sin que sienta tanto peso
Por lo que puede pasar.

¿Vacilar para que sirve?
¿Para no hacer…dejar pasar?
Y luego cuando se ha ido
Mucho para lamentar.

Ahogan las vacilaciones
Nada se puede lograr…
Correr, llegar, amar
No está en la agenda cierta
De quien decide dudar.

Miro el camino
Voy nuevamente
Lo busco, lo hago (el destino)
Voy, simplemente.

Decidi no vacilar…

Febrero… lo que esperamos


Estos días de Febrero han llegado envuelto en nubes… amanece muy nublado. Amenaza lluvia, las plantas se emocionan y piensan: -¡Me va a tocar, me va a mojar! y lentamente el sol despierta y la esperanza de la lluvia se va desvaneciendo.

Como si nunca se hablara de necesidad de regar, como si no existiera ninguna posibilidad, simplemente el día avanza y la luz del Sol se vuelve más fuerte.  La sed aumenta en ella. -Solo quisiera una gota, piensa la planta que desde su raíz hasta su hoja, desea que la lluvia venga a su encuentro.


Pasan las horas, y nubes van y vienen. Blancas en un momento, grises en otro… pero el dinamismo del Cielo, no deja que ninguna de ellas se quede a considerar si cumplirá el deseo de la planta.


Llega el atardecer en los días de Febrero, y quizás las nubes se acercan al astro rey como queriendo persuadirlo con caricias de que no salga a brillar en su acto final del día, a ver si la lluvia de algún modo se presenta.  El, simplemente las ignora, no se deja seducir… él esta claro en quien tiene puesta su atención, y unas nubes desesperadas no le harán desistir, y menos con la simple pretensión de conseguir algo a cambio.


Lo cierto es que la apariencia de estos días en sus inicios, tiene en ascuas a una planta que languidece día a día, pensando que la lluvia puede caer, con el resultado en negativo, y la sequía en su interior creciendo.


La lluvia ha caído… en otro lado, eso lo dejan ver las nubes en el horizonte. No te toca plantita… no te toca, quizás sea lo que continuamente se repite.

La vida que llamamos “real” es un simple reflejo visible de aquellas cosas que no lo son. 

Así como le pasa a una planta, que añora la lluvia, muchas veces a nosotros mismos nos ocurre igual con algo o alguien.  El día amanece y se perfila de una forma u otra y pensamos: 

-Quiero que suceda esto y voy hacer lo posible (e imposible) para que así sea… Literalmente, morimos porque esto sea. Pareciera que todo está servido y las horas pasan y los días con ellos… ese odioso verdugo que llamamos “tiempo” continua en lo suyo y nuestras esperanzas se marchitan de alguna manera. Lo que esperamos, no llegó. La lluvia no cayó.

Quizás en otro lado, quizás en otra gente… pero en nosotros no.


Hoy… simplemente vuelve a amanecer nublado, la amenaza de la lluvia está latente, pudiéramos presentirla. La esperanza sube nuevamente al corazón de  quien desea en todo su interior que simplemente, llueva.


Y quizás el día transcurra y una vez más la planta se quede con las ganas.

… Hoy el día comienza y mis pensamientos con el. Cielo, estás en ellos.  En algún momento tus gotas tocaran este suelo, tengo una certeza en el alma que dice que sí. Sin prisas, veo las nubes, espero la lluvia aunque el sol me visite en cada atardecer.