Enero se despidió… a lo grande 

Desde que el último día de Enero, de este año que corre comenzó… se vislumbraba que iba a ser especial.


Su amanecer fue algo realmente sublime. El sol se despertó tarde y aún así, su belleza lo inundó todo.  No necesitó “marcar tarjeta” ayer; porque todo y todos le esperaban, y él como un rey apareció, mostrando su esplendor delicadamente.  Esto me me llevó a pensar que:

El que sabe quién es, lo transmite sin necesidad de escándalo.


Los pájaros surcaban el cielo, como diciéndole a Enero: 

– Está oportunidad de hoy es irrepetible, así que la vamos a aprovechar.

Tal cual deberíamos hacer nosotros, cada oportunidad es única e irrepetible, así que no dudemos en abrir las alas y volar… porque simplemente no se va a volver a repetir igual.

Realmente el cielo invitaba a volar…

Bueno, es que tengo “debilidad” por el cielo… que simplemente lo veo y me dan ganas de disfrutarlo.

Cada cual tiene algo (o alguien) en que pensar, que hace su día más agradable y que indiscutiblemente renueva las ganas para enfrentar cada día.


Así como amaneció, también fue cayendo al final de la tarde… suave, como silencioso, pero simplemente espectacular.  

Los matices del atardecer de ayer  eran una mezcla de claro oscuro, como las emociones de un amor intenso que se enciende, revuelve y a veces languidece, mientras su intensidad nos llena.


Hay quien dice que quiere ver la maravilla, pero simplemente se distrae en sus propias penas… 

Los humanos tendemos a complicarlo todo.  

Si un atardecer se presenta increíble cómo el de ayer, a veces preferimos distraernos pensando en lo malo que ocurrió en el día o en el estrés que vendrá mañana, olvidando que el único instante disponible, corrían ante nuestros ojos.  

Eso a veces lo hacemos con el tiempo, con las personas, con las oportunidades, con la vida.  Nos empeñamos en lo que no es y no está, y desperdiciamos el milagro que tenemos al frente.


Aún así, el sol, el día y el atardecer no se desgastan pensando en quien los admira o no,  simplemente siguen en su travesía perfecta sin inmutarse por quien los tome en cuenta o simplemente lo desprecie.

De la misma manera deberíamos hacer nosotros.  Si ya hemos trazado un sentido para nuestros días, que otros lo aplaudan o no, debería ser asunto de ellos y lo nuestro.


Y pensé inicialmente  que se iria taciturno, sin más emoción que la regalada durante todo este mes… pero simplemente  me regalo lo mejor una vez más!


Fue increíble verle desaparecer en el horizonte, con la sonrisa de sus colores y la emoción que dejaba en el cielo, que me encanta.


Y el regalo final, el broche que cerró Enero.  Apareció Luna con su Lucero.  Tan cercanos y distantes a la vez.  En perfecta armonía ellos dos, juntos en una foto y luego en algún momento uno sin verse al lado del otro… pero sabiendo que están ahí, en el mismo cielo.

Así también la vida, hay quien está tan cerca pero lejos; que no se ve, pero está y que un momento mágico como el festejo final de Enero de ayer tienen su encuentro.

Enero, mis respetos… gracias por cada uno de los días en que te vestiste de gala para visitar no solo mis ojos si no también mi corazón.  Ese lugar, donde guardo tus lecciones.

Gracias a ti por estar y ser el Cielo de mi Enero.

6 comentarios en “Enero se despidió… a lo grande 

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