Caminando por “la acera del frente”… contigo

Tenemos un camino por el cual nos gusta andar, o simplemente es el que estamos acostumbrado a tomar.  Todo ahí parece ir bien (o no) y nos hacemos a la idea, de que es lo que nos toca y simplemente nos quedamos ahí, dando pasos en él, día tras día, al menos eso creemos.

Hace un par de días, decidí explorar otro camino, el camino “de la acera del frente” …por supuesto que fui encontrando nuevas cosas a mi paso.

Un regalo se abre ante nuestros ojos, si nos atrevemos a en encontrarlo y tomarlo. Quizás resulte “raro” al principio, pero nadie puede decir que no sea rico descubrir las sorpresas que nos depara.


Es emocionante, cuando los pasos que damos por un sendero diferente, pueden agitarnos el corazón de manera increíble.  Con toda seguridad somos de lo que hemos dicho  miles de veces: – Soy de los que está cómodo andando por aquí, sin salirme de los linderos de lo conocido… estoy bien así (lo que no es condenable)

Y aunque a veces estemos no del todo conforme o satisfechos, es nuestro camino, es lo acostumbrado y eso a la altura de etapa de la vida en que tenemos esos pensamientos, es simplemente suficiente.  Pero sabes qué?  He descubierto últimamente que mis pies no están pegados a la acera de siempre, que puedo cruzar la calle y mirar  desde el otro lado, observar de cerca, disfrutar sus colores, y sobre todo, sentirme libre de escoger donde piso.  Esa es una sensación que no puede ser pagada con nada.
Descubrí que hay lugares que invitan a la parada de un descanso, que la vegetación llega a ser como una acolchada alfombra por la que se puede pisar y sentir suavidad bajo nuestros pies. Eso me recuerda que no estamos atados a andar siempre sobre algo duro, solo porque eso sea a lo que estamos acostumbrados, o,lo,que no,levante incomodidad en el otro.


La acera del frente, quizás es menos transitada, o. As complicada… porque tal vez el sol pega más de frente por ahí, pero también es posible que en ella se encintaren   detalles extraordinarios por descubrir. 

Cuando voy por donde estoy acostumbrada, lo hago casi en “piloto automático” y si… es cierto que eso me permite ir más rápido, pero también voy   sin  detallar o disfrutar mucho de lo que me rodea.   Y así mismo, ocurre con la vida, nuestro trayecto se convierte en el de siempre sin muchos detalles o maravillas, porque simplemente no es necesario, es el camino de lo adecuado, lo “en su sitio “, lo que no puede ser alterado.

 Pero, cuando tomo un nuevo trayecto, voy más atenta, descubriendo que me gusta más de lo que veo, los detalles excitantes de cada paso; y es probable que me vuelva más atrevida, al punto de tomar una foto como esta, aún cuando la seguridad con que no cuento,muchas veces lo limita.  Es ilógico, sin acierto, innecesario? Si! Sin embargo he decidido no dejar que la vida pase sin detallarla, sin disfrutarla, sin anidarla.

En algún momento hay que regresar al camino acostumbrado, porque también es parte del todo de nuestra vida, solo que es diferente recorrerlo cuando ya hemos expandido nuestros pasos hasta otros lugares.  Es entonces cuando  comenzamos a evaluar realmente cuál es nuestra razón en todo ello.


Descubrir que hay algo más allá de lo que siempre vemos, es un privilegio que nadie nos debería quitar (aunque se empeñen mucho en intentarlo). Debemos ser dueños de la longitud del camino que escojamos andar. Cuando sentimos que una cuerda nos detiene para poder explorar la acera del frente, es tiempo de evaluar con claridad, quien o que está sosteniendo esa cuerda… y sobre todo porqué.

Por mi parte, me encanta encontrarte en mi camino acostumbrado y en la libertad de poder cruzar hasta dónde mis pasos, grandes o pequeños me lleven. La cuerda tira de mi incesantemente, pero,también he encontrado la forma de zafarme de ella, porque hay una acera, un camino, un destino, donde nadie puede intervenir, sino nosotros.  La maravilla de lo que está en nuestros pensamientos, o mejor dicho en quien pensamos, es que no importa en que lado del camino estemos, eso nos acompaña y para mí,  es suficiente para sentirme contenta, estando en este lado de la acera, o en la del frente (tú vas conmigo).

5 comentarios en “Caminando por “la acera del frente”… contigo

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