El último atardecer del 2017… tu que te vas…💭

Es el último atardecer… 2017 se va, y mientras lo hace, en medio de la conversación que tenemos, junto a la voz temblorosa del reloj me dice:

—Quería darte más, pero…

—Calla no lo hagas, no te excuses. Me diste lo que eras y lo que yo acepté, se hizo importante en mi vida.

Guarda segundos de silencio y concluye:

—No hubo mejor forma de hacerlo, que la hecha. Es hora de marcharme y lo hago con la misión cumplida. Mientras reíste o lloraste, estuviste viva, así que es maravilloso.

—Fuiste de lujo 2017, trajiste un regalo implícito que pude desplegar y hacerlo mío. Gracias!

Y el día, que ya tiene la maleta preparada, comienza su despedida de la forma que lo hacen los grandes, con satisfacción en el corazón por lo vivido. La antesala del que viene es la belleza de una sorpresa que haremos nuestra…

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Los próximos regalos… 2018

Cada maravilloso regalo, puede venir envuelto en dificultades. Que tus metas sean la aventura que disfrutes, hasta conseguir lo que quieras. No siempre lo que has pensado que es el principal objetivo de tu vida, lo es. Date el permiso para descubrir nuevos intereses y metas, y cuando los lleves a cabo, te sorprenderá la belleza que traen consigo.

Que este próximo 2018, sea el año en que se ensancha tu horizonte, tus metas dejan de tener una ajustada medida y que tus ganas superen con creces las limitaciones que existan.

🎄FELIZ AÑO 2018🎄

Un país moribundo… 😞💭

En estos días, mientras andaba por las calles, fui testigo de un país que está muriendo. En la terapia intensiva de una resignación desconocida para mi, pareciera que muchos esperan su último suspiro, la expiración total de su existencia, la declaración legal de su muerte…

Y como todo moribundo, hay quien a su alrededor, se está peleando por lo que deja, por sus pertenencias, sus riquezas y todo lo que en sí mismo produjo, cuando era un país próspero, libre, alegre y con ganas de seguir la lucha que comenzó en los días de una independencia que hoy suena a utopía, a cuento de la abuela, a más nunca.

En su testamento hay riquezas de todo tipo, si, a pesar de que su propia familia le ha robado de manera recurrente, queda oro y cualquier piedra preciosa que pueda tan si quiera pensarse, así como minerales y tesoros en el suelo, por demás; queda también belleza, que aún cuando no ha sido atendida, permanece como sombra acusadora de los que han querido desdibujarla. A veces pienso que su riqueza ha sido el mal que le ha perdido.

Luego reaccionó y digo: -¡No! Su perdición ha sido la codicia de quienes lo habitan, le han puesto mano y ahora quieren conducirlo con camisa de hierro a una muerte segura.

El corazón del país late lento, muy lento… tanto que ya no se oyen sinfonías alegrando estos días navideños. Ya no hay quien vaya a dormir esperando recibir regalos de noche buena, y en su lugar hay gran cantidad de gente durmiendo en sus calles, a la intemperie, sintiendo el frío de la indiferencia de quien le ve, y es como si no pasara nada.

Su tensión ya ni se encuentra. El país que se emocionaba por las fiestas o celebraciones y se entristecía además cuando alguna tragedia visitaba a un vecino, ya se ha ido borrando, su pulso no se acelera. Los que antes luchaban porque se hiciera justicia, porque hubiera provisión o que su ideal mereciera una protesta, ya no existen, les ganó la resignación, tuvieron precio, nadie lo entiende.

A ratos parece que no respira, que ya las fauces de la muerte le arrebató todo aliento, y luego me doy cuenta que aunque muy leve sigue sin morir, pero está en el camino de hacerlo. Los que estaban para cuidar a cada ciudadano, se han cambiado de bando, ahora son los que asustan, atropellan y por los qué hay que rezar para ser invisibles al pasar ante ellos y sus abusos diarios.

El brillo de sus ojos se ha esfumado, su pupila está fija y dilatada como en un coma inducido, donde ya no hay reflejo, de lo que veía en otro tiempo. La mirada de los niños pidiendo en los semáforos, refleja esta realidad tan dura. Da dolor el observarlos, pero la oscuridad de la muerte hace que también a veces esos mismos niños, den miedo. La delincuencia no sabe de edad.

La fuerzas de sus piernas ya no está. El país que daba pasos rápidos y grandes hacia un futuro promisorio, donde su gente tenía esperanza de saborear la oportunidad de desarrollo, el crecimiento en las profesiones, trabajos remunerados dignamente, eso ahora es un cuento pasado, tanto que si no tuviéramos la historia que nos cuenta que así era, lo pondríamos en duda. Los atletas que corren en su nombre lo hacen sabiendo que al llegar a su país, puede que todo esté faltando, y quizás traigan medallas que tengan que vender en el futuro inmediato para poder procurarse un plato de comida.

Sus pulmones, que en otro tiempo le permitía respirar profundamente y tener el ánimo necesario para estar dispuesto a ofrecer ayuda a quien lo necesitara, hoy casi no alcanzan a recibir una bocanada de aire puro. Sus calles llenas de basura por falta de recolección oportuna, unida a quienes rompen las bolsas en busca ya no sólo de alimentos, sino de algo que puedan revender y hacer cada vez peor la cadena interminable de “buscar tu necesidad y aprovecharme de ella” hacen casi irrespirable el tránsito por sus calles.

Pero lo peor, la situación más crítica de la salud de este país moribundo, es lo que ocurre en su psiquis, en su mente. Y es que, el sentido de pertenencia, de lucha, de solidaridad y fraternidad, se escurre como agua entre los dedos. Pululan por todos lados quien revende a precios exorbitantes lo que se considera de primera necesidad; la dinámica de lo que llega a la estantería de los negocios y es absorbido por unos pocos que luego revenden por montos a veces inalcanzables, mantienen a la población en una guerra de supervivencia, que pareciera no tener fin. Cuando las enfermedades son mentales, las esperanzas de recuperación son más difíciles, y se requiere de mucho esfuerzo, excesivo cuidado y amor sin igual para poder sobrellevar una situación de esas.

En fin, el país está muriendo, para la fiesta de algunos y el luto de casi todos. Es increíble que luego de conocerlo joven, robusto y saludable, se convierta cada día más en un cadaver, sin una causa realmente lógica que pueda hacernos entender ¿cómo es que se ha hecho posible, este cuento de terror?

Quizás las campanas de duelo, suenan ya… anunciando el desahucio, el fin.

Sin embargo, creo en su resurrección, en el despertar de la consciencia adormecida, en voces que puedan decir ¡Ya basta!, en corazones que estén dispuestos al trabajo, a la fraternidad y a la reconciliación.

Es propicia la ocasión.

Ruego por ello….

Estos días… Diciembre y todos

De estos últimos días… me quedo con la nostalgia de sus colores. Esa misma que me dice que a todo día le llega su final, aún para prepararse a recibir al próximo.

También guardo para mi la incandescencia de sus luces, casi imposible de registrar con justicia por ningún lente (humano o fabricado). Eso me trae al recuerdo aquello que sentimos y nos enceguece.

De estos días me queda el paseo por lo que se cree, por la vacilación en las convicciones, por las dudas existenciales y el amor que prevalece. Eso es simplemente humano, como la flor, como la brisa, como mi mano que escribe temblando.

Y estos días han hablado de luz que pasa rápido, que se esconde y nadie puede retenerla. Como el sentimiento de alguien, que por más que queramos no podemos dirigirlo hacia nosotros, si en su corazón no nace.

Dias en los que ver a los pájaros volver al nido al final, cuando la tarde muere, nos recuerda el reloj natural, ese que sabe que todo se acaba. Volvemos… pareciera que siempre volvemos, aún cuando el dolor esté implícito en ello.

Cielos nublados y despejados, los de estos días. Tal como la vida, el camino, la existencia. Algunas veces creemos que estamos tan claros, y otras simplemente andamos a tientas, tropezando.

Dias en que a veces solo somos reflejo, de lo que miramos y otros en que llegamos a confundimos con ello. Me recuerda que nadie se mantiene impasible ante el paso intenso de algo que se realmente se sienta.

Estos dias, los últimos de este año, pasan lentos y rápidos, con ruido y silenciosos, en esplendor y casi anónimos. Como cada uno de nosotros, dependiendo de cómo estén nuestros pensamientos.

Los colores de estos días, su nitidez y hasta su belleza, dejan esperanza para saber que aunque los tiempos no sean todo lo que esperamos, hay algo más allá que está a nuestro alcance, la grandeza de lo eterno, de lo que no se toca. Y nosotros tan temporales.

Dias con momentos para ocultar una ráfaga de luz, presentirla en la sombra y así alegrarse cuando totalmente inunde el espacio. A eso juegan los que se esconden para que les anhelemos, lo que es un extremo para quien ya, echa de menos.

Comprendemos una vez más, a través de los días, que el ciclo diario recuerda la capacidad de sorprendernos que tenemos, que no se apaga, ni acaba, solo porque para otros sea siempre la misma belleza. Renovar es del corazón y los ojos simplemente lo refrendan.

Hoy, justo ahora este amanecer y el canto de sus pájaros me indica que ya el estreno comenzó, que no me pierda la obra. Ojos abiertos, escenario desplegado… voy a aplaudir con ganas y a reírme a carcajadas. Cielo, te miro, en este y todos los días.

Alegría… sonrisas

Hay quienes miden los regalos por el precio, otros por el bienestar que tendrán a quienes dan.

Pero sonreír… ¿quien lo toma como lo que es? Como un precioso regalo que puede cambiar el panorama oscuro de alguien, al recibirla.

Y no hablo de sonrisas fingidas o de “selfies”, no, más bien me refiero a esa expresión de Alegría, que le transmite al otro: “Me alegra verte”, “cuanto me importas”, “eres increíble “, “te ves preciosa “puedo sonreír cuando te pienso“.

Ella, la sonrisa… sin duda será un hermoso regalo, para quien la recibe; llevará implícita un sentimiento, un emoción, un motivo cuyo destinatario no podrá pasar por alto, aunque quiera.

Piensa en la persona que te importa… sonríele y muéstrale cuánta magia te genera y de vuelta hay probabilidad que recibas una emoción similar, que aunque esté callada en algún momento se expresará.

😍😍😍😍😍😍😍😍

Te sonrío, para que disfrutes mi mejor versión y comprendas que desde que estás en mi vida el pincel con que se pintan las sonrisas, esta siempre en mi paleta. Haces cosquillas a mi alma y eso me alegra. ❤️😊