De las cosas cotidianas 3… justa medida ☕️

Buscando un plato entre los gabinetes de mi cocina, me encontré con esto hace unos días. Un juego de té, de los que sirven para “jugar”.

Tiene todo lo que poseen los verdaderos juegos de té, pero a una mini escala. Parecen perfectos para que cualquier niña en edad de empezar a ejercitarse en eso de “la casita” pueda usarlo y servir la bebida a su muñecas.

En el mundo del juego, eso es viable.

Cerré el gabinete luego de ver las pequeñas piezas, y al ir caminando hacia otra área de mi casa, un pensamiento rápidamente cruzo por mi mente.

Aunque algo parezca igual, no significa que lo sea. En la vida eliges si solo juegas, o tomas las cosas en su justa medida.

Me imaginé queriendo satisfacer la necesidad de alguien, ofreciéndole té o cualquier otra bebida en las proporciones que el “juego” da. Se que se esa persona tendría una insatisfacción bien grande, que superaría toda la magnitud del juego, quizás porque simplemente no sabia que estaba “jugando”.

Si bien es cierto que la vida debe ser divertida, agradable, con muchos pellizcos de sorpresas, locuras y sobresaltos (sin los cuales yo no me atrevería a vivir), no es menos cierto que no podemos olvidar dar la justa dimensión a las cosas.

Tratar de forzar lo que vale, para incluirlo en la dimensión del juego, es correr el riesgo de destruir lo primero y quedar en la desilusión de lo segundo.

A veces es preferible usar las tazas reales y jugar a tomar el té con ellas, y eso las llenará de magia, a fingir que estamos satisfechos con las porciones recibidas en solo las de jugar.

Volví a ver la diminuta vajilla hoy… es válido el juego, es válido el querer más.

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Un atardecer… la vida 🌅

El atardecer de ayer fue de esos luminosos. Pareciera que podemos asomarnos a la ventana del sol y sentarnos con el a echar un cuento.

Así son las personas que nos transmiten confianza, con las cuales podemos exponer lo que traemos dentro y sentarnos a su lado sin más que nosotros mismos.

La orilla siempre fiel, recibió cada ola y fue el espejo perfecto para que la luz resplandeciese en ella. El complemento perfecto.

De la misma manera a veces nos encontramos en el mar de la vida, con personas que parecen el complemento de nuestra ola, de nuestro vaivén, de nuestra luz. Podemos aterrizar en ellos tranquilos, con la seguridad de que no tenemos que ser los primeros o los mejores, pero que de la misma manera que si lo fuéramos, nos recibirán… brazos extendidos, corazón abierto, para que simplemente pasemos.

En el mismo escenario, solo al voltear de un sol incomparable, estaba ella… Luna, también hermosa. Como simplemente la otra cara de la moneda.

Igualmente ocurre con nosotros, los llamados “humanos”. En el mismo escenario de la vida, también tenemos dos caras. Por eso hay personas a quienes conocemos por muy dulces y otros opinan lo contrario. Somos el compendio de ambas cosas y solo con quien tenemos real confianza nos atrevemos a ir con todas. Vamos a ellos, con las ganas de estar bien y con las que a veces solo nos llevan a decir: —Estoy roto, ¡no quiero ya mas nada!

Un atardecer hermoso, que dura los minutos necesarios como para anhelar ver el próximo.

Eso simplemente es un reflejo. Nos refleja la brevedad de la vida.

Somos como un atardecer
De esos espectaculares,
Con el sol más radiante que podamos imaginar,
De esos que dejan sin aliento…

Pero que pasamos en tan solo un pestañear,
Que la vida se va,
Como el sol en la tarde,
Esperando que el recuerdo
Dejado, valga la pena.

De las cosas cotidianas 2… Lo que está caliente 🔥

De los lugares menos acondicionados quizás, para que la inspiración llegue a nosotros, es la cocina. Sin embargo, como es el lugar que por una causa u otra nos mantiene (a algunos) más en él, es allí donde también la cotidianidad nos aporta alguna lección o inspiración.

Ayer mientras limpiaba y recogía los trastos de la cocina me pasó algo curioso, pero igualmente cotidiano.

Había puesto el mando del grifo del lado del agua caliente, para poder llenar un recipiente y poder calentar más rápido al colocarlo en el fuego.

Luego, al volver a utilizar el agua esta siguió saliendo caliente y por supuesto me queme la mano. Reaccioné en seguida y la quité, sin embargo el agua siguió estando caliente.

Volví a ponerla en el agua (la mano) como esperando que esta cambiara, solo porque yo así lo esperaba. A los poquísimos segundos, por supuesto que entendí que no sería así. “Si yo no cambiaba el mando del grifo hacia el otro lado” no habría posibilidad de que la temperatura del agua cambiara.

Entonces por supuesto, vino la lección:

No puedo esperar que lo que yo quiero ocurra, si yo no intervengo, si no hago nada. 🙄

Esperar tiene su tiempo… el que viene justo después de haber hecho lo que está en nuestras manos hacer.

¿Cuánto tiempo? Exactamente no lo sé, pero lo que si estoy segura es que eso viene luego de hacer lo necesario, no antes.

Habrán cosas que ocurran en nuestro favor o en contra que no serán absolutamente determinadas por nosotros, pero en esas que tenemos interés o que nos importan, innegablemente debemos ejercer algún tipo de acción importante. Al menos, si esperamos que algo suceda.

🔥Pretender que lo deseado ocurra sin hacer nada, es condenarnos a la frustración de que no ocurra…🔥

De las cosas cotidianas 1… flexibilidad 👀

Hace unos días, mientras buscaba mi cepillo para hacer alguna labor de belleza en mis cabellos, me di cuenta que el resorte que traía en su parte interna estaba suelto.

No le hice mucho caso al principio, porque como todo lo que no entendemos “de una”, normalmente lo obviamos. Sin embargo, al querer utilizarlo me di cuenta de que no podía cumplir con mi cometido, simplemente porque ese pequeño resorte no ejercía su función.

Mientras el resorte estaba puesto, eso contribuía a que las dos caras del cepillo estuvieran separadas y pudiera coger el mechón de cabello, para estirarlo y colocar calor con la plancha. El resultado, ya saben cómo es… cabellitos peinaditos y en su sitio.

¿Qué pasó? Ante la falta de rebote en ambas caras, está se unían 😳y no podía hacer lo que quería.

Eso me llevó a pensar que necesitamos muchas veces tener un resorte en nuestra mente… eso que nos permita estar “abiertos” para recibir lo que podemos encontrar en el camino y procesarlo hasta obtener un resultado oportuno en nuestra vida.

Nuestros argumentos y estereotipos, nuestras cajas rígidas y las camisas sin elástica que pretendemos usar en nuestra forma de hacer las cosas, puede que no permitan que tengamos “ventanas abiertas” tan necesarias para bordar el barco de la vida de una forma más agradable y práctica, asumiendo de una forma menos traumática, lo que puede llegar.

Y no se trata de aceptarlo todo o de que la vida se vuelva algo sin un formato definido, solo que esté este acto cotidiano, me hizo pensar en que realmente si queremos llenarnos de nuevas cosas, aprender algo más, dejarnos sorprender alguna vez, un resorte emocional es necesario; ya que eso de alguna manera nos hará saltar de donde estamos y nos hará llegar a otro lugar.

Al final, saqué el resorte y logré ajustarlo correctamente en su pequeño compartimento, y pude realizar lo propuesto… tan solo por al fin tener, la flexibilidad necesaria.

Nada que esté cerrado, tiene capacidad para recibir algo más…

Domingo… conmigo 🔥

Domingo…

Hoy, aún mas tarde
Día de descansar
y a veces trae más agite consigo.

Domingo…

Que te vas como llegaste
Con el alma encendida
Y el corazón rojo.

Domingo…

Qué sirve para recargar
La energía pérdida,
La extinción de las ganas
El sin forma de la vida.

Domingo…

De ganas que se sientan
A hacerme compañía,
De voz que aún dormida
Me susurra en silencio.

Domingo…

De dedos sobre un teclado
Encintando alivio
A través de lo que expresa
Un corazón ya cansado.

Domingo…

Para llenar
El tanque de la emoción
Sentir, compartir, ser mejor
Si es que eso es posible

Domingo…

Mañana comenzará
El agite nuevamente
Mientras tanto en mi mente
Sigo jugando contigo.

Domingo… ya Sabes, te pienso y en medio de este deseo, dejo que vengas conmigo …

Sábado… una mano que se extiende 🤚🏼💧

Sábado…

Que se escurre ante mis ojos,
Como quien no tiene prisa,
Como el tan esperado.

Sábado…

Tonos de azules
Y hasta turquesas en
El fondo den un agua revuelta
Que esconde dentro de sí
Lo que siente.

Sábado…

Con un dejo de sonrisa,
Con celebración implícita
Y campañas ya tocando.

¿Qué ocurre hoy!
Dice tal vez, cantando.

Sábado…

Con algo más de pereza
Que otro día,
Alivio de la semana
Que ya pasó, que ya se fue,
Que ya no puede hacernos más daño,
Ni cansarnos.

Sábado…

Para coronar lo que inició
Hace unos días atrás,
Cuando empezamos a andar
Un camino que está hecho
Y que aún no se acabó.

Sábado…

De vernos allí,
En esa celebración
Donde estaremos tú y yo
Convocados al festín;
El mundo se para
Quizás para no reír,
Pero por favor, ¡es sábado!
Volvamos a la risa,
A la carrera hacia el lugar
De la alegría,
Apostemos a vivir.

Sábado…

Que el cielo se estira
A tocar a quien lo quiere
Y retiene en sus pupilas.

Sábado…

En el que sabes que yo,
Asomada estoy aquí,
Buscando entre sus colores
Tu rastro, tu voz y algo más,
Para seguir.

Sábado… que ya sabes, extiendo mi mano y te toco para que hagas con ella lo que quieras… para apoyarte, ya lo sabes.

Escribir… aventura de valientes

Escribir… es una aventura de valientes.

No todos están dispuesto a dejar la piel en un escrito, a sentir que su corazón se acelera o su sexo se moja, al escribir lo que sienten.

Ese mundo mágico se abre y entramos descubriendo cada parte del camino, con sus cúspides muy altas, también con sus profundos precipicios.

Allí se conjugan los verbos reales e imaginarios y de nadie es la autoridad absoluta para negarlos o aceptarlos. Cada uno es dueño de en qué persona lo conjuga, lo vive, lo olvida.

Es de valientes, porque sabe quien escribe que lo dicho, no será borrado… es un riesgo para algunos como yo, que quizás el hacerlo, el dejar por escrito lo que sienten o piensan puede dejarlos sin esa nada que los contiene de forma o no voluntaria.

Lo que escribimos trasciende el pensamiento, de registra y aunque el archivo se vuele o el papel se deshaga, el ojo que logro verlo puede jamás lo olvide y quede tatuado en su mente, en su cuerpo o haya en el alma, por el impacto que tuvo; ya sea agradable o no. Ir tatuando gente con lo escrito, es volvernos indelebles..

Escribir, escribir con el alma, sin tapas, ni escondederas no es algo al alcance de los que juegan a la perfección, al cinismo de la reputación a quien va o no a la hoguera, con verdugo cercano incorporado.

Ese es un riesgo extremo, para los que quieren ir desnudos y en el camino hay nieve y sol que arrasa, espinas y vidrios que cortan, pero también nubes que abrazan y aunque no cubren, sientes que te visten con su complacencia. No todos quieren eso, hay a quien escribir solo los lleva a vestirse de etiqueta.

Escribir, escribir simplemente te libera, de lo que quieres y no puedes, de lo que salta en tu corazón, de lo que sorprendió a tu mente y en lo adelante ella empezó a tejer una historia nueva.

Escribir es desenvainar la espada de la libertad y estar dispuesto a herir a cualquiera, incluyéndonos los mismos que empuñamos la daga.

Las posibilidades ¿Quién las restringe ahí? Es nuestro territorio, la sangre con que se escribe es la nuestra… la tuya, la mía o la fusión de ambas.

Es a veces paradójico que escribir nos lleva a usar seudónimos, no ir a nombre suelto, y sin embargo quien lee sabe que somos quien somos.

Es irónico y mágico el poder mostrarnos, sin que nos vean, y que nuestras letras burlen la censura, la condición y la asfixia que algunas veces permea hasta los círculos más pequeños a nuestro alrededor.

Es para valientes… porque la hora, el tiempo, las condiciones adecuadas, el que no nos respeten por hacerlo, simplemente NO EXISTE, el que escribe es como quien se enamora y siente una de esas pasiones desenfrenadas que permiten que el amor se haga de forma inesperada en cualquier sitio, de cualquier forma como obra de arte sagrada. El mundo se detiene al hacerlo.. el Amor y escribir.

Las letras no aceptan reprensiones, bozales y algunas veces ni muchas sutilezas. Quien Escribe lo hace con la verdad que le circunda las venas, puede que no sea la de otros, pero la suya, la propia es la que se expresa, aunque se lleven cadenas, aunque otros te opriman, aunque exista el dolor, pena o vacío… condena.

Es para valientes, porque quien lo hace… simplemente Ama. Y ese Amor se ventila a través de páginas que estaban vacías, hasta que nos encontramos y las hicimos nuestras para poder expresarnos.

Escribir es un verbo que grita y se calla, que da vida y mata, que hace temblar y estar trémulos por mucho rato, y también sosegarnos al terminar y respiramos el mundo completo al hacerlo.

Escribir requiere de tanta valentía, tanta… que quienes lo hacen, escogen el escribir como forma de vivir.