Palabras… 🙂

Las palabras... las queda se dicen, las que se escriben, algunas veces las que se callan, tienen la capacidad de hacernos subir hasta la superficie o por el contrario dejarnos sumergidos en el más oscuro de los abismos.

Por este día, agradezco esas palabras, las suaves, las que hablan de cercanía y que acarician de alguna manera siendo bálsamo aún, en las heridas más grandes.

Tus palabras,
despiertan mis oídos,
avivan mis sentidos,
llegan hasta mi alma.

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Paréntesis… días 💭❣️

Los días son paréntesis
extraordinarios que contienen
lo que pienso, lo que siento,
lo que me ocurre por dentro,
cuando voy pensando en ti.

Son encendidos y grises,
llenos de color y ausencia de ellos,
los días son relojes corriendo
que se quedan sin ti tac,
si es que tú no estás aquí.

Los días contienen luz y oscuridad,
risas, lágrimas, sobresaltos,
y todo tiene un significado
si en ellos logro sentir,
sino ya se han apagado.

Mis paréntesis continuos
me dicen que estás muy dentro,
que eres parte, que eres centro
que hay un vacío sin ti,
con un resultado errado
y además un gran incierto.

Por eso entre mis días,
vienes Cielo, con sonrisa, con tristeza o alegría,
pero vienes y es por mi,
y eso me hace sentir
que aunque no exista respuesta
en la ecuación del día a día,
tengo algo por descubrir.

Lo que sientes, yo lo espero,
no tardes tanto en venir…
el paréntesis está abierto,
no existe noche sin ti.

De paseo por la vida…descubriendo 👀❣️

😮Las imágenes de Esta entrada han sido eliminadas y miradas a Instagram, ya que no me queda espacio en el blog y debo liberar. Para ver las fotos puedes ir a @escriboloquesientoypienso🙄

Hay momentos en la vida en que no queremos andar más. El camino se vuelve una repetición de sucesos que nos cansan, de paisaje que ya conocemos y no queremos más… y de pronto alguien nos invita a otra parte del camino.

En principio rechazamos la invitación, porque en el fondo nos sentimos cómodos con nuestras propias miserias, tanto como para no atrevernos a soltarlas. Hasta que por una razón que a veces no comprendemos, decidimos asumir la nueva aventura y empezamos a abrir los sentidos otra vez.. el camino no espera.

Cuando pensábamos que no habría un nuevo lugar por donde pasar, el paisaje simplemente cambia y se abre a nuestro paso.

Una voz en nuestro interior nos susurra bajito, para que los otros no oigan: —¿Cómo es que me he empeñado en sepultarme en una sola parte del camino, habiendo tanto por conquistar y ver?

Claro eso nos lo decimos y luego nos hacemos los locos, tentados a seguir acariciando el dolor que ya el camino anteriormente nos había proporcionado; y como nos sabemos la ruta es fácil deslizarnos hasta sus rincones tenebrosos nuevamente. Hasta que…

Empezamos a ver nuestra soledad como la de un árbol solo a la orilla del camino que está en riesgo de morir. Y determinamos que no queremos que esos nos ocurra.

Podemos ser refugio para otros. Lugar donde el nido de las ilusiones aparezcan, entonces pierde todo sentido lo que nos habíamos empeñado en conservar del camino anterior, el que no nos conducía a ningún lado. Nos animamos al pensar que otras vidas vengan, un alguien que realmente si quiera estar, como esos árboles que luego de algún tiempo echan raíces y se fortalecen.

Entonces entendemos, que la vida como un camino, es mucho más de lo que simplemente hasta ahora, habíamos andado.

Que hay cosas interesantes que podemos descubrir y gente realmente valiosa en la cual podamos estar interesados. No todo se acabó en los pasos que dimos. Estamos vivos.

Los colores van apareciendo si nos atrevemos a abrir los ojos. De empeñarnos en solo tenerlos cerrados, conseguiremos avanzar a tientas quizás, pero de seguro caeremos y nos golpearemos más, y lo peor nos perderemos de admirar y sobre todo de disfrutar lo que se nos presenta y está ahí para nosotros. Parece ilógico que lo obviemos, pero eso hacemos.

Aceptar que la aventura nos espera en el camino, es regalarnos un sinfín de sensaciones…

Regalos que no esperábamos…

Lugares de descanso, donde podremos pensar, desahogarnos y hasta tomar desiciones.

Es así como podemos asumir que podemos cruzar cualquier orilla y acercarnos, que las distancias se acortan si queremos y que no siempre el agua divide territorios, sino que algunas veces solo es una prueba para animar a alguien a luchar por lo que quiere. Nos embarcamos.

Y la vida se hace cercana. El camino empieza a pintarse de colores distintos.

Perdemos el miedo que da atravesar el puente, aunque el viento puede sacudirlo, recordamos que es lo que tenemos para hacer posible nuestra llegada al otro lado. Si mantenemos la mirada en ello, aunque nos asustamos, terminamos cruzándolo.

Y ante nuestros ojos la fiesta de lo que sentimos, comienza.

Descubrimos que la risa no nos ha sido negada, sino que éramos nosotros quienes nos empeñábamos en taparla con tristes recuerdos.

Y la vida se presente de pronto con el mejor de sus trajes puestos, invitándonos a sentir, a visitar nuevamente el salón de la Alegría, donde no tenemos que pagar nada, y como único requisito para estar ahí, se requiere de las ganas.

Cada flor comienza a tener sentido nuevamente, cada hoja que se mueve nos sonríe. Y no que antes no lo hicieran, sino que no lo veíamos. Estábamos demasiados ensimismados en nuestros propios dolores.

Y comprendemos que vale la pena emprender otro camino, aceptar la invitación a la aventura, sacudirnos ese polvo de la desilusión que se había pegado a nuestras alas y nos impedía volar…

Entonces terminamos convencidos de que la vida es una ruta por la cual podemos salir a pasear. ¿Porque empeñarnos en negarnos a eso? Por la tonta manía de creer que tenemos un después.

Continuo el camino, ahora mismo, no me niego a lo que pase. Cruzo el puente, recorro la distancia, disfruto las flores, agradezco cada instante que esté para ser vivido, sabiendo que es un regalo. De paseo… voy contigo.

De las cosas cotidianas 8… ensartar ❤️ sentimiento

Una aguja… un hilo.

Lo normal o cotidiano es que con aguja e hilo en mano, ensartar sea lo propio.

Me he dado cuenta en medio de la cotidianidad, que las cosas simples muchas veces no son sencillas de hacer o procesar (al menos no ara mi); y además no todo lo que debe ser, es, porque simplemente “así deba ser”.

¿Es fácil acaso ensartar una aguja, solo por tener el hilo y acercarlo a su ojo? Habrá quien diga que si, y consiga hacerlo al primer intento, pero no siempre es así; sobre todo si ya estamos en edad de usar gafas para ver de cerca (le suena a alguno?)

De la misma manera eso que resulta tan del día a día, me ha hecho pensar en algo.

Hay cosas más profundas, pero que igual se pueden ver como sencillas, y no lo son para nada.

Un sentimiento, un corazón para que lo reciba… parece sencillo y a veces puede no serlo. Y eso tiene use ver con los sentimientos… ¿acaso hay algo más común en todas las cosas que eso? ¿Lo que se siente?¿Porque ese sentimiento exista en un corazón va a existir en el otro?

Y entonces viene la lección:

Lo que parece sencillo, no siempre lo es, sobre todo si abarca la complejidad de los sentimientos y las emociones.

Eso que llaman románticamente “las flechas de cupido ” por algún defecto que tenemos al lanzarlas, pueden no llegar hasta donde deseamos y entonces el otro corazón no se llenará del mismo amor que sentimos.

Lo que parece simple, no se da, no llega.

El sentimiento no se comparte, la flecha se rompe, deserta el amor. La desilusión aparece.

La aguja nunca es ensartada, la costura no llega a hacerse.. el hueco queda para la vida.

Historias… en los atardeceres. Marzo ☀️🚘🌊

Hay atardeceres en los que podríamos quedarnos a construir historias…

Así han sido estos dos últimos días. De esos que van deslumbrado aún en medio del tráfico.

Entonces pude reflexionar sobre que “cada quien va asumiendo un mundo” dentro de su propia vida. En cada vehículo que me circundaba, iba alguien con una historia…

Quizás uno más apurado, porque le esperaban…

Tal vez el que iba delante tocando corneta a todo el mundo, estaba más bien obstinado porque en su caso no había quien le esperara.

Otros simplemente escondían entre el tráfico sus angustias y penas

Ente música alta y baja, gritos de impaciencia en unos y sonrisas por los cuentos en sus propios vehículos… cada cual experimentaba la vida de algún modo. Y yo ahí, siendo parte del todo, observando, adivinando en cada expresión la historia detrás del antifaz.

Recordé con el silencio de los muertos, aquellos que cayeron sin vida en uno de los rincones de la calle en la llamada “Resistencia” de Venezuela.

Los días seguían su curso hacia la despedida, así que simplemente me dispuse a correr tras el sol en ellos, para verle de cerca y sentirle en mi, antes de que él bajara a descansar y que yo subiera a seguir con la vida que me toca respirar.

Fue maravilloso venir a su encuentro, allí fueron naciendo otras historias de vida en mi cabeza.

Pude seguir pequeñas pisadas de quien con la alegría del que descubre la vida, con cada concha en la arena pretendía construir el más hermoso de los collares. La candidez de los niños, que arruga el corazón con tanta espontaneidad y apertura en sus mentes. Ella manifestando todo lo que creía posible, a su lado, los pasos cansados de una abuela que ya había dejado de creer en cosas que no estuvieran al alcance de sus fuerzas.

Otras por su parte disfrutaban de la grandeza de lo inmenso al hacer sus ejercicios de yoga, enterrando sus cabezas para no ver la cantidad de basura que le rodeaba. Basura producto Del Mar de fondo de los días anteriores, pero sobre todo como consecuencia de la falta de conciencia de los que contaminan el ambiente.

Así somos a veces, nos centramos en nosotros y la realidad que sólo queremos ver, para así evitar ver las necesidades a nuestro alrededor porque esos nos haría reaccionar y tomar cartas en el asunto, ayudando.

No podía faltar en una tarde tan espectacular, alguien que protagonizara una historia de “diva”. El marco era perefecto, la pose de la chica, sugestiva (si quieren dando zoom podrán ver mejor sus atributos) y luego fotos subidas al Instagram como al descuido, viéndose perfecta, haciendo creer que es así al natural y no que las tomas fueron miles para poder llegar al resultado que le diera los tantos anhelados “likes”

El buscar aceptación, se ha vuelto la forma más esclavizante de vivir. Sutil pero arrolladora.

Otros buscaban soluciones a sus problemas, sin encontrarlos. Su circunstancia eran tan inciertas y borroso el camino a una salida viable, tanto o más como borrosa es esta imagen, la cual dejé así a fin de recordar lo difíciles que pueden volverse en algunas oportunidades las relaciones. A veces la muchas palabras no aclaran nada, si el corazón no está dispuesto.

También había historia de soledades, de esas que se traducen en muchos años vividos restringiendo el amor, por temor a parecer débil, y al final lo que queda es un olvido que golpea, por parte de aquellos a quien no se dio lo que realmente necesitaban, amor.

Ese, a quien nos acercamos y contesta de forma arisca y nos ve con ojos de desagrado, probablemente sea ese mismo que termine sentado solo, sin que nadie quiera compartir su amargura.

Y luego seguí, correteando al sol, con todas esas historias en mi cabeza…

Era un cuadro mágico, porque a donde yo me movía, el podía seguirme, y por supuesto mi atención, él la tenía.

Parecía que podía contenerlo entre mis manos, y él, humildemente se dejaba.

La orilla llena de su reflejo, adornado con las conchas que sostuvieron vida dentro del agua, hicieron de ese atardecer una historia continua al territorio donde los imposibles simplemente se mudaron al otro lado del horizonte.

Y el camino hacia el sol, parecía un puente desplegado sobre las aguas, por el cual podría pasar el que quisiera; el que tuviera suficiente magia en su corazón para caminar sobre ellas. El que no viera al amor, con miedo.

Fue un completo disfrute, el de apreciar a la luz de sus rayos espectaculares, la vida moviéndose en cada ser. Entendiendo que a pesar de estar frente a semejante creación, hay quienes viven momentos tan difíciles o tan ricos, que no se dan el chance de contemplar. Y cada situación merece respeto.

Por mi parte…

Espero que aquel que iba apurado, haya podido llegar a tiempo y aquel que no tenía quien le esperara, recordara de pronto a quien sus estaba dispuesto a hacerlo.

Espero que las canciones de unos estén en sus corazones, más allá que en lo alto de su equipo de sonido; y que las lágrimas del que llora en el tráfico sirvan para limpiar lo que la nube del dolor les impide ver.

Espero que la niña cuando crezca no olvide que estuvo convencida que todo es posible, si decide hacerlo y que los pasos cansados de la anciana tengan reposo en medio de un ambiente de amor y comprensión.

Espero que las poses de perfección buscando aceptación, se hagan pedazos, dando lugar a la esencia que realmente tiene la persona. Esa que va más allá de verse bien o sexy en una foto para las redes, pero que no refleja en verdad quién se es. Espero sobre todo, que si descubre que no le gusta lo que encuentra en su realidad, tenga la fortaleza de cambiarlo y si lo que ve es de su agrado que entienda que no necesita exhibicionismo, sino mostrarse tal cual es, sin presiones.

Espero que las peleas entre dos que decidieron estar juntos, no lastimen tanto que se haga irreconciliable el camino a la alegría. Que a veces es mejor guardar silencio un rato y no quedarse mudos para toda la vida en cuanto a sus sentimientos, así tengan una vida llena de palabras cotidianas que no dicen nada.

Espero que al verse en soledad, haga comprender a quien es confrontado por el desafecto, que pedir perdón no está demás, y que tener que echar siempre culpas a otros, puede asumirse cada parte de la vida que se construye previamente.

En fin, espero que el sol como cada día vuelva a aparecer, para ir tras él, o él tras mío; y seguir así, sin que ninguno de los dos arrastremos el problema del orgullo, ese que martiriza al pensar que se es menos porque se forra tras alguien, o se es mas porque se haga el inalcanzable para ser más deseado.

Esas son las historia de estos atardeceres de Marzo, empezando a andar ya, en sus últimos días. Cielo, tú en cada uno de mis historias, de mis días, de mi vida…

A propósito de la Poesía… Marzo 21

Se habla de poesía…

Imposible dejar el corazón quieto,

La magia controlada,

El temblar con la letra,

El reflejo en mi alma

De tu alma.

Se habla de poesía

Y es inútil levantar fortalezas,

Evitar las heridas,

Quedarnos a salvo

Cuando el deseo grita y

El corazón se enciende

La poesía se manifiesta

Arrasadora,

Desde adentro,

Sin más nada.

Se habla de poesía

Y las máscaras se deshacen,

La desnudez del sentimiento queda,

Lo que siento te lo entrego,

Si no lo quieres,

Versos salen en lagrimas

Si lo aceptas mi corazón en él

Lleva letras marcadas.

Se habla de poesía,

Y poeta es,

Aquel que no tiene miedo

De hablar de lo que siente,

De enfrentarse a sus demonios

Y lanzarlos al suelo

Ante un amor que carcome,

Que derrite,

Que consume el verano

Más ardiente,

Con la frialdad por

La ausencia de un beso

Y que incendió al helado invierno

Con el calor de unas manos

Que saben a donde la llevan

Las ganas.

Se habla de poesía

Y se teme a los poetas,

Se les tilda de locos,

De intensos,

De suicidas…

Pero es que la poesía

No sabe estar quieta,

Deambula entre los dedos,

Se esparce por los labios

Del que quiere besar

Y no recibe el beso,

Sale a correr a ciegas,

Se estrella con tu cuerpo

Y el mío se duele,

Al no poder tenerte,

La poesía es así,

Sin arreglos,

Despeinada,

Libre,

A quemarropa

A sentimiento de herida abierta

A carcajada pura.

Se habla de poesía

Y simplemente

Cada verso se escribe

Con la tinta del amor

Que me viene al pensarte

Y hablo de poesía,

Cada vez que te expreso

Eso que siento,

Y que yo honro

Porque merece,

Ella, la poesía, todo mi respeto.

Batallas… las que se libran y las que no 👌 👎

💣 Batallas son libradas de continuo en el territorio de nuestra vida, más allá de la frontera de lo permitido y no.

💣 Batallas en un campo desierto muchas veces, buscando al contrincante y no encontrándolo en ningún lado, y sin embargo se siente el ataque que duele.

💣 Batallas, de las que se libran a quemarropa, cuando lo que nos persigue son las ganas que no se extinguen, aún cuando nos empañamos en apagarlas.

💣 Batallas con su respectiva trompeta, anunciando al enemigo, ese mismo que nos asusta, que saca a pasear el miedo y nos subyuga hasta que le miramos a los ojos y decidimos disparar primero.

💣 Batallas y suenan los cañones, hay bajas de un lado y del otro del que las libra, como ese tiempo que se desperdicia en permanencias que no se quieren realmente.

💣 Batallas en las que nos preguntamos en algún momento:

—¿qué hacemos con tanta lucha? Y si valdrá la pena dejar la vida en ella.

💣Batallas, tan solo para tener el privilegio de clavar nuestra bandera y verla ondear de satisfacción sobre el territorio conquistado y comprobar que nada es nuestro.

💣 Batallas, de esas en las que suben demonios a nuestra cama y convocan a los insomnios, esos de un amor que armado hasta los dientes, dispara incesantemente y se traga la noche.

💣 Batallas, susurradas en nuestra mente, con pensamientos intemperantes, que dicen que el quedarnos sin atrevernos a saltar, hace inútil cualquier paracaídas.

💣 Batallas, múltiples y versátiles que se producen en el rugir del corazón día a día; avanzando a paso firme hacia la frontera donde se espera el enfrentamiento.

En fin…. batallas en las que es mucho más fácil, endilgar al “enemigo” la culpa por no atrevernos y dejar tras rejas quienes somos y sentimos, el desgano que nos ocurre en el corazón cuando lo que se siente como rio represado no encuentra cauce adecuado, el temor termina ,pareciéndonos simplemente feroz.

Y todos estos argumentos con sus pies de barro, se derriten mientras encendemos la luz, y al asomarnos encontramos a ese enemigo intimidante, mirándonos sin tregua, sabiendo que lo único que nos separa de él, es el espejo, es su reflejo.

Podemos librar la guerra con los de afuera y celebrar el vencer, el tener la victoria (conseguimos lo anhelado), pero si no estamos en paz con nosotros mismos, la batalla interna que nunca se gana… esa nos llevará al frente, a la línea donde siempre está el combate y no llegamos a nada. Perdemos.