Vivir… una experiencia de sube y baja 🏂

La vida…

Esa de la que se oye hablar tanto. Que si recetas para estar bien ella, que cómo evitar que esto te afecte (y lo otro también), que aprende a subir y a quedarte arriba y toda esa sarta de cosas que a veces nos hacen pensar que siempre todo estará bien.

Lo cierto es que regularmente no es así… y lo más cumbre, se puede poner peor. Sí, así como dicen que “lo mejor está por venir”, también lo peor está escrito en el porvenir.

Si se trata de subir, podemos encontrarnos con colinas tan empinadas, que casi nos voltean hacia atrás. Debemos hacer el rol de alpinistas, sin serlo; pero como la cosa es subir, pues ni modo, le hacemos y llegamos a la bendita cúspide. Y luego de allá arriba… ¿qué? ¡En algún momento toca bajar al mundo de los mortales! Si te convertiste en Zeus o algún tipo de semidiós, ¡te va a costar bajar!

Si se trata de bajar, a veces es tan fuerte que no lo podemos hacer a pasos, sino que literalmente “rodamos” y lo que llega abajo no es nuestra mejor versión precisamente. Desde allí, hecho polvo contemplamos la cima como ese lugar de donde nunca quisimos o debimos salir, pero salimos, nos fuimos ¡se acabó! Al menos como era en ese momento, se terminó.

La vida y sus caminos para arriba y para abajo.

Si vamos a tener que subir o bajar, el detalle sería no perder en el trayecto nuestra identidad, quiénes somos. No eres más tú, porque subas y llegues allá, donde todos esperan (y tú con el gran todo); ni eres menos tú, porque te quedes atascado un rato y estés en picada.

¿O es que acaso lo que somos se circunscribe solamente a alcanzar algo, a vernos de alguna manera o a estar con alguien? Definitivamente no.

Si la vida trae toda esta serie de intríngulis y hay que subir o bajar, no es mejor hacernos del instrumento que mejor nos acomode para hacer una cosa u otra. ¿Sabes escalar? ¡Pues dale! Te darás vida con cada dificultad en la subida y bajarás de forma audaz con tus arneses. Eres de los que tiene mucha fuerza y “a mano limpia” y corriendo puedes subir y bajar como en una maratón; ni se diga más, ¡vuela!.

Será que eres de los que le da miedo las alturas (como yo) y necesitan ir hablando con alguien para no ver mucho lo lejos que se ve todo abajo, que tropiezas y casi te caes y requieres de una mano que esté ahí para sostenerte unas veces y dejarte caer otras. De esos mismos que agradecen una voz de ¡cuidado! Cuando te provoca lanzarte al precipicio u otra de ¡dale no te pares! Cuando no recuerdas porque comenzaste a subir o a bajar. La persona debe ser especial, o cualquiera quiere subir y bajar contigo (ni conmigo, tú lo sabes)

Tal vez eres un buen skate, y con patineta en mano, te arriesgas a hacer pericias cuando toca subir, luego de agarrar un buen impulso y dejas lo mejor al bajar, para así demostrar la mejor de las piruetas.

Como quiera que sea, si ya sabemos que toca subir y bajar, no nos neguemos un “yiiijjjaaa” y disfrutemos la vida con todo lo que trae.

¡Ah! y disfrutar no quiere decir que todo sea sonrisa y y placer, sino que con cada cosa que nos ocurra, tanto de subida o de bajada, sepamos que eso no es lo que nos define y que podemos seguir siendo nosotros mismos, con medallas por un logro o con cero en la boleta. Unas nos convocan a la fiesta otras a mayores empeños, pero todo indiscutiblemente debe llevarnos a VIVIR.

Que se oiga tu grito de vida, cuando subas o bajes… “escriboloquesientoypienso” es mi grito.

Échale color… 🖌

¿Eres de los que les gusta decorar? O acaso no pintas ni en el block de dibujo de los párvulos. Como quiera que sea, todos podemos dibujar o colorear en las paredes de la vida.

La experticia viene con el paso del tiempo….

Solo basta que decidas que color vas a colocar, y de ese mismo tono se irán pasando las horas. El tamaño de las paredes de la vida (tu vida) lo escoges tú. Habrán superficies más o menos lisas y dispuestas a recibir el color que tú traigas, pero en todas, si es color alguna marca dejará.

Cuando éramos niños, nos encantaba llenar de colores las paredes y nuestros padres como buenos cuidadores se las ingeniaban para evitar que nuestras dotes de pintores, inundaran toda la casa, restringiendo en el mejor de los casos nuestras capacidades artísticas a un pedazo de una pared determinada o en el peor, quedaba castrada nuestra inspiración con un castigo por “rayar las paredes”.

El detalle es que crecimos, pero siguen habiendo “paredes ” y la ausencia de color en ellas, nos envuelve en un largo y profundo tedio que consigue muchas veces hasta asfixiarnos. Traemos en nuestro interior todas esas limitantes con respecto a los cambios: “eso es blanco, toda la vida ha sido así….¡déjelo así!” Y nuestra intención de aportar nuevos colores se retrae, se guarda la paleta, no existen los rodillos (son censurados) y nos sentimos simples Grafiteros renegados.

Lo bueno es que la vida, sigue teniendo paredes. Sí, la nuestra, para no meternos con la vida de otros y sus paredes; y en esa si que podemos colocar los colores que queremos.

—¿Hasta cuándo quedarnos con el mismo tono que no nos gusta?

Nuestras paredes emocionales, las que nos sostienen, y al final son nuestro soporte, pueden estar pintadas del color que nos apetezca. No faltará quien diga que: “el amarillo no le parece porque es muy escandaloso o el azul no es para cualquier ocasión, o que el verde sea nada más para algunas causas sociales y que el rojo lamentablemente lo asocien a ciertas prácticas políticas ” El caso es, que todo el que opina, lo hace desde su conocimiento, limitación o percepción, más nada. Pero esa es su manera de ver las cosas, o necesariamente debe ser nuestra forma de percibirlas.

Entonces que cada uno tenga el camino incoloro que quiera, pero nosotros (tú, yo) debemos sentirnos suficientemente libres para asignar el color que deseamos.

Hoy escojo el azul, pinto las paredes de mi vida, las de adentro, las que realmente veo con ese tono. Azul como el Cielo, no podía ser de otra forma, tú lo sabes. Azul que se me traduce en amplitud, en libertad, en un mar que no se detiene y una inmensidad que no se mide. Voy pintando mis pasos hoy así, para no olvidar que un paso parece poco, pero si vamos dando cada vez lo que nos tocan, sin lugar a dudas avanzaremos. Todo es cuestión de hacerlo.

Quien se levante con su dedo acusador y su nariz en alto, con la crítica a flor de piel, para destruir la esperanza de cualquiera… a ese también lo pintaré de azul en mi mente, y le confundiré con un pedazo de cielo, esto me hará que le sonría, y quizás le desbarate el arsenal tóxico que esa persona traía.

Coge tu rodillo, tu brocha, tu pincel pinta tus paredes del color que prefieras, no te lo dejes arrebatar, por quien se empeña en tener perdidas sus pupilas, a punto de no disfrutar de lo que un color puede significar a nuestra vida.

¿De que va tu vida hoy?

¡Échale color! ¡Son tus paredes! 💙

Mayo… que van pasando los dias🌅☀️🌻☁️

Mayo que va pasando y con él, las cosas que sus días dejan.

Luna ya se muestra una vez más en el horizonte, recordando que la vida es cíclica y que aún las peores cosas que sucedan, tendrán su tiempo de expiración.

La compañía de un pequeño lucero en su escenario, nos invitaba pensar que a solas la pasamos bien, pero solos no queremos estar.

Tan lejos uno de otro (Luna y lucero) pero en realidad tan cerca cuando quieren aparecer y verse juntos. Todo es cuestión de cómo se perciba.

Mayo también de nubes grises apareciendo a cada rato, e igualmente de Sol que se abre paso y no se deja. Como los de amores grandes con todo en contra, que persisten y se las juegan. Como esos ideales que se manifiestan, y por ellos se deja la vida en la pelea, luchando hasta donde den las fuerzas.

Mayo vestido de azul, y nubes suaves, como dando una apariencia de calma, una tregua. Recordando que a veces no todo tiene intensidad todas las veces, sino qué hay momentos de paciencia, de tonalidades más tenues, de un viento menos fuerte, que hay lugar para las sutilezas. Los días se visten de distintos matices, como para ser vistos o ignorados, como sabiendo qué hay quienes los aprecian.

Mayo con caminos arriba que sugieren Alegría, con matices rosados sin que exista pena. Cielo que se abre para ser tocado y a qui abajo vemos sin poder tenerle. Maravillas que nos rodean, pasando casi desapercibidas, hasta que pensamos en un momento como sería no tenerle, no verle, no admirarle. Entonces cambia nuestra perspectiva.

Mayo, el del sol de la mañana, de la claridad que quema, de realidades a las cuales no podemos escaparnos. Así como la vida que nos toca, la que palpamos sin más remedio, como esos deberes a los que estamos atados y son tan claros que nadie se atrevería a obviarlos.

Mayo que me recuerda tantas cosas… preámbulo de flores que se acercan, lluvia que también llega en algunos lados, año que transcurre y su mitad también avanza. Tiempo que transcurre y se va en nuestras propias manos.

Días de la vida… los extremos (😳)

La resignación es algo que puede decirse fácil, pero no es algo intrínsecamente ligado a la vida.

Cuando decimos que respirar nos basta, arrastramos los pies, nos conformamos, bajamos la mirada y simplemente nos dejamos llevar. Nos confundimos entre el montón. Seguimos la corriente, nos dejamos llevar. ¿Qué ocurre dentro de nosotros? ¿A quien podría importar, si pareciera que ni a nosotros nos importa?

Cuando nos hacemos conscientes de que vivir es más que solo respirar, el aire a veces se vuelve hasta insuficiente. Nada nos basta. Somos rebeldes con o sin causa, hacemos una pataleta con la vida y peleamos por más. Y ese más puede que no lo alcancemos.

Nos volvemos intrépidos, luchadores, la esperanza es algo primordial y nos creemos capaces de conquistar lo imposible, porque en nosotros algo arde.

🎈 Entre ambos extremos nos transcurre la vida 🎈

La vida es un poco de esto y aquello, el equilibrio imperfecto entre la no resignación y la no rebelión a ultranza. Es un descanso obligado cuando solo tienes fuerza para un solo respiro, pero también es fuerza inexplicable que te lleve a atreverte, a ir por más, cuando el corazón lo reclama.

Los extremos son los límites, lo que hay entre ellos, la mejor forma de pasarla mientras existe aire por conquistar.

Camino… destino…?

Sin que quieras ir,

Sin que exista el deseo de conquistar,

Si nada quieres descubrir,

Si cómodo tú estás.

No hay a donde ir,

No existe el lugar,

Por muy bello que sea

Donde vayas a pisar.

Si no quieres estar allá

Si no quieres estar con él,

Si no hay sentimiento real

Si no hay deseo de ser…

El camino no aparece

Aunque la senda se vea

Aunque tú tengas los pies

Y corras por donde sea.

De no tener un destino

A donde quieras llegar

Darás pasos, habrá cansancio

Y nada ocurrirá.

No sirve de nada acercarme

Si no estoy seguro de lo que quiero tocar.

De nada sirven las manos cuando no hay que agarrar,

Si no voy a ningún lado, no hay ruta para tomar.

Hablar de camino, sin que exista un destino es dar vueltas sin parar, perdernos y no encontrar, cansarnos y no llegar.

No es que lo que importe sea el destino, es que sin él en mente, ¿como disfrutaremos el trayecto, si éste ni siquiera existirá?

Llegar no es el fin último, pero la cúspide de una montaña es sólo un peligro sin sentido, si nos has pensado alguna vez conquistar esas alturas.

El destino puede que no esté hecho de un todo, pero debes querer que exista la manera de lograr lo que en tu corazón se agita.

Hay cosas que comienzan como terminan… 🌅 🌅

Que este día amaneció como terminó…. me he quedado pensando cuando ya la luz se ha marchado.

Que fue profético el amanecer, que anunciaba cómo iba a ser todo.

Este día amaneció en medio de nubes grises amenazando desde la madrugada, mientras que el sol rompía de alguna manera ese esquema y lograba imponerse de algún modo.

Y pregunté varias veces en el día:

—¿Será que llueve?

Y nubes grises revoleteando en medio de un sol que no cedió, simplemente me decían mientras daba rienda suelta a mi manía de mirar, de contemplarte, Cielo.

—Tal como comenzó va a terminar. Tranquila.

A veces todo se vuelve como un continuo punto suspensivo, como lluvia que amenazante no termina de caer, como amor que visita, se manifiesta y no concreta. Así empieza en puntos suspensivos y se termina en esos tres puntos que a veces también, matan.

Y el atardecer confirmó lo que me dijeron las nubes todo el día:

—Como comenzó va a terminar.

Un sol que hasta el final luchó por resplandecer en medio de nubes grises que lo rodeaban. Y ahí estaba yo, mirándole.

Dicen por ahí, que lo que comienza mal (o bien) termina mal (o bien), y aunque no siempre es así, lo certifico; también confirmo que lo hablado por las nubes, fue cierto.

Y es que ¿cómo esperar cielo despejado si desde que amaneció hay nubes grises corriendo por todos lados?

De la misma manera ¿cómo pretender colocar puntos seguidos o finales, a lo que desde su inicio se ha fraguado entre puntos suspensivos?

¿Lo que no tiene consistencia al principio se desarrollará y fortalecerá? ¡Puede que si! Pero más como una excepción que como la regla normal.

Y al borde de un mar del que no dejo de recibir lecciones, y en medio de una conversación de esas que nos hacen sentir vivos, me pregunté:

—¿Cuáles son mis puntos suspensivos? Porque si así comenzó, así tiene mucha probabilidad de terminar.

Con el color de la tarde, mezclado ente la amenaza de una lluvia que por ahora no cayó y un sol que luego de dar todo de sí, se marchó; tomo el texto de mi vida, para escribir párrafos nuevos, en los cuales los puntos suspensivos serán para encerrar entre paréntesis lo que ya sé y por el tamaño de lo intenso no da chance de escribirlo (pero lo tengo en certezas).

Y determino, que realmente no quiero de esos puntos suspensivos que no nos llevan a nada… de esos en los que no sabes que quieren decir cuando es lo único que te entregan.

Puntos que sugieren pensamientos, pero que quizás también apatías, dejarlo para adivinanzas, desencuentros disimulados, vacíos.

Simplemente quiero que comience y termine con lo que soy (…) yo la de la intensidad encapsulada en las letras que las circunstancias me permiten.

Así empiezo y termino, tú sabiendo lo que siento, sin dejar que la especulación ignorante, quiera ponerle su etiqueta a esto.

De las cosas cotidianas 11… que te inundas, que te pasa!!!

Algunas vez te has levantado y al colocar el pie en el piso… ¡descubres que está mojado!

En estos días, me amaneció así, entre aguas…🙄 llegue a la estación más fija de cada día, la cocina, y entre el apuro que trae el hacer todo para estar a tiempo, mis pies se encontraron navegando…

El piso se convirtió de manera mágica en el espejo del techo… ¡claro, el agua lo acercaba!

Una gota, una sola gota de esa constantes, de las que piensas que algún día se cansa de “gotear” pero que así no sucede, bueno de esas.

No se atendió a tiempo, no se cerró la llave de paso que debía, no se hizo esto, no se hizo aquello y en fin… abundan las excusas cuando los momentos malos llegan.

—¿Porque ocurren estas cosas? Me preguntaba yo en mi mente, mientras lidiaba con el disgusto propio de una situación cómo está.

Entonces, inevitablemente vinieron las lecciones.

Más allá del agua, del charco formado, de mojarme los pies y que todo se atrasara, de escuchar el sermón de la mañana buscando culpables, cuando lo que sucede es que quien debe hacerlo, no lo hizo… me llegó la reflexión para mi. Y es que:

💭Debemos tener sentido de la oportunidad. Ser asertivos.💭

Cuando la gota comienza a caer, nos da la oportunidad de buscar una solución sin que ocurran males mayores, pero si lo dejamos así, esperando de de forma mágica que el asunto se solucione, simplemente estamos abonando la tierra para que algo que no nos guste, florezca.

Era más sencillo arreglar una gota, que cambiar luego hasta un gabinete que se dañe por el agua o tener que con vergüenza aceptar los reclamos de un vecino que diga: —”tu gota” me abrió un hueco en mi techo.

En fin, el efecto cascada por no actuar cuando podemos hacerlo, no en emergencia, no porque no quede otra opción, es incalculable. Lo que me lleva a reflexionar es que vale más estar atentos a lo que ocurre en nosotros; para así evitarnos males y dolores mayores.

Me quede pensando en mi… y cual es esa gota que continuamente cae, perforándome el ser y abriéndome una grieta… y me pregunté (y aprovecho y te pregunto):

—¿Esperar a que se desborde es mejor que actuar ahora? Por su puesto mi respuesta ha sido que ¡No! (¿Como ha sido la tuya? No se)

Entonces nada, me voy acercando en este andar entre mis laberintos internos, a donde está la gota, y por lo pronto cierro la llave, para evitar ser más receptor de una “inocente” y pequeña gota, que si la dejo así, puede perforarme el alma. Debo decidir, cambiar la llave, quizás de lavaplatos y quién sabe de pronto hasta de casa…

Lo cierto es, que no sirve solo accionar por reacción. El mayor valor de una acción, es llevarla a cabo en el momento justo.

En eso andamos… escuchando el ruido que hace la gota al caer, proponiéndome hacer lo necesario para que no me inunde y no terminar con el ser, como un piso mojado destilando gotas amargas por cualquier lado. No, definitivamente, me niego a eso.