Agosto y sus lecciones…

Este ha sido un mes en el que amanezco despierta y sus noches me han envuelto tarde…

Muchas emociones juntas. Ha sido un mes en el que se ha puesto a prueba mi resistencia o capacidad para seguir, aún sin fuerzas.

Y porque estoy escribiendo esto, en este momento puede decirse que logre pasar la prueba de algún modo.

La alegría se vino a vivir aquí, en mi… a pesar de toda la tristeza que puede embargarme por una y otra cosa. Ilógicamente, como todo lo bueno.

Agosto de movimiento, de carreteras, de cambio de colores, como los atardeceres que se escurren tarde a tarde por mi ventana.

Eso simplemente me dice que por correr y correr, no siempre se llega a alguna parte.

Agosto que me ha permitido ver en ocasiones seguidas, que cuando las cosas no se hacen a tiempo, eso puede traer una acumulación de insatisfacciones.

Como un cerro “fabricado” por un componente químico de la refinería que está en El Paso de mi viaje, que se ha ido acumulando por la desidia normal de estos días.

Nada mejor que ser asertivo, en el tiempo indicado, cuando se es útil… lo demás es un desgaste e intentos fallidos.

Agosto de entender que todo túnel tiene su salida. Por muy largo, por muy oscuro, por muy desesperanzador que parezca; todo tiene una salida (así sea por la misma parte por donde se entró).

La pregunta que me hacía mientras salía de uno de ellos en estos días, era:

—¿Luego de estar tanto tiempo en un túnel, estaremos preparados para la luz que nos espera fuera?

Cuando algo se queda por mucho tiempo en nuestra vida, solemos “acostumbrarnos” así eso no sea para nuestro total provecho (las ironías humanas). Y llega entonces una resignación que simplemente mata.

Agosto el de momentos de esos que sólo te permiten un suspiro, al contemplar la vida, y descubrirte ahí, Cielo.

Que basta sólo con que estemos realmente despiertos ante lo que nos rodea para sentir que somos una parte bien articulada de todo esto. Aunque a veces el descubrimiento más grande y duro , es que somos los que generalmente atentamos contra eso que nos rodea y nos embellece la vida. Y a veces solo lo justificamos con la excusa del simple instinto de supervivencia, siendo la realidad que en la mayoría de los casos, solo destruimos por el simple placer de hacer daño (lo inhumano de los humanos).

Agosto que ha dibujado un espectáculo tras otro…

Como la muestra de un gran pintor que se deleita en su obra y que muestra su gran versatilidad en cada trazo.

De colores que se mueven, cual muñeca inquieta de quien toma un pincel emocionado.

Matizando cada escena con impecable gusto, hasta lograr que en un mismo lienzo se den sombras luces y colores distintos a la vez.

El cielo y lo que nos rodea, siendo el escenario físico de aquello que se mueve dentro de nosotros que es el escenario interno de nuestras emociones. También bañado de los más espectaculares e indescriptibles matices.

Teniendo instantes de la más clara y tangible felicidad. Una diáfana sonrisa, un corazón rebosante de alegría y a la vez un sentimiento de absurdo, de plegaria no contestada, de heridas que escuecen sin esperanza se que sanen totalmente alguna vez.

Agosto que en su abanico de presentaciones no ha dejado de invitarme a que no cese en mi travesía de la vida, esa en la que sentir ha abierto para mi, un mundo que hasta hace algunos años, estaba sellado con cadenas de hierro.

El descubrimiento ha sido, que con lo que ha empezado a ocurrirme dentro; su sutil explosión ha ido tirando uno a uno los eslabones de esas mismas cadenas que me ataban. Hoy entiendo que uno no puede privarse de lo que siente, porque eso nos convierte en mentirosos sociales, a conveniencia de los que tiene el poder de decidir nuestras sonrisas, o al menos eso piensan.

Agosto un buen recordatorio de la vida, esa que está dispuesta a que la vivamos con todo. Sin sacar tanta cuenta, sin esperar más de lo que estemos dispuesto a entregar, sin hacer tanta bulla, pero si el sonido necesario para ser escuchado por quien queremos.

Con la simplicidad del que respira y la profundidad de quién está dispuesto a vivir… eso es este Agosto para mi…

Sin aprender a manejar aún las despedidas, esas que hacen un hueco en el alma, esas también que me hacen que no te vea (con los ojos abiertos) pero empezando a percibirlas como el preámbulo para un nuevo encuentro. Que mientras siga la vida, tenemos chance, si es que así lo queremos.

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