Empatía… en los zapatos del otro 🙈 👟 ðŸ‘ 

Estos días de Agosto, y la variedad de sus matices, me han permitido pensar de manera especial en lo diferente que pueden ser las cosas y sentimientos para cada individuo, y lo mal que sientan a veces algunas respuestas o salidas para ellas.

Agosto ha tenido, en un mismo día, y en un mismo espacio que puede captar lo limitado de mi mirada, escenarios tan distintos a la misma hora, que en definitiva algo hay ahí, para meditar.

Mañanas que han comenzado de un gris plomizo fuerte, con nubes que no estaban dispuestas a transigir con el sol para dejarlo salir…

Y sin embargo, en el mismo escenario y a escasos metros un juego de colores alucinantes haciendo gala. Diferencias… diferencias, claras, notorias y armónicas.

No disonancias, no confrontaciones, sino más bien un alto estándar de empatía entre el todo que lo conforma. Es decir, para la abrumadora sombra, no había el absoluto rechazo o desprecio, para la luz y los colores; quizás aunque no se pudiera experimentar de igual mido dada su situación particular, no hacía menos cierto aquello que le era opuesto. Para el color y el brillo, ese dejo de oscuridad que estaba al lado, tampoco carecía de valor, era un mismo escenario con variantes posibles.

Entonces pensé en eso de “ríe con el que ríe y llora con el que llora” Empatía. De acuerdo a la RAE, este concepto va así:

Existe IDENTIFICACIÓN de alguien, con alguien más. No existe eso de que mi luz u oscuridad es mejor o más importante que la tuya, o que “te voy a arreglar con mi receta, porque tú de por si, sabes mal”.

Seguí viendo los días y sus diferencias y comprobé lo que pensaba… un cielo totalmente lleno de empatía se ha dispuesto en todas estas horas tan cambiantes que trae Agosto. Cuando hay que lloverse (y no se si esta palabra existe) pues, se llueve, se llora, se patalea con truenos y relámpagos y luego que se ha acompañado en esto, se comparte la claridad. Nada de esto ocurre sin estar “adentro” con quien sufre la tormenta. A nadie le importa la luz de alguien, que no se ha identificado con tus tinieblas.

También entendí, qué hay hermosas oscuridades, y que en su marco se revelan grandes sorpresas; se pone de manifiesto quien es realmente el que las porta o exhibe, y lo más importante quien se queda a tu lado cuando las padeces. Ese es el lado Perfecto de lo difícil, de lo oscuro y lúgubre… que es el medidor Perfecto para saber quién eres, y sobre todo quien realmente está contigo y no solo, te rodea.

Que a todos nos gustan los días claros, ¿porque negarlo? Pero eso no desestima, ni hace menos bellos a los que están nublados o a veces solamente, sin mucho color o brillo. Las personas, somos como los días, con tan disimiles matices, que encontrar una exactamente igual a otra, seria como pretender que los colores del atardecer se repitan igual e inequívocamente en un rincón del cielo cada día.

Por tanto, antes de opinar, criticar y sobre todo dar las soluciones… toca ponerse en los zapatos del otro. Si no te identificas con lo que ocurre, ¿como puedes opinar? Es fácil hablar de dolor y sus remedios mágicos, mientras no los sientes. Es sencillo decir “todo esto pasará” a alguien con el corazón roto, siendo tú de los que no entregas nunca el corazón y desconoces como se siente realmente que te fracturen el alma.

Y no es que se tenga que haber experimentado todo para entender al que lo sufre, padece o hasta quien lo disfruta, ¡no! lo que quiero destacar es la importancia de detenernos a escuchar, de interesarnos por saber que realmente ocurre en el universo de la otra persona. A veces no queremos soluciones, a veces solo queremos sentirnos amados, y eso es posible hasta en un sabio silencio que trasmita presencia y atención.

No todos tienen la oportunidad de ver colores donde los hay… porque quizás su mirada es corta, porque no los han descubierto, o simplemente porque en el top de sus intereses, el disfrutar de esa magia no existe como una prioridad. Entonces habría que preguntarse ¿que es eso, que si desvela y mantiene despierta su atención?

Hasta no pasar por el dintel de la Empatía… no podemos sentirnos con derechos de entrar en el salón de la opinión y mucho menos de ocupar la habitación conyugal del juicio.

Cada uno “llorará por donde lo siente” como digo a menudo, para indicar que cada cual tendrá una forma distinta de procesar los acontecimientos.

Hay quien se ahoga no con un vaso de agua, sino con una gota que cae de ese vaso. El ponerse en esos zapatos o pisar descalzo su mismo suelo, quizás nos lleve a entender que genera ese caos que le consume, entonces podríamos dar una palabra que al menos no lastime.

Cielo bañados de colores de esperanza y calma…

De la misma manera, Cielo que se da la oportunidad de cargar con el desasosiego y tristeza de una pérdida.

Firmamento azul, que pareciera no tener ningún tipo de problemas, calma segura, sin sobresaltos. Y lo más importante, no cerrado a qué no lleguen los momentos difíciles.

Que nada se salva, de la Alegría y la angustia, el brillo y lo opaco, la felicidad y la amargura. Que todo llega, y el que lo sabe, podrá ser suficientemente maduro y flexible para entender a quien lo pasa; y en caso de no llegar a entenderlo (qué también es posible por lo de humanos) se abstiene de omitir juicios, y lo mejor aún de dar recetas que ni siquiera sabe si la prescripción es acertada. Porque… quien no sabe diagnosticar, mucho menos puede recetar.

Empatía

Aprendamos a celebrar los cielos despejados, los planes claros, las metas que se logran, la estabilidad que dura (mientras dura), la salud que se tiene, el dinero que alcanza, la relación que se mantiene (aunque muchas veces sea con el chicle de la apariencia), la oportunidad que se goza de respirar a su ritmo… y esa celebración no tiene que ser solo porque nos ocurra a nosotros, sino desde el respeto que a quien le ocurra sea al otro.

Pero también…

Aprendamos a manejar los nubarrones, los intentos fallidos, esa meta que cada vez se vuelve más lejos de nuestro alcance, los corazones rotos, las familias destruidas, la falta de recursos , la mala administración de la propia vida, los vicios que atan y matan, los engaños que se repiten para no asumir qué hay problemas. Y aunque a nadie le gustaría pasar por esto, estemos conscientes que también somos potencialmente capaces de producir este caos y mucho más; y sabiendo esto, entonces seamos sensibles de identificarnos con el desastre de alguien más y si no queremos ponernos en sus zapatos totalmente, al menos entendamos que sus huellas jamás tendrían que ser del mismo tamaño de las nuestras.

Empatía, es como el atardecer de ayer…

En el que a pesar de la oscuridad y amenaza de lluvia, rayos de luz vinieron a jugar para que todo no fuera incierto. Ni la luz de esa Alegría, desestimó por completo la sombra de esa tristeza invadiéndola sin más; ni la marca de lo adverso quizo opacar el beneficio de la Luz en medio de el gran acontecimiento de la vida…. que dura poco.

Y así un cielo con empatía, terminó el día de ayer abriendo su escenario para que los colores, incluyendo los grises y la luz con las sombras, terminaran dando el espectáculo de la despedida.

Cuando aprendamos que el otro tiene derecho a reír, pero también a llorar, podremos conectarnos mejor, y eso hará que la conexión necesaria para amarnos humanamente, sea posible. No es una receta, es una lección de este cielo de Agosto.

2 comentarios en “Empatía… en los zapatos del otro 🙈 👟 ðŸ‘ 

  1. Sabernos amados hasta en un sabio silencio. Me ha gustado esa frase después del recorrido que has hecho por todas las tonalidades de este Agosto. Empatía con todo y todos para lograr comprenderte tú y por ende a los demás. Magnífica exposición. Un abrazo.

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