Emociones 4… la angustia 🥺😔

Que cuando sientes arrugarse tus entrañas, las paredes de tus sentimientos colapsan.

Entra la cantidad de emociones que podamos sentir por diferentes motivos, la angustia es una de las más fulminantes.

De acuerdo al diccionario, las acepciones más básicas de esta emoción son estas:

Lo cierto es que quien la sufre, padece. Es muy humana dicha emoción, pero es casi insoportable para el mismo humano; siendo sus manifestaciones a nivel psicologico, emocional y corporal, fatales.

La que todo lo sabe (y no lo sabe) la reina “wiki” la nombra de esta forma:

Los estudios que se han hecho son muy disímiles o variados, pero al final a no ser por una cantidad de pastillas o tratamientos que no la extinguen, la angustia vuelve y visita cuando quiere.

Yo lejos estoy de querer o poder evaluar a nivel profesional dicha emoción, pero simplemente como humana que conoce sus tentáculos y alcances, me asomo a esta ventana y me atrevo a nombrarla, desde la posición de quien ha estado allí en esa estación.

Es un terrible estado en el que sientes que el piso ni siquiera existe, y eso no es lo peor, sino que no hay mano que te alcance para evitar la caída sin fin, esa misma que ocurre y no cesa. Tu corazón, ya no es tu corazón, sino un animal en carrera que a cada paso te golpea, te sacude y deja sin aliento, pero lo peor es que no mueres.

Las manos tienen ríos en ellas, sin tocarlos; heladas se mojan sin poder evitarlo mientras que su temblor nada le detiene; el miedo se transmite por sus poros y aunque llegases a asir algo, lo dejas caer, lo sueltas y con ello toda la templanza que al momento de experimentar esa profunda angustia, ya no tienes.

Los pensamientos, lo peor, abismo negro que no acaba, torrente de decepciones en fila, para pasar una película que quizás ya estaba olvidada. Una voz que no se calla y te recuerda esos a quien no importas, de quien no eres parte de su vida; inclemente esa voz que no se calla. Tormento a domicilio, delivery de penas que llegan a tocarnos y se niegan a salir aunque les pagues.

Solo el que la siente, la comprende. No es algo fácil de examinar y soltar. Quien tiene una vida a su medida, quizás construida con engaños, aparentemente no la sufre; es mejor vivir disimulando y no enfrentar qué exista en verdad algo que no cuadra. Se le puede maquillar por mucho tiempo, hasta que el engaño en sí mismo genera más, más angustia.

Habrá quien ofrecerá los mil consejos, sin saber siquiera que se siente… eso es como tomarles puntos de sutura a alguien sin anestesia y decir que eso no duele; claro para quién lo hace, no hay dolor, quién lo siente es el paciente. Los consejos no se escuchan mientras vas cayendo por el oscuro túnel de la angustia.

Se magnifican los desaires cuando ella nos arropa, y luchar contra ella es una guerra que nos deja exhaustos, la bandera blanca de la Paz pareciera que nunca llega. Nos cobra muchos muertos… mata la ilusión, acaba con las ganas, agujera la confianza y la deja parapléjica, sin poder hacer más nada.

Pero también ocurren los milagros, a veces momentáneos o duraderos y entonces empezamos a escucharnos.

Como por supervivencia nos descubrimos debajo de tanta inseguridad y temores infundados; nos encontramos ahí, escondidos, solos, sin creer que en algún momento seríamos hallados vivos. Y empezamos a ver las cosas menos borrosas, el agite interno va cesando, la respiración adquiere ritmo que ya habíamos olvidado, el sosiego no se ve tan lejos y la tranquilidad es una opción que aprendemos a asumir en nuestras manos, las mismas que sudaban y temblaban, ahora servirán para decir adiós a lo que atormenta.

Como toda emoción, nace dentro y manejarla será una opción también interna. Ojalá que nuestra voz de vida no se extinga y nos rescate cuando estemos al borde de abismo que la angustia fabrica. De no ser así, hay quien con especial sensibilidad puede susurrar presencia a través del roce de unas manos, y la compañía de un silencio que no cuestione, sino que diga entre pausa y pausa de respiro “aquí estoy, no estas solo(a) al alcance de tu manos”.

En fin, ante esta realidad que existe, la de la angustia, vale decir que merece respeto quien la sufre y si no existe comprensión por desconocimiento o porque se goza de una vida “a la carta” donde todo ocurre sin que exista un afectado; al menos el silencio será mejor antes de burlarse con soluciones ligeras de una carga tan pesada.

Caída… lo que se va de un lado

Por razones diversas, a veces estamos desubicados.

Nuestras equilibrio se pierde fácilmente, sentimos que el precipicio es una opción bastante posible o que cualquier movimiento por pequeño que sea nos puede hacer caer al vacío.

Es el momento de preguntarnos 👀 ¿qué hacemos ahí?👀

Coquetear con la gravedad, sin tener alas es un riesgo que debe asumirse con claridad en sus consecuencias.

Si estamos al borde de la caída con frecuencia, es muy probable que al fin lo consigamos, pero eso no debe ocurrir necesariamente para reconocer al fin, que estábamos en el lugar equivocado.

Lo que no se sembró en una base sólida, siempre será inestable. Condenarse a eso es un absurdo. Date el permiso de pisar firme y libre de la angustia de la caída .

Corazón… caído 😳

Tener el corazón al ras del suelo, suena a novela cursi o a cuento de camino, pero cuando realmente lo que él representa… los sentimientos, las emociones y hasta lo que piensas está ahí, tirado como algo que no tiene valor o no sirve, las consecuencias pueden ser de calibres mayores.

Cuando el corazón está bien, se bombea sangre para todo el organismo, estamos vivos; cuando no es así vienen los problemas y quizás lo más simple sea un infarto, y eso por decir algo conocido dentro de mi ignorancia médica.

El sabio no se equivocó cuando dijo que de él, del corazón manaba la vida, porque al final lo que sentimos, pensamos y de aquello que estamos convencidos viene el sustento del resto de las cosas que hacemos.

Cuando lo que se “cae” es el corazón, el resto de lo que somos se fractura. Puedes conquistarlo todo afuera, tener las mejores fotografías y selfies diciendo que eres el más feliz y si el corazón (tu mente) está en el piso, nada de eso que te adorna conseguirá mantenerte a flote mucho tiempo.

De la misma manera si el corazón está a salvo, lo que ocurra podrá ser manejado, soportado y hasta cambiado, pero nada nos tirará al piso, al menos no por mucho rato.

Por eso no es algo para ser tomado a la ligera. Somos seres con corazón, tengamos eso en cuenta.

#LoQueMeDiceUnaFoto

Amanece… una vez más amanece 🍁☁️

Amanece, aún cuando el sol no se muestre completo o nuestros ojos estén velados para no verle.

Amanece, estemos solos o acompañados, con el corazón roto o con las fuerzas de comerse al mundo por un sentimiento.

Amanece, el día empieza y aunque decidamos no hacerlo, enterrando el ancla del dolor en la tierra de nuestro corazón, él sigue.

Amanece, día nuevo, distinto que no se repite, aún si quisiéramos decir “todo es igual” y echarnos debajo de las cobijas, tiene su olor a estreno.

Amanece, y lo creado nos da una lección de resiliencia, de fuerza viva, de seguir existiendo, de comprender y confirmar que los días malos existen, pero no son todos, ni borran a los otros.

Amanece, pájaros cantan, la luz hace su paseo y lo alumbra todo; no sirve de nada quedarnos a oscuras, tropezando.

Amanece y con ellos un millón de pensamientos que no se enfrían, ni están dispuestos a morir, mientras hay vida.

Amanece, las ventanas se abren sobre todo las del alma, la brisa pasa y aunque a veces lastima, también sana alguna herida.

Amanece, los pasos se presentan, conducen a algún lado, aún si es el lado equivocado, o al menos eso opine alguien.

Amanece y con ello también los compromisos, las expectativas que no se van a cumplir, los deberes pesados y las conquistas, las sonrisas reales y quizás alguien que nos recuerde.

Amanece, las letras brotan, los lápices hacen los suyo, las pantallas se activan, los mensajes se envían aunque no haya respuesta.

Amanece, el corazón late aunque pretenda pararse y que la esquina de la muerte lo contenga, para luego soltarlo y que siga en lo suyo.

Amanece, aunque estemos o no estemos, aunque amemos o no, con los motivos que inventemos o los que nos hemos dejado robar.

Amanece y escucho tu voz en el silencio, aunque no digas nada y la palabra no salga desde tu puerto hasta el mío.

Amanece, porque hay vida y eso es algo que no podemos obviarlo aún con la más empecinada soberbia que quiera colarse en un sentimiento sangrante.

Amanece, vale agradecer porque amanece a pesar de causas validas que aparentemente escasean.

Amanece y pensar en lo que siento y tener la oportunidad de escribirlo o expresarlo, cubre quizás la cuota de dolor que esto puede causarme.

Quizás por eso realmente amanece.

Lo pequeño… obviado 🎋

A veces se obvia lo pequeño, lo que no es acompañado por el ruido y la algarabía…

Y entonces “ser humano” significa fiesta, bambalinas, alboroto y cuando la función termina, simplemente nos quedamos solos.

Luego hay que ir tras la caza de algo grande, de eso que encandila y entretiene, que no sabemos ni porqué hay que tenerlo.

Obviamos lo simple, lo pequeño, nos gusta lo que alumbra, lo estruendoso, pareciera que la vida solo vale por la atención que se logra captar de los otros.

La vida, una obviedad de lo que puede ser bien importante, a pesar de lo pequeño que parezca y de su paso silencioso.

#LoQueMeDiceUnaFoto

El lugar… ese lugar 😶☁️

El lugar más seguro es ese donde nadie nos daña; quizás el más utópico también, porque lo que nos ahoga en el dolor, ya no existe.

Es el mismo lugar en el que no hay expectativas que cumplir, tarjetas que marcar, sonrisas que exhibir, solo eres, sin más.

Quizás esta muy arriba, inalcanzable y el tráfico intermedio de nuestras propias cavilaciones no nos deja llegar ahí, al mejor lugar.

El lugar más seguro, ese, en el que nuestras caídas no nos conducen a golpes insalvables, de esos en los que no cierra la herida; sino más bien hay un rescate suave y te puedes quedar a dormir, si quieres.

En ese lugar no hay señales que te indiquen de peligro, porque no hay de ese tipo que solo te lastima; siendo considerado como inminente riesgo considerar tan solo, no seguir.

El lugar donde no se requiere del tamaño de las cosas; ya que su tenencia o cantidad no es garantía de nada.

Ese mismo lugar donde podemos ver desde lejos, muy lejos la vileza de aquel que nos hace maltrata.

Ese lugar está dentro de nosotros mismos… como nubes son sus calles y el espacio como el cielo infinito, de dimensiones y alcances incalculables.

En ese lugar estamos a salvo… y llegar a él, nos permite reconocernos a nosotros mismos. Quizás con los errores que hemos archivado, pero también con la verdad del valor que tenemos.

Es nuestra trinchera obligatoria, la que nos queda, cuando afuera el mundo sigue con sus cosas y con ello la gente que se ocupa solo en sus placeres, para quién lo más seguro es que no importas.

Ese lugar más seguro, está ahí, adentro… pero aunque parezca tan sencillo y cercano de encontrarlo, a veces simplemente está encubierto; y pretendemos entonces llenar nuestros vacíos con algo o alguien que es externo.

En ese lugar, asegurémonos que al llegar, nada de lo que nos hace daño pueda entrar.

Hoja que se cae… vida que no cesa 🍃 🍁

A todos se nos caen las hojas, por muy fuertes que seamos…

A veces pretendemos que la vida pase por nosotros como si nada. Le huimos de todas las maneras posibles a las huellas que el tiempo crea en nosotros, nos convertimos en enemigos implacables de esa “gravedad ” que todo lo tumba por mucho que nos empeñemos en que pase lo contrario.

Entonces nos sometemos a cualquier tipo de “retoques” para parecer que aún estamos <pegados a la rama> sin que la hoja caiga y en ese papel actuamos quizás, por muchos años.

Hasta que entendemos que la vida es eso… una planta que nació y se hizo bella, que creció y extendió sus hojas, que fueron espectaculares y todo cuanto podamos decir o recordar, pero que también la hoja se cae, el ciclo sigue se curso, la gravedad hasta en el alma también llega.

Hay belleza también en la hoja que se cae, esa que tal vez tiene ahora otra apariencia; porque todo tiene su razón de ser, tanto lo nuevo, lo que se estrena y ¿porqué no?, todo aquello que también es objeto de obsolescencia.

Pretender que todo el tiempo vamos a estar verdes como hojas, sin que cambien nuestros colores, sin que los surcos del tiempo pinten nuestros años, es pedirle a la vida que se detenga y con ello el crecimiento de quizás otros tallos que amamos.

Aprendamos a aceptar que todo pasa y eso se cumple también en nosotros, en nuestros cuerpos y apariencias y no olvidemos contarle al espejo de cuan satisfechos estamos con lo que vemos, indistintamente de ser hojas en el tallo o ya caídas, que se secan.

Porque no hay hoja que permanezca para siempre en el tallo, a menos que todo sea de plástico. 🙄

Ola… que seduce 🌊

La ola seductora…

Se retrae para mostrar la orilla, y así enseñar “un poco” lo qué hay más adentro,

Muestra sus revoluciones y agites, cargados de conchas marinas , alfas y peces dibujados con espuma

Los colores y formas de lo que está tapado por el agua, se vuelve el objeto de la más sublime codicia

Lo queremos todo… está ahí, al alcance cada vez que ella se descubre.

Entonces las ganas presurosas extienden sus manos para asirla, y ella, tan solo se arrepiente y no deja

Su agua tapa todo y no se entrega, la orilla otra vez queda cubierta, los tesoros de adentro no se ven

Es casi una mentira lo que muestra.

Una vez más osa descubrirse, seductora nuevamente muestra la arena,

Y así pasa el día en su vaivén, prometiendo lo que no está dispuesta a dar en una entrega.

Cómo olas son aquellos que se enseñan y parecen estar al alcance de la mano, y luego huyen cuando de verdad, alguien se acerca.

Que a veces andamos por la orilla de la vida y alguien se descubre ante nosotros, y tras el vamos como tontos, creyendo que por eso que hace, ya es nuestro.

Descubriendo después que era mentira, que esa manía de descubrirse y dejarse ver, era algo que también lo hacía con todos.

Simples olas del mar que van y vienen a su antojo, sin pensar en más nadie que en ellos mismos y su acomodo.

Preguntas en la orilla 🌊

Si muriera allí..

Si me quedara como ella, tendida en esta orilla y ya nunca más me vieras,

Y me llevarán las agua más allá del horizonte, ese mismo en el que tú, no navegas.

Si cansada ya de andar, simplemente en la arena me quedara.

Me abrazaría el sol, el viento y la noche, todo eso sin que tú alguna vez llegaras.

Y quedándome así, inerte ya sin vida, dejando que las aguas por dentro me tocaran

Tendida ahí en la orilla sin vida para nada, quizás me olvidaras cuando llegue mañana.

Preguntas que vinieron a este corazón mío,

Mientras que por la orilla a solas caminaba, y miraba las conchas tendidas en la arena

Como si no hay más nada que a ellas les llamara.

Y otra vez pregunté…

Si muriera aquí mismo y sola me quedara, sin que tú lo supieras y mi voz silenciada de un todo quedara,

Mirarás esta orilla, sabrás que caminaba y que mientras lo hacía en ella, te pensaba.