Los mil trajes … septiembre corre! 👗 👔 ðŸ‘•

Septiembre el “variopinto”.

Por supuesto que sabía que salía de azul y rosa con todo desparpajo, sin temer a quedarse desnudo en el camino para luego volverse a vestir.

Pero… ¡Septiembre! ¿que has hecho? Que me vuelves loca y me pones a correr.

Que de los suaves colores de la mañana, nada.

—Yo te lo dije, yo te lo dije. Que no espero quedarme vestido con el mismo traje todo el día ¡Prefiero desnudarme! Y algo caerá luego de seguro.

Se lo escuché decir a Septiembre, pero como todo se volvió azul, no le “paré” mucho.

A la una de la tarde hacía un día tan añil, que solo disfrutaba de ver las formas alrededor y arriba.

Toca subir escalón tras escalón, porque luego del temblor de ayer, los ascensores aún están de paro.

Una de la tarde y el esplendor de la luz y el azul, adornado los vestidos de Septiembre.

Empezar a subir, se convierte en una agradable aventura..

Es como acercarse al cielo, saludar y esperar que te responda. Y mientras cada escalón sonreía y cada piso me acercaba más a lo que decía, yo subía.

Un poco más…

Hasta sentir, que casi le tocaba.

Y Septiembre observándome callaba, sabia que yo no podía dar por sentado, nada. Ni aún por el mayor azul que en ese momento viera.

Apenas dos horas después una cortina gris, cual telón de teatro una vez acabada la función, se desplegó. Y a las tres de la tarde de este mismo día, todo quedó a oscuras.

Llovió tanto y tan duro que no podía verse nada.

—Decidiste quitarte la ropa, dije.

—Claro, tocaba la hora de cambio y me salió así, quise hacerlo de una vez.

—Y para no quedar en cueros, hiciste venir todo este manto gris… que no deja ver nada ¿no?

—Exacto. Ya a esta décima vez de estarme viendo, me vas comprendiendo.

Llovió tan fuerte como el temblor de ayer. Todo ha sido intenso.

Necesitaba como drenar su emoción, para luego volver a las sutilezas de las horas de la mañana.

La lluvia cesó, y el quedó tendido en el lecho del cielo, como exhausto después de un momento épico de pasión.

Entonces busco ropajes suaves, de seda, volvió a cubrirse y plácidamente respira, soñando quizás con el mismo amor, que le alboroto, al punto de lloverse a cántaros y ahora le permite simplemente descansar en los recuerdos.

Septiembre, tú el de los cambios de traje, el emocional y arbitrario.

Y que ahora quieres que olvide todas las carreras, con tu traje de despedida, del día.

—No pasa nada, tranquila. Mientras siento que respira poco a poco.

Yo solo, le contemplo… como a ti, Cielo.

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