800’s veces… será que ahora si? 😂🌀

Mucho se habla sobre la mente y nuestros pensamientos. Hay quien tiene el “manual” de como controlarla. Fórmulas van y fórmulas vienen, de como amaestrar esos pensamientos que nos abaten y como “potenciar” aquellos que supuestamente nos hacen ir arriba o algún lado (parece que el arriba es infinito, porque cuando llegas siempre te mandan por más).

Somos lo que pensamos… y eso creo que no se puede discutir, y de hacerlo bueno, se quedaría en el mero afán por combatir y defender una postura u otra.

Si bastara sólo con la repetición de nuestros pensamientos para lograr cambiarlos, podríamos hacer la tarea ¡y ya! Seríamos libres de cualquier cosas que nos atormente, moleste o duela.

Entonces, hace días lo pensé e hice mi ejercicio de las 800’s veces a ver si luego de ellas, se iba todo lo que estaba ahí, quizás doliendo; o si solo por decir o repetir el pensamiento cambiaba.

Una, dos, tres… ochocientas veces conscientes pensando lo mismo a fuerza de repetirlo.

¿Funciona..?

En un tris, ¡la cantidad no importó!

Y el número de veces repetidas de ese asunto, simplemente se fue borrando.

Y al poco tiempo de viento y agua pasada… no quedaba nada de ese intento.

No somos seres que pueden prender o apagar lo que piensan y sobre todo lo que sienten. No funciona así. Y al que le funcione, simplemente es porque no lo siente; quizás pensaba que si, decía que si, pero si puede apagarlo todo y seguir como si nada; nada sentía.

Lo que si sé, y lo he comprobado en mi misma es que a pesar de que las ochocientas repeticiones de algo, no sirvan para borrarlo o cambiarlo; la evaluación de lo que ocurre si puede hacernos pensar y reaccionar a nuestro favor.

Basta con que hagamos una línea de tiempo y revisemos que nos ha dolido y que nos ha hecho reír: que nos ha hecho estar acompañados y con que hemos experimentado el vacío del olvido y la ausencia, para tener una idea de donde estamos. Es más sencillo de ver, al menos para mi; quizás no sea la “fórmula ” ni la solución, pero al final sirve para saber a conciencia si lo que nos ocupa la mente nos hace bien.

No nos daremos órdenes de “olvida y ya estás listo”, pero en su lugar podemos tener una conversación puertas adentro y escucharnos decir eso que nos afecta o duele. Con eso en mente, quizás empecemos a construir nuevas formas de abordar eso que está ahí. Podemos sorprendernos al descubrir, algún tiempo después que ya lo que nos hacía mal, no es así y hasta se ha empezado a desdibujar en nosotros.

Entonces pensé, mejor es invertir esas 800’s veces en algo que me agrade, que me impulse o que simplemente me haga respirar en paz, en vez de enfrascarme en una lucha de órdenes que no consiguen su cometido por dejar eso, que de esa forma, no se va.

Quizás mi mente funciona al inverso que el resto de las normales, así que le tengo paciencia…

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