De las cosas cotidianas 37… cubrir, cambiar, un clavo y otro 👩‍🎨

Como a todos nos ocurre, las paredes de nuestras casas se ensucian, se manchan o simplemente nos cansamos de ver siempre los mismos colores.

¿Entonces que hacemos? ¡Pues buscar un bote de pintura, una brocha o un rodillo y… manos a la obra!

Ayer precisamente me tocó hacerlo, por todas las razones que mencioné antes y quizás alguna más. Comenzamos a pintar y todo iba bien y sin problemas hasta que decidimos poner de blanco a una pared que había sido turquesa por los últimos tres años.

Hubo que raspar, lijar, el rodillo resbalaba y no cubría, así que tuvimos que hacerlo de la forma más lenta… con una pequeña brocha, poco a poco.

Y mientras la pared se resistía a dejar el color que por mucho tiempo llevaba, fui comprendiendo una cosa:

Todo cambio es una experiencia distinta, y sustituir siempre nos va a traer sus dificultades.

Pensé además en ese refrán popular que muchos hemos acuñado a lo largo de la historia y luego en la experiencia comprendemos que no es así, que no resulta: “Un clavo saca otro clavo”

Porque venga otra persona a nuestra vida o porque decidamos dejarla entrar de forma “desesperada” ante el dolor que otro nos causó, eso no quiere decir que lo de antes desaparezca como por arte de magia.

Nadie puede “cubrirnos” las heridas que nosotros mismos no hemos dañado.

Así yo hubiera lanzado todo el bote de pintura sobre la pared, el turquesa no se habría ido de un solo golpe. Ameritó tratar la superficie, y con paciencia ir echando las capas de pintura. Al día de hoy y ya con todo bien seco, toca echar otra mano de color blanco para terminar de cubrir lo que hasta ayer ofrecía resistencia. Fue un proceso.

Generalmente los recuerdos no se rinden.

La salida a un corazón roto, a una decepción acumulada, no es abrir con desespero la puerta a alguien que quizás venga con mayor posibilidad de profundizar los males que de borrarlos.

El mejor antídoto para un dolor del alma, de esos que nos dejan rotos el sentimiento, es conversarlo con nosotros mismos, cuestionarlo, preguntarnos y responder si de verdad estamos dispuestos a sufrir toda la vida por ello. Y al final puede que obtengamos una respuesta a favor nuestra… “Ya no quiero más esto” “quiero estar bien y dejar ir a quien no quiere quedarse”.

Tal vez todo el dolor no decida irse tan rápido, pero la puerta quedará abierta para que se vaya escurriendo y cuando menos lo pensemos, habremos cambiado por dentro.

Entonces, si estaremos listos para echar otro color en la pared que estuvo fracturada en nuestro interior; luego de trabajarla y cuidarla el tiempo que fuese necesario.

Para unos, los que no sienten mucho, saltar de persona en persona es sencillo; prenden y apagan el sentimiento a conveniencia (o al menos eso creen). Aunque yo soy de las que piensa que quién puede hacerlo de esa manera, es porque en verdad no sintió nada, pero esto ya es tela para coser otro traje.

Para otros, los que sienten con todo, tardará quizás más este proceso, pero el cese del dolor llega. Cuando hacemos un repaso a lo largo de todo el tiempo que duró el sentimiento y lo que eso produjo en nosotros, será la llave más segura para olvidarlo.

Pintar parece sencillo, pero tiene su ciencia; amar parece fácil, pero cuesta la vida.

4 comentarios en “De las cosas cotidianas 37… cubrir, cambiar, un clavo y otro 👩‍🎨

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