Jugamos a despertarnos… y nos quedamos dormidos

Despertar no solo significa abrir los ojos, sino más bien estar consciente de que la vida nos roza, nos invade, nos contiene.

Hay amaneceres que tienen cara de sueño, de quedarse dormido, de solo intentar abrir los ojos como un juego. Y resulta que la vida es más que eso, que un simple juego.

Así empezamos los días, haciéndolo como por salir del paso, por que al fin y al cabo es un juego. Nada serio o importante viene en las horas, porque insistimos en seguir “jugando”.

Despertamos pero nos quedamos dormidos.

Por eso la claridad algunas veces nos sorprende, invade nuestra pupilas perezosas quienes arremeten con rabia ante quien le interrumpe el letargo; entonces el juego ya no lo parece tanto.

La realidad nos golpea el rostro mientras el día va avanzando, porque sus horas no conocen de intentos fallidos y de juegos o simulacros. La vida viene con todos sus matices y quien está dormido, simplemente los pierde.

No se trata de ir con la crudeza a flor de piel, y de arrancar los sueños de la esfera que tengamos, es más bien darnos cuenta que la vida, la real no es un juego arreglado en la que el marcador siempre estará a nuestro favor. Es más bien una experiencia en la que se pondrán al relieve nuestras limitaciones y seremos fuertes en la medida que vayamos aprendiendo a manejarlas o simplemente las aceptemos.

Necesitamos estar despiertos para darle cumplimiento a los sueños.

Porque nadie está exento de problemas, luchas, enfermedades y decepciones, pero quedarnos escondidos pretendiendo jugar a que no amanece, no resolverá ninguno de ellos. Nadie tiene que salir a luchar con monstruos si no quiere, pero tampoco está obligado a enrollarse con ellos bajo las sábanas y dejarse tragar poco a poquito.

Todo cielo tiene una gran porción de espacio grises, oscuros y con lluvias y no por eso el sol deja de engalanarlo de forma espectacular un sinfín de veces.

Despertar es darnos cuenta que estamos vivos. aún en la circunstancia que atravesemos: porque puede que la abundancia nos haga olvidar el padecimiento de otro y la posibilidad de caída que todos tenemos: pero también la escasez puede hacernos pasar por alto que, quienes somos y la alegría no se ancla solo en las cosas que tenemos. En esa posición infernal, es fácil por alto las cuerdas de rescate que tengamos a nuestro paso, y como ciegos dejar de tomarlas.

Jugar y soñar es bueno, despertar y construir realidades, mejor.

Noviembre 19, 9:02 am

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