Noviembre y su días… control o no. ðŸ’­

Es normal que a veces comencemos, sin saber como termina.

Así nos ocurre cuando tomamos un camino sin destino previo, cuando decidimos amar a alguien sin que sea recíproco en el momento, cuando escribimos un libro y tenemos sólo la primera línea.

También ocurre como ahora, cuando el día ha comenzado y aunque lo veo “no lo veo”. Vuelve a amanecer tarde y para ver que lo azul sea azul, aún hay que tener paciencia, porque el traje oscuro es lo que está de moda hasta esta hora en la que casi el reloj marca las seis.

No sabemos como terminará y es que muchas veces no sabemos ni cómo hemos comenzado. Ubicar exactamente cuando nos nació el gusto por algo o también una aversión, muchas veces es tangible , pero otras tantas no.

La noche termina, y sabemos que es así. El reloj indica una hora específica desde que hemos visto salir el sol y subir hasta su aposento, pero quien puede decir exactamente cuando ocurre el inicio de esa incipiente claridad y cuando se apaga al final del día, si a veces parece que un rayo se luz “patalea” aún estando la noche proclamándose dueña de lo que vemos.

Somos dados al control y nos gusta saber como todo empieza y termina, porque eso nos mantiene con la sensación de que tenemos poder para hacer que todo resulte al dedillo de cómo queramos o de cambiarlo. Pero en el fondo, muy en el fondo sabemos que no controlamos nada

¿Acaso decides por quien tu corazón va a saltar? Le miras de frente un día y le ordenas “a partir de ahora cuando le veas, irás a un ritmo más rápido “. Simplemente no sucede así. Y tampoco cuando ya no puedes con ese ritmo de intensas carreras de corazón abierto, procedes a sentarlo y volverle a ordenar “ahora deja de inquietarte cuando le veas, le pienses, le sientas. ¡Nada! No sientas nada, desde este momento”.

No funciona así. No sabemos como inicia y nos sorprende quizás aún más cuando termina, porque decimos “cómo es posible que luego que me moria tanto tiempo por una persona, ahora es como si no existiera, pasó a hacer uno más de los -extras- del camino”. Y si bien es cierto que hay relaciones que se planifican y piensan sin tanto sobresalto inicial, y terminan durando el tiempo que la voluntad quiera, no es menos cierto que no pueden experimentar la maravilla de lo intenso que ocurre cuando no sabes o controlas cuando llega o se va.

El día ya está claro, y aunque lo vea y lo vea, no puedo retener el momento en que inició su luz, e igual no podré en la tarde anclar su iluminación a un rincón de mi cielo, porque se irá aunque yo no sepa exactamente cuando, ni cómo.

Entonces decido ir a por él, aún sin saber que ocurrirá en el resto de sus horas, sin saber exactamente cuando se acaba, así como cuando llega el sueño a nuestros ojos y no sabemos en que momento nos quedamos dormidos.

Y hay alguien más conmigo viendo esto… quizás haciéndose las mismas preguntas y observaciones que yo, o tal vez no.

Subiré entonces por estas escaleras, que tampoco tengo el control de donde terminan, como quizás todo en la vida.

Mientras, ella (la escalera) cambia ante mi, se diversifica, sus colores son otros, pero aún puedo subir por sus peldaños. Ante mis ojos, y no lo controlo. De eso también se trata la vida, de saber que el control no nos pertenece, aunque nos repitamos todo el día que si.

Noviembre 22, 6:14 am

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