El día 23… le llaman Nociembre

Amanece borroso y son mis ojos…

Los que quizás enfocan defectuosamente el objetivo. Entonces replanteo mi mirada y termino dándole un poco de mayor objetividad al panorama.

Y resulta … que lo que estaba entre nieblas (en mis ojos) se vuelve un poco más claro, más nítido, más real y caminable.

Voy al encuentro del día, como si nunca nos hubiéramos despedido, como si el ayer que dolió o que no se dio, no hiciera ninguna marca reprochable en mi vida.

Me acerco como quien decide volver asistir a la fiesta de sorpresas, aunque nunca haya existido una que me diera alegría. Que regalarle el beneficio de la duda a que todo salga bien, también es válido.

El día está ahí, muy en su sitio, regio, inmutable, nada lo hace salir de lo que es, ni nadie interfiere con sus minutos. Los mortales nos volvemos locos con ellos, pero él, el está seguro.

No lo duda, me saluda… como si no tuviera nada que ver con mis emociones pasadas. Su apariencia no cambia, sigue siendo bello, quizás el más bello que pueda ver. Todo en su sitio, nubes en colores, sol por ascender, montañas quietas.

En esta oportunidad le llaman 23 y le apellidan Noviembre, lo que da un aire más solemne cuando lo nombro. Juega con los claros y oscuros a su antojo, me deslumbra como siempre y yo le creo. Por las horas que dura, me hace suya y luego se va hasta sin despedirse.

De largo alcance como sólo el tiene. Puede marcarme desde la superficie del suelo y hacer que me pierda hasta la más alta profundidad del cielo, todo está ahí y él me lo asoma. Y yo, como niña en mañana de navidad me emociono, para luego saber una y otra vez que no era el regalo mío, sino que era el de todos.

Hasta Luna que sonríe tímidamente por ahí, le hace una reverencia y aparta sus ojos de mi, aunque logro tomarla en un click, aunque sea un poco. ¿Quien se salva de reverenciarlo? si él se pasea como lo que es, el día. No hay otro, es el único que puedo tener ante mi, son sus horas las que respiran a mi costado y es la vida quien deja su sello y me recuerda que debo estar a su nivel, llamada a vivir.

Sol aún no sale, me deja esperando un poco más, dando chance a su amada Luna de dejarse ver un poco más, y a la vez aprovechando de algún manto gris que ofrecen las nubes.

Que lo tiene todo y el lo sabe. Eso que captura mi atención y me mantiene ahí al filo de su luz, de su paso y también de su propia oscuridad. Aunque a veces me pregunto si alguna vez me extrañará cuando no esté. Por supuesto que el calla, no da respuestas que le comprometan, ni que muestren identificación de sus sentimientos conmigo. Es el día, no necesita más.

Ya lo ojos más claros, y algo de lucidez puesta en el corazón, me hacen que le vea de lejos, que la distancia sea amiga y a la vez salvadora, de esas que te cuidan de los propios errores que estamos dispuestos a cometer cuando solo nos dejamos llevar por lo que sentimos.

Le llaman día, y le han puesto el mote de 24, su apellido Noviembre y son las 6:20 am, mientras dure.

2 comentarios en “El día 23… le llaman Nociembre

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