El camino… lo que se entrega ♥️

Regálame la ruta por donde andar, deja que mis huellas se queden con las tuyas, aunque el polvo del tiempo las cubra con urgencia.

Dame la oportunidad de recorrer el camino y te enseñaré hasta donde podemos llegar, aunque seas escéptico y no me creas.

Permite que mi mano se aferre a la tuya y que el frío no me hiele, vistamos del calor que da la compañía.

Comparte conmigo tu equipaje y quizás desecharemos juntos aquello que te pese, yo también quiero ir ligera se ataduras.

Concédeme la escucha y quizás te enteres realmente de cuanto te quiero, aunque de repente pienses que es el viento quien habla.

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Pero no, tú no eres la ruta, ni en ti están mis huellas; yo piso en secreto donde no se transita.

Llegar hasta el destino no es una opción que me ofrezcas, porque no existe lugar a donde ir conmigo.

Mi mano la has tenido como un saludo más, de muchas que has tocado mientras andas, por eso no la cubres de calor, no es tu idea.

Puedes darme tus cargas, que no son tales, tus caprichos y anhelos, son visibles, pero compartir de ti, es un riesgo que no corres.

Oírme no es tan Bueno, porque entonces sabrías realmente lo que siento, por eso es mejor mezclarnos con el ruido, para no entender nada.

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La vida que se entrega no se pide, los verbos que hablan de darse, son espontáneos, el destino al que se llega es porque has querido previamente caminarlo.➰

El tiempo… fiel a su esencia.

El tiempo,

El que se nombra mucho y entendemos poco.

Ese, ese pasará sin que puedas detenerlo, retrasarlo o cambiarlo.

Entonces valóralo, no lo pierdas, porque no volverá.

Aunque lo aprendas a usar o no, él seguirá su curso, sin perder “tiempo”.

Él es fiel a lo que es, por eso no se detendrá.

Si crees tener las manos llenas de él, no te confíes porque se pueden vaciar.

Noviembre y su días… control o no. 💭

Es normal que a veces comencemos, sin saber como termina.

Así nos ocurre cuando tomamos un camino sin destino previo, cuando decidimos amar a alguien sin que sea recíproco en el momento, cuando escribimos un libro y tenemos sólo la primera línea.

También ocurre como ahora, cuando el día ha comenzado y aunque lo veo “no lo veo”. Vuelve a amanecer tarde y para ver que lo azul sea azul, aún hay que tener paciencia, porque el traje oscuro es lo que está de moda hasta esta hora en la que casi el reloj marca las seis.

No sabemos como terminará y es que muchas veces no sabemos ni cómo hemos comenzado. Ubicar exactamente cuando nos nació el gusto por algo o también una aversión, muchas veces es tangible , pero otras tantas no.

La noche termina, y sabemos que es así. El reloj indica una hora específica desde que hemos visto salir el sol y subir hasta su aposento, pero quien puede decir exactamente cuando ocurre el inicio de esa incipiente claridad y cuando se apaga al final del día, si a veces parece que un rayo se luz “patalea” aún estando la noche proclamándose dueña de lo que vemos.

Somos dados al control y nos gusta saber como todo empieza y termina, porque eso nos mantiene con la sensación de que tenemos poder para hacer que todo resulte al dedillo de cómo queramos o de cambiarlo. Pero en el fondo, muy en el fondo sabemos que no controlamos nada

¿Acaso decides por quien tu corazón va a saltar? Le miras de frente un día y le ordenas “a partir de ahora cuando le veas, irás a un ritmo más rápido “. Simplemente no sucede así. Y tampoco cuando ya no puedes con ese ritmo de intensas carreras de corazón abierto, procedes a sentarlo y volverle a ordenar “ahora deja de inquietarte cuando le veas, le pienses, le sientas. ¡Nada! No sientas nada, desde este momento”.

No funciona así. No sabemos como inicia y nos sorprende quizás aún más cuando termina, porque decimos “cómo es posible que luego que me moria tanto tiempo por una persona, ahora es como si no existiera, pasó a hacer uno más de los -extras- del camino”. Y si bien es cierto que hay relaciones que se planifican y piensan sin tanto sobresalto inicial, y terminan durando el tiempo que la voluntad quiera, no es menos cierto que no pueden experimentar la maravilla de lo intenso que ocurre cuando no sabes o controlas cuando llega o se va.

El día ya está claro, y aunque lo vea y lo vea, no puedo retener el momento en que inició su luz, e igual no podré en la tarde anclar su iluminación a un rincón de mi cielo, porque se irá aunque yo no sepa exactamente cuando, ni cómo.

Entonces decido ir a por él, aún sin saber que ocurrirá en el resto de sus horas, sin saber exactamente cuando se acaba, así como cuando llega el sueño a nuestros ojos y no sabemos en que momento nos quedamos dormidos.

Y hay alguien más conmigo viendo esto… quizás haciéndose las mismas preguntas y observaciones que yo, o tal vez no.

Subiré entonces por estas escaleras, que tampoco tengo el control de donde terminan, como quizás todo en la vida.

Mientras, ella (la escalera) cambia ante mi, se diversifica, sus colores son otros, pero aún puedo subir por sus peldaños. Ante mis ojos, y no lo controlo. De eso también se trata la vida, de saber que el control no nos pertenece, aunque nos repitamos todo el día que si.

Noviembre 22, 6:14 am

Cambios… no siempre son como pensamos 💭

Hay días en que todo cambia.

Descubrimos que hasta el color del sol es diferente. Hasta que nos damos cuenta que lo estábamos viendo a través de un cristal que tenía papel ahumado.

Así ocurre con muchas de las cosas que apreciamos desde una posición sesgada. Cuando hay un prejuicio de por medio, en vano existe una mirada o una explicación, si todo se asume de antemano; aunque después tarde o temprano te des cuenta de que estabas errado.

El día sigue ahí, como para demostrar o poner al descubierto lo que en realidad significa ser objetivo y real en lo que vemos o en los pensamientos que concebimos.

A veces hay que “desnudar” realmente las situaciones o las personas para saber de que se trata

Noviembre enseñándome a través de un vidrio, que tanto uno puede llegar a equivocarse. Y eso es bueno, porque quien no ve su error, jamás podría salir de él.

Agradezco las veces que no me he ido “de las primeras ” cuando veo algo que me resulte raro, y por supuesto lamento las veces en que si, y la palabra sale fuera de tono o una actitud errada acompaña lo distorsionado de la percepción.

Noviembre 21, 12:07 pm

Puerta… la nuestra! 🚪

¿Quién tiene la llave de nuestra puerta?

¿Qué hay detrás de ella?

¿Le sigue un camino o un muro?

¿La quieres para abrirla o para cerrarla?

¿De madera, de hierro o de cristal?

¿Para ser tocada o timbrada?

¿Desde que lado la observas (adentro o afuera)?

A veces y hasta de forma irónica, nuestro corazón tiene una puerta.

Quizás una batiente, sin cerradura que separa de un ambiente a otro. Todos entran y salen, pero nadie se queda, porque es un medio para dividir espacios, no para hacerlos suyos.

Tal vez una de seguridad con tubos internos anclados a las paredes; pesadas y con un pequeño ojo visor para observar quién toca, antes de arriesgarnos a abrir. Su función es transmitir seguridad. Todos la quieren para protección, pero ninguno para diversión.

Podría ser una puerta uniforme, igual al resto en un recinto, de esas que todas se abren con una misma llave y sin hacer ningún esfuerzo. No es especial, porque no tiene porque serlo. Todos la prueban por la facilidad, abren y si les gusta el lugar pasan un momento y luego salen, tanto o más como quien decidió no entrar.

O más bien puede ser una enorme puerta de cedro, dura, fuerte, imponente, sin poder abrirse por lo pesada. Justo en el centro una abertura por la que se puede entrar haciendo haciendo algo de esfuerzo. Todos se intimidan al verle, pero el más osado descubre cómo llegar a su compartimento secreto.

Alguna puerta estará muy frágil, quizás después de una tormenta, incendio o inundación y cualquier cosa que ocurra termine de derrumbarla, dejando al descubierto el espacio que protegía. Todos se conduelen al verle, pero nadie quiere quedarse sosteniendo algo que está por caerse.

Puertas de cristales, delicadas y peligrosas. Transparente en toda su extensión; es fácil ver el interior y más aún divisar si algo la empaña. Todos admiran su belleza y elegancia, pero pocos o casi nadie querrá estar detrás de una que lejos de protegerle, le deja expuesto.

Es así, que hay muchos diferentes tipos de puertas o defensas que usamos cuando hemos entendido de forma consciente que sentimos algo y eso puede hacernos vulnerables.

Algunas veces nos permitirán entrar otras sólo correremos desesperados hacia la salida.

Unas serán cerradas delicadamente y otras cerrarán de un portazo que casi nos dejará sordos.

Lo que si es cierto, es que se puede abrir si nos atrevemos a llamar o nos quedaremos atrapados si no conocemos al que tiene la llave.

Las puertas pueden llevarnos a oportunidades o castigos, dependiendo de la construcción que hayamos hecho.

Mi puerta está ahí, tú lo sabes…

pero ahora debo dejarlo hasta aquí , porque alguien está ahí, tocando, así que debo atender.

Horizonte… que se ve? 👀

El horizonte cambia de acuerdo a la luz que exista

Cuando estamos parados en la sombra y la oscuridad abraza nuestro camino, mirar el horizonte y su luz, es algo que parece inalcanzable, lejano para nosotros. Se convierte en la utopía diaria, ese sueño al que queremos llegar y no podemos.

Pero este tipo de horizonte siempre ocurre. Cuando el día no despunta y todavía la noche deja sus huellas, aunque vaya de salida; nos toca observar desde el lado de la penumbra.

Y esa es una oscuridad que podemos manejar, sin que necesariamente venga una obsesión por la luz. Es un tiempo natural, para estar a ojos cerrados o ventanas bajas.

En la vida no siempre estamos en la cúspide, ni trepamos todo el tiempo sobre la cresta de la ola . Hay pedazos del camino en los que nos metemos a alguna cueva o la subida de la montaña requiere de una carpa improvisada para hacer descansar a nuestro agotado cuerpo. En esos momentos el horizonte pareciera lo más difícil de alcanzar, pero se llega.

Esa línea que vemos brillante, mientras estamos sin luz, también cambia.

La claridad pone al descubierto aquello que simplemente no podíamos ver.

El día rasga el telón oscuro de la noche y de forma lenta o sin apuro va incorporando destellos de luz, lo que hace que el horizonte vaya tomando algún otro color.

Cuando empezamos a despejar nuestros ojos de todo lo nublado que por tiempo impedía que nuestra mirada fuera clara, comenzamos a cambiar.

Quizás por mucho tiempo has estado sumergidos en lo oscuro: lamentando algo que se volvió imposible, un propósito no cumplido, una realidad que se hizo cada vez más distinta a lo que esperabas. El amor se fue o más bien no llego a tu puerta, aún cuando dibujaste todo el camino hasta tu corazón, no pasó. Puede que esas sean tus noches y las mías.

Pero como todo tiempo, tiene una duración y también pasa o se va: así también nuestros lapsos oscuros o de confusión.

La luz llega y lo que nos parecía idílicamente bello y Perfecto, y por eso inalcanzable, es puesto ante nuestros ojos como lo que es… un horizonte que puede ser alcanzado, que presenta fallos y errores, un horizonte que quizás no nos impresione tanto como pensábamos.

Cuando el horizonte se aclara, logramos ver cosas que estaban más allá de nuestras propias retinas. Se descubre un mundo inexplorado que no estaba limitado, solo que desde lo oscuro no alcanzábamos a ver.

Así mismo, nos descubrimos un día tocando el horizonte y convenciéndonos que eso no lo es todo. Qué hay mucho más allá de lo que simplemente la extensión de nuestras manos podían darnos a tocar.

Comprendemos que somos capaces de ir más lejos de lo que creíamos, de que el horizontes, ese, no era el límite; sino que el límite lo habían puesto nuestros ojos.

El horizonte cambia y se siente más cercano, cuando nos deslastramos de todo eso que no nos deja ver más allá de nosotros mismos.

Lo bueno de estar del lado oscuro o de la sombra, es que en algún momento podremos movernos de ella, porque aunque muchas veces pensemos que no, también acaba. Por razones hasta obvias que no llegamos ni siquiera a entender, nuestro pensamiento se aclara y empezamos a colocar todo en su lugar.

Y lo mejor es que también ubicamos cuál es nuestro verdadero lugar. Ya en ese punto, el horizonte vendrá a nosotros sin tener que solo correr hacia él.

Noviembre 20, 6:10 am

Jugamos a despertarnos… y nos quedamos dormidos

Despertar no solo significa abrir los ojos, sino más bien estar consciente de que la vida nos roza, nos invade, nos contiene.

Hay amaneceres que tienen cara de sueño, de quedarse dormido, de solo intentar abrir los ojos como un juego. Y resulta que la vida es más que eso, que un simple juego.

Así empezamos los días, haciéndolo como por salir del paso, por que al fin y al cabo es un juego. Nada serio o importante viene en las horas, porque insistimos en seguir “jugando”.

Despertamos pero nos quedamos dormidos.

Por eso la claridad algunas veces nos sorprende, invade nuestra pupilas perezosas quienes arremeten con rabia ante quien le interrumpe el letargo; entonces el juego ya no lo parece tanto.

La realidad nos golpea el rostro mientras el día va avanzando, porque sus horas no conocen de intentos fallidos y de juegos o simulacros. La vida viene con todos sus matices y quien está dormido, simplemente los pierde.

No se trata de ir con la crudeza a flor de piel, y de arrancar los sueños de la esfera que tengamos, es más bien darnos cuenta que la vida, la real no es un juego arreglado en la que el marcador siempre estará a nuestro favor. Es más bien una experiencia en la que se pondrán al relieve nuestras limitaciones y seremos fuertes en la medida que vayamos aprendiendo a manejarlas o simplemente las aceptemos.

Necesitamos estar despiertos para darle cumplimiento a los sueños.

Porque nadie está exento de problemas, luchas, enfermedades y decepciones, pero quedarnos escondidos pretendiendo jugar a que no amanece, no resolverá ninguno de ellos. Nadie tiene que salir a luchar con monstruos si no quiere, pero tampoco está obligado a enrollarse con ellos bajo las sábanas y dejarse tragar poco a poquito.

Todo cielo tiene una gran porción de espacio grises, oscuros y con lluvias y no por eso el sol deja de engalanarlo de forma espectacular un sinfín de veces.

Despertar es darnos cuenta que estamos vivos. aún en la circunstancia que atravesemos: porque puede que la abundancia nos haga olvidar el padecimiento de otro y la posibilidad de caída que todos tenemos: pero también la escasez puede hacernos pasar por alto que, quienes somos y la alegría no se ancla solo en las cosas que tenemos. En esa posición infernal, es fácil por alto las cuerdas de rescate que tengamos a nuestro paso, y como ciegos dejar de tomarlas.

Jugar y soñar es bueno, despertar y construir realidades, mejor.

Noviembre 19, 9:02 am

Ayer y hoy… pasa y cambia

Ayer, al final del día el cielo se encendió de tal manera que parecía una hoguera ardiendo en medio de la noche.

Hoy, al comienzo del día todo es muy gris. Podría decirse que así se describirían los días de los funerales.

El día cambia de un extremo a otro en tan solo doce horas.

Ese es el riesgo que toman los que se atreven a seguir adelante. Tarde o temprano algo (o todo) va a cambiar.

Hay quien decide quedarse inmóvil por la comodidad de no someterse a ninguna variación, y lo que obtiene es que con el paso del tiempo y el entorno que si sigue su curso, el único que queda sumergido en ese pasado estático es quien se quedó ahí. Lo demás. incluyendo las personas experimentan cambios.

Este día que ahora está así, cubierto de nubes de colores oscuros, que no dejan ver el azul que se presume en algún lado; lo más probable es que en una horas, cambie por completo.

Así también quizás toda nuestra vida, como un solo día en el que desde su inicio hasta su final ocurren muchas cosas y los escenarios cambian. Resistirnos a ello, lastima.

Empezamos no teniendo control de nada, luego pasamos a un tiempo en el que creemos que si controlamos, para volver al final del camino a entender que volvemos a no controlar nada.

Y quizás el que está ahora mismo en la etapa del control, de la fuerzas completas y la lucidez al cien por ciento, olvide con intención lo que no estaba en su poder cuando ni siquiera caminaba o era dependiente en todo, de quienes le cuidaban y por supuesto también obvia a conciencia, las etapas del porvenir en el que es probable que algo así le suceda.

En fin van tan solo minutos… y ya el panorama va cambiando. Como la vida, como todo, así nos quisiéramos quedarnos aferrados al momento, este pasa.

Noviembre 18, 6:38 am