Terquedad… sin opci贸n a cambios 馃檮

脡rase una vez un alma terca, que solo se invent贸 un camino por donde andar. Pasaron los d铆as, los meses y a帽os y se neg贸 a los cambios. Sus huellas eran las mismas, sus posibilidades fueron del tama帽o de lo limitado de su horizonte.

Estaba tan ensimismado en sus propios pensamientos, que no se dio cuenta de que el suelo comenz贸 a hundirse mientras iba de un lado a otro, sobre la misma superficie. No escuchaba las palabras de m谩s nadie, sus razones prevalec铆an sobre todo. No estaba interesado en conocer otra frontera que no fuese la de su comodidad.

En ella permaneci贸 como felino preso en una jaula peque帽a, que no se da cuenta cuando empiezan a sangrar sus cejas de tanto pegarlas con uno y otro de los barrotes. As铆 sigui贸, hundi茅ndose cada vez m谩s, y la oscuridad no fue vista por sus ojos, ya que se hab铆a negado a ver lo l铆mites del la luz en otros lados.

El abismo le esper贸 pacientemente, pero seguro. Sabia que quien no sale de sus propios pasos, tarde o temprano queda solo y es el momento ideal para que 茅l, se lo tragase. No qued贸 ni un hilo que lo conectara hacia afuera, fue tanta su terquedad que prefiri贸 ahogarse en s铆 mismo, que recibir como salvavidas la perspectiva de alguien m谩s.

La terquedad fabrica abismos, que luego sepultan a sus due帽os.

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