Máscaras o mascarillas… vida! ðŸ™ˆ

En estos días de reposo obligados para muchos y de quietud interrumpida para otros, abundan las mascarillas.

A tal punto de exaltación nos ha llevado el virus con pretensión de Rey (porque usa corona) que las fulanas mascarillas se han agotado en cualquier farmacia o droguería en que se quieran comprar y de conseguirlas los precios son exagerados.

Tales instrumentos de protección, son algo incomodos. Para quien no está acostumbrado, se puede llegar a sentir hasta con dificultad para respirar con libertad. Si eres mujer, ni se te ocurra pintar tus labios y ponerte eso, porque sería un tanto desastroso, casi al estilo Guasón. Con la mascarilla el rostro se tapa.

Del mismo modo, al observar esos tapabocas y su importante función para evitar contagios innecesarios, llego a pensar además que, muchos andan con máscaras permanentes y no les incomoda.

Fingir que somos alguien más, que estamos más arriba de lo que en realidad sabemos que estamos; pretender sonreír cuando no tenemos ni una pizca de alegría y más aún, acomodados en una perfección que estamos muy lejos ni siquiera de rozar, es llevar una máscara. Unas van tan cocidas a la piel, que casi nadie sabe cómo es la persona que las lleva en verdad. Es un maquillaje permanente.

Al final ambas cosas sirven para escondernos, para que exista una real dificultad en quien quiera “invadirnos” de alguna forma. Las gotas del virus no entran a nuestra mucosa de nariz y boca, porque chocan con la mascarilla; la real y genuina intención que tenga alguien en saber quien es ese que se esconde tras la máscara, también encontrará impedimento al chocar contra el muro de la apariencia.

Este virus en algún momento pasará, es la esperanza que todos tenemos. Y ya no será necesario el uso de tapabocas o mascarillas, pero me pregunto… ¿cuándo pasará la necesidad de llevar una máscara, para esconder nuestras realidades internas? Creo que en el fondo ese es un virus peor, el de la hipocresía y la actuación permanente; porque puede acabar con lo que realmente somos y convertirnos en alguien sin una identidad verdadera. Hacerse uno con la máscara, hace que nos perdamos a nosotros mismos, como la famosa peli que lleva ese nombre “La Máscara “.

Nada como respirar. Eso puede hacerlo quien ya no tiene el virus y sobre todo, quien no está atado a la mentira de aparentar.

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