Ya no soy la misma… nadie lo es 🌪☁️🌤

Hay caminos que surgen, donde no había nada y puertas que se abren aún en los muros.

A veces no se trata solo de andar sobre el agua, sino de saber a que puerto nos dirigimos; porque nadar sobre la nada, sólo puede conducirnos a una gran nada que todo lo abarque.

Ya no soy la misma. No tengo fuerzas para abrir caminos, pero mis pies van andando, por donde hay una leve esperanza que pueda haberlos; no tengo el martillo que pueda perforar la roca y permíteme atravesarla, pero si encuentro una manilla que sugiera una puerta, la voy a girar y sobre todo me voy a atrever a cruzarla.

Las respuestas no abundan en este tienpo, pero las preguntas han dejado de ser importantes. Quizás por eso, ya no soy la misma. La vuelta a casa es una odisea futura, pero el hogar está en el corazón de quienes amamos.

Las letras siguen siendo la mejor compañía, la gente, esa circunstancial que te utiliza, sólo sigue cumpliendo su papel, ese que me recuerda que nuestro bienestar (o malestar) no debe depender de ellos.

Y aparece una flor…. 😳

Y todo lo cambia. Se distrae la mirada y el alma, para volver al reconcilio con la belleza. Los imposibles se hacen pequeños ante la inmensidad de un pétalo, y la belleza que un simple click de cámara, no puede recoger.

Entonces todo cobra sentido, y se porque han salido a bailar nuevamente las palabras sobre esta superficie… porque es necesario dejar salir la voz que tengo dentro; porque de nada sirven los silencios sino edifican puentes mientras se hacen. Y aquí está el mío, aunque quizás ya no sea lo mismo.

El rendirse es una opción, pero no la que realmente vale. El amor vuelve a mecerse en su sillón, y me recuerda que no se ha ido, que solo dormitaba mientras me veía ir a tientas.

Ya se que el quedarme aquí, es transitorio; como lo es la vida, el amor y todo lo que hacemos los humanos. Lo que se escribe quedara para que alguien lo lea, o simplemente decida desecharlo y caigamos en el olvido necesario para que nuestro ego y orgullo no se hinchen, aún después de haber pisado la tumba en el cementerio.


No soy la misma, ya no...
Ya no cabalgo tras tu rastro,
buscando encontrarte en alguna parte del camino. Ya ni siquiera cabalgo.



Me hiciste comprender de todas las maneras, que no tenía sentido
Y creo que al final, termine entendiéndolo.



El agua tiene espacio si respetan su cauce, las flores tiene magia si hay ojos para verlas. Y tú ni eras cauce, ni ganas de mirar has tenido.



Ya no soy la misma, como tú tampoco lo eres, aunque te empeñes en seguir manteniendo, la pantomima de la vida. Arlequín con sonrisa pintada, y piernas frágiles que no llevan a ningún lado.



Danzando siempre entre lo que quieres hacer sentir y ni siquiera llegas a experimentarlo. No, ya no soy la misma, y era más bonito antes. Aunque dolía, dolía mucho y ese mismo dolor fue arando y haciendo grietas en lo que soy.



Por ahí se escurrió el agua del amor y quedó deshidratado, jadeante y moribundo; el corazón se arrugó presagiando la muerte de quién ya tenía años grandes.



Ya no soy la misma, aunque quisiera, pero el deseo de marcharse y estar en paz eterna, hace ver lo que sentí como algo muy breve y pequeño. Que pena ya no quererte, porque esa no soy yo, es otra.



Por eso ya no soy la misma, quizás con otro nombre, en otro espacio y otra tierra, pero cada vez que me encuentro con mis letras y te nombran, algo de mí (eso, lo mejor) resucita. Aunque ya, no sea la misma...

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