Quiero…

Hoy quiero disfrutar el día, con lo que trae y cada cosa que vea; la vida se trata del todo que nos convoca, no de acciones que eviten el dolor y hagan un ídolo de la alegría, que termina teniendo patas cortas. Un color puede tener muchos matices.

Ver el día, con cuidado… así tenga velocidad para correr, fuerza para caminar o entereza para sólo arrastrarme. Porque estemos claros, cada una de estas etapas, situaciones o destinos, tienen una belleza y dolor en sí misma. Porque nadie corre sin sudar , camina sin cansarse o se arrastra sin dejar parte de la piel sobre la superficie que lo hace.

Hoy quiero permitirme sentir la brisa, jugando con mis cabellos, aunque estos se alboroten y hagan nulos el tiempo invertido en peinarlos y dejen sin efecto la Keratina. Las flores están abriendo, y cerrando y lo hacen despacio, con la prisa de lo eterno y yo quiero hacer lo mismo.

Porque hay caminos con muchas salidas, pero cuando decidimos alguna de ellas, no hay otro camino que tomar, más que ese. Por eso, hoy quiero sentir mis pasos, que se escuchan haciendo una armonía sobre el pavimento: una percusión suave, con velocidad de “vida” porque la muerte cuando toma el escenario, su rastro es de duelo y los pasos son borrados.

Poder oír en medio del ruido el paso de los aviones, a los pájaros, es un milagro escondido en medio del caos. Un paseo rápido en medio de alas cortas o muy largas, pueden ser la diferencia cuando de no tocar el suelo se trata. Replantearme la vida y no dejar que pase como algo que se evita, eso quiero.

Quiero


Mirar, aunque tenga los ojos cerrados, hacerlo sin juicio y un poco más allá de donde el solo horizonte me permite.

Sentir las texturas sin tildarlas de suaves o duras, sino experimentar la diferencia y saber que mis manos tienen el privilegio de tocarlas.

Llegar a saborear como exquisitos lo que se prueba a diario, como cotidiano y descubrir en ello hay gusto que no se había experimentado. Que la sal y lo dulce hacen un festín en las papilas dispuestas, llegando a construir recuerdos en quien se lo permite.

Escuchar la voz, de los que resulten hasta impertinentes, absurdos e ilógicos; porque al darnos la oportunidad de hacerlo, descubrimos un mundo escondido en el otro. Detesto los oídos ofensivos porque son lo hermanos del ego, que grita en cada palabra que es “ofendido” sino termina siendo el centro de todo.


Quiero
No detenerme en si estás cerca o lejos
Solo quiero darme el permiso de estar yo,
Porque al fin y al cabo es lo único que puedo decidir.

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