Estados de WhatsApp’s… Ser o no ser… 😳

A veces no hay mejor forma de “pensar en voz alta” que a t aves de un -estado- o story…

Nos empeñamos en hacer y hacer; sin muchas veces saber ¿para qué o quién? ¿Porqué o hacia dónde? Simplemente hacemos, para sentir y justificar ante otros, que “estamos haciendo algo”.

¿Eso que deja? frustración, incomodidad, agotamiento… ¿porqué? Porque el reconocimiento no llega, porque no salió como esperabas, porque el cansancio llegó para quedarse.

No se puede Ser, sin que eso traiga consigo un hacer. Los frutos son evidentes. Las mandarina (o la fruta que más te guste) no viene antes de que exista el árbol o planta que la produce.

De esa misma manera no somos lo que hacemos, hacemos porque somos. Y hay un camino de incoherencia recorrido, cuando nos empeñamos en decir que somos esto o aquello y lo que hacemos dista mucho de ello.

He decidido ser, y encontrarme conmigo misma en el hacer del ser…

Y tú, como la llevas? Empeñado en hacer? O por otro lado solo obstinado en ser? Pero el equilibrio habla de que este último debe ir acompañado del primero.

Crónicas del Trasmi 1… observación 👀 🚍

En medio de esta ciudad gótica, que se ha vuelto un caos debido a las manifestaciones del paro y todo una serie de sucesos que me recuerdan lo que viví al otro lado de esta misma frontera, hay una “marea roja” que permite el traslado de las personas comunes y de los que no circulan en sus vehículos los días qué hay pico y placa.

El Trasmilenio va por todos lado y corta la ciudad en cualquier cantidad de pedazos, conectándolos entre sí. Cuando el tráfico se para por las trancas normales en una autopista por la cual no puedes ir a más de 50km p/h (what???), la marea roja avanza y permite que la ciudad no se quede inmóvil. Pero, al momento de ser afectada por cualquiera de las manifestaciones, el servicio se suspende y empieza el calvario para sus usuarios, a los cuales les toca caminar a veces 3 horas para llegar a su destino.

Al margen de los beneficios y tinte social que pueda tener este colectivo y el tema relacionado con los hechos que ocurren en este país tricolor sin Estrellas, lo que más me gusta de poder usar este medio de transporte, es la gente. Soy observadora por naturaleza, y de ahí la capacidad para crear historias escritas y la mayoría de las veces en mi mente.

Y es que luego de pasar casi un año usando sólo taxis, para evitar contagio del COVID, que ya me dió y fue realmente malo, y sumando las dosis de las vacunas puestas, que supuestamente dan inmunidad, he vuelto a la experiencia de andar en el Trasmi. He aprendido a tomar los que tienen rutas específicas, pasando por pocas estaciones, hasta llegar a mi destino. Me ha costado algunas angustias, el sentirme perdida, el no conseguir quien te de una respuesta certera, y sobre todo me ha servido para “observar”. El sentirme sola en medio de tanta gente, me ha llevado a prestar atención a los detalles, para no perder tiempo estando parada donde no es y definiendo realmente cuál vía quiero tomar. Suena fácil decirlo, pero un “pelito” más complicado hacerlo.

Los cierto es, que lo que a simple vista podría ser lo más desagradable, se convierte en una gran oportunidad para mi. Porque en medio de esa masa de gente que se mueve con diferentes destinos, hay muchas vidas contando una historia que muchas veces ni ellos mismos saben que la quieren contar.

Lo normal es que cada uno vaya protegido con el muro que se levanta al sacar su dispositivo móvil, y fijar toda su atención allí. Y este es un fenómeno que no entiendo mucho, porque las noticias reportan que cada minuto son robados unos miles de teléfonos celulares, pero en ningún caso las personas dejan de usarlo en medio del transporte público. Hay de todos tamaños, colores y precios. Cosa que me pregunto menudo es, como alguien con un aparato de ese perfil, viaja en transporte público? Eso me recuerda a los tiempos en que veía en mi país ranchos con parabólicas.

Todos van como diciendo “no me importa la que pase fuera de mi”. No me veas, no me hables, respeta mi espacio (y no por el COVID). Nuestra capacidad de evasión se ha desarrollado exponencialmente con el uso de la tecnología. Y me incluyo allí, porque déjame en una isla desierta con un móvil y wifi, y puede que no me de cuenta que faltan humanos a mi alrededor 😔. Nos llama más la atención ver la vida “perfecta” de gente que no conocemos ni veremos jamás en persona, que darnos cuenta de la necesidad del prójimo que viaja al lado. Eso ocurre a veces con los que acompañan en el transporte público (y nos parece normal que nos distanciemos porque no los conocemos), y otras con respecto a los mismos que son parte de nuestra vida y ahí, si rodamos.

Siento muchas emociones mientras voy sentadas o de pie, los 20 o 25 minutos que tarda este gusano rojo en llevarme de la 134 a la 45. Y digo gusano, no a modo despectivo, sino porque son como varios autobuses juntos, unidos por una suerte de acordeon, que permite que su viaje sobre el pavimento tenga ese movimiento que tienen los invertebrados.

Pero lo más interesante, son las historias que escucho y observo. Es el escenario perfecto para ventas comerciales, conciertos “unplugged”, y ver la necesidad en cada rostro que sube con la intención de levantarse unos pesos, para comer, para sostener a una familia, o simplemente para proveerse del vició que tiene. Todo es válido en el Trasmi. Y justo son esos personajes los que me sacuden, entonces creo que vale la pena hablar de ello.

Escribir de lo que siento y pienso, cuando una madre se sube con un chiquitito a vender “cauchitos” para el pelo, mientras el nene no encuentra de dónde agarrarse para no caerse, conmueve. Me han dicho que soy un poco tonta, con respecto a estas realidades, que muchas veces son falsas, que no crea todo lo que vea… pero al margen de la verdad o la mentira, siempre me pregunto ¿qué decisiones tomó esa persona en un momento, que la llevaron a todo esto? Y me digo con certeza…. Yo también podría estar allí.

Entre una lágrima, sonrisa y hasta admiración que algunos me provocan, iré contando lo que ocurre de ida o vuelta, entre los paréntesis rojos de mi día.

Ayer me sorprendió ver una pareja relativamente joven. Él, con cara de vicio sin atención, en quizás una crisis de abstinencia, ella como ausente en medio de tanta gente y en el coche una criatura que no tiene idea de lo que ocurre. Ellos estaban a la entrada de la estación de Alcalá, justo antes del dispositivo donde se coloca la tarjeta y el contador de personas baja, dándote acceso por que has pagado. Ellos querían pasar, entre una persona y otra, lanzar el coche y lograr burlar el dispositivo, sin tener que pasar por el lector de pago. No se si por falta de dinero solamente, o por la adrenalina que produce violar la norma. Y la policía estaba allí, al lado de los dispositivos.

¿Qué ocurre en el ser humano cuando pasa esto? Yo me quede algo como paralizada al ver al hombre casi que empujando el coche para mantener el detector bajo mientras yo pasaba, para que así ellos pudieran ingresar, aprovechando mi salida. No importa el riesgo, no es suficiente la policía.. no importa nada? Será, porque ya no hay nada que perder?

Fue todo tan rápido que no alcancé a tomar una fotografía de ellos, pero se me subió una sensación como de angustia al pecho. ¿Cómo sería esa historia que produjo ese bebé en el coche? estarán conscientes de lo que significa criar a un hijo? Pensé en los míos, en los tres… y el corazón se me arrugó.

Allí, en esa entrada, quedaban esas tres vidas. No pude alcanzar a mirar luego si lograron pasar o no, solo se que así como se veía oscura la entrada mientras yo subía a la rampa que me conectaba con la vía, de esa misma forma oscura se mostraban sus vidas. N

Que a veces no se trata de los gobiernos, que la entable mente en su mayoría que todos fueron entrenados para ser indiferentes y malos con los ciudadano (y no digo todos porque tengo esperanza de que no sea así). Se trata más bien de cada uno, de lo que hacemos o dejamos de hacer. Hay ocasiones en que las personas sienten alivio solo con ser escuchadas, y si a eso le añades u pan para su estómago puedes convertirte en un verdadero milagro.


A veces solo toca ayudar, sin preguntar
Amar sin esperar,
Saciar el hambre sin que haya gratitud
Extender una mano, aunque para eso
Nos tengamos que agachar.

Es mi intención compartir lo que veo; lo que hago como una gota de agua en medio de un desierto de dolor, no. Porque no se trata, de lo bueno que yo pueda hacer (que casi nunca es de verdad), sino de visibilizar para mi misma, lo que ocurre a mi alrededor, de las historias agradables o no con que me puedo topar, y sobre todo de un despertar. Despertar a ser humano, que a veces en definitiva es lo más difícil que podemos aspirar.

Ciudad Gótica, Junio 13; 2021 8:47 am

Quiero…

Hoy quiero disfrutar el día, con lo que trae y cada cosa que vea; la vida se trata del todo que nos convoca, no de acciones que eviten el dolor y hagan un ídolo de la alegría, que termina teniendo patas cortas. Un color puede tener muchos matices.

Ver el día, con cuidado… así tenga velocidad para correr, fuerza para caminar o entereza para sólo arrastrarme. Porque estemos claros, cada una de estas etapas, situaciones o destinos, tienen una belleza y dolor en sí misma. Porque nadie corre sin sudar , camina sin cansarse o se arrastra sin dejar parte de la piel sobre la superficie que lo hace.

Hoy quiero permitirme sentir la brisa, jugando con mis cabellos, aunque estos se alboroten y hagan nulos el tiempo invertido en peinarlos y dejen sin efecto la Keratina. Las flores están abriendo, y cerrando y lo hacen despacio, con la prisa de lo eterno y yo quiero hacer lo mismo.

Porque hay caminos con muchas salidas, pero cuando decidimos alguna de ellas, no hay otro camino que tomar, más que ese. Por eso, hoy quiero sentir mis pasos, que se escuchan haciendo una armonía sobre el pavimento: una percusión suave, con velocidad de “vida” porque la muerte cuando toma el escenario, su rastro es de duelo y los pasos son borrados.

Poder oír en medio del ruido el paso de los aviones, a los pájaros, es un milagro escondido en medio del caos. Un paseo rápido en medio de alas cortas o muy largas, pueden ser la diferencia cuando de no tocar el suelo se trata. Replantearme la vida y no dejar que pase como algo que se evita, eso quiero.

Quiero


Mirar, aunque tenga los ojos cerrados, hacerlo sin juicio y un poco más allá de donde el solo horizonte me permite.

Sentir las texturas sin tildarlas de suaves o duras, sino experimentar la diferencia y saber que mis manos tienen el privilegio de tocarlas.

Llegar a saborear como exquisitos lo que se prueba a diario, como cotidiano y descubrir en ello hay gusto que no se había experimentado. Que la sal y lo dulce hacen un festín en las papilas dispuestas, llegando a construir recuerdos en quien se lo permite.

Escuchar la voz, de los que resulten hasta impertinentes, absurdos e ilógicos; porque al darnos la oportunidad de hacerlo, descubrimos un mundo escondido en el otro. Detesto los oídos ofensivos porque son lo hermanos del ego, que grita en cada palabra que es “ofendido” sino termina siendo el centro de todo.


Quiero
No detenerme en si estás cerca o lejos
Solo quiero darme el permiso de estar yo,
Porque al fin y al cabo es lo único que puedo decidir.

Decir Adiós… como es? 😞👋🏽

Decir adiós, es como saber que aunque tengas sed, nunca más vas a probar del líquido que te saciaba, o al menos eso creías. Se volverá medio vacío el vaso, que jamás estuvo lleno, pero que te empeñabas en ver con alguna porción que satisfacía, aunque fuera una simple gota que se secara en el camino.

Decir adiós, no es sólo batir la mano en señal de despedida, es más mover al corazón hacia el camino del olvido. Quizás muchas veces lo intentaste con fracasos, pero llegas al momento en que el propio adiós se presenta como la única opción viable para tu estabilidad, auto cuidado y hasta supervivencia. Lo tóxico, lo que hace daño, trae en sí mismo el regalo del adiós, basta que te atrevas a desempacar ese presente, te apropies de él y lo disfrutes.

Decir adiós duele… innegablemente, pero es que se dice adiós, sólo a aquello a lo que se le dio bienvenida y entonces pasó a formar parte de tu vida. Lo que no importa, simplemente entra y sale sin pena, ni gloria. Si no te duele decir adiós, es que en realidad no hubo nada por lo cual quedarse, por tanto aunque quizás pasaron años, no estabas. Duele, porque hay una herida terrible, unas preguntas cuyas respuestas perforan el sentimiento un vacío que ya lo abarca todo. Pero es menos doloroso decir adiós, que quedarse en la nada.

Decir adiós, puede ser terapéutico, te da el espacio para encontrarte contigo, con ese ser que quizás perdiste por estar a la sombra de alguien más, creyendo que ahí estaba la felicidad, la validación y tu propia estima. ¡Y al fin te das cuenta de que no es así! Por otro lado, hay adioses que se imponen y no opera la voluntad de ninguno en ellos, allí sólo podemos ser consolados por el tiempo vivido o disfrutando juntos; toca aprender a vivir nuevamente, en otro escenario, y asumirse a sí mismo, como la compañía inevitable.

Decir adiós, es necesario cuando estás haciendo algo que no te gusta, que no se parece a lo que eres y mucho menos a lo que quieres. Ahí, el dinero que consigues no es suficiente y puede asustar lo que traiga el quedarse “en el aire “ pero ese trabajo que no te llena, es solamente una tortura lenta, de cuyo verdugo recibes un salario. El tiempo invertido en ese desastre, no tiene precio y además es irreversible; por tanto valora tu vida, tu tiempo y no te marchites en medio de una actividad que no te permite crecer como ser humano o que degrada Justo en lo que has logrado acumular como parte de tu vida integral, con mucho esfuerzo.

Decir adiós es un riesgo; riesgo de que salga bien o salga mal. De que el arrepentimiento llegue, aún cuando no lo quieras y temas haber perdido hasta aquello que te hacía daño. Pero quién no asume riesgos no podrá escribir una historia, y se conformará con leer la de los otros. Ten valor y toma tu propio boli para escribir la tuya, no te sigas conformando con vivir a medias por no decir adiós y el temor que eso te impone. Salir o dejar ir, a veces es la única muestra de amor que puedes darle a una etapa, una persona o a ti mismo.

Ánimo que si se puede decir adiós, te lo cuenta alguien a quien nunca le han gustado las despedidas… pero es peor permanecer en compañía de lo que no es, de lo absurdo, de lo que inevitablemente te roba lo que eres.


Decirte adiós es lo que tengo,
para mantenerme viva,
para dejar de ser una sombra
que te acompaña sin condición
Aún sintiéndome sola.

Y el adiós es bueno, porque nos separa,
más que tú, cuando me olvidabas,
más definitivo que yo,
cuando sentía tu desprecio
Por eso este es el mejor momento, para decir adiós.

Quizás ni lo notes, como siempte
pero si alguna vez lo sientes,
ya habrá sucedido, el adiós es inminente
Para quién ha estado ausente, es normal, para mi es solo definitivo.

Decirte adiós desde el alma,
es reírme del dolor que me causas,
dejar atrás las cicatriz de tu herida
olvidarme de una vez, de tu bombre
y no sentirte ya más dueño de mis insomnios.

No recordarte, no pensarte,
no esperar que algún día aparezcas,
es la mejor manera de decirte adiós,
aunque las dudas a veces me griten que, no se si pueda.

Ya no soy la misma… nadie lo es 🌪☁️🌤

Hay caminos que surgen, donde no había nada y puertas que se abren aún en los muros.

A veces no se trata solo de andar sobre el agua, sino de saber a que puerto nos dirigimos; porque nadar sobre la nada, sólo puede conducirnos a una gran nada que todo lo abarque.

Ya no soy la misma. No tengo fuerzas para abrir caminos, pero mis pies van andando, por donde hay una leve esperanza que pueda haberlos; no tengo el martillo que pueda perforar la roca y permíteme atravesarla, pero si encuentro una manilla que sugiera una puerta, la voy a girar y sobre todo me voy a atrever a cruzarla.

Las respuestas no abundan en este tienpo, pero las preguntas han dejado de ser importantes. Quizás por eso, ya no soy la misma. La vuelta a casa es una odisea futura, pero el hogar está en el corazón de quienes amamos.

Las letras siguen siendo la mejor compañía, la gente, esa circunstancial que te utiliza, sólo sigue cumpliendo su papel, ese que me recuerda que nuestro bienestar (o malestar) no debe depender de ellos.

Y aparece una flor…. 😳

Y todo lo cambia. Se distrae la mirada y el alma, para volver al reconcilio con la belleza. Los imposibles se hacen pequeños ante la inmensidad de un pétalo, y la belleza que un simple click de cámara, no puede recoger.

Entonces todo cobra sentido, y se porque han salido a bailar nuevamente las palabras sobre esta superficie… porque es necesario dejar salir la voz que tengo dentro; porque de nada sirven los silencios sino edifican puentes mientras se hacen. Y aquí está el mío, aunque quizás ya no sea lo mismo.

El rendirse es una opción, pero no la que realmente vale. El amor vuelve a mecerse en su sillón, y me recuerda que no se ha ido, que solo dormitaba mientras me veía ir a tientas.

Ya se que el quedarme aquí, es transitorio; como lo es la vida, el amor y todo lo que hacemos los humanos. Lo que se escribe quedara para que alguien lo lea, o simplemente decida desecharlo y caigamos en el olvido necesario para que nuestro ego y orgullo no se hinchen, aún después de haber pisado la tumba en el cementerio.


No soy la misma, ya no...
Ya no cabalgo tras tu rastro,
buscando encontrarte en alguna parte del camino. Ya ni siquiera cabalgo.



Me hiciste comprender de todas las maneras, que no tenía sentido
Y creo que al final, termine entendiéndolo.



El agua tiene espacio si respetan su cauce, las flores tiene magia si hay ojos para verlas. Y tú ni eras cauce, ni ganas de mirar has tenido.



Ya no soy la misma, como tú tampoco lo eres, aunque te empeñes en seguir manteniendo, la pantomima de la vida. Arlequín con sonrisa pintada, y piernas frágiles que no llevan a ningún lado.



Danzando siempre entre lo que quieres hacer sentir y ni siquiera llegas a experimentarlo. No, ya no soy la misma, y era más bonito antes. Aunque dolía, dolía mucho y ese mismo dolor fue arando y haciendo grietas en lo que soy.



Por ahí se escurrió el agua del amor y quedó deshidratado, jadeante y moribundo; el corazón se arrugó presagiando la muerte de quién ya tenía años grandes.



Ya no soy la misma, aunque quisiera, pero el deseo de marcharse y estar en paz eterna, hace ver lo que sentí como algo muy breve y pequeño. Que pena ya no quererte, porque esa no soy yo, es otra.



Por eso ya no soy la misma, quizás con otro nombre, en otro espacio y otra tierra, pero cada vez que me encuentro con mis letras y te nombran, algo de mí (eso, lo mejor) resucita. Aunque ya, no sea la misma...

Escribir… solo eso 🗒

Hay “clichés “ que se escuchan a menudo acerca de lo que se hace y lo que se ama. Se dice que somos más felices cuando amamos lo que hacemos… y me pregunto ¿acaso se trata de “hacer”?

Escribir para mi, nunca ha sido fácil. Las circunstancias siempre han sido adversas, y caben esos terribles absolutos en este corto párrafo. El ambiente no ha sido el propicio, el tiempo menos; pero simplemente soy letra, que algunas veces puede ser publicada y otras no.

Escribir en el tráfico, yendo de pasajera o manejando (al punto de tener que parar el auto), escribir debajo de una escalera porque está lloviendo, escribir desde el baño porque parecía que era el lugar donde se tenía alguna privacidad para hacerlo, hasta que el mundo y sus reclamos te sacaban de la magia.

Letras que agolpándose una tras otra, construyen una historia, un cuento, una versión de poesía incomprensible, una confesión que en ningún otro ámbito pudiera hacerse. Escribir… es una forma de vida.

Lo irónico es, que cuando uno piensa que las cosas están mal o que “hemos llegado al llegadero” (palabra propia del refrán pero que no existe), hay muy alta posibilidad de que el asunto pueda complicarse y ponerse peor.

En este momento, añoro los días complicados en que escribía corriendo, pero lo hacía. Venia a esta ventana y me tomaba un respiro… me reconciliaba con la vida. porque hay cosas que solo se decirlas, escribiendo. Y es que todo está peor, pero en este momento, mío y de nadie más, las letras vuelven a hacerme sonreír.

No escribo, como dije al principio de cuando comencé este atrevimiento (blog) hace algunos años, para dar respuestas, buscar seguidores furtivos, acaparar cometarios y sumar me gustan (de textos que ni se leen). Escribo porque esta es quien soy… una pluma incesante aunque no llegue a tocar el papel (la historia, el sentimiento, lo que ocurre, está en mi mente); dedos temblorosos sobre un teclado, porque a veces las letras se plasman más lentas en físico que el cuento que ellas mismas echan dentro de mi.

No tiene explicación lógica, pero no escribo para llenar páginas o un libro, escribo para vaciar mi alma y poder continuar, recibiendo nuevas letras. Producto de eso hay libros que escribo y páginas se llenan, no al revés.

Sino lo hago, pues… simplemente me marchito, como planta sin agua y flor sin rocío. Y duele, porque entonces, el amor a veces no encuentra por donde salir, y lo que me cuenta el día en cada paso queda sin registro y es injusto; porque el no hacerlo me hace sentir un zombie en tierra de nadie, donde la persona no importa y lo que es, menos. Solo sería un número más entre muchos insatisfechos y vacíos, que van y vienen, deambulando, en pro de conseguir recursos que nunca estarán completos.

Por eso estoy aquí, porque aquí pertenezco… y las letras me sonríen, están un poco arrugadas de tanto acumularse una sobre otra, apiñadas, como si fueran la mucha ropa en un pequeño equipaje, que está a reventar porque ya no tiene más capacidad para guardarlas. Así me siento.

Solo quiero escribir, o solo “soy” escribiendo. Por eso no puedo ser infiel a esto.

Soy letra, palabra, verso
Alma que cuenta lo que ocurre,
Texto inquieto, a veces lento
Confesión con comas y puntos.

Oraciones alborotadas que gritan,
Puntos suspensivos que se silencian
Cuando el único escape es,
La imaginación del que interpreta.

No hay aire, no hay sonrisa, ni lágrima
Sin letras el corazón tiene una deuda,
La menta se llena de preguntas
Y jamás habrá respuestas, sin letras.

Camino vacío, pentagrama sin notas,
Mano que no escribe, porque está muerta
Letra que se desliza y cae a tierra
Mensaje que no se comunica.

No puedo, no quiero, dejarlo es dejarme
Es necesaria una revolución adentro,
Cortar las cuerdas, romper cadenas
La vida es esta, y va pasando, sin escribir es fea.

Nadie podrá darnos, lo que nosotros mismos
Nos quitamos,
La lucha que no se hace, no trae recompensa
Las letras que no se escriben
Serán borradas del planeta. De nosotros.

Me conoces, por esto que está escrito,
Quizás tú puedes ver eso,
De lo que nadie se da cuenta
Las letras revelan, dan respuestas.

Sirven para decir adiós y pasar el dolor más grande,
Para entrar en la vida de alguien,
Con ellas puedo abrir el corazón
Decir lo que duele, es un espacio que acepta.

La censura nunca falta, los problemas se amontonan,
Las palabras escritas, me oxigenan
Vengo y respiro en cada letra
Tú las miras, sabes cuales te penetran.

El desorden, el caos, encuentra alivio
Mis pensamientos se ordenan, todo encuentra un sentido
Mientras sale cada letra
El universo se detiene, ellas se liberan, yo abro la puerta.

Por eso no más ausencia,
Voto por la vida,
Solo quiero escribir, porque
Aunque lo demás si cuenta, no es lo que me hace vivir.

Implacable… no hay otro nombre

La muerte es implacable, no se me ocurre otro adjetivo con que definirla.

Sus fauces rugen a lo largo de nuestra vida, y a veces creemos que la burlamos, pero ella solo sonríe cínicamente, consulta su agenda y piensa: —Todavía no me apetece que vengas conmigo, sólo paseo en tu entorno para que me tengas presente.

Implacable, ineludible, inesperada, pero con la mayor de las certezas de que en cualquier espacio de nuestra vida aparecerá.

Frente a ella no hay estado de salud que valga, sus formas de manifestarse son de las más versátiles y variopintas; no importa la edad, puede aceptar en su estadística a cualquier bebé o anciano, sin hacer distingo.

No se deja intimidar por las fiestas. El evento más alegre y digno de admiración, no hace desaparecer el lugar del funeral, el luto y el llanto que acompaña a todos aquellos que le reciben, por invitación, o por llegada forzosa de su parte.

La muerte es la máxima compañía desde el momento de nuestro nacimiento; la sentencia tácita que trae nuestro ser como un producto colocado en el estante de la vida, que viene con su fecha de caducidad en letritas pequeña que aprendemos a olvidar, como si eso rebajara nuestra consciencia de la temporalidad que nos toca.

Usa cualquier medio para manifestarse, desde grandes explosiones, hechos asombrosos en la propia naturaleza y hasta virus microscópicos que no podemos ni siquiera ver, pero cuando se cuelan en nuestro cuerpo, pone el espejo de su rostro frente a nosotros y los respiradores artificiales, lo confirman.

Se pasea en nuestras calles (las de todo el mundo) y no siente frío. El hambre no le ataca, sólo da pasos en medio de multitudes hoy recogidas, por miedo precisamente a ella misma. Acepta que se le llame por cualquier nombre… accidente, desgracia, infortunio, alivio. No le afecta que se le maldiga, y unos ni siquiera se atrevan a nombrarla como si no decirla, le aleja más de sus vidas.

La muerte, esa implacable es la muestra más fehaciente de que no está en nuestras manos el control, que no tenemos poder para diferirla, aunque muchos aún hoy, en medio de un alardeo absurdo, digan que si: cuando ni vacunas, ni protocolos, han impedido que se vaya, quien fue escogido para Morir. Es un recordatorio fatal, que no tenemos la capacidad de “auto ayudarnos “, porque ayuda sugiere que alguien más viene en nuestro auxilio, entonces pareciera que ambas palabras son excluyentes una de la otra.

Su alcance es tal que no duda en hacer que uno solo muera, pero también podrían ser miles, cientos y hasta millones. En su ajedrez, nada la restringe en el tablero, le da igual que sea peón o rey, su misión se cumple sobre ellos, sin oportunidad de escape.

Y nos aferramos a la vida, mientras ella, la muerte, implacable camina hacia nosotros, nos mira sin esquivos, sin que podamos hacer nada para sacarla del carril de nuestro propio tren.

A pesar de que es inevitable, hay quien tiene esperanza luego de su trance; otros tienen el orgullo de decir que nos les importa, aunque en el fondo mueren doblemente por el miedo.


La implacable, es su característica preferida,
no entiende de razones o argumentos,
no perdona al “indispensable”.

Le da igual el hombre abnegado de familia,
que el ausente que nunca se preocupó por sus hijos.

Viene por el que descubrió los más grandes hallazgos científicos,
y por el que nunca tuvo contacto con la escuela.

La que parió muchas veces y la estéril, comparten el mismo camino,
cuando se trata de irse de este mundo.

El que vive la vida entre risas y placeres,
con elogios que no faltan; títulos en las paredes y reconocimientos múltiples,
se encuentra igualmente en el cementerio
o cualquier otro escenario de ella,
tanto como el que no destacó en nada.

Ella mata, pero sus ejecutores son los mismos humanos.

Esa palabra que hirió hasta dentro,
Esa relación de la cual no pudiste zafarte
Esos “nuncas y jamases”, en que se convirtieron los días de la impotencia,
El vacío ese, que no consiguió ser llenado
La sonrisa ausente,
El dolor sangrante,
La vida rota, sin derecho a restaurarse.

A veces somos solo proclamadores de ella,
cuando nuestro interés es el que priva,
que nuestro pequeño castillo de naipes no se derrumbe,
y el egoísmo sólo se exhibe en nuestro modo de hacer las cosas.

Protegemos quienes somos,
la reputación, el que dirán, no porque nadie nos importe,
sino para creer que no tenemos cara de muerte,
cuando en verdad su olor está en nuestros propios huesos.

Llamamos a la vida, y empuñamos la espada del desprecio,
matamos a alguien que ignoramos,
ahogamos a otro que sentía,
lapidamos a ese que piensa distinto,
y jugamos a “desaparecer” todo aquello que estorba.➰


➰La muerte, es implacable... pero nosotros, a veces simplemente somos sus verdugos➰

Viendo el día… pienso 💭

Comienza el día, aunque alguno hoy no amaneció, por mi parte yo si; prueba de esto, el teclado produciendo caracteres en obediencia a mis dedos , y estos haciendo lo mismo con respecto a los comandos que dicta mi cerebro. Tengo vida, es una realidad y mucho más que un motivo plano para agradecer.

El taxímetro va marcando, mientras que el conductor sortea no muy diligentemente los atascos vehiculares, normales. Es una autopista, y no se puede ir a más de 60 kilómetros… que alguien me explique que es lo que esta errado, si el concepto de autopista o el marcador de velocidad de los vehículos.

Y miro al conductor…

Más de cincuenta, caucásico, diría más bien extremadamente blanco, de los que algún rayo de sol, les deja un color rojizo que manifiesta irritación. De manejo tranquilo, eso evidencia que su noche fue al menos normal. Nada de peleas, ni tragos en su haber. El tapabocas bien puesto, nariz y boca cubiertas y el mentón a salvo; eso me dice que piensa en el cuidado. Puede ser de esos que piensa en su familia.

No hay música en su radio, en lugar de eso, noticias. De esas que dicen cómo va el virus, que anuncian el “tercer pico”.

Mientras la ciudad sigue su rumbo, los puestos de comida en la calle despiertan, mucho antes de los negocios organizados, que pagan impuestos y contratan trabajadores formales. La informalidad les lleva un paso adelante. El empresario tiene horarios, la necesidad de la calle no.

Y los “Poli Malos” también están temprano, pareciera que es igual en todas partes, al menos en este lado del continente. Cada vez que alguien los ve, en lugar de sentir alivio, el estrés que produce el temor llega. Nadie quiere ganarse la lotería de un “antojo policial”. Aunque debo hacer la salvedad que: no todos son iguales, habrá quien si este ganado a la idea de servir al ciudadano y proteger la ciudad, pero como siempre, el mal proceder de uno echa a perder la reputación de otros.

Diferentes latitudes y mismas necesidades. El ser humano es igual, y en cualquier parte del mundo, se enferma. Nunca he pasado por aquí, sin que una larga “fila” no me haga pensar: —¿y que es lo que reparten aquí?. Luego recuerdo lo que me han dicho sobre la medicina prepagada y todo el bla, bla, bla del sistema de salud de este lugar. Al final del cuento, la gente padece y no hay quien supla sus necesidades de manera oportuna. Si estás enfermo y tienes que madrugar para obtener un médicamente luego de pasar horas en una fila… tú me dirás si eso es un sistema que funcione.

Y llego a mi destino, al lugar que me acapara por las próximas 12 horas. Aquí el tiempo se detiene, como este reloj que hace días está sin pilas, pero total, se que no me voy a ir, sin terminar lo que me toca. Así que le he dejado descansar de su carrera por un tiempo… al tiempo.

Hora de guardar los sueños… de saber que la vida es difícil y eso nos sirve para atesorar los buenos momentos que hemos tenido, y la esperanza por los que vendrán.

Marzo 25; 7:21 am

Palabras de la Calle 1… Refugio

REFUGIO: (según lo que encontramos en “San web “)

Lugar que sirve para protegerse de un peligro.”el territorio feudal tenía su centro en el castillo del señor, que era el refugio en caso de ataque por enemigos”

Andar por la calle, implica estar alerta, porque entre vehículos, motos y ciclas, puede ser una verdadera odisea. No es mucho lo queda para el peatón, Pero, nada como andar sin necesidad de ir manejando, para darse cuenta de las “Palabras de la Calle”.

Es por esto que estoy dejando que, literalmente, la ciudad me hable a través de las palabras que se entrecruzan con mis pasos.

Y uno de estos ejemplos, es este: sobre una de las principales arterias viales de la enorme Bogotá, encontré esta palabra que una y otra vez me ha “guiñado” un ojo, llamando mi atención, cada vez que paso frente a ella. ➰R E F U G I O

Refugio… se sugiere que es un lugar donde estas “a salvo”, unos brazos que te brindan seguridad, un techo que te salve de la intemperie, la lluvia fría y el sol que quema.

Hay personas que son “refugios “, que tienen una palabra o un silencio en el momento Justo, cuyas acciones nos animan porque nos recuerdan que les importamos.

Y ser refugiado es sinónimo de “haber perdido” cosas, seres, tierra. No estar en la cobertura acostumbrada y ser objeto de circunstancias que definitivamente no se pueden cambiar.

El que quiere ser refugio, lo primero que debe estar consciente de hacer es “recoger los pedazos”; ya que el que está huyendo o se quedó sin nada, económica o emocionalmente hablando, tiene como resultado un vacío que lo llena todo, un alma cuyas grietas escurren el sabor de las heridas, temores que invaden a menudo y dolor que recuerda de manera constante, que hay una fractura en algún lado.

Quién es refugio, no ofrece “curitas o banditas” sabe que un corazón roto o un alma hecha polvo, no necesita palabras fingidas, recetas hechas o discursos que son impracticables. Un árbol que ha sido talado no recuperará la vida porque se le peguen ramas y algún fruto, con el mejor de los pegamentos. Al final todo eso está muerto, y lo muerto, no produce vida. Quizás el refugio sea ese tiempo (muy largo, algunas veces) que necesitará ese mismo árbol, para que pueda echar algún brote.

También ocurre, que en algunas oportunidades nos equivocamos de refugios, y terminamos en cuevas oscuras y lúgubres, que si bien protegen de la inclemencia del tiempo, no ayudan para nada. Esas cuevas terminan siendo relaciones que lo más probable es que no sumen nada y lo absorban todo. Pero se está tan lastimado previamente, que una sonrisa fingida, cuatro palabras hechas y una mano que nunca se extiende, pero que se presenta como si lo hiciera, parecen la salvación o el refugio. Mentiras que nos contamos a nosotros mismos.

Las cuevas son la continuidad del desacierto. El ambiente es tóxico, casi no se puede respirar una sonrisa, y el argumento que nos llegamos a dar es “mejor esto que estar solo”, entonces ya no huiremos de nadie, sino que nuestro peor enemigo estará dentro, ahí en esas palabras o razonamientos que nos decimos y que atentan contra nosotros mismos.

Un refugio es paz, aunque no hayan recursos, amor aunque haya distancia geográfica, oído atento aunque siempre se repita el mismo cuento que duele. Un refugio, también te hace saber lo que no está bien, aún cuando lo parezca, pero aún así el abrazo no se condiciona y está disponible.

El refugio está lleno de gracia, de entrega, de amor profundo, porque quien asume ese rol maravilloso, lo elige, nadie se lo impone y ejercerlo se convierte en crecimiento y desarrollo de alma.

Estoy rota… bien rota, y he entendido que solo eras una cueva. Pero todo suma en el ancho camino de la vida. Esto me sirve , para querer ser refugio, y serlo desde el verdadero querer, y no desde la apariencia de un lugar vacío, queriendo llenar a otros.

Mis heridas sirven, el perderlo todo también: porque entonces lo que soy realmente sale a la superficie. Refugio para el que no tiene nada, Luz en el Camino, verdad en medio de tanta relatividad.

Agradezco entonces, a quien no ha sido un Refugio, porque me lleva a entender lo que si lo es. ➰Todo suma➰

Palabra de la Calle: Refugio

Techo sobre mis ojos 
Gran seguridad
Miedo que se esfuma,
Paz que llega.

Lugar para el hambriento,
Paredes que no atrapan
Socorro lento
Oportunidad rara.

Ojos que observan,
Oídos que escuchan,
Manos que tocan,
Soledad en despedida.

Ausencia de ausencias
Vida que invita
Calor en el frío,
Abismo lleno.