Escribir… solo eso 🗒

Hay “clichés “ que se escuchan a menudo acerca de lo que se hace y lo que se ama. Se dice que somos más felices cuando amamos lo que hacemos… y me pregunto ¿acaso se trata de “hacer”?

Escribir para mi, nunca ha sido fácil. Las circunstancias siempre han sido adversas, y caben esos terribles absolutos en este corto párrafo. El ambiente no ha sido el propicio, el tiempo menos; pero simplemente soy letra, que algunas veces puede ser publicada y otras no.

Escribir en el tráfico, yendo de pasajera o manejando (al punto de tener que parar el auto), escribir debajo de una escalera porque está lloviendo, escribir desde el baño porque parecía que era el lugar donde se tenía alguna privacidad para hacerlo, hasta que el mundo y sus reclamos te sacaban de la magia.

Letras que agolpándose una tras otra, construyen una historia, un cuento, una versión de poesía incomprensible, una confesión que en ningún otro ámbito pudiera hacerse. Escribir… es una forma de vida.

Lo irónico es, que cuando uno piensa que las cosas están mal o que “hemos llegado al llegadero” (palabra propia del refrán pero que no existe), hay muy alta posibilidad de que el asunto pueda complicarse y ponerse peor.

En este momento, añoro los días complicados en que escribía corriendo, pero lo hacía. Venia a esta ventana y me tomaba un respiro… me reconciliaba con la vida. porque hay cosas que solo se decirlas, escribiendo. Y es que todo está peor, pero en este momento, mío y de nadie más, las letras vuelven a hacerme sonreír.

No escribo, como dije al principio de cuando comencé este atrevimiento (blog) hace algunos años, para dar respuestas, buscar seguidores furtivos, acaparar cometarios y sumar me gustan (de textos que ni se leen). Escribo porque esta es quien soy… una pluma incesante aunque no llegue a tocar el papel (la historia, el sentimiento, lo que ocurre, está en mi mente); dedos temblorosos sobre un teclado, porque a veces las letras se plasman más lentas en físico que el cuento que ellas mismas echan dentro de mi.

No tiene explicación lógica, pero no escribo para llenar páginas o un libro, escribo para vaciar mi alma y poder continuar, recibiendo nuevas letras. Producto de eso hay libros que escribo y páginas se llenan, no al revés.

Sino lo hago, pues… simplemente me marchito, como planta sin agua y flor sin rocío. Y duele, porque entonces, el amor a veces no encuentra por donde salir, y lo que me cuenta el día en cada paso queda sin registro y es injusto; porque el no hacerlo me hace sentir un zombie en tierra de nadie, donde la persona no importa y lo que es, menos. Solo sería un número más entre muchos insatisfechos y vacíos, que van y vienen, deambulando, en pro de conseguir recursos que nunca estarán completos.

Por eso estoy aquí, porque aquí pertenezco… y las letras me sonríen, están un poco arrugadas de tanto acumularse una sobre otra, apiñadas, como si fueran la mucha ropa en un pequeño equipaje, que está a reventar porque ya no tiene más capacidad para guardarlas. Así me siento.

Solo quiero escribir, o solo “soy” escribiendo. Por eso no puedo ser infiel a esto.

Soy letra, palabra, verso
Alma que cuenta lo que ocurre,
Texto inquieto, a veces lento
Confesión con comas y puntos.

Oraciones alborotadas que gritan,
Puntos suspensivos que se silencian
Cuando el único escape es,
La imaginación del que interpreta.

No hay aire, no hay sonrisa, ni lágrima
Sin letras el corazón tiene una deuda,
La menta se llena de preguntas
Y jamás habrá respuestas, sin letras.

Camino vacío, pentagrama sin notas,
Mano que no escribe, porque está muerta
Letra que se desliza y cae a tierra
Mensaje que no se comunica.

No puedo, no quiero, dejarlo es dejarme
Es necesaria una revolución adentro,
Cortar las cuerdas, romper cadenas
La vida es esta, y va pasando, sin escribir es fea.

Nadie podrá darnos, lo que nosotros mismos
Nos quitamos,
La lucha que no se hace, no trae recompensa
Las letras que no se escriben
Serán borradas del planeta. De nosotros.

Me conoces, por esto que está escrito,
Quizás tú puedes ver eso,
De lo que nadie se da cuenta
Las letras revelan, dan respuestas.

Sirven para decir adiós y pasar el dolor más grande,
Para entrar en la vida de alguien,
Con ellas puedo abrir el corazón
Decir lo que duele, es un espacio que acepta.

La censura nunca falta, los problemas se amontonan,
Las palabras escritas, me oxigenan
Vengo y respiro en cada letra
Tú las miras, sabes cuales te penetran.

El desorden, el caos, encuentra alivio
Mis pensamientos se ordenan, todo encuentra un sentido
Mientras sale cada letra
El universo se detiene, ellas se liberan, yo abro la puerta.

Por eso no más ausencia,
Voto por la vida,
Solo quiero escribir, porque
Aunque lo demás si cuenta, no es lo que me hace vivir.

Implacable… no hay otro nombre

La muerte es implacable, no se me ocurre otro adjetivo con que definirla.

Sus fauces rugen a lo largo de nuestra vida, y a veces creemos que la burlamos, pero ella solo sonríe cínicamente, consulta su agenda y piensa: —Todavía no me apetece que vengas conmigo, sólo paseo en tu entorno para que me tengas presente.

Implacable, ineludible, inesperada, pero con la mayor de las certezas de que en cualquier espacio de nuestra vida aparecerá.

Frente a ella no hay estado de salud que valga, sus formas de manifestarse son de las más versátiles y variopintas; no importa la edad, puede aceptar en su estadística a cualquier bebé o anciano, sin hacer distingo.

No se deja intimidar por las fiestas. El evento más alegre y digno de admiración, no hace desaparecer el lugar del funeral, el luto y el llanto que acompaña a todos aquellos que le reciben, por invitación, o por llegada forzosa de su parte.

La muerte es la máxima compañía desde el momento de nuestro nacimiento; la sentencia tácita que trae nuestro ser como un producto colocado en el estante de la vida, que viene con su fecha de caducidad en letritas pequeña que aprendemos a olvidar, como si eso rebajara nuestra consciencia de la temporalidad que nos toca.

Usa cualquier medio para manifestarse, desde grandes explosiones, hechos asombrosos en la propia naturaleza y hasta virus microscópicos que no podemos ni siquiera ver, pero cuando se cuelan en nuestro cuerpo, pone el espejo de su rostro frente a nosotros y los respiradores artificiales, lo confirman.

Se pasea en nuestras calles (las de todo el mundo) y no siente frío. El hambre no le ataca, sólo da pasos en medio de multitudes hoy recogidas, por miedo precisamente a ella misma. Acepta que se le llame por cualquier nombre… accidente, desgracia, infortunio, alivio. No le afecta que se le maldiga, y unos ni siquiera se atrevan a nombrarla como si no decirla, le aleja más de sus vidas.

La muerte, esa implacable es la muestra más fehaciente de que no está en nuestras manos el control, que no tenemos poder para diferirla, aunque muchos aún hoy, en medio de un alardeo absurdo, digan que si: cuando ni vacunas, ni protocolos, han impedido que se vaya, quien fue escogido para Morir. Es un recordatorio fatal, que no tenemos la capacidad de “auto ayudarnos “, porque ayuda sugiere que alguien más viene en nuestro auxilio, entonces pareciera que ambas palabras son excluyentes una de la otra.

Su alcance es tal que no duda en hacer que uno solo muera, pero también podrían ser miles, cientos y hasta millones. En su ajedrez, nada la restringe en el tablero, le da igual que sea peón o rey, su misión se cumple sobre ellos, sin oportunidad de escape.

Y nos aferramos a la vida, mientras ella, la muerte, implacable camina hacia nosotros, nos mira sin esquivos, sin que podamos hacer nada para sacarla del carril de nuestro propio tren.

A pesar de que es inevitable, hay quien tiene esperanza luego de su trance; otros tienen el orgullo de decir que nos les importa, aunque en el fondo mueren doblemente por el miedo.


La implacable, es su característica preferida,
no entiende de razones o argumentos,
no perdona al “indispensable”.

Le da igual el hombre abnegado de familia,
que el ausente que nunca se preocupó por sus hijos.

Viene por el que descubrió los más grandes hallazgos científicos,
y por el que nunca tuvo contacto con la escuela.

La que parió muchas veces y la estéril, comparten el mismo camino,
cuando se trata de irse de este mundo.

El que vive la vida entre risas y placeres,
con elogios que no faltan; títulos en las paredes y reconocimientos múltiples,
se encuentra igualmente en el cementerio
o cualquier otro escenario de ella,
tanto como el que no destacó en nada.

Ella mata, pero sus ejecutores son los mismos humanos.

Esa palabra que hirió hasta dentro,
Esa relación de la cual no pudiste zafarte
Esos “nuncas y jamases”, en que se convirtieron los días de la impotencia,
El vacío ese, que no consiguió ser llenado
La sonrisa ausente,
El dolor sangrante,
La vida rota, sin derecho a restaurarse.

A veces somos solo proclamadores de ella,
cuando nuestro interés es el que priva,
que nuestro pequeño castillo de naipes no se derrumbe,
y el egoísmo sólo se exhibe en nuestro modo de hacer las cosas.

Protegemos quienes somos,
la reputación, el que dirán, no porque nadie nos importe,
sino para creer que no tenemos cara de muerte,
cuando en verdad su olor está en nuestros propios huesos.

Llamamos a la vida, y empuñamos la espada del desprecio,
matamos a alguien que ignoramos,
ahogamos a otro que sentía,
lapidamos a ese que piensa distinto,
y jugamos a “desaparecer” todo aquello que estorba.➰


➰La muerte, es implacable... pero nosotros, a veces simplemente somos sus verdugos➰

Viendo el día… pienso 💭

Comienza el día, aunque alguno hoy no amaneció, por mi parte yo si; prueba de esto, el teclado produciendo caracteres en obediencia a mis dedos , y estos haciendo lo mismo con respecto a los comandos que dicta mi cerebro. Tengo vida, es una realidad y mucho más que un motivo plano para agradecer.

El taxímetro va marcando, mientras que el conductor sortea no muy diligentemente los atascos vehiculares, normales. Es una autopista, y no se puede ir a más de 60 kilómetros… que alguien me explique que es lo que esta errado, si el concepto de autopista o el marcador de velocidad de los vehículos.

Y miro al conductor…

Más de cincuenta, caucásico, diría más bien extremadamente blanco, de los que algún rayo de sol, les deja un color rojizo que manifiesta irritación. De manejo tranquilo, eso evidencia que su noche fue al menos normal. Nada de peleas, ni tragos en su haber. El tapabocas bien puesto, nariz y boca cubiertas y el mentón a salvo; eso me dice que piensa en el cuidado. Puede ser de esos que piensa en su familia.

No hay música en su radio, en lugar de eso, noticias. De esas que dicen cómo va el virus, que anuncian el “tercer pico”.

Mientras la ciudad sigue su rumbo, los puestos de comida en la calle despiertan, mucho antes de los negocios organizados, que pagan impuestos y contratan trabajadores formales. La informalidad les lleva un paso adelante. El empresario tiene horarios, la necesidad de la calle no.

Y los “Poli Malos” también están temprano, pareciera que es igual en todas partes, al menos en este lado del continente. Cada vez que alguien los ve, en lugar de sentir alivio, el estrés que produce el temor llega. Nadie quiere ganarse la lotería de un “antojo policial”. Aunque debo hacer la salvedad que: no todos son iguales, habrá quien si este ganado a la idea de servir al ciudadano y proteger la ciudad, pero como siempre, el mal proceder de uno echa a perder la reputación de otros.

Diferentes latitudes y mismas necesidades. El ser humano es igual, y en cualquier parte del mundo, se enferma. Nunca he pasado por aquí, sin que una larga “fila” no me haga pensar: —¿y que es lo que reparten aquí?. Luego recuerdo lo que me han dicho sobre la medicina prepagada y todo el bla, bla, bla del sistema de salud de este lugar. Al final del cuento, la gente padece y no hay quien supla sus necesidades de manera oportuna. Si estás enfermo y tienes que madrugar para obtener un médicamente luego de pasar horas en una fila… tú me dirás si eso es un sistema que funcione.

Y llego a mi destino, al lugar que me acapara por las próximas 12 horas. Aquí el tiempo se detiene, como este reloj que hace días está sin pilas, pero total, se que no me voy a ir, sin terminar lo que me toca. Así que le he dejado descansar de su carrera por un tiempo… al tiempo.

Hora de guardar los sueños… de saber que la vida es difícil y eso nos sirve para atesorar los buenos momentos que hemos tenido, y la esperanza por los que vendrán.

Marzo 25; 7:21 am

Palabras de la Calle 1… Refugio

REFUGIO: (según lo que encontramos en “San web “)

Lugar que sirve para protegerse de un peligro.”el territorio feudal tenía su centro en el castillo del señor, que era el refugio en caso de ataque por enemigos”

Andar por la calle, implica estar alerta, porque entre vehículos, motos y ciclas, puede ser una verdadera odisea. No es mucho lo queda para el peatón, Pero, nada como andar sin necesidad de ir manejando, para darse cuenta de las “Palabras de la Calle”.

Es por esto que estoy dejando que, literalmente, la ciudad me hable a través de las palabras que se entrecruzan con mis pasos.

Y uno de estos ejemplos, es este: sobre una de las principales arterias viales de la enorme Bogotá, encontré esta palabra que una y otra vez me ha “guiñado” un ojo, llamando mi atención, cada vez que paso frente a ella. ➰R E F U G I O

Refugio… se sugiere que es un lugar donde estas “a salvo”, unos brazos que te brindan seguridad, un techo que te salve de la intemperie, la lluvia fría y el sol que quema.

Hay personas que son “refugios “, que tienen una palabra o un silencio en el momento Justo, cuyas acciones nos animan porque nos recuerdan que les importamos.

Y ser refugiado es sinónimo de “haber perdido” cosas, seres, tierra. No estar en la cobertura acostumbrada y ser objeto de circunstancias que definitivamente no se pueden cambiar.

El que quiere ser refugio, lo primero que debe estar consciente de hacer es “recoger los pedazos”; ya que el que está huyendo o se quedó sin nada, económica o emocionalmente hablando, tiene como resultado un vacío que lo llena todo, un alma cuyas grietas escurren el sabor de las heridas, temores que invaden a menudo y dolor que recuerda de manera constante, que hay una fractura en algún lado.

Quién es refugio, no ofrece “curitas o banditas” sabe que un corazón roto o un alma hecha polvo, no necesita palabras fingidas, recetas hechas o discursos que son impracticables. Un árbol que ha sido talado no recuperará la vida porque se le peguen ramas y algún fruto, con el mejor de los pegamentos. Al final todo eso está muerto, y lo muerto, no produce vida. Quizás el refugio sea ese tiempo (muy largo, algunas veces) que necesitará ese mismo árbol, para que pueda echar algún brote.

También ocurre, que en algunas oportunidades nos equivocamos de refugios, y terminamos en cuevas oscuras y lúgubres, que si bien protegen de la inclemencia del tiempo, no ayudan para nada. Esas cuevas terminan siendo relaciones que lo más probable es que no sumen nada y lo absorban todo. Pero se está tan lastimado previamente, que una sonrisa fingida, cuatro palabras hechas y una mano que nunca se extiende, pero que se presenta como si lo hiciera, parecen la salvación o el refugio. Mentiras que nos contamos a nosotros mismos.

Las cuevas son la continuidad del desacierto. El ambiente es tóxico, casi no se puede respirar una sonrisa, y el argumento que nos llegamos a dar es “mejor esto que estar solo”, entonces ya no huiremos de nadie, sino que nuestro peor enemigo estará dentro, ahí en esas palabras o razonamientos que nos decimos y que atentan contra nosotros mismos.

Un refugio es paz, aunque no hayan recursos, amor aunque haya distancia geográfica, oído atento aunque siempre se repita el mismo cuento que duele. Un refugio, también te hace saber lo que no está bien, aún cuando lo parezca, pero aún así el abrazo no se condiciona y está disponible.

El refugio está lleno de gracia, de entrega, de amor profundo, porque quien asume ese rol maravilloso, lo elige, nadie se lo impone y ejercerlo se convierte en crecimiento y desarrollo de alma.

Estoy rota… bien rota, y he entendido que solo eras una cueva. Pero todo suma en el ancho camino de la vida. Esto me sirve , para querer ser refugio, y serlo desde el verdadero querer, y no desde la apariencia de un lugar vacío, queriendo llenar a otros.

Mis heridas sirven, el perderlo todo también: porque entonces lo que soy realmente sale a la superficie. Refugio para el que no tiene nada, Luz en el Camino, verdad en medio de tanta relatividad.

Agradezco entonces, a quien no ha sido un Refugio, porque me lleva a entender lo que si lo es. ➰Todo suma➰

Palabra de la Calle: Refugio

Techo sobre mis ojos 
Gran seguridad
Miedo que se esfuma,
Paz que llega.

Lugar para el hambriento,
Paredes que no atrapan
Socorro lento
Oportunidad rara.

Ojos que observan,
Oídos que escuchan,
Manos que tocan,
Soledad en despedida.

Ausencia de ausencias
Vida que invita
Calor en el frío,
Abismo lleno.

Presente… este ahora ⏳

Estamos en el presente, aunque no queramos o nos empeñemos en vivir en reverso. Nuestro ahora no es optativo, así insístanos en vestirnos de ayeres extintos y aplausos que ya pasaron; este tiempo que ahora respiramos no da tregua.

A veces acariciamos el pasado como tratando de sacar de él, algún genio maravilloso que nos haga volver a cierto escenario, persona u oportunidad que ya caducó. Pero no es así, no podemos retener el pasado en manos humanas, ni construir futuro con suspiros.

Sin embargo es algo que no lo alcanzamos a dominar de un todo, porque aún estando en este presente, viajamos con frecuencia a cosas que ya han pasado. La memoria no sabe conjugar el verbo vivir, en distintos estadios de tiempo y a veces el miedo o fastidio por lo que nos toca, nos conduce a amnesias instantánea, dejando el pasado intacto. Trampas mentales que nos inventamos.

No se trata de borrar la pizarra que fuimos llenando con nuestras acciones, decisiones, aciertos y fracasos, sino más bien percibirnos con el sabio rastro que cada cosa nos ha dejado en nuestra propia vida. Basta con mirarnos al espejo, para saber que el pasado existe, y lo mejor es palpar el presente a través de los surcos en nuestra propia piel. Nada de eso lo podemos obviar.

Pero el llamado entonces es a validar acertadamente lo que somos, lo que podemos comprobar con los sentidos o el corazón y aquello que realmente nos llena. No sirve lo que ocupa espacio, sino lo que nos permite reconocer la vida en cada uno de los pasaos que damos. Lo demás es sola utilería.

➰Palabra para hoy: presente

A veces quien más lo invoca, lo obvia
Es algo más que el ahora, regalo de la vida
Y entender con claridad que una despedida
No detiene lo que siente, el giro de la noria.



El presente no es algo que se dice,
Es más bien, algo cierto que se vive
No es para acariciar con cobardía cicatrices,
No es para llorar cuando el tiempo pasa y se exhibe.



El presente se conjuga en el ahora,
Ahora es un pétalo que todavía no cae
Vivir pasado es ser esclavo de esas horas
Y un árbol desnudo es lo que el viento trae.



Presente quieres,y miras hacia atrás
Colgado al reloj para así detenerlo
El no se parará, correrá más y más
Siempre estarás en hoy, aunque no quieras verlo.

No quiero ser… olvido 🤍

Hay distancias que duelen, silencios que atraviesan, ausencias que nos derriban. Y todo ello es parte de la vida.

La distancia se puede acortar si hay suficiente voluntad como para tomar un avión, hacer travesía en barco, o rodar por carretera; mientras que un virus no aparezca y te aísle hasta de pensamientos. Para esto se requiere determinación.

➰El silencio puede romperse, sin embargo a veces decir algo es sólo eso, algo, que no llega a ser suficientemente valioso como para callar definitivamente esa ausencia de palabras. Bastaría un texto, pero a veces ni siquiera eso ocurre.

La ausencia es totalmente opuesta a la presencia, parece obvio ese concepto, pero no es que sucede porque lo físico no se vea, sino porque lo intangible ya no se manifiesta. Los detalles, el pensamiento conectado y el recuerdo permanente no permite que exista. Si no es así, asistiremos al funeral de un sentimiento.

Pero a pesar de todo eso, yo me niego a ser olvido; a que ya no existas o no existamos, a qué ya el “nosotros” no lo conjuguen nuestros encuentros cómplices y que den vida. Que la ganas se mueran y la vida se apague; eso sería resignarse.

Y sigo aquí, con el recuerdo de compañero y el sentimiento intacto, o más bien protegido de todo los arañazos que esas lanzas inevitables que mencioné arriba le han propiciado.

Estoy aquí… pensando en ti. Puede que estas palabras, te suenen a verdad.

Febrero… caminando contigo 💭🌳

Desde ayer te veo Febrero… llegaste como si nada; tal como si Enero no se hubiera ido despavorido. El pensaba que todo estaría bien, y las cifras casi que le sepultaron.

Hoy es un día tuyo, el segundo y siendo martes y habiendo tanto verde cerca… creo que quieres regalarme esperanza. El sol está queriendo alumbrarlo todo, pero las nubes le arropan otro rato, entonces ellas resplandecen.

Tu tiempo Febrero, históricamente ha traído disfraces y máscaras, jolgorio y desenfreno, hasta el año anterior, ese 2020 que marcó la diferencia. Ahora si… las máscaras abundan, son obligatorias y hay algunos que aún se resiste a usarlas. Porque el humano es así, basta que le digan que “si”, para que reaccione en “no”.

Todo el mundo va a lo suyo Febrero, incluyéndote, cuentas los días con la autoridad que da el tienpo, y en cada uno el reloj interno se manifiesta. El tiempo va pasando. Este será otro año para recordar por lo “raro” por la ausencia de las cosas normales y rutinarias, como respirar sin filtros y protecciones, capaces de tocar cualquier superficie y tocarnos entre nosotros sin resquemores y aprensiones.

Tu segundo día y te ves radiante, espero no te canses como Enero, quien dio todo hasta lo último, pero se le veía agotado; quizás por eso tanto frío al final; porque la ausencia produce eso… frío. El alma se sabe sola cuando no tiene quien le acompañé en el sentimiento. Ya sabes, digo cosas que se me vienen de pronto y se que eres buen compañero, sólo te muestras y escuchas.

Dejas ver una ráfaga de vida en tu cielo, ese que dura poco estando azul, pero que se te ha dado bien, regalármelo esta mañana. Oigo las noticias que dicen de ti: “Este es el mes de la vacuna”. Y entonces te asocian con esperanza, tal como si tuvieras en tus manos la solución de todo, para después caer en cuenta que hay variantes y nuevas complicaciones.

Que soy solo el mes que toca contar” me dices mientras caminas a mi lado.

—Vaya, al fin abres la boca, digo mientras entiendo tu punto. Nos encargamos de poner culpas y responsabilidades en todos y todo, para no asumir las propias o para no reconocer que no dependen de nosotros o no podemos con casi nada.

Y Luna que nos acompañó despejada y sola, de pronto decide, irse a dormir entre las nubes y dejar al sol en su trabajo. Todo como debe ser, y es lo que piensas.

Febrero, te acompaño, me acompañas… y los dos pensamos: “hace tan solo tres años hicimos un pacto, y aunque parecía imposible, hoy vemos que lo logramos”. El olvido era misión de otro mundo, humanamente buscamos todas las salidas sin encontrarlas; y las circunstancias se volvieron las maestras más eficaces para mostrarme lo que estaba ante mis ojos y mi vida, ya por años, y no había querido darme cuenta antes.

Gracias por volver Febrero, y ser parte del recuerdo de lo que ya he olvidado.

Febrero 2; 2022 7:19 am.

El sol baja… color 💭☀️🌸

Cómo si el sol bajara, se vistiera de púrpura, y en su centro se manifestaran todas las constelaciones. A su encuentro la soledad desaparece al contacto de su suavidad y los abrazos suceden sólo con verla.

La brisa pasa, alborota su risa y su presencia es el esplendor del encanto. Alrededor todo se matiza de su belleza, porque aún siendo una sola, es capaz de llenarlo todo.

Pestañas de oro, que se mueven indicando que mira mucho más allá de lo que creemos; observa hasta lo que ocurre dentro, donde nadie más penetra. Su rostro armoniza con la vida, aunque las horas el día avanzan, es como un sol de medianoche.

Quizás tú, también te has vestido en sus colores, llamando la atención de mis pupilas que van tras de ti, sin ropa. El cielo gira entonces en tu entorno y se construye un universo paralelo, ese que he conocido desde que te he descubierto.

No serás movido por el viento, porque tu rostro está grabado en la memoria, esa que a veces quisiera usar solo de vez en cuando. Son mis ojos y no los tuyos, los que te buscan y sin más te encuentran, porque tú también me sabes a abrazos y cercanía, aunque todo eso ya no exista.

La luz baja hecha colores, las líneas de tu ser se ven y desdibujan. Pétalos y brazos, miradas y pistilos; yo que quiero decirte algo… y solo te veo.

Como si el sol bajara… y se quedara en mi corazón en un tono distinto, así te conservas en mi, y es lo que toca, quizás lo perfecto.