De las cosas cotidianas 10… la vida es un pastel! 🍰

En medio de las carreras de la casa y con la intención de hacer algo de buen sabor para la hora de la merienda, de los que quizás consideran como normal el tener todo al alcance de la mano, comprobé que ciertamente la vida es como un pastel.

Le componen varios ingredientes para que tenga un buen sabor (al menos eso se pretende).

Es necesario mezclar, y quizás no consigamos el punto exacto para que todo salga como dicen las indicaciones.

Puede que algunas veces salga bien y otras no tanto, hasta riesgo de quemarse.

La elaboración puede tardar horas y terminar la degustación en breves minutos.

Unos las hacen, otros las ponen. La torta.

💭Nada que amerite la presencia de diferentes ingredientes ligados, no resulta sencillo y quizás a veces hasta nos lleguemos a marear (las emociones juntas nos pueden llevar hasta el piso).

Para quien sigue recetas, si falta algo será la hecatombe; para quien como yo le es difícil seguir al pie de la letra una, hará con lo que tenga entre manos y saldrá algo nuevo, que quizás guste o no.

A veces mucho esfuerzo, no asegura que el producto final sea satisfactorio 💯

La vida como un pastel,
tendrá muchos componentes,
Donde los que estén presentes
Sabor o no, nos darán.

Si nos preocupamos solamente de que nuestro pastel tenga el sabor que otros pretenden, más temprano que tarden ellos mismos nos darán “torta en la cara”.

Tú, eres la cereza de mi pastel. 🍒 🍰

De las cosas cotidianas 9… con las manos “en la masa” 😳

—¿Receta de cocina..?

—¡No que va! No soy tan buena como para eso jajajaja.

En esta zona tricolor de América del Sur, comemos tradicionalmente arepas, por tanto es común en nuestras casas, a cualquier hora o en cualquier comida, que ellas estén presentes. Por tanto, tenemos continuamente las manos metidas en la masa.

Haciendo lo propio hace unos días, en el que se ha convertido últimamente en mi laboratorio de pensamientos favoritos (la cocina) se me vino a la mente lo que significa que en nuestro argot popular que te encuentren “con las manos en la masa” es decir <<in fraganti>>.

Y si, se tiene por in fragante, a aquel que es encontrado cometiendo el delito o en pleno acto censurable…💭

Entonces me pregunté a mi misma si alguna vez fui hallada, con las manos en la masa. 🙈

Alguna vez siendo niño te comiste algo que te dijeron que ¡no! ¿Y luego te pillaron con el gusto todavía en tu boca? 😋

Un examen en el que raspaste y no lo querías enseñar, que cayó de tu carpeta imprudentemente. 🙄

Más actual… alguna vez te han capturado escribiendo un WhatsApp que decides borrarlo para no enviarlo , y la persona te pregunta en ese momento ¿que pasó, porque no me enviaste lo que escribías? 📲

Momentos incómodos… con las “manos en la masa” son esos en los que pensamos: —Me descubrieron.

¿Qué hacer entonces?

El que tiene algo que se está comiendo, en vano es que lo niegue.

Un examen no dejará de ser cero, porque se esconda.

Lo que pensabas cuando escribías el mensaje, no se irá de tu mente porque solo lo reprimas y no lo envíes.

¿Yo? Creo que sentir es en lo que más me pueden encontrar “in fraganti” quizás censurable, tal vez no adecuada; sin embargo negarlo sería como especializarme en una mentira y eso empeoraría el asunto.

Prefiero que la vida me sorprenda sintiendo.

De las cosas cotidianas 8… ensartar ❤️ sentimiento

Una aguja… un hilo.

Lo normal o cotidiano es que con aguja e hilo en mano, ensartar sea lo propio.

Me he dado cuenta en medio de la cotidianidad, que las cosas simples muchas veces no son sencillas de hacer o procesar (al menos no ara mi); y además no todo lo que debe ser, es, porque simplemente “así deba ser”.

¿Es fácil acaso ensartar una aguja, solo por tener el hilo y acercarlo a su ojo? Habrá quien diga que si, y consiga hacerlo al primer intento, pero no siempre es así; sobre todo si ya estamos en edad de usar gafas para ver de cerca (le suena a alguno?)

De la misma manera eso que resulta tan del día a día, me ha hecho pensar en algo.

Hay cosas más profundas, pero que igual se pueden ver como sencillas, y no lo son para nada.

Un sentimiento, un corazón para que lo reciba… parece sencillo y a veces puede no serlo. Y eso tiene use ver con los sentimientos… ¿acaso hay algo más común en todas las cosas que eso? ¿Lo que se siente?¿Porque ese sentimiento exista en un corazón va a existir en el otro?

Y entonces viene la lección:

Lo que parece sencillo, no siempre lo es, sobre todo si abarca la complejidad de los sentimientos y las emociones.

Eso que llaman románticamente “las flechas de cupido ” por algún defecto que tenemos al lanzarlas, pueden no llegar hasta donde deseamos y entonces el otro corazón no se llenará del mismo amor que sentimos.

Lo que parece simple, no se da, no llega.

El sentimiento no se comparte, la flecha se rompe, deserta el amor. La desilusión aparece.

La aguja nunca es ensartada, la costura no llega a hacerse.. el hueco queda para la vida.

De las cosas cotidianas 7… las herramientas 🔧🔨🔩🚨

Existen herramientas para todo…

Todo el que tiene vehículo o ha estado en un taller sabe que existen herramientas. Unas más grandes otra más chicas, pero las hay.

—¿Y porque usamos dichos utensilios?

—¡Porque siempre hay algo que se echa a perder!

En estos días he tenido que ver de cerca como son los carros, su funcionamiento y lo peor, su “mal funcionamiento” también.

Viendo tanta herramienta para una cosa y otra, así como la experticia de los mecánicos, compruebo que similar a cualquier cosa que funcione es la vida.

Y todos venimos con nuestro kit de herramientas, sin embargo no muchos nos damos cuenta que las tenemos o peor aún, quizás no muchos queremos utilizarlas.

Hacer uso de ellas, nos lleva primero: a la aceptación o a la toma de conciencia de que “algo no está bien” en nosotros o en algo que tenga que ver con lo que nos importa, y entonces simplemente eso, no nos gusta. Lo negamos.

—Es mejor desaparecer esas herramientas, pensamos.

Pero igual la falla se va a presentar una y otra vez, hasta que entendamos enseguida o con demora, que necesitamos algunos ajustes en nuestro sistema.

Si un vehículo no puede andar “ahogado” y de hecho no anda, sino que nos deja “botados ” a mitad del camino cuando eso pasa.

¿Porqué pensamos que nosotros ahogados en nuestras propias miserias, si podemos andar?

¡Claro, nos creemos más fuertes que las máquinas! Y quizás lo somos en un principio, hasta que una enfermedad se aparece y nos recuerda que en su momento no resolvimos algo y eso nos afectó de por vida, reflejándose luego hasta en nuestro propio cuerpo.

En fin, si somos el “aparato” más perfecto de toda la creación; porque el cuerpo y la mente humana son increíbles, no podemos olvidar que en cualquier momento nuestro sistema va a requerir del uso de algo que nos ayude a continuar bien.

💭💭💭💭💭💭💭💭

🚨🛠🔩🔧🔨⚒🔨🚨

Si en tu tablero emocional hay una luz que recurrentemente se prende indicándote qué hay algo que no te deja avanzar, que te tiene siempre apunto de ahogarte, mirando hacia atrás… puede ser un indicador que señale, que es tiempo de detenerte y revisar para decidir si quieres atender dicha alarma y usar las herramientas o quieres continuar así, pretendiendo que no pasa nada y colapsando luego.

No hay necesidad de que pases la crisis sin ayuda, si existe una mano que se extiende unas herramientas que se pueden usar. Claro, eso si realmente estás consciente de que algo no anda bien. Sino, las herramientas serán solo un instrumentodecorativo.

De las cosas cotidianas… 6 cuando nos falta un tornillo 🌀

“¿Estás loco o te falta un tornillo?”

¿Alguna vez has escuchado esa expresión? Siempre asociamos que cuando falta un tornillo, algo anda mal.

Hoy, andando por ahí, paseando un poco mis pensamientos alborotados, me encontré este tornillo. Alguien lo perdió o a algo se le salió.

Y viéndole recordé la frase que cité arriba. A veces cuando nos atrevemos a sentir algo, perdemos la cordura, se nos suelta un tornillo y hacemos cosas que normalmente jamás haríamos. Para muchos estaremos locos.

Sin embargo también me da que pensar, que en algunos casos es necesario no ajustar tanto esos tornillos, porque terminan atorándose o aislándose, al punto tal que se imposibilita el poder sacarlos en un momento determinado.

Sentir no está permitido en estos días, expresarlo lleva más censura que aplauso. Vivimos los días del disimulo y de las distancias impuestas por parámetros que a veces no funcionan, pero así y todo andamos “con todos los tornillos puestos “.

Escribir de lo que se siente y piensa es un riesgo, escribirte de lo que siento y pienso es una locura… a tornillo suelto.

Si alguien camina tras de mi, se dará cuenta que en algún lado se me han soltado unos cuantos… y si ese es el precio para expresar lo que siento, en algún momento me lo cobrarán en mi propio funcionamiento, y estaré dispuesta a pagarlo.

No soy una maquina, no hay botones para apagar lo que siento, ni tornillo que lo ajuste tanto como para nunca dejarlo salir. Me declaro, simplemente humana.

Mi corazón,
una maquina con desperfecto,
Mi vida con tornillos sueltos…

(Pero siento y pienso… y sobre todo, lo expreso..)

🔩💫💓

De la cosas cotidianas 5… las capas de la vida 🍴😢

Tanto como yo, me imagino que has escuchado que la vida es como una cebolla, qué hay que pelarla capa a capa…

En las labores cotidianas de estos días, como es de esperar, me topé con una (cebolla) y al cortarla fui pensando precisamente en esas capas.

Son tan finas, que al sacar una pueden venirse varias, como algunas de las cosas que hacemos, que parecieran no ser muy grandes, pero que traen consigo implícitamente, una consecuencia.

También sé, que quien no es muy diestro con el cuchillo en las labores culinarias, pasa su dificultad para hacer cortes regulares, justamente por las capas.

De la misma forma, la vida tiene aspectos distintos a los cuales no se les puede “cortar” de la misma forma todas las veces. La dificultad se presenta.

Hay cosas que funcionan para mi, que para otros, ¡ni soñarlo! Cada quien tiene sus capas diferentes.

Querer cortar capas diferentes con el mismo cuchillo, es imaginar que todo el mundo sana con la misma receta, y no es así.

Pero algo que me hizo reflexionar aún más, es lo que ocurre justamente cuando removemos o cortamos de alguna manera sus capas.

Inevitablemente las lágrimas se hacen presente.

Y por supuesto que los que saben de cocina, los chefs o cocineros, tendrán sus técnicas para que esto no ocurra y pueden ser los “duros” ante la cebolla; sin embargo creo que todos en algún momento pasamos por las lagrimas, al remover sus capas. Y que levante la mano conmigo, quien lo haya vivido.🤚🏼

Eso me recordó los terremotos… cuando las capas tectónicas de la tierra se mueven ¿Qué es lo que no sucede? Todo se vuelve un caos, y ocurren los tan temidos terremotos o hasta tsunamis.

Así también, al remover o cortar alguna de nuestras capas, se ocasionan sismos en nuestro interior. Sismos que a veces podemos disimularlas otras no.

Cuando son las capas del sentimiento, las que son quebradas o cortadas, el impacto emocional puede llevarnos a las más fuertes devastaciones. Las lágrimas aparecen sin duda. Y claro el cortar una cebolla, se convierte en la excusa perfecta para su aparición.

Tengamos la paciencia de ir asumiendo cada “capa” de nuestra vida, tomemos con cuidado cada una, y aunque nos haga llorar en el momento, también pensemos que eso servirá para dar un rico sabor al plato que pensamos preparar.

Nada que amerita un movimiento, corte o cambio puede hacerse sin una emoción de por medio.

Llorar está permitido, secarse las lágrimas, también.

De las cosas cotidianas… 4 , lo que está roto 😖

De la sabiduría que pasea por la cocina… en estos días me encontré con lo siguiente:

Un vaso roto, entero… pero roto.

Quien tuvo el infortunio de tropezarlo con algo, dando paso así a su fisura; tuvo mayor infortunio al dejarlo guardado entre los otros, como si todo estuviera bien, como si no pasara nada.

Es típico de las familias, que al romperse algo, si no ha sido visto por el resto el momento en que sucede, que entre la tentación del disimulo y no se haga explícito el suceso.

Acaso no has preguntado alguna vez: —¿Quién rompió esto? o ¿Quién tomó aquello? Y la respuesta obvia es un silencio culposo que acompaña caras delineadas por un asombro que ni el que ve estallar un bombillo apagado, tiene.

En fin, el detalle en el que me hizo pensar este “vaso roto” es que quizás quien lo guardo, pensó ingenuamente que “podía utilizarse de nuevo, que todavía era útil...”

Así nos ocurre muchas veces con situaciones o relaciones, en las que sabemos existe una fisura y un roto, y pretendemos esconderla disfrazando las diferencias de atenciones no genuinas; y al final con cualquier roce suave termina volviéndose añicos, lo que aparentemente y por fuera, se veía perfecto y en su sitio.

Los recipientes con fisuras, son peligrosos. Sus bordes pueden cortarnos las manos al lavarlos, y hasta herirnos los labios si bebemos de ellos. Ni hablar de tragarnos algún resto del vidrio, si ese fuera el caso.

Lo que no tiene restauración, es mejor desecharlo.

Si es en nuestra alacena, nos dará espacio nuevo para colocar algo más, si no, mejor movilidad en la colocación de lo que ya tenemos.

Si es en nuestra vida personal, en esas relaciones tóxicas; desechar lo que nos hiere de forma continua, nos puede librar de males mayores a corto plazo.

Así que, mirando al que estaba roto… lo tome en mis manos y lo coloque en su lugar, en el bote se la basura. Claro, luego de envolverlo, para que no hiciera daño a quien lo encontrara. (Eso me dio que pensar en otra lección, pero ya para otra oportunidad)

De las cosas cotidianas 3… justa medida ☕️

Buscando un plato entre los gabinetes de mi cocina, me encontré con esto hace unos días. Un juego de té, de los que sirven para “jugar”.

Tiene todo lo que poseen los verdaderos juegos de té, pero a una mini escala. Parecen perfectos para que cualquier niña en edad de empezar a ejercitarse en eso de “la casita” pueda usarlo y servir la bebida a su muñecas.

En el mundo del juego, eso es viable.

Cerré el gabinete luego de ver las pequeñas piezas, y al ir caminando hacia otra área de mi casa, un pensamiento rápidamente cruzo por mi mente.

Aunque algo parezca igual, no significa que lo sea. En la vida eliges si solo juegas, o tomas las cosas en su justa medida.

Me imaginé queriendo satisfacer la necesidad de alguien, ofreciéndole té o cualquier otra bebida en las proporciones que el “juego” da. Se que se esa persona tendría una insatisfacción bien grande, que superaría toda la magnitud del juego, quizás porque simplemente no sabia que estaba “jugando”.

Si bien es cierto que la vida debe ser divertida, agradable, con muchos pellizcos de sorpresas, locuras y sobresaltos (sin los cuales yo no me atrevería a vivir), no es menos cierto que no podemos olvidar dar la justa dimensión a las cosas.

Tratar de forzar lo que vale, para incluirlo en la dimensión del juego, es correr el riesgo de destruir lo primero y quedar en la desilusión de lo segundo.

A veces es preferible usar las tazas reales y jugar a tomar el té con ellas, y eso las llenará de magia, a fingir que estamos satisfechos con las porciones recibidas en solo las de jugar.

Volví a ver la diminuta vajilla hoy… es válido el juego, es válido el querer más.

De las cosas cotidianas 2… Lo que está caliente 🔥

De los lugares menos acondicionados quizás, para que la inspiración llegue a nosotros, es la cocina. Sin embargo, como es el lugar que por una causa u otra nos mantiene (a algunos) más en él, es allí donde también la cotidianidad nos aporta alguna lección o inspiración.

Ayer mientras limpiaba y recogía los trastos de la cocina me pasó algo curioso, pero igualmente cotidiano.

Había puesto el mando del grifo del lado del agua caliente, para poder llenar un recipiente y poder calentar más rápido al colocarlo en el fuego.

Luego, al volver a utilizar el agua esta siguió saliendo caliente y por supuesto me queme la mano. Reaccioné en seguida y la quité, sin embargo el agua siguió estando caliente.

Volví a ponerla en el agua (la mano) como esperando que esta cambiara, solo porque yo así lo esperaba. A los poquísimos segundos, por supuesto que entendí que no sería así. “Si yo no cambiaba el mando del grifo hacia el otro lado” no habría posibilidad de que la temperatura del agua cambiara.

Entonces por supuesto, vino la lección:

No puedo esperar que lo que yo quiero ocurra, si yo no intervengo, si no hago nada. 🙄

Esperar tiene su tiempo… el que viene justo después de haber hecho lo que está en nuestras manos hacer.

¿Cuánto tiempo? Exactamente no lo sé, pero lo que si estoy segura es que eso viene luego de hacer lo necesario, no antes.

Habrán cosas que ocurran en nuestro favor o en contra que no serán absolutamente determinadas por nosotros, pero en esas que tenemos interés o que nos importan, innegablemente debemos ejercer algún tipo de acción importante. Al menos, si esperamos que algo suceda.

🔥Pretender que lo deseado ocurra sin hacer nada, es condenarnos a la frustración de que no ocurra…🔥

De las cosas cotidianas 1… flexibilidad 👀

Hace unos días, mientras buscaba mi cepillo para hacer alguna labor de belleza en mis cabellos, me di cuenta que el resorte que traía en su parte interna estaba suelto.

No le hice mucho caso al principio, porque como todo lo que no entendemos “de una”, normalmente lo obviamos. Sin embargo, al querer utilizarlo me di cuenta de que no podía cumplir con mi cometido, simplemente porque ese pequeño resorte no ejercía su función.

Mientras el resorte estaba puesto, eso contribuía a que las dos caras del cepillo estuvieran separadas y pudiera coger el mechón de cabello, para estirarlo y colocar calor con la plancha. El resultado, ya saben cómo es… cabellitos peinaditos y en su sitio.

¿Qué pasó? Ante la falta de rebote en ambas caras, está se unían 😳y no podía hacer lo que quería.

Eso me llevó a pensar que necesitamos muchas veces tener un resorte en nuestra mente… eso que nos permita estar “abiertos” para recibir lo que podemos encontrar en el camino y procesarlo hasta obtener un resultado oportuno en nuestra vida.

Nuestros argumentos y estereotipos, nuestras cajas rígidas y las camisas sin elástica que pretendemos usar en nuestra forma de hacer las cosas, puede que no permitan que tengamos “ventanas abiertas” tan necesarias para bordar el barco de la vida de una forma más agradable y práctica, asumiendo de una forma menos traumática, lo que puede llegar.

Y no se trata de aceptarlo todo o de que la vida se vuelva algo sin un formato definido, solo que esté este acto cotidiano, me hizo pensar en que realmente si queremos llenarnos de nuevas cosas, aprender algo más, dejarnos sorprender alguna vez, un resorte emocional es necesario; ya que eso de alguna manera nos hará saltar de donde estamos y nos hará llegar a otro lugar.

Al final, saqué el resorte y logré ajustarlo correctamente en su pequeño compartimento, y pude realizar lo propuesto… tan solo por al fin tener, la flexibilidad necesaria.

Nada que esté cerrado, tiene capacidad para recibir algo más…