Encontrémonos… ven conmigo

Esta es la invitación, para seguir juntos…

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Esta será la nueva ventana que se abre para continuar escribiendo de lo que se mueve dentro de mi y necesita ser expresado en letras. Si estás dentro, se bienvenido(a) nuevamente. Siempre ha sido un placer que estemos juntos. Si es la primera vez, te invito a ser parte de lo que mi corazón piensa… si, porque eso hace y simplemente la razón, siente.

Te animas y nos vemos ahí…?

Buscar otras maneras…

A veces simplemente, hay que buscar otras maneras.

La vida regularmente nos permite sortear dificultades, y es la única manera (pareciera) de aprender la lección de forma permanente.

Hay puertas que se cierran y corazones que no abren más sus brazos para nosotros, y eso está bien, porque decir lo contrario sería evidenciar egoísmo y eso no debería estar en el argumento de quien ama.

Hay espacios que ya no existen, ya sea porque se llenó el que había, o porque no pudo cumplirse con la demanda económica que permitía ensanchar la capacidad, como puede ocurrir con una cuenta libre, como esta.

Pero aun así…

Otros caminos existen. Si hay brazos que ya no están dispuestos a abrazarnos, habrán manos que aunque sean rocen las nuestras y esa será una de muchas esperanzas, para comenzar de nuevo.

Si no hay espacio en una hoja, pues tendremos que buscar otro cuaderno, porque lo que no podemos permitir es que muestra historia no sea escrita (por supuesto, sólo para los que tenemos necesidad de eso).

PD: creo que me va a tocar hacer un segundo blog, como parte de buscar otro camino, otras manera, otra alternativa.

Los "no" están hechos,
Los "si" hay que buscarlos.

Ventanita de luz

Mantos grises abundan por todos lados, pero si nos atrevemos a mirar un poco más allá es posible encontrar ventanitas de luz.

Las decepciones son algo que tendremos que enfrentar con más frecuencia de la que quisiéramos, pero inevitablemente suceden. Nos decepcionan y nosotros también, decepcionamos (porque no podemos excluirnos de esa realidad).

Si nos quedamos en lo que otros nos hacen, seremos víctimas eternas. Si nos hacemos conscientes de que también lastimamos, pediremos perdón y también estaremos dispuestos a perdonar.

Busquemos la ventanita de luz, por mucho que este gris todo lo que aparentemente vemos.

Cielo… vida ☁️ 🌞

Como cielo diverso es nuestra vida, llena nubarrones que parecen no cesar, con ventanas azules en el fondo, donde quisiéramos quedarnos.

El viento de los acontecimientos nos mueve y a veces comienza a llover en nosotros antes que en el cielo. Todo termina mojado, alborotado y revuelto.

Entonces algo se despeja, inusitadamente llega la sensatez abrazada de la calma, y los rayos de sol se convierten en pequeños universos luminosos que nos acompañan, mientras dura la brevedad de la sonrisa.

Como el cielo, la vida no se repite, porque nadie podrá sentir algo exactamente igual, dos veces. Nuestras nubes y soles nos pertenecen, como lo único real e intangible a la vez, que tenemos.

Nada se detiene, ni el cielo arriba dando origen a formas y figuras extraordinarias, ni aquí abajo la vida, que va dejando una huella, mientras camina segura hacia el final.

Sigue valiendo la pena, ser parte de esto… aunque la lluvia predomine y sigamos con el alma mojada, y los rayos de sol a veces solo parezcan utopías.

Estados de WhatsApp’s… Ser o no ser… 😳

A veces no hay mejor forma de “pensar en voz alta” que a t aves de un -estado- o story…

Nos empeñamos en hacer y hacer; sin muchas veces saber ¿para qué o quién? ¿Porqué o hacia dónde? Simplemente hacemos, para sentir y justificar ante otros, que “estamos haciendo algo”.

¿Eso que deja? frustración, incomodidad, agotamiento… ¿porqué? Porque el reconocimiento no llega, porque no salió como esperabas, porque el cansancio llegó para quedarse.

No se puede Ser, sin que eso traiga consigo un hacer. Los frutos son evidentes. Las mandarina (o la fruta que más te guste) no viene antes de que exista el árbol o planta que la produce.

De esa misma manera no somos lo que hacemos, hacemos porque somos. Y hay un camino de incoherencia recorrido, cuando nos empeñamos en decir que somos esto o aquello y lo que hacemos dista mucho de ello.

He decidido ser, y encontrarme conmigo misma en el hacer del ser…

Y tú, como la llevas? Empeñado en hacer? O por otro lado solo obstinado en ser? Pero el equilibrio habla de que este último debe ir acompañado del primero.

Crónicas del Trasmi 1… observación 👀 🚍

En medio de esta ciudad gótica, que se ha vuelto un caos debido a las manifestaciones del paro y todo una serie de sucesos que me recuerdan lo que viví al otro lado de esta misma frontera, hay una “marea roja” que permite el traslado de las personas comunes y de los que no circulan en sus vehículos los días qué hay pico y placa.

El Trasmilenio va por todos lado y corta la ciudad en cualquier cantidad de pedazos, conectándolos entre sí. Cuando el tráfico se para por las trancas normales en una autopista por la cual no puedes ir a más de 50km p/h (what???), la marea roja avanza y permite que la ciudad no se quede inmóvil. Pero, al momento de ser afectada por cualquiera de las manifestaciones, el servicio se suspende y empieza el calvario para sus usuarios, a los cuales les toca caminar a veces 3 horas para llegar a su destino.

Al margen de los beneficios y tinte social que pueda tener este colectivo y el tema relacionado con los hechos que ocurren en este país tricolor sin Estrellas, lo que más me gusta de poder usar este medio de transporte, es la gente. Soy observadora por naturaleza, y de ahí la capacidad para crear historias escritas y la mayoría de las veces en mi mente.

Y es que luego de pasar casi un año usando sólo taxis, para evitar contagio del COVID, que ya me dió y fue realmente malo, y sumando las dosis de las vacunas puestas, que supuestamente dan inmunidad, he vuelto a la experiencia de andar en el Trasmi. He aprendido a tomar los que tienen rutas específicas, pasando por pocas estaciones, hasta llegar a mi destino. Me ha costado algunas angustias, el sentirme perdida, el no conseguir quien te de una respuesta certera, y sobre todo me ha servido para “observar”. El sentirme sola en medio de tanta gente, me ha llevado a prestar atención a los detalles, para no perder tiempo estando parada donde no es y definiendo realmente cuál vía quiero tomar. Suena fácil decirlo, pero un “pelito” más complicado hacerlo.

Los cierto es, que lo que a simple vista podría ser lo más desagradable, se convierte en una gran oportunidad para mi. Porque en medio de esa masa de gente que se mueve con diferentes destinos, hay muchas vidas contando una historia que muchas veces ni ellos mismos saben que la quieren contar.

Lo normal es que cada uno vaya protegido con el muro que se levanta al sacar su dispositivo móvil, y fijar toda su atención allí. Y este es un fenómeno que no entiendo mucho, porque las noticias reportan que cada minuto son robados unos miles de teléfonos celulares, pero en ningún caso las personas dejan de usarlo en medio del transporte público. Hay de todos tamaños, colores y precios. Cosa que me pregunto menudo es, como alguien con un aparato de ese perfil, viaja en transporte público? Eso me recuerda a los tiempos en que veía en mi país ranchos con parabólicas.

Todos van como diciendo “no me importa la que pase fuera de mi”. No me veas, no me hables, respeta mi espacio (y no por el COVID). Nuestra capacidad de evasión se ha desarrollado exponencialmente con el uso de la tecnología. Y me incluyo allí, porque déjame en una isla desierta con un móvil y wifi, y puede que no me de cuenta que faltan humanos a mi alrededor 😔. Nos llama más la atención ver la vida “perfecta” de gente que no conocemos ni veremos jamás en persona, que darnos cuenta de la necesidad del prójimo que viaja al lado. Eso ocurre a veces con los que acompañan en el transporte público (y nos parece normal que nos distanciemos porque no los conocemos), y otras con respecto a los mismos que son parte de nuestra vida y ahí, si rodamos.

Siento muchas emociones mientras voy sentadas o de pie, los 20 o 25 minutos que tarda este gusano rojo en llevarme de la 134 a la 45. Y digo gusano, no a modo despectivo, sino porque son como varios autobuses juntos, unidos por una suerte de acordeon, que permite que su viaje sobre el pavimento tenga ese movimiento que tienen los invertebrados.

Pero lo más interesante, son las historias que escucho y observo. Es el escenario perfecto para ventas comerciales, conciertos “unplugged”, y ver la necesidad en cada rostro que sube con la intención de levantarse unos pesos, para comer, para sostener a una familia, o simplemente para proveerse del vició que tiene. Todo es válido en el Trasmi. Y justo son esos personajes los que me sacuden, entonces creo que vale la pena hablar de ello.

Escribir de lo que siento y pienso, cuando una madre se sube con un chiquitito a vender “cauchitos” para el pelo, mientras el nene no encuentra de dónde agarrarse para no caerse, conmueve. Me han dicho que soy un poco tonta, con respecto a estas realidades, que muchas veces son falsas, que no crea todo lo que vea… pero al margen de la verdad o la mentira, siempre me pregunto ¿qué decisiones tomó esa persona en un momento, que la llevaron a todo esto? Y me digo con certeza…. Yo también podría estar allí.

Entre una lágrima, sonrisa y hasta admiración que algunos me provocan, iré contando lo que ocurre de ida o vuelta, entre los paréntesis rojos de mi día.

Ayer me sorprendió ver una pareja relativamente joven. Él, con cara de vicio sin atención, en quizás una crisis de abstinencia, ella como ausente en medio de tanta gente y en el coche una criatura que no tiene idea de lo que ocurre. Ellos estaban a la entrada de la estación de Alcalá, justo antes del dispositivo donde se coloca la tarjeta y el contador de personas baja, dándote acceso por que has pagado. Ellos querían pasar, entre una persona y otra, lanzar el coche y lograr burlar el dispositivo, sin tener que pasar por el lector de pago. No se si por falta de dinero solamente, o por la adrenalina que produce violar la norma. Y la policía estaba allí, al lado de los dispositivos.

¿Qué ocurre en el ser humano cuando pasa esto? Yo me quede algo como paralizada al ver al hombre casi que empujando el coche para mantener el detector bajo mientras yo pasaba, para que así ellos pudieran ingresar, aprovechando mi salida. No importa el riesgo, no es suficiente la policía.. no importa nada? Será, porque ya no hay nada que perder?

Fue todo tan rápido que no alcancé a tomar una fotografía de ellos, pero se me subió una sensación como de angustia al pecho. ¿Cómo sería esa historia que produjo ese bebé en el coche? estarán conscientes de lo que significa criar a un hijo? Pensé en los míos, en los tres… y el corazón se me arrugó.

Allí, en esa entrada, quedaban esas tres vidas. No pude alcanzar a mirar luego si lograron pasar o no, solo se que así como se veía oscura la entrada mientras yo subía a la rampa que me conectaba con la vía, de esa misma forma oscura se mostraban sus vidas. N

Que a veces no se trata de los gobiernos, que la entable mente en su mayoría que todos fueron entrenados para ser indiferentes y malos con los ciudadano (y no digo todos porque tengo esperanza de que no sea así). Se trata más bien de cada uno, de lo que hacemos o dejamos de hacer. Hay ocasiones en que las personas sienten alivio solo con ser escuchadas, y si a eso le añades u pan para su estómago puedes convertirte en un verdadero milagro.


A veces solo toca ayudar, sin preguntar
Amar sin esperar,
Saciar el hambre sin que haya gratitud
Extender una mano, aunque para eso
Nos tengamos que agachar.

Es mi intención compartir lo que veo; lo que hago como una gota de agua en medio de un desierto de dolor, no. Porque no se trata, de lo bueno que yo pueda hacer (que casi nunca es de verdad), sino de visibilizar para mi misma, lo que ocurre a mi alrededor, de las historias agradables o no con que me puedo topar, y sobre todo de un despertar. Despertar a ser humano, que a veces en definitiva es lo más difícil que podemos aspirar.

Ciudad Gótica, Junio 13; 2021 8:47 am

Ya no soy la misma… nadie lo es 🌪☁️🌤

Hay caminos que surgen, donde no había nada y puertas que se abren aún en los muros.

A veces no se trata solo de andar sobre el agua, sino de saber a que puerto nos dirigimos; porque nadar sobre la nada, sólo puede conducirnos a una gran nada que todo lo abarque.

Ya no soy la misma. No tengo fuerzas para abrir caminos, pero mis pies van andando, por donde hay una leve esperanza que pueda haberlos; no tengo el martillo que pueda perforar la roca y permíteme atravesarla, pero si encuentro una manilla que sugiera una puerta, la voy a girar y sobre todo me voy a atrever a cruzarla.

Las respuestas no abundan en este tienpo, pero las preguntas han dejado de ser importantes. Quizás por eso, ya no soy la misma. La vuelta a casa es una odisea futura, pero el hogar está en el corazón de quienes amamos.

Las letras siguen siendo la mejor compañía, la gente, esa circunstancial que te utiliza, sólo sigue cumpliendo su papel, ese que me recuerda que nuestro bienestar (o malestar) no debe depender de ellos.

Y aparece una flor…. 😳

Y todo lo cambia. Se distrae la mirada y el alma, para volver al reconcilio con la belleza. Los imposibles se hacen pequeños ante la inmensidad de un pétalo, y la belleza que un simple click de cámara, no puede recoger.

Entonces todo cobra sentido, y se porque han salido a bailar nuevamente las palabras sobre esta superficie… porque es necesario dejar salir la voz que tengo dentro; porque de nada sirven los silencios sino edifican puentes mientras se hacen. Y aquí está el mío, aunque quizás ya no sea lo mismo.

El rendirse es una opción, pero no la que realmente vale. El amor vuelve a mecerse en su sillón, y me recuerda que no se ha ido, que solo dormitaba mientras me veía ir a tientas.

Ya se que el quedarme aquí, es transitorio; como lo es la vida, el amor y todo lo que hacemos los humanos. Lo que se escribe quedara para que alguien lo lea, o simplemente decida desecharlo y caigamos en el olvido necesario para que nuestro ego y orgullo no se hinchen, aún después de haber pisado la tumba en el cementerio.


No soy la misma, ya no...
Ya no cabalgo tras tu rastro,
buscando encontrarte en alguna parte del camino. Ya ni siquiera cabalgo.



Me hiciste comprender de todas las maneras, que no tenía sentido
Y creo que al final, termine entendiéndolo.



El agua tiene espacio si respetan su cauce, las flores tiene magia si hay ojos para verlas. Y tú ni eras cauce, ni ganas de mirar has tenido.



Ya no soy la misma, como tú tampoco lo eres, aunque te empeñes en seguir manteniendo, la pantomima de la vida. Arlequín con sonrisa pintada, y piernas frágiles que no llevan a ningún lado.



Danzando siempre entre lo que quieres hacer sentir y ni siquiera llegas a experimentarlo. No, ya no soy la misma, y era más bonito antes. Aunque dolía, dolía mucho y ese mismo dolor fue arando y haciendo grietas en lo que soy.



Por ahí se escurrió el agua del amor y quedó deshidratado, jadeante y moribundo; el corazón se arrugó presagiando la muerte de quién ya tenía años grandes.



Ya no soy la misma, aunque quisiera, pero el deseo de marcharse y estar en paz eterna, hace ver lo que sentí como algo muy breve y pequeño. Que pena ya no quererte, porque esa no soy yo, es otra.



Por eso ya no soy la misma, quizás con otro nombre, en otro espacio y otra tierra, pero cada vez que me encuentro con mis letras y te nombran, algo de mí (eso, lo mejor) resucita. Aunque ya, no sea la misma...

Implacable… no hay otro nombre

La muerte es implacable, no se me ocurre otro adjetivo con que definirla.

Sus fauces rugen a lo largo de nuestra vida, y a veces creemos que la burlamos, pero ella solo sonríe cínicamente, consulta su agenda y piensa: —Todavía no me apetece que vengas conmigo, sólo paseo en tu entorno para que me tengas presente.

Implacable, ineludible, inesperada, pero con la mayor de las certezas de que en cualquier espacio de nuestra vida aparecerá.

Frente a ella no hay estado de salud que valga, sus formas de manifestarse son de las más versátiles y variopintas; no importa la edad, puede aceptar en su estadística a cualquier bebé o anciano, sin hacer distingo.

No se deja intimidar por las fiestas. El evento más alegre y digno de admiración, no hace desaparecer el lugar del funeral, el luto y el llanto que acompaña a todos aquellos que le reciben, por invitación, o por llegada forzosa de su parte.

La muerte es la máxima compañía desde el momento de nuestro nacimiento; la sentencia tácita que trae nuestro ser como un producto colocado en el estante de la vida, que viene con su fecha de caducidad en letritas pequeña que aprendemos a olvidar, como si eso rebajara nuestra consciencia de la temporalidad que nos toca.

Usa cualquier medio para manifestarse, desde grandes explosiones, hechos asombrosos en la propia naturaleza y hasta virus microscópicos que no podemos ni siquiera ver, pero cuando se cuelan en nuestro cuerpo, pone el espejo de su rostro frente a nosotros y los respiradores artificiales, lo confirman.

Se pasea en nuestras calles (las de todo el mundo) y no siente frío. El hambre no le ataca, sólo da pasos en medio de multitudes hoy recogidas, por miedo precisamente a ella misma. Acepta que se le llame por cualquier nombre… accidente, desgracia, infortunio, alivio. No le afecta que se le maldiga, y unos ni siquiera se atrevan a nombrarla como si no decirla, le aleja más de sus vidas.

La muerte, esa implacable es la muestra más fehaciente de que no está en nuestras manos el control, que no tenemos poder para diferirla, aunque muchos aún hoy, en medio de un alardeo absurdo, digan que si: cuando ni vacunas, ni protocolos, han impedido que se vaya, quien fue escogido para Morir. Es un recordatorio fatal, que no tenemos la capacidad de “auto ayudarnos “, porque ayuda sugiere que alguien más viene en nuestro auxilio, entonces pareciera que ambas palabras son excluyentes una de la otra.

Su alcance es tal que no duda en hacer que uno solo muera, pero también podrían ser miles, cientos y hasta millones. En su ajedrez, nada la restringe en el tablero, le da igual que sea peón o rey, su misión se cumple sobre ellos, sin oportunidad de escape.

Y nos aferramos a la vida, mientras ella, la muerte, implacable camina hacia nosotros, nos mira sin esquivos, sin que podamos hacer nada para sacarla del carril de nuestro propio tren.

A pesar de que es inevitable, hay quien tiene esperanza luego de su trance; otros tienen el orgullo de decir que nos les importa, aunque en el fondo mueren doblemente por el miedo.


La implacable, es su característica preferida,
no entiende de razones o argumentos,
no perdona al “indispensable”.

Le da igual el hombre abnegado de familia,
que el ausente que nunca se preocupó por sus hijos.

Viene por el que descubrió los más grandes hallazgos científicos,
y por el que nunca tuvo contacto con la escuela.

La que parió muchas veces y la estéril, comparten el mismo camino,
cuando se trata de irse de este mundo.

El que vive la vida entre risas y placeres,
con elogios que no faltan; títulos en las paredes y reconocimientos múltiples,
se encuentra igualmente en el cementerio
o cualquier otro escenario de ella,
tanto como el que no destacó en nada.

Ella mata, pero sus ejecutores son los mismos humanos.

Esa palabra que hirió hasta dentro,
Esa relación de la cual no pudiste zafarte
Esos “nuncas y jamases”, en que se convirtieron los días de la impotencia,
El vacío ese, que no consiguió ser llenado
La sonrisa ausente,
El dolor sangrante,
La vida rota, sin derecho a restaurarse.

A veces somos solo proclamadores de ella,
cuando nuestro interés es el que priva,
que nuestro pequeño castillo de naipes no se derrumbe,
y el egoísmo sólo se exhibe en nuestro modo de hacer las cosas.

Protegemos quienes somos,
la reputación, el que dirán, no porque nadie nos importe,
sino para creer que no tenemos cara de muerte,
cuando en verdad su olor está en nuestros propios huesos.

Llamamos a la vida, y empuñamos la espada del desprecio,
matamos a alguien que ignoramos,
ahogamos a otro que sentía,
lapidamos a ese que piensa distinto,
y jugamos a “desaparecer” todo aquello que estorba.➰


➰La muerte, es implacable... pero nosotros, a veces simplemente somos sus verdugos➰