Enero… tormenta y calma

Y después de una noche de gran lluvia, de esas en las que parece que el cielo se rompiera en mil pedazos y sus compuertas ya no fueran contenidas… hoy amanece con tranquilidad y luz.

No dejo de pensar que de igual manera nos ocurre a nosotros. Hay ocasiones en que lloramos y lo hacemos “a quema ropa” y se desgarran nuestras más profundas emociones. Nos quebramos como si ya no hubiera forma de recomponernos.

Confieso que no me gustan los truenos, pero también he entendido que es el lenguaje del cielo. Llueve tranquilamente como en una especie de siseo continuo, apacible y calmado; otras veces ruge con fuerza y sus gotas son como latigazos en tumultos.

Pero cuando el cielo se llueve de esa forma, luego queda una especie de limpieza en el ambiente, una calma como si nada ha pasado; sin embargo sin han caído de forma torrenciales sus vientos, aunque haya acabado la lluvia el desastre queda a su paso.

A veces también nos ocurre así, y decimos cosas muy duras o feas en medio de una discusión acalorada y las palabras son como crueles espadas que golpean o látigos que asfixian al que las oye.

Luego quizás llega la calma, pero las heridas quedan y eso es inevitable; algunas veces sin posibilidad de sanidad a corto plazo.

No somos tormentas para caer encima de quien sea de la peor manera y luego esperar que todo esté como si nada.

La ausencia de la lluvia seca la tierra; la ausencia de amor seca el corazón.

El estruendo, los rayos y los vientos fuertes traen desastres naturales, las palabras hirientes y las acciones de olvido crean distancias que destrozan el alma.

Por eso, no nos excusemos en que “somos así” y punto. La tempestad no caerá por siempre y luego habrá que arreglar lo desecho. La rabia también pasará, pero sus efectos nos cobrarán con fuerza y no podremos evadir las consecuencias de palabras y acciones fuera de lugar.

Enero, agradezco hoy que amanezcas bonito, que tengas la piel tan suave y dura a la vez, que puedes soportar los embates de la tempestad y luego secar tu pelo, sacudirte del dolor de la tormenta y salir con el mejor traje de la sonrisa a disfrutar el día, como si nada.

Los humanos somos más débiles y complicados, Enero. Las palabras nos lastiman y los olvidos no dejan huecos tan profundos que casi son imposibles de llenar.

Te veo… y hay esperanza para lo que de repente uno cree que está perdido, y ya eso es un regalo.

Enero 27; 7:58 am

Las ventanas de Enero… ⛈⛅️

Hay días que comienzan con ventanas azules por donde asomarnos y es un deleite poder hacerlo.

Pero de la misma manera no podemos perder la capacidad de deleitarnos si la ventana se oscurece y casi no podemos ver.

Es fácil sonreír mientras todo va bien, cuando el dinero alcanza y estás con la persona que realmente amas.

Sin embargo, sonreímos mejor cuando entendemos que nuestra alegría o gozo no está en aquel o aquello que está afuera, en lo que tenemos o por el amor que alguien nos tenga .

Sonreír o estar en paz, aún con las situaciones bien difíciles, es el gran reto que quisiéramos alcanzar.

Hay días con ventanas azules o grises y hay otros en los que ni siquiera ventana ahí. En todos debemos vivir, porque es el verdadero sentido de estar sobre esta tierra.

Enero 26: 1:02 pm

Enero visto desde adentro… desde afuera

El día se presiente allá fuera. El sonido de los que quieren hacer todo en fin de semana, porque el trabajo no les deja para más, ya se siente.

Es complejo afinar el ojo, cuando está todo empañado y siguen los barrotes haciendo lo suyo, pero se consigue.

El sol calentará y lo que está solo en presentimiento, se podrá observar. El calor puede derretir a la sombra más fría, como palabras que penetran al oído más indiferente.

Los paisajes podrán ser los mismos mientras no nos movamos de lugar, pero hay cosas diferentes que se presentan cada vez que realmente los vemos.

A veces ni siquiera se trata de colores llamativos, ni lugares exóticos, sino más bien de cómo estemos nosotros, los que vemos.

Enero avanza, tal como lo ha hecho hasta ahora, y le envidio… no le asustan los finales.

—¿Acaso será porque está seguro del regreso, o porque simplemente no le importa quemar las naves y lo que pase?

Los ruidos siguen… hay quien está “tumbando” su piso literalmente para hacerlo más moderno, más valioso, más bonito; con ánimos de mejorar su paisaje y contar más por él, llegado el caso.

Mientras el canto de los pájaros compite con el ruido de los múltiples aviones que pasan a cada rato. Hay que afinar el oído para preferir oír lo primero y descartar lo segundo.

Enero se detiene un poco a verme… mira mi escrito de esta mañana y sabe que el móvil y su WhatsApp’s desvían de vez en cuando la primicia de esta ventana, pero a veces es así y hay quienes nos despiertan primero. El lo entiende y lo acepta, de todas maneras nadie le quita su lugar en mi apreciación.

Hay interrupciones que valen la pena, porque nos libran de lo borroso y de las rejas, y son el trampolín a la libertad de observar sin que haya nada que lo impida.

Cuando se está afuera, se tiende a olvidar las limitaciones de estar dentro, entonces el camino fluye y el paisaje se vuelve nuevo a nuestra espera.

Otro avión pasa y solo las nubes le abrazan, ya no le miro desde la sombra, ahora el se mueve y yo también, aunque a velocidades distintas.

Enero, hoy todo es distinto, así lo están proclamando las horas que han pasado hasta ahora. Yo simplemente voy a descubrirlas.

Sábado 25; 8:42 am

Enero… sensaciones bipolares 😊😞

Hoy el día está claro,

Como los pensamientos cuando todo sale de acuerdo a lo que esperábamos.

Hay pájaros revoloteando por doquier, alegrando al día con su canto, ese mismo que no se calla aún en los días de frío extremo y ausencia de sol.

El cielo se despeja con la misma facilidad con la que se nubla.

Del mismo modo ocurre con nosotros y lo que reflejan nuestras actitudes emocionales. De pronto parecemos estar en la cúspide de la montaña, sintiendo el sol rozarnos la piel con sus rayos, riéndonos de todo el camino que hemos dejado atrás en la subida, creyéndonos los dueños del mundo porque le miramos desde arriba.

Y también ocurre que nos hundimos en el más profundo de los charcos. No vemos por donde caminamos y tropezamos lastimándonos, miramos la cima de la montaña y se convierte en un imposible más para nuestros débiles pasos, vemos al mundo desde abajo sintiendo que nos aplasta.

Sensaciones bipolares que nos ahogan, y si nos descuidamos socavan las bases de nuestro propio ser.

El cielo cambia de aspecto y se vuelve claro u oscuro… pero sigue siendo cielo. La expansión más grande que podemos ver y confirmar en este globo azul. El no deja de ser quien es, a pesar de que el tiempo cambie, no deja de ser el lugar de los astros, tanto el del día como la de la noche. Es el firmamento, y su nombre como la propia raíz de esa palabra lo indica, es “firme”.

Aprendiendo un poco del cielo que veo, entonces puede decirse que nuestras circunstancias también variarán. De pronto tendremos el sol pegando sobre nosotros y nos sentiremos a gusto o no, pero también habrán días de escasa luz, en las que no podemos saber qué hay en el paso siguiente.

El detalle consiste entonces en saber ¿quiénes somos? y mantenernos allí. Sino, seremos veletas emocionales, inestables bipolares que espantaran a cualquiera que se acerque con intención de amarnos, de cuidarnos, de aceptarnos.

No estamos llamados a ser marionetas de nuestras percepciones, porque estas pueden ser erradas. A pesar de la niebla que trae sobre nosotros el ser volteados por una emoción fuerte, tenemos la opción de detenernos a pensar que eso puede cambiar y que nosotros somos un elemento importante en todo eso. Quizás no lo que lo determine por completo, pero si tenemos un papel que jugar en cómo nos afecta cada cosa.

Si todo lo que en nosotros se mueve, va solo en función de las circunstancias, viviremos con terremotos constantes en lo que pensamos sobre nuestra propia persona . Unas veces nos creeremos dignos de todo lo bueno y otros nos sentiremos al nivel de los insectos que se arrastran, y ese vaivén no nos hace bien.

Contemplo Enero, y él como el cielo ha aprendido la lección. Habrá quien quiera que sus diss pasen rápido y también quien desee que no se vaya; pero él sigue siendo lo que es, un mes de 31 días, el primero del año, el que va lento para muchos y en el que se pagan los desafueros de las fiestas en el mes anterior. ¿Pero eso le cambia? ¡No! Como el cielo, sigue siendo Enero, ni más, ni menos.

Todos somos seres emocionales con espacio para la alegría y la tristeza, para el amor y el odio, para el hacer mucho y no hacer nada; sin embargo vivir en el extremo de cada cosa “haciendo picos” de ellas, no puede desequilibrar, porque se pierda la real esencia de cada cosa.

Por tanto, como el día de hoy que tiene posibilidades de nublarse luego, hagamos como el cielo, que se conserva azul, allá, al fondo, donde quizás nuestros ojos no alcancen a ver.

Asi nuestro interior, a pesar de las luces que nos encandilen, de los aplausos o adulaciones que recibamos; de los desprecios y olvidos que nos lastiman… seamos lo que somos. Seres humanos, con valor propio, con virtudes y errores que deben servir para revisarnos y mejorar, con ilusiones y esperanzas no vanas, sino ancladas en el esfuerzo que estemos dispuesto a entregar para conseguir alguna buena causa. Conscientes de que podemos errar y corregir y acertar y celebrar.

Enero sonríe ante el azul, sabiendo que durará poco; pero sobre todo sabiendo que durará lo necesario para no olvidar el cielo que se esconderá en otro momento.

Tu y yo, somos lo que somos y olvidarnos de ello y querer sustituirlo por algo más, nos hace daño; como una peonza que gira sin tener reposo o descanso en su propio centro.

Solo tenemos equilibrio, cuando hemos descubierto realmente quienes somos.

Enero 24; 9:23 am

Otro día de enero… igual u diferente para todos ⛅️🌍

El nuevo día llega.

Aunque a veces no lo creamos, aunque nos resistamos queriendo vivir otra vez lo que ya pasó, el nuevo día llega.

El sol corona la copa de Los árboles, con rayos de vida y Enero sonríe sacudiendo lo helado de sus días. Es posible, siempre hay posibilidad mientras se cuente otro día…

El cielo insiste en dejar verse, para que no tengamos duda que a pesar de que muchas veces está nublado, él sigue estando ahí, al otro lado de la niebla.

La ciudad se mueve, hace rato ya ha estirado sus tentáculos y ahora impulsa a cada uno a tomar las filas de sus afanes. El humano se deja convencer y corre; corre tras todo aquello que cree que le llena, y por unos pocos minutos lo consigue, luego el vacío vuelve a aparecer y el espiral de la búsqueda de satisfacción, no acaba.

Lo que comienza despejado, se convulsiona entre nubes. Nada se queda quieto. Mientras el sonido de los autos y el transporte público hace confirmación del agite del día.

Los horarios se cumplen, las actividades se logran y con eso muchos sienten que han “ponchado” la tarjeta de control que certifica que están vivos. “Puedo hacer” y más aún “puedo tener esto” es la realización que la mayoría busca y no descansa hasta encontrarla. Para luego perderla y volverla buscar desesperadamente.

Todo en el ciclo de la carrera… que no para en la búsqueda de lo que se considera hace falta y no se tiene.

Mientras el día en sí mismo, sigue tranquilo. Ha apurado al mundo, pero él está en su ritmo; azul mientras dure, nublado cuando llegue. No se inmuta, no se escandaliza, ni los agites le abrazan, es el día que toca en este Enero y se disfruta.

Y la naturaleza que lo viste, toma la misma actitud. Descansa en lo que es, florece mientras toca y se seca cuando no hay más. Nada de correr tras lo que se gana, los colores no se definen por una cuenta de banco, ni la savia se sus ramas se extingue porque no hayan títulos.

La claridad de los rayos se aprovechan al máximo, para tener el recuerdo y la resistencia en los momentos fríos.

Enero caminas en tu última semana, acaricias con tu mirada los rincones del mundo, donde todos te cuenta. casi igual, con sus variantes en algunos territorios.

Día de conmemoración en algunas partes, días de muchos trabajo y actividad en otros; días de vacaciones y sol, de tranquilidad y hogar, de llegada luego de muchas ausencias. El día es distinto y a la vez igual para todos.

Enero 23; 8:54 am.

Enero en rejas… no se ve igual 👀🔱

Enero…

Mirar a través de rejas, no es mirar.

Somos humanos e intentamos protegernos. Las rejas “sirven” para cuidar propiedades y también para levantar advertencias contra quien decida acercarse.

Y terminamos siendo más presos los que estamos en el interior de las rejas, que los merodeadores de afuera.

Son necesarias, pero más allá de las rejas físicas, existe otro tipo de rejas, las emocionales. Esas que nos esclavizan ante un pensamiento que no nos suelta, muy posible lleno de culpa e insatisfacción.

Colocamos rejas, cuando no nos atrevemos a estrenarnos en algo nuevo, porque es más fácil hacer siempre lo mismo, aunque ya se vuelva monótono y hasta sin sentido.

Existen rejas en nuestra mente, cuando no somos capaces de aceptar que alguien disienta sobre los que pensamos o decimos y entonces producto de nuestro propio encierro, nos molestamos.

Las rejas entorpecen de algún modo la vista libre de todo un panorama. Habría que preguntarse entonces, cuánto de eso hay cada vez que abordamos una situación y sólo nuestra percepción importa. Quizás tengamos un tipo de sesgo, producto de algún barrote que nos impida ver bien y aún así, persistimos.

Del mismo modo las rejas están sobre nosotros, cuando solo callamos para complacer a los demás y “llevar la fiesta en paz”, porque simplemente nuestro enfoque no vale o no se considera de aporte en cuanto a una situación. Estar preso en el silencio obligado, nos puede hacer mucho daño al punto de crear resentimiento. Disfrutar de la libertad del silencio como una mejor opción escogida por nosotros, es una bendición.

A veces las rejas ya no existen, pero pasamos tanto tiempo viendo a través de ellas, que nuestra mente que se quedó con el mensaje de nuestro nervio óptico, solo deja que los imposibles y negativos ocupen toda la forma de expresarnos.

Pero

De nada vale darnos cuentas de que existen rejas, sino hacemos algo al respecto.

Los barrotes pueden existir, pero también nuestros ojos pueden aprender una nueva forma de mirar en libertad, por mucha oposición que exista a través de “protectores” más o menos gruesos.

Tenemos la opción de cambiarnos de lugar, de afinar nuestra mirada desde el ángulo libre o de decidir internamente que ciertas cosas que bloquean el camino de forma momentánea, no van a impedir que lo transitemos.

Enero… las rejas existen y negarlas sería como engañarme y decir que no las he visto y sufrido, sin embargo es tan bueno poder superarlas que vale la pena darnos cuenta de que estamos presos en algún área de la vida, para luego también experimentar la maravillosa sensación que da, el liberarnos de eso que nos subyugaba y hacia esclavos.

Quiero caminar contigo, sin sentir que llevo peso en mis pies que no me deje seguir y barreras ante los ojos que me impidan ver por donde voy.

Quiero contemplar las rejas desde afuera, y poder estirar mi mano para que quien esté adentro, preso… también logre por su propia elección, salir.

Vamos Enero… sigamos en estos días que se apresuran a tu despedida. Eres libre para irte y volver, y eso es lo mejor que puede pasarte.

Enero 22; 8:00 am

Vivir y estar… aunque las nubes sean grises 💭🌫🌪❄️⛈

Este nuevo año que ha consumido ya gran parte de su primer mes, ha abundado en nubes grises.

Y no solo me refiero a las que dibujan en el cielo presagio de lluvia, porque en el lugar donde me toca estar en ese tiempo, esas nubes son normales. No, me refiero además a las nubes grises, que corresponden a circunstancias adversas, de esas de las cuales y por más que queramos, nos podemos escapar.

Corre el segundo mes, desde que salí de Venezuela, la mía, la del Sur… y aunque no me había atrevido a escribir sobre esto hasta ahora; hoy puedo ver un poco más de frente estás nubes grises que a veces lo ocupan todo.

No voy a hacer “El diario de un inmigrante” en esta entrada, porque no es la idea; este espacio corresponde a Enero, ese en el que mis letras estuvieron algo represadas de exposición por una simple falta de conexión a internet y otras dificultades, que no viene al caso mencionar.

Ver amanecer a Enero, recurrentemente vestido de gris, no ha sido agradable de un todo, hasta comprender que también es un color que conforma la totalidad de los paisajes que vemos. Y también tiene su belleza. No todo lo que no brilla hay que asociarlo tristeza y nostalgia.

Lo que sí sé, que de color que es te la visa en un momento; todo puede cambiar.

Si en Enero del año anterior, viendo por mi ventana (la de siempre), alguien me hubiera dicho que ya no estaría más allá, sino en cualquier otro lugar desconocido para mi; mi respuesta inmediata habría sido:

—Eso es imposible y sobre todo, no está en mis planes.

No estar preparados para los cambios o pretender controlarlo todo trae consecuencia no agradables.

Es entonces cuando el verdadero gris aparece.

Es esa lucha constante que tenemos los humanos, por pretender que todo sea a nuestra medida y tiempo, hasta que entendemos que en realidad las cosas no son así.

No lo controlamos todo y mucho menos todo, depende de nosotros.

➰El gris lo portamos nosotros mismos cuando no aceptamos que puede llover, aún sin tener la precaución de traer un paraguas.

➰El gris somos nosotros mismos, cuando tenemos que opinar de todo y en todo; y por supuesto habrán opiniones contrarias, lo que detona nuestra propia ira contenida o disimulada en la mayoría de los casos.

➰El gris está en nuestra mente, cuando no somos capaces de hacer el esfuerzo por el sueño o meta que tengamos, sino que los relegamos “en función de bienestar de otros“, pero al final del día nos descubrimos inconformes y hasta amargados.

➰El gris lo pinta quien en definitiva tiene miedo ante el azul de la expansión, porque siente pánico a no tenerlo bajo control o a descubrirse débil ante la belleza en otros y no en sí mismo.

Total es que haciendo un recuento de estos días grises, me encuentro con una belleza real en sus matices y unos ajustes propios que hay que hacer dentro, en el propio ser del humano.

Entonces recordaremos que si existen cielos de azules intensos, y que todo es pasajero.

Ninguna nube gris por muy inmensa que sea, puede durar todo el tiempo; igualmente sucede con los días azules o soleados, sobre todo en lugares como este donde estoy, donde tampoco se suceden las estaciones.

Enero es el inicio del año… empeñarse en encasillarlo en tonos oscuros o lúgubres, sería como estar escribiendo la historia de lo que ya pensamos que va a ser el resto de año.

Entonces sólo bastaría voltear a nuestro alrededor y preguntarse ¿cómo va la vida? o ¿qué tanto le impacta el gris?

A lo que la respuesta evidente es:

Aunque todo este nublado, el sol sigue saliendo, aún cuando nuestros ojos estén en negación de verlo.

Solo disponiéndonos a caminar por la senda de la luz, nuestros pasos se iluminarán, a pesar de la oscuridad que haya a nuestro alrededor.

Enero, a pesar de estos días difíciles, ha sido grato aprender en silencio en tus días, y ver cómo el camino se va encendiendo cuál pista de aterrizaje en un vuelo de emergencia.

Amo aquello que no se rinde, por muy en contra que todo parezca. El amor es eso, no rendirse. Entonces comenzamos a darnos cuenta de que no todo está perdido.

Las nubes grises arriba, tienen su tiempo; pero eso no tiene porque llenar de oscuridad lo que ocurre aquí abajo.

Sigo contigo, aunque muros grises estorban la visión; entonces me deleito y agradezco por lo que encuentro en cada paso. Ya no más angustia por la nubes grises. Vivo y estoy, eso es lo importante.

Enero 21; 12:15 pm