El camino… con o sin huellas 🌅

En la vida algunas veces (para los más privilegiados) ocurren momentos de muchas”fiestas”. Hay invitaciones por doquier, muchos se desviven por estar en ella; gozar del ambiente de la música, del servicio que se sirve en lo que se comparte con exquisitos sabores, de las personas nuevas que vienen sonriendo, de toda la diversión que significa estar en “modo fiesta”.

Es entonces cuando se pueden ver un sinfín de huellas llenando el camino. Se consiguen muchos likes, todo el mundo quiere estar donde la abundancia es exhibida, donde los problemas no existen y hay colores brillantes que lo adornan todo.

Hay cola para ser parte de ese tipo de camino. Nadie pregunta si te sientes solo, porque entre risa y risa, simplemente se asume que se está bien. No hay razón aparente para pensar lo contrario. Se anda el camino, la mayoría (por no decir todos) quieren estar ahí con nosotros.

Pero hay otro tipo de momentos, esos en los que el camino se vuelve menos brillante, más difícil y hasta incómodo. Uno que otro intenso dolor se cuela por las rendijas del alma y el ruido de alguna manera cesa. No existe música, a menos que se silbe y quizás no haya mucha fuerza para hacerlo. Sientes la puerta de la salida soñar vez tras vez.

Las huellas ya no abundan, quizás alguna casi por error, se mantenga. Las voces dulces faltan, la mano que saludaba o estaba ahí de algún modo, prefirió para tomar su maleta e irse.

Es fácil recibir la invitación a la fiesta y a las luces, eso es para todos . No tanto resulta para quien más bien es un llamado a acercarse al momento difícil, ese en que el todo está más cerca de la preocupación o de la crisis.

Ser de los que solo disfruta la fiesta, y esa es la razón para marcar las huellas, conducirá inevitablemente a solo brincar de fiesta en fiesta, y se estará propenso a vivir una embriaguez permanente, sin conocer realmente a nadie, sin profundizar su alma, sin llegar a querer realmente.

Ser de los que está dispuesto a andar el camino con o sin música para bailar, abundancia para compartir y sonrisas a la orden del día, puede que lleve también a llorar, pero al final permitirá crear lazos reales que superen todas las estaciones del camino.

Como todo en la vida, en el camino… decidimos que hacer y con quien, y sobre todo donde se dejan las huellas.

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De paseo por la vida…descubriendo 👀❣️

Hay momentos en la vida en que no queremos andar más. El camino se vuelve una repetición de sucesos que nos cansan, de paisaje que ya conocemos y no queremos más… y de pronto alguien nos invita a otra parte del camino.

En principio rechazamos la invitación, porque en el fondo nos sentimos cómodos con nuestras propias miserias, tanto como para no atrevernos a soltarlas. Hasta que por una razón que a veces no comprendemos, decidimos asumir la nueva aventura y empezamos a abrir los sentidos otra vez.. el camino no espera.

Cuando pensábamos que no habría un nuevo lugar por donde pasar, el paisaje simplemente cambia y se abre a nuestro paso.

Una voz en nuestro interior nos susurra bajito, para que los otros no oigan: —¿Cómo es que me he empeñado en sepultarme en una sola parte del camino, habiendo tanto por conquistar y ver?

Claro eso nos lo decimos y luego nos hacemos los locos, tentados a seguir acariciando el dolor que ya el camino anteriormente nos había proporcionado; y como nos sabemos la ruta es fácil deslizarnos hasta sus rincones tenebrosos nuevamente. Hasta que…

Empezamos a ver nuestra soledad como la de un árbol solo a la orilla del camino que está en riesgo de morir. Y determinamos que no queremos que esos nos ocurra.

Podemos ser refugio para otros. Lugar donde el nido de las ilusiones aparezcan, entonces pierde todo sentido lo que nos habíamos empeñado en conservar del camino anterior, el que no nos conducía a ningún lado. Nos animamos al pensar que otras vidas vengan, un alguien que realmente si quiera estar, como esos árboles que luego de algún tiempo echan raíces y se fortalecen.

Entonces entendemos, que la vida como un camino, es mucho más de lo que simplemente hasta ahora, habíamos andado.

Que hay cosas interesantes que podemos descubrir y gente realmente valiosa en la cual podamos estar interesados. No todo se acabó en los pasos que dimos. Estamos vivos.

Los colores van apareciendo si nos atrevemos a abrir los ojos. De empeñarnos en solo tenerlos cerrados, conseguiremos avanzar a tientas quizás, pero de seguro caeremos y nos golpearemos más, y lo peor nos perderemos de admirar y sobre todo de disfrutar lo que se nos presenta y está ahí para nosotros. Parece ilógico que lo obviemos, pero eso hacemos.

Aceptar que la aventura nos espera en el camino, es regalarnos un sinfín de sensaciones…

Regalos que no esperábamos…

Lugares de descanso, donde podremos pensar, desahogarnos y hasta tomar desiciones.

Es así como podemos asumir que podemos cruzar cualquier orilla y acercarnos, que las distancias se acortan si queremos y que no siempre el agua divide territorios, sino que algunas veces solo es una prueba para animar a alguien a luchar por lo que quiere. Nos embarcamos.

Y la vida se hace cercana. El camino empieza a pintarse de colores distintos.

Perdemos el miedo que da atravesar el puente, aunque el viento puede sacudirlo, recordamos que es lo que tenemos para hacer posible nuestra llegada al otro lado. Si mantenemos la mirada en ello, aunque nos asustamos, terminamos cruzándolo.

Y ante nuestros ojos la fiesta de lo que sentimos, comienza.

Descubrimos que la risa no nos ha sido negada, sino que éramos nosotros quienes nos empeñábamos en taparla con tristes recuerdos.

Y la vida se presente de pronto con el mejor de sus trajes puestos, invitándonos a sentir, a visitar nuevamente el salón de la Alegría, donde no tenemos que pagar nada, y como único requisito para estar ahí, se requiere de las ganas.

Cada flor comienza a tener sentido nuevamente, cada hoja que se mueve nos sonríe. Y no que antes no lo hicieran, sino que no lo veíamos. Estábamos demasiados ensimismados en nuestros propios dolores.

Y comprendemos que vale la pena emprender otro camino, aceptar la invitación a la aventura, sacudirnos ese polvo de la desilusión que se había pegado a nuestras alas y nos impedía volar…

Entonces terminamos convencidos de que la vida es una ruta por la cual podemos salir a pasear. ¿Porque empeñarnos en negarnos a eso? Por la tonta manía de creer que tenemos un después.

Continuo el camino, ahora mismo, no me niego a lo que pase. Cruzo el puente, recorro la distancia, disfruto las flores, agradezco cada instante que esté para ser vivido, sabiendo que es un regalo. De paseo… voy contigo.

Andar y parar… 🛤🌳

El que se afana por solo llegar, puede que esté tan cansado al final, que no logre disfrutar nada al llegar.

El camino también está lleno de bancas y lugares donde parar a solo disfrutar de lo que está a la vista, de lo que hemos andado o simplemente de tomar el respiro necesario para poder continuar y hasta replantearnos si queremos continuar en la misma ruta o no.

Del modo que sea, todo el camino también contempla un descanso.

No es más fuerte quien nunca toma un tiempo para sí, sino aquel que conociendo sus capacidades sabe cómo administrarlas.

Disfruta el camino… se puede andar y parar, descansa.

El camino… una vez más, el camino…. 💭 🛤

Pensando un poco, en este día que ya se ha ido…

En el camino de la vida

Muchas veces podemos

Sentirnos cansados y

Agobiados,

Las subidas cuestan,

Las bajadas nos desenfrenan

Lo que adorna nos deslumbra

Y puede hacernos caer.

Si el camino es solo recto

Nos hastiamos, nos da sueño

Corriendo el riesgo de

Chocar, de lastimarnos.

Si son muchas las curvas o

Desvíos, simplemente nos

Perdemos, al punto de no

Poder recuperar la ruta que

Teníamos.

Y entonces… ¿cuál es el camino?

EL MEJOR CAMINO,

El verdadero es el que te permite

Pasar por todo ello, sin que te

Quedes en el intento.

Es sería la trampa, la mentira,

El invento…

Lo de “no hacer nada” “confórmate “

“Quédate quieto”

Subirás y bajarás en un momento,

Las curvas las sortearás

Igual que el camino recto,

Nada de eso te atará, pues tú sabes

A dónde vas,

Indistintamente que otro quiera

Dirigir la escritura de tu cuento.

EL CAMINO sin duda necesitará

Ser pisado, Para adquirir sentido

Entonces, entonces quien lo anda

Será el que determine su destino.

Cuando ya o quieras mas,

Sabrás

Que ya se acabó el camino…

Mientras sigo aquí…

Tú, parte de mi camino, quizás el punto de llegada o el desvío, la curva donde me pierdo, el andar derecho y recto, lo que también me hace quedarme a la vera y en el centro. El papel en blanco donde mis letras escriben el cuento.

Caminando por “la acera del frente”… contigo

Tenemos un camino por el cual nos gusta andar, o simplemente es el que estamos acostumbrado a tomar.  Todo ahí parece ir bien (o no) y nos hacemos a la idea, de que es lo que nos toca y simplemente nos quedamos ahí, dando pasos en él, día tras día, al menos eso creemos.

Hace un par de días, decidí explorar otro camino, el camino “de la acera del frente” …por supuesto que fui encontrando nuevas cosas a mi paso.

Un regalo se abre ante nuestros ojos, si nos atrevemos a en encontrarlo y tomarlo. Quizás resulte “raro” al principio, pero nadie puede decir que no sea rico descubrir las sorpresas que nos depara.


Es emocionante, cuando los pasos que damos por un sendero diferente, pueden agitarnos el corazón de manera increíble.  Con toda seguridad somos de lo que hemos dicho  miles de veces: – Soy de los que está cómodo andando por aquí, sin salirme de los linderos de lo conocido… estoy bien así (lo que no es condenable)

Y aunque a veces estemos no del todo conforme o satisfechos, es nuestro camino, es lo acostumbrado y eso a la altura de etapa de la vida en que tenemos esos pensamientos, es simplemente suficiente.  Pero sabes qué?  He descubierto últimamente que mis pies no están pegados a la acera de siempre, que puedo cruzar la calle y mirar  desde el otro lado, observar de cerca, disfrutar sus colores, y sobre todo, sentirme libre de escoger donde piso.  Esa es una sensación que no puede ser pagada con nada.
Descubrí que hay lugares que invitan a la parada de un descanso, que la vegetación llega a ser como una acolchada alfombra por la que se puede pisar y sentir suavidad bajo nuestros pies. Eso me recuerda que no estamos atados a andar siempre sobre algo duro, solo porque eso sea a lo que estamos acostumbrados, o,lo,que no,levante incomodidad en el otro.


La acera del frente, quizás es menos transitada, o. As complicada… porque tal vez el sol pega más de frente por ahí, pero también es posible que en ella se encintaren   detalles extraordinarios por descubrir. 

Cuando voy por donde estoy acostumbrada, lo hago casi en “piloto automático” y si… es cierto que eso me permite ir más rápido, pero también voy   sin  detallar o disfrutar mucho de lo que me rodea.   Y así mismo, ocurre con la vida, nuestro trayecto se convierte en el de siempre sin muchos detalles o maravillas, porque simplemente no es necesario, es el camino de lo adecuado, lo “en su sitio “, lo que no puede ser alterado.

 Pero, cuando tomo un nuevo trayecto, voy más atenta, descubriendo que me gusta más de lo que veo, los detalles excitantes de cada paso; y es probable que me vuelva más atrevida, al punto de tomar una foto como esta, aún cuando la seguridad con que no cuento,muchas veces lo limita.  Es ilógico, sin acierto, innecesario? Si! Sin embargo he decidido no dejar que la vida pase sin detallarla, sin disfrutarla, sin anidarla.

En algún momento hay que regresar al camino acostumbrado, porque también es parte del todo de nuestra vida, solo que es diferente recorrerlo cuando ya hemos expandido nuestros pasos hasta otros lugares.  Es entonces cuando  comenzamos a evaluar realmente cuál es nuestra razón en todo ello.


Descubrir que hay algo más allá de lo que siempre vemos, es un privilegio que nadie nos debería quitar (aunque se empeñen mucho en intentarlo). Debemos ser dueños de la longitud del camino que escojamos andar. Cuando sentimos que una cuerda nos detiene para poder explorar la acera del frente, es tiempo de evaluar con claridad, quien o que está sosteniendo esa cuerda… y sobre todo porqué.

Por mi parte, me encanta encontrarte en mi camino acostumbrado y en la libertad de poder cruzar hasta dónde mis pasos, grandes o pequeños me lleven. La cuerda tira de mi incesantemente, pero,también he encontrado la forma de zafarme de ella, porque hay una acera, un camino, un destino, donde nadie puede intervenir, sino nosotros.  La maravilla de lo que está en nuestros pensamientos, o mejor dicho en quien pensamos, es que no importa en que lado del camino estemos, eso nos acompaña y para mí,  es suficiente para sentirme contenta, estando en este lado de la acera, o en la del frente (tú vas conmigo).

Pensando mientras observo…💭👀

💭Cuando nos atrevemos a mirar hacia arriba, por mucha interferencia que haya, el cielo se mostrará para nosotros.

💭Basta no quedarnos en los obstáculos, para encontrar las salidas. Si en mente siempre tenemos el sol, la oscuridad no podrá nublar nuestros días.


💭La belleza no está exenta de dolores… hay veces en que no solo las rosas tienen espinas, sino que estás se forman como mecanismo de defensa de otras especies.

💭Todo tiene su razón, ninguna espina nace al azar, ninguna cicatriz está ahí sin un motivo.  Cuando encontremos una u otra, pensamos antes de sacar conclusiones apresuradas.


💭El que se afana pensando en lo que puede llegara a convertirse mañana, pierda la magia o belleza de lo que toca ahora.  Siempre se habla de que los gusanos terminan convirtiéndose en mariposa y pareciera que solo de eso se trata… pero hay crisálidas que por una causa u otra no llegan hasta ese día.  

💭Entonces, es mejor prepararse mientras se anda por el suelo y disfrutarlo, así se será una delicia natural el  surcar   del cielo cuando salgan las alas.