Dia anterior… día de hoy 4to paso en Octubre 💭

Hay veces en que los días nos abrazan con sus afanes y no desgastan a lo sumo. No en vano Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos”. Pero somos propensos y hasta tercos con esto del afán, que no es más que la frustración de comprobar que no tenemos “el control “.

Ayer amaneció bello…

El sol hizo un despliegue de luz, espectacular.

Provocaba solo estar allí y disfrutar de tanta luz, de tanta belleza y esplendor. Pero ya sabemos que la vida no nos deja “enchinchorrarnos” en ninguna trinchera; ya sea por una cosa u otra, nos sacude.

Y eso está bien, porque de lo contrario el polvo de la inercia se nos pega, con la consecuencia obligatoria de quedarnos entumecidos hasta el límite de ya no movilizar ni siquiera los pensamientos hacia lo que una vez quisimos. Nos volveríamos simples figuras pegadas en el camino que alguien más transita; ¡y claro! Es obvio que tarde o temprano seremos eso en la vida de los demás, pero empeñarnos en empujar el proceso sería contraproducente hasta para nosotros mismos.

El movernos hacia algo o alguien mantiene nuestro enfoque en su lugar, los músculos del cuerpo y hasta los mentales (si pudiera decirse así) ejercitados: en fin nos permite experimentar qué estamos vivos o que al menos pretendemos estarlo.

Así que contemplé y fue un verdadero deleite la forma en que comenzó el día de ayer. Luego los propios afanes de día, se subieron al puesto de copiloto y me hicieron arrancar.

El sol pillaba mis pasos por todos lados y lo agradecí profundamente porque hay momentos en que a pesar de que “amanece” seguimos viendo todo en penumbras.

Confieso que no soy muy dada a estar manejando de un lado a otro y cuando lo hago es por una causa que lo amerita. Si soy quien está detrás del volante por seguridad mía y de los demás, debo dejar pasar mucho de lo que quisiera observar, y aunque a veces solo me detengo al borde de la vía y lo hago, hay otras en que simplemente no puedo, y eso definitivamente me quita las ganas de ir por ahí todo el tiempo enclaustrada dentro de un vehículo. Pero claro, si quiero a la persona a quien debo llevar o si voy a su encuentro , el asunto se resuelve. 😊 Voy sin que me pese.

No sabemos quién realmente nos quiere, hasta que no somos lo que precisamente ese otro espera o desea. Cualquiera te quiere si eres Justo lo que le pediste al genio de la lámpara.

Cuando te sientes bien y tienes recursos, quizás hasta el pariente más lejano te busque, y tu casa esté siempre llena. Pases a ser el familiar o amigo popular, que todos quieren visitar, porque siempre salen con algo de tu domicilio; ya que tu función en todo eso es que nadie se vaya con las manos vacías. Y te sientes bien, tu orgullo está arriba y te repites a ti mismo: “que bueno soy, porque doy”.

Te gustan las adulaciones y sentirte imprescindible o más que necesario. Y esa sensación aunque la “pagues ” con todo eso que entregas, te resulta irrisorio porque necesitas esa dosis de adulación para sentirte importante. Craso error.

¿Pero cuando no es así? ¿Qué ocurre?.

Cuando las fuerzas se agotan y el dinero se acaba, ¿quien está a tu lado capaz de sentarse en el piso contigo, si no hay muebles? ¿quién está pendiente de cómo te sientes cuándo sólo pueda escribirte un antiguo mensaje de texto, porque las video llamadas estén fuera de tu alcance? ¿A quien le resultas agradable cuando ya no eres atractivo?

Mirando la ciudad y sus males, me di cuenta de que a veces manejamos la vida como los políticos; los que si tienen algo de que lucrarse hacen las obras en las vías, colocan la valla de “trabájanos para usted” y aparentemente están allí, pendiente de todo <muestran interés>. Pero cuando ya no hay “queso en la tostada” abandonan la función de servicio para la cual se postularon alguna vez e hicieron hasta lo imposible por ganar. La ciudad pierde brillo para ellos cuando ya no hay ningún provecho económico que pueda sacarse de sus contratos.

Operamos así en lo pequeño que son nuestras relaciones personales, y extrapolamos esa filosofía hueca a lo más grande que es cuando la relación es de alcances locales, regionales y hasta nacionales.

No subo la foto del estado en que está la vialidad que conecta las dos ciudades más importantes del Estado donde vivo, porque simplemente me da pena. Dejaron perder todo un trecho de la avenida que comunica las dos lugares, solo por desidia. El caso es visible, hay carros en el canal que no corresponde y accidentes ocurren sin que nadie los evite con tan solo una señal de “peligro”. Se perdió el interés, porque ya ese contrato no da para la riqueza personal de alguien. Realmente es atroz el accionar bajo esa filosofía de egoísmo y maldad.

Entonces es preferible detenerse un poco y observar otra cosa, antes que lo terrible del ser humano y que el reflejo de sus acciones nos arrope hasta sentir que asfixia.

Continué el camino…

Me repito…

El color existe, para quien esté dispuesto a verlo.

Y no todo está perdido, aunque lo parezca.

En cualquier parte puede presentarse aquello que nos reconcilie con las ganas de continuar el camino, aún cuando hayamos decidido tirar el boleto del viaje.

Comprobar que de lejos a veces las cosas parecen más imponentes o que estamos equivocados es una experiencia que sólo logramos saborear, si nos acercamos.

No es igual estar al pie, que a unos cuantos kilómetros.

Lo que puede tener forma idílica desde muy lejos, puede desmoronase como naipes que se soplan, al comprobar una tosca realidad.

Los sustos nunca faltan, la vía como la vida está llena de sobresaltos, los sinsabores están allí dispuestos a dejarnos en el paladar trozos de amargura, de desasosiego e impotencia, pero el camino continúa. El quiere ser descubierto.

Y en el momento que te detienes a disfrutarlo, puede que no estés a salvo de un “regalo” que te venga de arriba. Un pájaro que pase y vuele y te lo empañe.

Aún así, el camino sigue y el paisaje es bello.

No se invalida lo que podemos apreciar y disfrutar de todo nuestro camino por todos los huecos en que caigamos, y aunque ellos de alguna manera nos dañen o quiebren, no tiene que ser para siempre.

La tarde de ayer “se quebró y” y creo que yo con ella. No me di el permiso de estar mal, simplemente el sentirme mal me arropó hasta el punto de que también mi cuerpo se rindió por unas cuantas horas. Mis compañeros de la “Fibro” saben como es esto, y mientras la tarde lloraba “a moco suelto” yo también lo hacía sin quizás tener fuerzas de gritar las lágrimas.

El día de ayer se despidió, todo estaba mojado alrededor, pero sacó su pañuelo y enjugó nuestras lágrimas … Octubre despacio luego me dijo: “Vamos, acompáñame… sigamos “.

Y así terminamos el ciclo de llanto y nos dimos un tiempo para que la luz de los últimos minutos del día, nos calentaran el alma de a poco.

La tristeza dejó sus rastros, pero también la belleza pintó su cuadro.

Y hoy al cuarto paso de este Octubre melancólico, que ve pasar sus días como hojas bellas que caen de los árboles, el día y yo, hemos comenzado muy temprano.

Antes de que el wifi y su señal intermitente me fastidie, antes que las llamadas del día me saquen de la oportunidad de contemplar la calma y su importancia en mi vida. Estoy aquí, mirándole, mirándonos de frente.

Los colores avanzan, ya el día despierta. Los pajaritos hacen su llamado a que “volemos “, que no dejemos el polvo en nuestras alas.

El día se aclara y Octubre orgulloso como quien se perfila para asumir los pasos del día, con agrado.

No sabemos que traerá este regalo, pero de algo estoy convencida y es de que lo es… un inmenso regalo que supera cualquier cosa que tengamos.

La vida unan vez más con sus vestidos únicos, y del mismo modo nos invita a su fiesta única; no como la que pensamos nosotros en nuestras limitadas mentes sino como ella, en la agenda se su Creador sabe dárnosla.

Octubre bello y delicioso, con tonos graves e intrigantes, aquí nos encontramos nuevamente. No te canses.

Y el día sonríe y se sonroja, porque sabe que hablo de él y le observo, con ojos de admiración pase lo que pase.

Sentir el camino… cada paso 👣 🎉💋

Que a veces nos empeñamos en abrir caminos, y en fijarnos destinos tan ambiciosos, que perdemos de vista el disfrute de cada paso.

De nada sirve un camino, muchos pasos andados y un destino “grandioso” si cuando llegas lo haces desgastado y con el placer y la alegría, fuera de tu equipaje.

Siente cada paso, y con eso el camino te llevará donde quieras. 🥰

El camino… con o sin huellas 🌅

En la vida algunas veces (para los más privilegiados) ocurren momentos de muchas”fiestas”. Hay invitaciones por doquier, muchos se desviven por estar en ella; gozar del ambiente de la música, del servicio que se sirve en lo que se comparte con exquisitos sabores, de las personas nuevas que vienen sonriendo, de toda la diversión que significa estar en “modo fiesta”.

Es entonces cuando se pueden ver un sinfín de huellas llenando el camino. Se consiguen muchos likes, todo el mundo quiere estar donde la abundancia es exhibida, donde los problemas no existen y hay colores brillantes que lo adornan todo.

Hay cola para ser parte de ese tipo de camino. Nadie pregunta si te sientes solo, porque entre risa y risa, simplemente se asume que se está bien. No hay razón aparente para pensar lo contrario. Se anda el camino, la mayoría (por no decir todos) quieren estar ahí con nosotros.

Pero hay otro tipo de momentos, esos en los que el camino se vuelve menos brillante, más difícil y hasta incómodo. Uno que otro intenso dolor se cuela por las rendijas del alma y el ruido de alguna manera cesa. No existe música, a menos que se silbe y quizás no haya mucha fuerza para hacerlo. Sientes la puerta de la salida soñar vez tras vez.

Las huellas ya no abundan, quizás alguna casi por error, se mantenga. Las voces dulces faltan, la mano que saludaba o estaba ahí de algún modo, prefirió para tomar su maleta e irse.

Es fácil recibir la invitación a la fiesta y a las luces, eso es para todos . No tanto resulta para quien más bien es un llamado a acercarse al momento difícil, ese en que el todo está más cerca de la preocupación o de la crisis.

Ser de los que solo disfruta la fiesta, y esa es la razón para marcar las huellas, conducirá inevitablemente a solo brincar de fiesta en fiesta, y se estará propenso a vivir una embriaguez permanente, sin conocer realmente a nadie, sin profundizar su alma, sin llegar a querer realmente.

Ser de los que está dispuesto a andar el camino con o sin música para bailar, abundancia para compartir y sonrisas a la orden del día, puede que lleve también a llorar, pero al final permitirá crear lazos reales que superen todas las estaciones del camino.

Como todo en la vida, en el camino… decidimos que hacer y con quien, y sobre todo donde se dejan las huellas.

De paseo por la vida…descubriendo 👀❣️

😮Las imágenes de Esta entrada han sido eliminadas y miradas a Instagram, ya que no me queda espacio en el blog y debo liberar. Para ver las fotos puedes ir a @escriboloquesientoypienso🙄

Hay momentos en la vida en que no queremos andar más. El camino se vuelve una repetición de sucesos que nos cansan, de paisaje que ya conocemos y no queremos más… y de pronto alguien nos invita a otra parte del camino.

En principio rechazamos la invitación, porque en el fondo nos sentimos cómodos con nuestras propias miserias, tanto como para no atrevernos a soltarlas. Hasta que por una razón que a veces no comprendemos, decidimos asumir la nueva aventura y empezamos a abrir los sentidos otra vez.. el camino no espera.

Cuando pensábamos que no habría un nuevo lugar por donde pasar, el paisaje simplemente cambia y se abre a nuestro paso.

Una voz en nuestro interior nos susurra bajito, para que los otros no oigan: —¿Cómo es que me he empeñado en sepultarme en una sola parte del camino, habiendo tanto por conquistar y ver?

Claro eso nos lo decimos y luego nos hacemos los locos, tentados a seguir acariciando el dolor que ya el camino anteriormente nos había proporcionado; y como nos sabemos la ruta es fácil deslizarnos hasta sus rincones tenebrosos nuevamente. Hasta que…

Empezamos a ver nuestra soledad como la de un árbol solo a la orilla del camino que está en riesgo de morir. Y determinamos que no queremos que esos nos ocurra.

Podemos ser refugio para otros. Lugar donde el nido de las ilusiones aparezcan, entonces pierde todo sentido lo que nos habíamos empeñado en conservar del camino anterior, el que no nos conducía a ningún lado. Nos animamos al pensar que otras vidas vengan, un alguien que realmente si quiera estar, como esos árboles que luego de algún tiempo echan raíces y se fortalecen.

Entonces entendemos, que la vida como un camino, es mucho más de lo que simplemente hasta ahora, habíamos andado.

Que hay cosas interesantes que podemos descubrir y gente realmente valiosa en la cual podamos estar interesados. No todo se acabó en los pasos que dimos. Estamos vivos.

Los colores van apareciendo si nos atrevemos a abrir los ojos. De empeñarnos en solo tenerlos cerrados, conseguiremos avanzar a tientas quizás, pero de seguro caeremos y nos golpearemos más, y lo peor nos perderemos de admirar y sobre todo de disfrutar lo que se nos presenta y está ahí para nosotros. Parece ilógico que lo obviemos, pero eso hacemos.

Aceptar que la aventura nos espera en el camino, es regalarnos un sinfín de sensaciones…

Regalos que no esperábamos…

Lugares de descanso, donde podremos pensar, desahogarnos y hasta tomar desiciones.

Es así como podemos asumir que podemos cruzar cualquier orilla y acercarnos, que las distancias se acortan si queremos y que no siempre el agua divide territorios, sino que algunas veces solo es una prueba para animar a alguien a luchar por lo que quiere. Nos embarcamos.

Y la vida se hace cercana. El camino empieza a pintarse de colores distintos.

Perdemos el miedo que da atravesar el puente, aunque el viento puede sacudirlo, recordamos que es lo que tenemos para hacer posible nuestra llegada al otro lado. Si mantenemos la mirada en ello, aunque nos asustamos, terminamos cruzándolo.

Y ante nuestros ojos la fiesta de lo que sentimos, comienza.

Descubrimos que la risa no nos ha sido negada, sino que éramos nosotros quienes nos empeñábamos en taparla con tristes recuerdos.

Y la vida se presente de pronto con el mejor de sus trajes puestos, invitándonos a sentir, a visitar nuevamente el salón de la Alegría, donde no tenemos que pagar nada, y como único requisito para estar ahí, se requiere de las ganas.

Cada flor comienza a tener sentido nuevamente, cada hoja que se mueve nos sonríe. Y no que antes no lo hicieran, sino que no lo veíamos. Estábamos demasiados ensimismados en nuestros propios dolores.

Y comprendemos que vale la pena emprender otro camino, aceptar la invitación a la aventura, sacudirnos ese polvo de la desilusión que se había pegado a nuestras alas y nos impedía volar…

Entonces terminamos convencidos de que la vida es una ruta por la cual podemos salir a pasear. ¿Porque empeñarnos en negarnos a eso? Por la tonta manía de creer que tenemos un después.

Continuo el camino, ahora mismo, no me niego a lo que pase. Cruzo el puente, recorro la distancia, disfruto las flores, agradezco cada instante que esté para ser vivido, sabiendo que es un regalo. De paseo… voy contigo.

Andar y parar… 🛤🌳

El que se afana por solo llegar, puede que esté tan cansado al final, que no logre disfrutar nada al llegar.

El camino también está lleno de bancas y lugares donde parar a solo disfrutar de lo que está a la vista, de lo que hemos andado o simplemente de tomar el respiro necesario para poder continuar y hasta replantearnos si queremos continuar en la misma ruta o no.

Del modo que sea, todo el camino también contempla un descanso.

No es más fuerte quien nunca toma un tiempo para sí, sino aquel que conociendo sus capacidades sabe cómo administrarlas.

Disfruta el camino… se puede andar y parar, descansa.

El camino… una vez más, el camino…. 💭 🛤

Pensando un poco, en este día que ya se ha ido…

En el camino de la vida

Muchas veces podemos

Sentirnos cansados y

Agobiados,

Las subidas cuestan,

Las bajadas nos desenfrenan

Lo que adorna nos deslumbra

Y puede hacernos caer.

Si el camino es solo recto

Nos hastiamos, nos da sueño

Corriendo el riesgo de

Chocar, de lastimarnos.

Si son muchas las curvas o

Desvíos, simplemente nos

Perdemos, al punto de no

Poder recuperar la ruta que

Teníamos.

Y entonces… ¿cuál es el camino?

EL MEJOR CAMINO,

El verdadero es el que te permite

Pasar por todo ello, sin que te

Quedes en el intento.

Es sería la trampa, la mentira,

El invento…

Lo de “no hacer nada” “confórmate “

“Quédate quieto”

Subirás y bajarás en un momento,

Las curvas las sortearás

Igual que el camino recto,

Nada de eso te atará, pues tú sabes

A dónde vas,

Indistintamente que otro quiera

Dirigir la escritura de tu cuento.

EL CAMINO sin duda necesitará

Ser pisado, Para adquirir sentido

Entonces, entonces quien lo anda

Será el que determine su destino.

Cuando ya o quieras mas,

Sabrás

Que ya se acabó el camino…

Mientras sigo aquí…

Tú, parte de mi camino, quizás el punto de llegada o el desvío, la curva donde me pierdo, el andar derecho y recto, lo que también me hace quedarme a la vera y en el centro. El papel en blanco donde mis letras escriben el cuento.

Caminando por “la acera del frente”… contigo

Tenemos un camino por el cual nos gusta andar, o simplemente es el que estamos acostumbrado a tomar.  Todo ahí parece ir bien (o no) y nos hacemos a la idea, de que es lo que nos toca y simplemente nos quedamos ahí, dando pasos en él, día tras día, al menos eso creemos.

Hace un par de días, decidí explorar otro camino, el camino “de la acera del frente” …por supuesto que fui encontrando nuevas cosas a mi paso.

Un regalo se abre ante nuestros ojos, si nos atrevemos a en encontrarlo y tomarlo. Quizás resulte “raro” al principio, pero nadie puede decir que no sea rico descubrir las sorpresas que nos depara.


Es emocionante, cuando los pasos que damos por un sendero diferente, pueden agitarnos el corazón de manera increíble.  Con toda seguridad somos de lo que hemos dicho  miles de veces: – Soy de los que está cómodo andando por aquí, sin salirme de los linderos de lo conocido… estoy bien así (lo que no es condenable)

Y aunque a veces estemos no del todo conforme o satisfechos, es nuestro camino, es lo acostumbrado y eso a la altura de etapa de la vida en que tenemos esos pensamientos, es simplemente suficiente.  Pero sabes qué?  He descubierto últimamente que mis pies no están pegados a la acera de siempre, que puedo cruzar la calle y mirar  desde el otro lado, observar de cerca, disfrutar sus colores, y sobre todo, sentirme libre de escoger donde piso.  Esa es una sensación que no puede ser pagada con nada.
Descubrí que hay lugares que invitan a la parada de un descanso, que la vegetación llega a ser como una acolchada alfombra por la que se puede pisar y sentir suavidad bajo nuestros pies. Eso me recuerda que no estamos atados a andar siempre sobre algo duro, solo porque eso sea a lo que estamos acostumbrados, o,lo,que no,levante incomodidad en el otro.


La acera del frente, quizás es menos transitada, o. As complicada… porque tal vez el sol pega más de frente por ahí, pero también es posible que en ella se encintaren   detalles extraordinarios por descubrir. 

Cuando voy por donde estoy acostumbrada, lo hago casi en “piloto automático” y si… es cierto que eso me permite ir más rápido, pero también voy   sin  detallar o disfrutar mucho de lo que me rodea.   Y así mismo, ocurre con la vida, nuestro trayecto se convierte en el de siempre sin muchos detalles o maravillas, porque simplemente no es necesario, es el camino de lo adecuado, lo “en su sitio “, lo que no puede ser alterado.

 Pero, cuando tomo un nuevo trayecto, voy más atenta, descubriendo que me gusta más de lo que veo, los detalles excitantes de cada paso; y es probable que me vuelva más atrevida, al punto de tomar una foto como esta, aún cuando la seguridad con que no cuento,muchas veces lo limita.  Es ilógico, sin acierto, innecesario? Si! Sin embargo he decidido no dejar que la vida pase sin detallarla, sin disfrutarla, sin anidarla.

En algún momento hay que regresar al camino acostumbrado, porque también es parte del todo de nuestra vida, solo que es diferente recorrerlo cuando ya hemos expandido nuestros pasos hasta otros lugares.  Es entonces cuando  comenzamos a evaluar realmente cuál es nuestra razón en todo ello.


Descubrir que hay algo más allá de lo que siempre vemos, es un privilegio que nadie nos debería quitar (aunque se empeñen mucho en intentarlo). Debemos ser dueños de la longitud del camino que escojamos andar. Cuando sentimos que una cuerda nos detiene para poder explorar la acera del frente, es tiempo de evaluar con claridad, quien o que está sosteniendo esa cuerda… y sobre todo porqué.

Por mi parte, me encanta encontrarte en mi camino acostumbrado y en la libertad de poder cruzar hasta dónde mis pasos, grandes o pequeños me lleven. La cuerda tira de mi incesantemente, pero,también he encontrado la forma de zafarme de ella, porque hay una acera, un camino, un destino, donde nadie puede intervenir, sino nosotros.  La maravilla de lo que está en nuestros pensamientos, o mejor dicho en quien pensamos, es que no importa en que lado del camino estemos, eso nos acompaña y para mí,  es suficiente para sentirme contenta, estando en este lado de la acera, o en la del frente (tú vas conmigo).

Pensando mientras observo…💭👀

💭Cuando nos atrevemos a mirar hacia arriba, por mucha interferencia que haya, el cielo se mostrará para nosotros.

💭Basta no quedarnos en los obstáculos, para encontrar las salidas. Si en mente siempre tenemos el sol, la oscuridad no podrá nublar nuestros días.


💭La belleza no está exenta de dolores… hay veces en que no solo las rosas tienen espinas, sino que estás se forman como mecanismo de defensa de otras especies.

💭Todo tiene su razón, ninguna espina nace al azar, ninguna cicatriz está ahí sin un motivo.  Cuando encontremos una u otra, pensamos antes de sacar conclusiones apresuradas.


💭El que se afana pensando en lo que puede llegara a convertirse mañana, pierda la magia o belleza de lo que toca ahora.  Siempre se habla de que los gusanos terminan convirtiéndose en mariposa y pareciera que solo de eso se trata… pero hay crisálidas que por una causa u otra no llegan hasta ese día.  

💭Entonces, es mejor prepararse mientras se anda por el suelo y disfrutarlo, así se será una delicia natural el  surcar   del cielo cuando salgan las alas.

Perdidos… o en el rumbo…🚏⛅️

El que dice que nunca se ha perdido…. es porque simplemente nunca tomó ningún camino.

Alguna vez, seguro, que  hemos salido con el ánimo y la intención de llegar a un destino. Esperamos con anhelo ir hasta allá, imaginamos los colores, podemos hasta comenzar a sentir los sabores de lo que anhelamos y ponemos todo nuestro empeño para simplemente llegar.  Preparamos nuestra mochila de viaje con disposición, coraje y el entusiasmo que nos produce pensar en todo eso que queremos y que en algún momento obtendremos (cuando lleguemos).

Sin embargo, el camino no siempre es recto y sin pérdidas. Nos toca al menos una encrucijada en la cual debemos decidir hacia que lado ir, una que otra curva que nos pueda distraer y a lo mejor algún abismo al borde de la carretera que simplemente nos haga atemorizar tanto, como para solo pensar en devolvernos o al menos preguntarnos: “¿pero que es lo que hago aquí?

En otras ocasiones, por el afán de llegar más rápido y de no esperar el tiempo correspondiente para llegar a dónde vamos, optamos por caminos cortos, o atendemos sugerencias que otras con buenas intenciones (hasta equivocadas) nos hacen.

El punto es, que tanto en un escenario como en otro, de alguna forma nos “perdemos“… porque simplemente somos humanos y no estamos excento de ello.  Debido a esto, existen las brújulas, que indican donde está el norte o hacia dónde queda el lugar al cual queremos por fin llegar.

Hay quien se lamenta tanto por la pérdida, que no disfruta para nada la belleza del camino que se abre cuando no sólo andamos por donde todo el mundo espera.  Por eso tenemos las opciones, o bien de quejarnos y sentirnos miserables por estar perdidos, o sacamos nuestra brújula (si la tenemos) y comenzamos a reconsiderar nuestros pasos, y mientras lo hacemos, simplemente disfrutamos lo que tenemos al frente.

No es el pecado imperdonable, el perderse, porque a cualquiera le puede ocurrir; lo peor es pretender no llegar a ninguna parte, por el revés sufrido (aunque hayan voces al rededor diciendo que ya nunca más podremos andar) 

  • Si nos hemos perdido, podemos retomar el camino… y en el caso extremo de que no fuese así, también podemos tener en cuenta el hacer uno nuevo

Retomar el rumbo, no siempre implica volver a lo mismo, seguir los mismos pasos, tener un mismo punto de partida y de llegada… ¡no! Retomar el rumbo es primero que nada, reconocerlo y establecerlo como nuestro verdadero rumbo, saber realmente hacia donde queremos ir, encontrarnos (o reencontrarnos si fue que nos perdimos) a nosotros mismos y en función de eso que queremos, realmente dar pasos.  Lo demás, son solo vías, pintadas en nuestra vía por otros, que quizás no se atreven ni siquiera ellos mismos ni siquiera a lanzarse en la aventura de transitar por ellas.

  • Está permitido equivocarnos, perdernos y hasta desviarnos… pero más aún, está permitido usar nuestro instinto para volver a ser el caminante que da forma al camino.

Brújula en mano (o en el corazón) demos los pasos! ❤️