Atreverse a dar el paso…☝🏽👣

Atarnos a una situación, circunstancia o persona, es común. Atrevernos a dar el paso que signifique empezar a disfrutar del camino que queremos andar, es un gran descubrimiento.

Hasta que el camino no lleve nuestras huellas impresas en él, solo “imaginaremos” como es andar. Dando El Paso, descubriremos que realmente ese camino, es nuestro.

¿Listo para darlo?

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Caminando por “la acera del frente”… contigo

Tenemos un camino por el cual nos gusta andar, o simplemente es el que estamos acostumbrado a tomar.  Todo ahí parece ir bien (o no) y nos hacemos a la idea, de que es lo que nos toca y simplemente nos quedamos ahí, dando pasos en él, día tras día, al menos eso creemos.

Hace un par de días, decidí explorar otro camino, el camino “de la acera del frente” …por supuesto que fui encontrando nuevas cosas a mi paso.

Un regalo se abre ante nuestros ojos, si nos atrevemos a en encontrarlo y tomarlo. Quizás resulte “raro” al principio, pero nadie puede decir que no sea rico descubrir las sorpresas que nos depara.


Es emocionante, cuando los pasos que damos por un sendero diferente, pueden agitarnos el corazón de manera increíble.  Con toda seguridad somos de lo que hemos dicho  miles de veces: – Soy de los que está cómodo andando por aquí, sin salirme de los linderos de lo conocido… estoy bien así (lo que no es condenable)

Y aunque a veces estemos no del todo conforme o satisfechos, es nuestro camino, es lo acostumbrado y eso a la altura de etapa de la vida en que tenemos esos pensamientos, es simplemente suficiente.  Pero sabes qué?  He descubierto últimamente que mis pies no están pegados a la acera de siempre, que puedo cruzar la calle y mirar  desde el otro lado, observar de cerca, disfrutar sus colores, y sobre todo, sentirme libre de escoger donde piso.  Esa es una sensación que no puede ser pagada con nada.
Descubrí que hay lugares que invitan a la parada de un descanso, que la vegetación llega a ser como una acolchada alfombra por la que se puede pisar y sentir suavidad bajo nuestros pies. Eso me recuerda que no estamos atados a andar siempre sobre algo duro, solo porque eso sea a lo que estamos acostumbrados, o,lo,que no,levante incomodidad en el otro.


La acera del frente, quizás es menos transitada, o. As complicada… porque tal vez el sol pega más de frente por ahí, pero también es posible que en ella se encintaren   detalles extraordinarios por descubrir. 

Cuando voy por donde estoy acostumbrada, lo hago casi en “piloto automático” y si… es cierto que eso me permite ir más rápido, pero también voy   sin  detallar o disfrutar mucho de lo que me rodea.   Y así mismo, ocurre con la vida, nuestro trayecto se convierte en el de siempre sin muchos detalles o maravillas, porque simplemente no es necesario, es el camino de lo adecuado, lo “en su sitio “, lo que no puede ser alterado.

 Pero, cuando tomo un nuevo trayecto, voy más atenta, descubriendo que me gusta más de lo que veo, los detalles excitantes de cada paso; y es probable que me vuelva más atrevida, al punto de tomar una foto como esta, aún cuando la seguridad con que no cuento,muchas veces lo limita.  Es ilógico, sin acierto, innecesario? Si! Sin embargo he decidido no dejar que la vida pase sin detallarla, sin disfrutarla, sin anidarla.

En algún momento hay que regresar al camino acostumbrado, porque también es parte del todo de nuestra vida, solo que es diferente recorrerlo cuando ya hemos expandido nuestros pasos hasta otros lugares.  Es entonces cuando  comenzamos a evaluar realmente cuál es nuestra razón en todo ello.


Descubrir que hay algo más allá de lo que siempre vemos, es un privilegio que nadie nos debería quitar (aunque se empeñen mucho en intentarlo). Debemos ser dueños de la longitud del camino que escojamos andar. Cuando sentimos que una cuerda nos detiene para poder explorar la acera del frente, es tiempo de evaluar con claridad, quien o que está sosteniendo esa cuerda… y sobre todo porqué.

Por mi parte, me encanta encontrarte en mi camino acostumbrado y en la libertad de poder cruzar hasta dónde mis pasos, grandes o pequeños me lleven. La cuerda tira de mi incesantemente, pero,también he encontrado la forma de zafarme de ella, porque hay una acera, un camino, un destino, donde nadie puede intervenir, sino nosotros.  La maravilla de lo que está en nuestros pensamientos, o mejor dicho en quien pensamos, es que no importa en que lado del camino estemos, eso nos acompaña y para mí,  es suficiente para sentirme contenta, estando en este lado de la acera, o en la del frente (tú vas conmigo).

Pensando mientras observo…💭👀

💭Cuando nos atrevemos a mirar hacia arriba, por mucha interferencia que haya, el cielo se mostrará para nosotros.

💭Basta no quedarnos en los obstáculos, para encontrar las salidas. Si en mente siempre tenemos el sol, la oscuridad no podrá nublar nuestros días.


💭La belleza no está exenta de dolores… hay veces en que no solo las rosas tienen espinas, sino que estás se forman como mecanismo de defensa de otras especies.

💭Todo tiene su razón, ninguna espina nace al azar, ninguna cicatriz está ahí sin un motivo.  Cuando encontremos una u otra, pensamos antes de sacar conclusiones apresuradas.


💭El que se afana pensando en lo que puede llegara a convertirse mañana, pierda la magia o belleza de lo que toca ahora.  Siempre se habla de que los gusanos terminan convirtiéndose en mariposa y pareciera que solo de eso se trata… pero hay crisálidas que por una causa u otra no llegan hasta ese día.  

💭Entonces, es mejor prepararse mientras se anda por el suelo y disfrutarlo, así se será una delicia natural el  surcar   del cielo cuando salgan las alas.

Perdidos… o en el rumbo…🚏⛅️

El que dice que nunca se ha perdido…. es porque simplemente nunca tomó ningún camino.

Alguna vez, seguro, que  hemos salido con el ánimo y la intención de llegar a un destino. Esperamos con anhelo ir hasta allá, imaginamos los colores, podemos hasta comenzar a sentir los sabores de lo que anhelamos y ponemos todo nuestro empeño para simplemente llegar.  Preparamos nuestra mochila de viaje con disposición, coraje y el entusiasmo que nos produce pensar en todo eso que queremos y que en algún momento obtendremos (cuando lleguemos).

Sin embargo, el camino no siempre es recto y sin pérdidas. Nos toca al menos una encrucijada en la cual debemos decidir hacia que lado ir, una que otra curva que nos pueda distraer y a lo mejor algún abismo al borde de la carretera que simplemente nos haga atemorizar tanto, como para solo pensar en devolvernos o al menos preguntarnos: “¿pero que es lo que hago aquí?

En otras ocasiones, por el afán de llegar más rápido y de no esperar el tiempo correspondiente para llegar a dónde vamos, optamos por caminos cortos, o atendemos sugerencias que otras con buenas intenciones (hasta equivocadas) nos hacen.

El punto es, que tanto en un escenario como en otro, de alguna forma nos “perdemos“… porque simplemente somos humanos y no estamos excento de ello.  Debido a esto, existen las brújulas, que indican donde está el norte o hacia dónde queda el lugar al cual queremos por fin llegar.

Hay quien se lamenta tanto por la pérdida, que no disfruta para nada la belleza del camino que se abre cuando no sólo andamos por donde todo el mundo espera.  Por eso tenemos las opciones, o bien de quejarnos y sentirnos miserables por estar perdidos, o sacamos nuestra brújula (si la tenemos) y comenzamos a reconsiderar nuestros pasos, y mientras lo hacemos, simplemente disfrutamos lo que tenemos al frente.

No es el pecado imperdonable, el perderse, porque a cualquiera le puede ocurrir; lo peor es pretender no llegar a ninguna parte, por el revés sufrido (aunque hayan voces al rededor diciendo que ya nunca más podremos andar) 

  • Si nos hemos perdido, podemos retomar el camino… y en el caso extremo de que no fuese así, también podemos tener en cuenta el hacer uno nuevo

Retomar el rumbo, no siempre implica volver a lo mismo, seguir los mismos pasos, tener un mismo punto de partida y de llegada… ¡no! Retomar el rumbo es primero que nada, reconocerlo y establecerlo como nuestro verdadero rumbo, saber realmente hacia donde queremos ir, encontrarnos (o reencontrarnos si fue que nos perdimos) a nosotros mismos y en función de eso que queremos, realmente dar pasos.  Lo demás, son solo vías, pintadas en nuestra vía por otros, que quizás no se atreven ni siquiera ellos mismos ni siquiera a lanzarse en la aventura de transitar por ellas.

  • Está permitido equivocarnos, perdernos y hasta desviarnos… pero más aún, está permitido usar nuestro instinto para volver a ser el caminante que da forma al camino.

Brújula en mano (o en el corazón) demos los pasos! ❤️

Peligro… el miedo que no deja andar! 😱

Concebimos la vida como un camino… y nos es fácil imaginarlo bello, sin tantas curvas,  con mucho paisaje alrededor, de ese… del que nos quita el aliento y nos hace exclamar de tanta belleza, sin cumbres empinadas que dificulten nuestro paso o sin precipicios letales que nos aterroricen.

Sin embargo, la VIDA es vida, porque tiene de todo…rectas, curvas, subidas y bajadas, flores y desiertos, sol y lluvia, risas y lágrimas, amores y desamores.

Somos resistentes al peligro, porque simplemente lo asociamos con que ” nos va a doler”. Nos paramos en el camino y responsablemente (como nos gusta ser) empezamos a medir el riesgo de lo que nos espera, o al menos de lo que nosotros pensamos que nos espera (que casi siempre no ocurre o no es).

Pasamos tanto tiempo midiendo los pro y los contra, que la evaluación que comenzó en un invierno, no la terminamos ni en el otoño del siguiente periodo que normalmente llamamos año.  Y así vamos, postergando, dejando para después, para cuando el miedo se vaya, y todas  las condiciones estén listas, para hacer lo que simplemente queremos hacer, pero que no hacemos.

Mientras, empezamos a acumular una serie de interrogantes en nuestra mochila de viajero, esa que supuestamente llevan los que recorren el camino, y día a día se va sumando una, y otra y otra más.  Al final nuestro temor nos lleva a ver el camino con melancolía, resignación y total miedo. 

 Nuestro inventario de “contras” nos paraliza tanto, que hasta duele.  Por su parte, las preguntas que nos hacemos a nosotros mismos, que dicho sea de paso, ponen  al relieve nuestra incapacidad para dejar la comodidad que fabrica nuestra parálisis, nos pesan tanto que de entumencen nuestras extremidades (físicas y emocionales)…. nos volvemos minusválidos… y de una patineta que teníamos cuando vimos el camino y quisimos recorrerlos de forma divertida y con ganas, pasamos a una silla de ruedas donde se arrastrará por siempre, pesadamente lo que sentimos, como el que viaja a un continuo mortuorio.

El mayor riesgo que podemos tomar, es arriesgarnos a ViVIR, y vivir con todo.  Con eso que sentimos y lo postergamos,  con eso que queremos hacer y estamos ahí en el “si y no”, con esa decisiones que las hemos alejado de tanto pensarlas, pero que no acabamos de ejecutarlas.  Ese placer al cual creeemos que no tenemos derecho, con esa risa que la hemos guardado para no escandalizar a los más cercanos, con ese atrevimiento de decirte TE QUIERO, porque es simplemente lo que hay en mi.

El que solo ve el camino, nunca lo ha disfrutado
Sólo el que en él ha andado
Sabe de sabor vivido,
De labios que han endulzado
La vida y hasta un destino
.

No te conformes con llevar el peso de preguntarte… ¿Como sería el camino?

Empieza a andar y comprueba que es aún mejor de lo que habías intuido.

Hace 564… gracias a ellos, gracias a tí 😊❤

(Para los que hasta este día han decido compartir conmigo este viaje de las letras… y para tí, que en tu espera los he encontrado a ellos, este reconocimiento en forma de cuento)

…❤️💭

Te espero, y siempre te espero. 

Tú lo sabes, me has dejado en el andén cada vez que te he dicho que subamos al tren y nos volvamos locos. Eso es digno de aplaudir…
Cuando nos conocimos en aquel parque, aquella tarde lluviosa nunca imaginé que podría sentir tantas cosas  por tí. Tú silencioso (con pensamientos que hacen ruido), yo abstraída en mis problemas los que no se acaban, los que me persiguen.

 Una sonrisa tuya me rozó la mejilla al dejar caer de mi cuaderno una nota con algunos garabatos míos que decían:

 -Qué el mundo se vaya al rincón, y que ahí mismo explote!

Sonreíste al leer mi nota y no sé cómo esa sonrisa me hizo cosquillas en el alma, pero así fue. Silencioso seguiste hasta alcanzarme, porque mis pasos no eran muy rápidos entonces, como los de estos días, como los que a veces soy para alcanzarte en la distancia.

Seguí escribiendo notas, tu seguiste recogiéndolas. Tú sonrisa se acercó y me dibujo unas cuántas y por supuesto con ellas también vinieron  emociones  de la mano de la tristeza.

Me acostumbre a tí, a tus pocas palabras, a tus muchas sensaciones, las que produces en mi (no hablo de las tuyas, esas son secretas, para el universo que las contiene…) Así que no dudé en cruzar el umbral de la distancia y acercarme cada vez más a tus límites… esos que no he cruzado, al menos no con huellas físicas.

Una vez te invite al bosque, ¿te acuerdas? y allí se me enredó en el alma una poesía y pude componerla y recitarla mientras te fuiste y no volviste. No supe salir de allí, así que recurrir a la orientación de la cual carezco. Las letras me sirvieron para que el temor no me matará, y el desacierto no me contará cuentos que no eran ciertos.  Luego me senté muchas veces en el banco, ese que ya sabes uso para tejer mis historias contigo. En el banco y el columpio ahí me había sentado muchas veces, sin que alcanzara al fin a verte.


Unas de ellas escuché tus pisadas acercarse y luego también sentí tus pasos apresurados alejándote a la carrera por el temor a lo que sientes, temor que yo hace rato perdí, porque confío en que el que tú sientes te detenga por los dos, y esa es mi garantía de no abandonarme en la locura. A veces solo quiero romper el sello de la garantía y abrir el piquete.

Y así, subí y bajé por ahí, por esos lugares que conocemos, que nos hemos construido y que existen o no, según la imaginación del que los cuente o de quién los encuentre.  En cada uno te espere y te fuiste, sin certeza de aparecer.  Tranquilo, que ese no es el motivo de esta entrada… yo estoy bien, tu mejor.


Hoy sigo escribiendo notas, unas más largas que otras, unas que son de una página, otras que son más de cientos… y ¿sabes qué? Entre una espera y otra, llegue a orillas del Mar, sí de ese, el mío, el que ya sabes..porque allí mi llanto no hace tanto ruido y si las lagrimas bajan tengo la excusa de las olas, porque ahí puedo reírme a carcajadas y el viento me alborota sin tener que justificarlo… allí también fui y me quedé a esperarte.


¿Te confieso algo? El mar en el fondo me asusta, su inmensidad me intimida y a veces ruge como mis pasiones cuando te pienso. 


 A su orilla he ido haciendo una fogata, en la soledad acompañada de quien te espera, y ahora quiero darte 564 gracias, si… se que te suenan los dos últimos números de esta cifra, y por eso también van estas 564 acciones de gracias, porque en esta espera entre olas y gaviotas han llegado hasta este el lugar de mi espera, 564 almas geniales que en su camino, se han topado conmigo, yo, esperando contigo, más que por ti.


Ha sido interesante conocerles, unos muy felices otros no tanto, algunos irreverentes, Desinhibidos, unos rabiosos otros excesivamente contentos, quizás unos reales otros simplemente imaginarios. Sabes? Hay personas increíbles con personalidades dignas de escribir un libro, gente que escribe, otros que cantan, la poesía se percibe desde la más profunda relación de amor hasta el más alto y escandaloso erotismo.

Unos son pausados y me han llevado al ejercicio de la paciencia para leerles, otros me abruman con tantas emociones. Algunos toman fotos tan geniales que nos envuelven en sus lugares, otros personifican una buena amistad y he encontrado personas tan diferentes que me llaman la atención. Eso te lo agradezco a tí.  La espera como ha servido.


Así que aprovecho esta oportunidad que tengo contigo aquí, entre el susurro de estas letras para hacer un alto y reconocer mi gratitud también hacia ellos, esos 564 que hasta este momento se han detenido en esta fogata, a la orilla delMar de mis emociones, ya sea amaneciendo o anocheciendo… han venido  a compartir conmigo mientras espero.

Unos  llegan dicen algo y simplemente se van, otros llegan se sientan, preguntan y no esperan respuestas, otros simplemente están silenciosos no necesitan decir nada. Algunos han traspasado la línea de la distancia haciéndose más cercanos y ha sido toda una experiencia. Y yo sigo aquí, les miro, les observó, les escucho, les leo… mientras pienso en ti, y te espero, mi gratitud hacia ti y hacia ellos.


Tú eres mi regalo favorito, ellos el regalo que en tu espera me ha regalado la vida.

Brindo por ellos, brindó por ti.

Dar pasos…

El camino como la vida, se hace en la medida que nos atrevemos a “salir al ruedo”.

Quien no ha dado el primer paso, solo se lo imagina…

Quizás nos encontramos a menudo con quien opina, dice y hasta dictamina sobre nuestra vida y la de otros… sin ni siquiera tener idea de cómo son las cosas, y estar bien lejos de ubicarse en los zapatos nuestros o de cualquiera.  A esos, quizás debemos escucharles (por el respeto que somos capaces de dar), pero poco haremos caso, si nos es algo que puedan comprobar, hasta con su propia forma de andar.

En el camino he tenido heridas, me he lastimado, también he reído con ganas y como nunca, ahora, he amado… así que unos cuantos pasos (aquí y allá) he dejado marcados.

Por eso voy dejando a lo largo del trayecto lo que voy sintiendo y pensando.

Gracias por ser de los pasos que más me han gustado. ❤️