Tropezar, démonos el permiso… 🙃

Simple!

Tropezar, caer, errar, equivocarnos, pecar, regarla, meter la pata, son hechos que son inherentes al ser humano.

Basta de querer asfixiarnos en el traje de la perfección; basta de solo querer cuidar nuestra reputación, para que gente con quizás más trastornos que nosotros, nos apruebe.

Nuestra humanidad trae implícito un margen de error, de falibilidad, de no estar bien todo el tiempo. Por eso existen los profesionales que ayudan a superar los trastornos, los libros que dicen de acuerdo a investigaciones o experiencias propias cómo salir del hoyo y por eso para los que practican la fe, existe Dios que perdona pecados.

Aún sabiendo esto, no lo creemos, por tanto tropezamos y nos levantamos sonriendo como si no dolió. La embarramos completamente con alguien y buscamos mil pretextos que lo justifiquen sin admitir que estuvimos mal y necesitamos pedir perdón. Por esa misma razón Adán le echo la culpa a la mujer y ella así mismo a la serpiente.

Somos seres humanos, mortales, efímeros. Que al igual como nuestro cuerpo pasará dentro de poco, de la misma manera podemos cambiar en nuestra forma de pensar y sentir con el paso de los años (sea errado o no).

Darnos el permiso de tropezar, es asumir que si lo hicimos, que si pasó; que nos tocara tener más cuidado o simplemente disfrutar aún estando en el hueco.

Sintámonos bien por mejorar nuestro andar, pero sintámonos aún mejor por reconocernos humanos y aceptarnos con nuestras flaquezas y debilidades, así como nos gusta exaltar nuestras virtudes.

No somos a prueba de balas, aunque debo reconocer que quisiéramos serlo. Somos imperfectos.

Lo bueno de esto, es que en medio de nuestros tropiezos también encontramos a otros que lo han hecho y el saberlo nos hace más humanos y comprensivos. Somos bendecido con ello.

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Cuando blah, blah, blah… no dice nada 🤐

Simple!

Quien se ocupa sólo de hablar, sin acciones que lo respalden, lo que expresará será un fraude.

Uso ideal de las hojas: para dejar un mensaje. 📝

Desperdicio de una hoja: para recoger basura.

No es la cantidad de palabras, es lo que trasmites con ellas.

Coincidir… dejar pasar 🌎 🌀

La coincidencia de encontrarnos,
De mirarnos,
De amarnos,
En un planeta tan grande,
Tan diferente,
Tan amplio.

Es algo que dejarlo
Para el ambiguo “después”
Para el seguro “nunca”
Para el inoportuno “luego”
Nos dejará la vida
Llena de vacíos,
De sin sabores,
De huecos.

No se tú, pero yo creo
Que coincidir contigo,
Dos mundos en paralelo,
Dos historias tan distantes,
Formas diferentes de cuento,
Ha sido de los milagros
Que se transforman en verso.

Hoy coincido una vez más
Vengo por ti,
El corazón, conmigo…
Desde este lado de la vida
Desde aquí, quizás muy lejos,
Con las ganas de buscarte
Con el amor por consejo
Solo pasaba a decirte
Que lo que siento,
Es muy cierto

Por eso yo no lo dejo,
Para después o
Para nunca,
Porque honro el sentimiento
Coincidencia, providencia,
Destino, camino, Cielo
Encontrarnos tú y yo,
Es razón de estar
Contentos.

Puyas y protección… juicios sin razón! 🗣😔u

Es muy fácil para el humano levantar juicios y opinar. Somos propensos a ello.

Si vemos una espina, lo más rápido es criticar su forma, su esencia y lo peor aún, emitimos nuestra valiosa opinión acerca del porqué no deberían existir, ya sea que nos hallamos puyado con ellas o que simplemente no nos gusten. Por uno o por otro extremo, opinamos, juzgamos y de una vez, condenamos.

Si nos tomáramos el tiempo para observar que es lo que protege esa espina, quizás tendríamos menos tiempos para lanzar criticas y juicios “a priori “. Y encontraríamos quizás una belleza escondida y hasta una sorpresa agradable, resguardada por una espina.

Resulta fácil y rápido emitir una opinión al ver a alguien con la expresión que no nos agrada, o con la actitud menos positiva posible. Enseguida empezamos a hacer conjeturas, cuestionamos su proceder y dictaminamos, que todos podemos en todo tiempo estar bien, si eso queremos. Como si decirlo ya lo hiciera posible, tal como si con decir “agua” se nos quitara la sed.

Si nos tomáramos el tiempo y dispusiéramos nuestro ser a saber que ocurre en la otra vida, quizás encontremos que esas “espinas” sólo están cubriendo una herida muy grande que a lo mejor está abierta y que ha dejado latente un inmenso temor a ser lastimado nuevamente.

Ante la inclinación a opinar y juzgar, tomemos el tiempo para acércanos con pensamiento comprensivo y dispongamos los sentidos, para entender lo que otro siente.

😔

Puede que a veces se escoja
la peor forma de protección,
pero eso no hace menos cierto o importante
que allí exista un dolor

Venezuela, Alegría… ironía? 🙄🇻🇪

Desde que amaneció hoy, me ha estado dando vueltas en mi cabeza, la palabra Alegría

Mientras una de mis voces decía: —¿Alegría? ¿Tú estás loca?

Suena ridículo, irónico y hasta ofensivo hablar de Alegría en medio de los días que estamos viviendo de este lado del globo azul;en esta Venezuela la mía, la del Sur.

Pero igualmente seguí pensando en la Alegría.

—¿Es que acaso la Alegría solo depende de estar bien y de que todo sea como queremos? Iba levantando mis argumentos, mientras en primera plana veía a mi cerebro expresar y defender dos posiciones distintas.

Al final pensé en un post como este y me dije: —¡Sí, vamos a convocar a reunirnos en el salón de Alegría! ¿Porqué dejar que también no las secuestren?

Y me imagine a todos viniendo a pintar de color un mundo que se cae a pedazos y con ello mi país tricolor que es una de sus más portadas de terror más vistas últimamente. Y te imaginé también a ti, con spray en mano, pintando mi mundo particular como bien sabes hacerlo.

—La oscuridad puede ser el escenario mejor, para apreciar los colores. Me dije, mientras iba agarrando fuerza y escribía estas líneas en mi mente.

—Y sí, se que todo anda mal, que la escasez ya no de insumos, sino de recursos con que tenerlos, nos agobia, al punto de casi asfixiarnos para hacer cualquier cosa. Sí, también se que los hogares están fracturados y desiertos ante el éxodo tan bestial que nos ha tocado. Volteamos a los lados y ya no están los amigos, los hermanos del alma y si nos descuidamos, la persona que amamos tampoco está, porque fue en busca de algo mejor, o porque simplemente puede.

También tomé en cuenta qué hay muchos enfermos, que la necesidad cada vez es más creciente en todas parte, que las empresas cierran y que lo que una vez eran ciudades activas y estados que producían insumos, servicios y materiales, hoy día son solo sombras dolorosas de lo que una vez fueron y ya no son.

Pero aún así, sentí que era válido el querer asistir y convocar al salón de la Alegría.

—¿Porqué? Porque no existe nadie que pueda decidir más que nosotros, que hacemos con lo que nos ocurre… muy fácil para decir, complicado para hacer.

Pensando todas esas cosas se hicieron casi las doce del medio día, entonces caí en cuenta una vez más, del lugar donde me encuentro y que tan mal tratada sigue estando mi Venezuela.

La noticia del asesinato de un músico venezolano, hermano también de otro músico muy famoso, me desconcertó de tal manera, que sentí nun gran nudo en mi garganta al leer lo que el doliente expresaba en las redes, sobre la muerte de su hermano.

Esto y mi idea de la Alegría, bailando juntas por supuesto que me produjo una ganas de apagar la,música y clausurar el salón de la Alegría. Luego seguí pensando y reaccioné…

En medio del dolor, la Alegría aún existe. De una manera menos visible quizás, sin tanto “aspa viento” pero la Alegría no se jubila ante el desasosiego que traen los días malos.

Vivimos, los habitantes de este país tricolor tiempos de “canibalismo“, si, “el hombre comiéndose al hombre”. Los mismos humanos que teniendo gentilicio común (venezolanos) consiguen alimentos a precios regulados (por un sistema que regula todo y no tiene control de nada) y luego lo revenden a precios que no caben en cualquier calculadora -> C a n i b a l i s m o. Del mismo modo ocurre con las medicinas. En ambos casos la vida puede depender de ambos rubros, y sin embargo a quien lo expende no le importa. La sensibilidad se fue de paseo, con la honestidad de la que carecen cualquiera de los conteos electorales, y no quiero hablar de eso porque sería caer en feos temas políticos para los cuales realmente no tengo estómago.

Si esto ocurre en las cosas más elementales y necesarias, no es muy difícil imaginarse que ocurre con el resto de nuestra vida cotidiana.

Y pensando un poco entonces en todo, y a pesar del dolor que la muerte del fallecido deja, y pensando más aún en todos los que vieron su vida truncada violentamente de algún modo, dentro de las paredes de nuestra Nación, solo alcancé a suspirar y como único consuelo dije en mi momento de bajón: —¡Los que están muertos, ya salieron de esto! Terrible, irónico, desgarrador… ¡puede que si!

Ya no tendrán que preocuparse más por que sus hijos no tengan alimento, sus padres no cuenten con medicinas. No habrá más angustia por “dónde paro el carro que no me lo roben”, ni el corazón en un hilo cada vez que algún muchacho sale de casa. Los que se han ido, están libre de estas calamidades (seguí en mi momento de rabia y extrema tristeza).

Quien lo está pasando en este momento y lo sufre a rabiar, tiene el consuelo que más temprano que tarde a todos nos ocurrirá. Hoy fue un músico, mañana o más tarde será un primo, un hermano, serás tú, seré yo.

Entonces con las lágrimas haciendo competencia en mis ojos, para ver quien salía primero, tomé la determinación de que si es necesario convocarnos al salón de la Alegría, y ahora más que nunca, antes de que la vida pase o nos las corten. Recordaba algunos duros y notorios acontecimientos de la llamada “humanidad” (no se porque la llaman así, si por ironía o con la esperanza de que se vuelva humana algún día) y pude pensar en campos de concentración, en estallidos de bombas nucleares, en guerras y pestes de todo tipo, y entonces aterrice aquí, en mi realidad, en mi país, en lo que me toca.

Como no he pensado en ninguna otra frontera donde quiera estar más que aquí, aunque hay dos lugares a los que quiero ir (porque si, y tú lo sabes) me parece sumamente importante buscar y encontrar la Alegría ante cualquier circunstancia. Hay ejemplos de personas que se sobrepusieron a su entorno y crearon para ellos en su mente y para sus más cercanos un ambiente de esperanza, a través de la Alegría que nadie pudo arrebatar de su corazón.

Aunque suene utópico, es bueno pensarlo y sobre todo atrevernos a ir por ello.

La Alegría se viste de paz el momento doloroso. El milagro sucede.

Aunque nuestro corazón llore, cuidemos de que nadie nos secuestre la Alegría, las ganas de continuar, el amor que es más que hablar, ese que lo expresan hechos consistente y que no se acaban por las circunstancias.

No hago la convocatoria al Salón de la Alegría desde la postura de quien ya lo ha alcanzado todo y quien tiene bajo control sus emociones dolorosas. No, más bien hago la invitación a la Alegría, como una necesidad compartida con quien tiene peso en el alma y bien le vendría que le invitaran a una sonrisa.

Por dejarnos abatir hasta el polvo la situación no cambiará, por echarnos a morir por quien no nos quiere, este no hará que nos amen.

Démonos el permiso para asistir al salón de la Alegría, con nuestras penas a cuesta, y la esperanza en el alma de que nosotros mismos tenemos el derecho y la responsabilidad de ser agentes de transformación.

La tristeza asiste desnuda al salón de la Alegría,
Está la mira con amor, le extiende su mano
Le da ropa nueva,
Le abraza,
Le besa
Y una aprende a llorar
Y la otra a sonreír.

El salón de la Alegría está en el corazón de cada venezolano que decide no rendirse, que no se deja gobernar por la indolencia y le da paso al amor y la compasión por el otro.

Échale color… 🖌

¿Eres de los que les gusta decorar? O acaso no pintas ni en el block de dibujo de los párvulos. Como quiera que sea, todos podemos dibujar o colorear en las paredes de la vida.

La experticia viene con el paso del tiempo….

Solo basta que decidas que color vas a colocar, y de ese mismo tono se irán pasando las horas. El tamaño de las paredes de la vida (tu vida) lo escoges tú. Habrán superficies más o menos lisas y dispuestas a recibir el color que tú traigas, pero en todas, si es color alguna marca dejará.

Cuando éramos niños, nos encantaba llenar de colores las paredes y nuestros padres como buenos cuidadores se las ingeniaban para evitar que nuestras dotes de pintores, inundaran toda la casa, restringiendo en el mejor de los casos nuestras capacidades artísticas a un pedazo de una pared determinada o en el peor, quedaba castrada nuestra inspiración con un castigo por “rayar las paredes”.

El detalle es que crecimos, pero siguen habiendo “paredes ” y la ausencia de color en ellas, nos envuelve en un largo y profundo tedio que consigue muchas veces hasta asfixiarnos. Traemos en nuestro interior todas esas limitantes con respecto a los cambios: “eso es blanco, toda la vida ha sido así….¡déjelo así!” Y nuestra intención de aportar nuevos colores se retrae, se guarda la paleta, no existen los rodillos (son censurados) y nos sentimos simples Grafiteros renegados.

Lo bueno es que la vida, sigue teniendo paredes. Sí, la nuestra, para no meternos con la vida de otros y sus paredes; y en esa si que podemos colocar los colores que queremos.

—¿Hasta cuándo quedarnos con el mismo tono que no nos gusta?

Nuestras paredes emocionales, las que nos sostienen, y al final son nuestro soporte, pueden estar pintadas del color que nos apetezca. No faltará quien diga que: “el amarillo no le parece porque es muy escandaloso o el azul no es para cualquier ocasión, o que el verde sea nada más para algunas causas sociales y que el rojo lamentablemente lo asocien a ciertas prácticas políticas ” El caso es, que todo el que opina, lo hace desde su conocimiento, limitación o percepción, más nada. Pero esa es su manera de ver las cosas, o necesariamente debe ser nuestra forma de percibirlas.

Entonces que cada uno tenga el camino incoloro que quiera, pero nosotros (tú, yo) debemos sentirnos suficientemente libres para asignar el color que deseamos.

Hoy escojo el azul, pinto las paredes de mi vida, las de adentro, las que realmente veo con ese tono. Azul como el Cielo, no podía ser de otra forma, tú lo sabes. Azul que se me traduce en amplitud, en libertad, en un mar que no se detiene y una inmensidad que no se mide. Voy pintando mis pasos hoy así, para no olvidar que un paso parece poco, pero si vamos dando cada vez lo que nos tocan, sin lugar a dudas avanzaremos. Todo es cuestión de hacerlo.

Quien se levante con su dedo acusador y su nariz en alto, con la crítica a flor de piel, para destruir la esperanza de cualquiera… a ese también lo pintaré de azul en mi mente, y le confundiré con un pedazo de cielo, esto me hará que le sonría, y quizás le desbarate el arsenal tóxico que esa persona traía.

Coge tu rodillo, tu brocha, tu pincel pinta tus paredes del color que prefieras, no te lo dejes arrebatar, por quien se empeña en tener perdidas sus pupilas, a punto de no disfrutar de lo que un color puede significar a nuestra vida.

¿De que va tu vida hoy?

¡Échale color! ¡Son tus paredes! 💙

Cuando se caen las flores… 🌸😢😊

¡El camino nos gusta con flores, vamos que desvivimos por ellas!

Se nos hace bonito encontrarlas al paso, bailando entre el viento mientras se agitan las ramas, sentir como se mueven para que las veamos y se abren sin recato para ser acariciadas.

Que nos gustan las flores, porque todo lo adornan, bellas, coloridas, perfectas en lo de ellas; que huelen, que se muestran que crecen, que enseñan.

Pero…

Cuando las flores se caen…

¡Nos da tristeza!

Y las flores se caen, es su naturaleza.

Los pétalos son belleza concentrada y delicada, color en extinción en poco tiempo.

Pretender que no pasa es exigir a la belleza, la externa, la de afuera, que sea eterna.

No es posible, las flores se marchitan y se caen… esa es la muestra, de que una vez tuvieron esplendor, que fueron el centro de atracción, qué hay nueva belleza por crecer.

Ir por el camino y no encontrarlas puestas en las ramas, sino con pétalos dispersos y ya caídos, nos conmueve al pensar que todo es efímero.

Vamos a transitar la vía de la flores, a reír por verlas, a disfrutarlas. Pero al mirar a nuestros pies y encontrarlas, sepamos que en esos pétalos podremos también seguir sus rastros, amarlas.

La tristeza es una rosa marchita, que olvidó por completo que pudo florecer… el camino no tiene porque dejar de serlo, si entera o de a pedazos lo debas recorrer.

Lamentarse no hace que la flor se vuelva a la rama, sentir sus pétalos en las huellas de la vida, servirá para tener con su fragancia la existencia.

Entonces superamos, entonces nos acaricia la satisfacción de florecer, no solo por los pétalos, sino por lo que somos, eso que quizás pocos perciben y hasta ven.

Tú mano entre mis flores…

🌸🌼🌷🌻💐🌺🥀