Despertar es soñar… atrévete! 🌳🙂

La vida,

Esa que nos invita a estar despiertos, mientras que nos cuenta una historia interesante, de las que no nos permiten pegar un ojo mientras estamos ávidos de ver ¿qué pasa?

Esa que también nos da alas, aunque a veces sean pequeñas y el cielo sea inmenso, invitándonos a crecer en cada vuelo; esa misma que te dice a ti Cielo mismo, que también vueles.

Esa que es más de los atrevidos que de ningún otro, porque son esos los que intrépidamente conquistan un sueño aun a ojos abiertos, e igual ven lo que sienten con ellos cerrados.

Por eso insisto… Date el permiso de Despertar y sueña, pero sobre todo permítete a ti mismo tener la experiencia única de ir por ello, sin más nada en mente que disfrutar de hacerlo.

🌱

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El día está triste 😔 … el mar está molesto 😠

El día esta triste…

El mar está bravo…

Y me pregunto:

—¿El día está triste por comprobar que siempre el mar está molesto?

o

—¿El mar está molesto al contemplar al día , todo el tiempo triste?

En ninguno de los dos casos se cumple el “siempre” o “todo el tiempo” sin embargo son buenas excusas, para cada cual quedarse en el error que prefieran.

Cada quien asume una posición… salir de ella podría marcar significativamente, la diferencia.

Así son las relaciones tóxicas, esas que protagonizamos alguna vez o en las que somos espectadores, más veces se las que quisiéramos. Las mismas en las que el otro excusa su pésima actitud, con la existencia de algún estímulo en quien le acompaña en la relación; olvidando (o al menos pretendiendo eso) que en sí mismo es responsable de ella. Sin que existan más culpables.

Cuando el amor toca… ❤️ 🚪

Un mensajero llamado AMOR, salió un día. Tenía una encomienda urgente que entregar. Su emisor le pidió encarecidamente que fuera, que lo entregara, que para su corazón era de “vida o muerte”.

El amor, como siempre, diligente tomó el encargo y salió. Para no perder de vista el norte que llevaba, memorizó la dirección:

—Calle El Jardín #8, ciudad del Corazón.

A pesar de que hubo mal tiempo, y nadie se atrevía a salir, el AMOR sí. Llevaba su meta clara, debía hacer la entrega y sobretodo quería ver, que pasaba.

La tormenta que hubo, voló los carteles de identificación de las calles, así que se hizo más difícil el llegar. Pero sabiendo que quería hacerlo, al fin lo consiguió.

Encontró la calle, y a pesar de la lluvia y el viento, aún las flores sonreían en derredor. Era un hermoso lugar, pero estaba solo. No quiso pensar en las razones, lo disculpo con el mal tiempo.

El número del lugar también había sido borrado, por los malos tiempos pasados, y quizás por la falta de cuidado y mantenimiento, así que desde el inicio de la calle y guiándose por los números que si se veían sobre las puertas, empezó a contar y llegó.

—Uno… dos… tres… aquí no se ve el número, pero sigo contando…. cinco… seis… ayyyy.! Y cayó en un gran pozo de agua. Aunque se golpeó, pudo levantar su mano lo más alto posible, para evitar que el tesoro que traía en ella para entregar, se arruinara.

— Siete… ¡esta es! No se ve el 8, pero esta es.

Con la emoción de quien trae un valioso regalo para ser entregado, subió unos pocos escalones para alcanzar a la puerta y al fin poder tocar. Sus piernas temblaban, pero su golpe sobre ella era firme. Tocó muchas veces, y pensó: —¡No hay nadie en casa! Esperaré.

Dejó transcurrir unas horas y allí estuvo, consistente, presente, no se marchó a la primera, ni dijo hasta aquí y simplemente sacudió sus pies. No, simplemente con paciencia esperó.

Se hizo de noche y la situación no cambió, pensó además: —Quizás la persona de quien es este corazón, está de fiesta y no vendrá hasta mañana, por lo cual decidió volver al día siguiente.

La lluvia del día anterior había cesado, y aunque se podían ver los estragos en las calles, en El Jardín todo parecía en orden, pero seguía sola esa calle.

Volvió a pararse frente a la puerta, insistentemente tocó y tocó, sin obtener respuesta. Dio un recorrido por la calle, en busca de alguien que pudiera informarle sobre quien habitaba en ese corazón. No encontró a nadie.

Una vez más, parado ante su puerta tocó… sintió como un ruido dentro y llegaría a asegurar que escuchó pasos que se aproximaban a la puerta, pero nada ocurrió. La puerta siguió cerrada.

Por espacio de 8 días o más el AMOR estuvo allí, tocando insistentemente, asomándose por la ventana para ver si podía divisar algo. Nunca se atrevió saltar la verja y entrar a la parte posterior, no se consideraba un invasor, sino uno que respetaba la propiedad del otro, por tanto no entró, esperó.

Cabe decir que el tiempo del AMOR, no es igual que el nuestro, para él esos días, pudieron ser semanas, meses y hasta años, manteniendo así la misma insistencia, las mismas ganas de entregar lo que traía, de no quedar mal con el emisario; y sobretodo de entender cuánto anhelaba quien le entregó la encomienda, que ella llegará a las manos del destinatario.

Un buen día, camino a la calle que hasta ahora, consideraba que era El Jardín, el AMOR se dio cuenta de algo. Quizás había estado todo este tiempo en la calle equivocada. Tal vez la lluvia de ese día también había alterado el nombre de las calles y el simplemente estaba tocando donde no correspondía.

Así que decidió pasearse por otra calle, en la cual no se divisaba con claridad el nombre, pero sí, los números de las puertas. Al andar unos pasos en esa calle, divisó un hermoso 8️⃣, reluciente que estaba grabado en aquella puerta.

Tan solo al verlo, sonrió. Fue como haber encontrado al fin, lo que había buscado por tanto tiempo. Sin más preámbulo, tocó y a los pocos segundos la luz de la entrada se encendió.

Seguidamente apareció el rostro más dulce que jamás viera. El dueño del corazón, a quien el Amor tocó a su puerta, no había perdido la esperanza de que llegara, y así ocurrió. Recibió el tesoro, y todo a su alrededor se iluminó.

El AMOR volvió ese día a casa satisfecho, porque no se rindió y aunque no le abrieron la puerta donde pensaba originalmente que era su destino, lo agradeció y comprendió que esa puerta estaba muy lejos de serlo.

(Al otro lado de la ciudad, en la calle que seguía sola, en aquella puerta que tantas veces el AMOR había tocado sin obtener respuesta, de pronto se abrió, y para su desconcierto ya nadie estaba allí. El AMOR no se acabó, solo cambió de lugar… o mejor dicho encontró su verdadero lugar).

❤️***************❤️

Si está tocando a tu puerta
No le hagas esperar,
Que solo si está abierta
Él (el AMOR) se atreverá
A pasar…

El hombre del año…🥇cuento corto

El salón estaba exquisitamente arreglado, las mesas de manera impecable, el vino a temperatura perfecta, la hora del brindis se acercaba, el reconocimiento apenas acababa de empezar.

Quinientas cincuenta personas en un recinto exclusivo. Diez alocuciones previas, en las cuales se exponía con admiración, el motivo de la cita de esta noche. El reconocimiento al “Hombre del Año”. Sus virtudes, su integridad, sus capacidades, todo puesto al descubierto para llevarse ese galardón.

Desde su núcleo familiar su esposa e hijos y hasta el nieto que viene en camino en el vientre de una de sus nueras, agita sus manos para aplaudir la vida de este hombre. Su pelo perfectamente cortado, barba rasurada a la medida, un anillo que alumbra en su mano derecha, indicando la pertenencia hacia quien está sonriente a su lado, reluciente de alegría y orgullosa al saber que ese que todos alaban, es de ella, es su propiedad certificada. Una conducta intachable le acompaña, una reputación que ha cuidado a lo largo de sus años, una satisfacción de ver los resultados de tan arduo esfuerzo.

Entre el grupo de trabajo que lidera, cuenta amigos satisfechos más que con compañeros circunstanciales. El trato a lo largo de los años, les ha establecido como un bloque sólido que soluciona todo lo que es puesto en sus manos, aún cuando las salidas a veces no sean las esperadas, pero si las más justas.

Las causas benéficas, le conocen. Siempre pendiente del necesitado, compañero fiel y voluntario de las causas que otros llaman pérdidas. Las manos que han recibido de su auxilio, no se cansan de aplaudirlo.

La religión no se queda atrás, es la primera en promoverlo como ejemplo para otros. Hombre de fe, que no se pierde un oficio; puntual en las misas domingueras, su voz alguna vez a entonado como solista un cántico de alabanza y ha pronunciado quizás con permiso especial, alguna homilía.

Cada uno de los que están en este salón, tienen motivos de sobra para festejar, tan merecido reconocimiento. Uno tras otros de los diez interlocutores que gustosamente han pasado a hablar de las virtudes que detenta el agasajado, confirman que ha sido la mejor de las elecciones, definitivamente este es el “Hombre del Año”. Alguno de los masculinos que están presentes, en el fondo se preguntan ¿cómo puedo llegar a ser como él? Y los más sinceros, quizás, dejan correr un poco el frío de la envidia por el rictus que sube hasta su boca, mientras aplauden con un dejo de amargura, entre expositor y expositor. Y entre pensamientos de envidia, solo alcanzan a repetirse entre ovación y ovación: “Este no es mejor que yo” aunque nada sustenta eso.

Ella también le alaba. En este momento el sube al podio, su alocución es impecable. Las palabras justas, el tono adecuado, la profundidad en lo que dice junto a una voz que se quiebra ante una emoción que lo amerita. Lo recorre con su mirada, ambos… solo ellos, saben cómo se miran. Ella toca el lóbulo de su oreja izquierda mientras sonríe y lo observa al hablar, él sabe que significa que haga eso; y ambos recuerdan los sonidos de placer que compartieron apenas unas cuatro horas atrás, cuando el recogía el traje en la tintorería y pasaba afeitándose, cosa que había calculado a primera hora de la mañana, para tener en la tarde el encuentro con quien le permitía tener la sonrisa siempre dispuesta para los que le rodeaban.

Su voz, la de él, la conduce por el camino de la intimidad, del placer, sin mucha dificultad. Siente el recorrido de sus manos por sus piernas, y la dulzura de sus palabras al hacerla suya. Por supuesto que es el hombre perfecto. No tiene exigencias, no pone amarras, simplemente da y recibe lo que el instante de ese amor, le permiten.

Está hablando aún. Lo hace acerca de la honestidad y su significado. De lo importante que es poder andar en paz, sin que haya un dedo que te señale por algo indebido. Su bandera es la felicidad que exhibe en su familia, donde también la transparencia ha construido la más fuerte de sus bases. Partiendo de allí, se puede confiar en que usa la misma medida para tratar el resto de las áreas de su vida.

Llega el momento, se hace la entrega del reconocimiento formal, placa en mano el Alcalde da el reconocimiento y le tregua la llave de la ciudad, y ve brillar el botón que lo acredita como el Hombre del Año. En la placa se puede leer:

Ejemplo de honestidad y humanidad (cosas que pudieran ser excluyentes si las viéramos en la justa medida).

Ella se levanta, no quiere quedarse para el momento de las fotografía y los besos de portada que quedarán registrados. No, ella lo quiere en su terreno, en el que su mejor reconocimiento lo recibe entre sus piernas, entre la corriente que el amor desde hace algún tienpo encendió en sus vidas.

El la mira levantarse, y hasta su placer recibe el aroma de su rastro, el simplemente lo aspira y sonríe, recordándola, mientras el flash de una cámara lo devuelve al momento.

Otro premio, otra apariencia, otra mentira.

Realidad o sueño…

La mano sobre el picaporte, a punto de girar y salir al mundo exterior.  Su respiración es muy lenta.  Suspira pensando en lo que deja atrás. Su mano tiembla, no  como temblaba hace apenas unas horas, cuando paseaba por el cuerpo de ella como escultor sobre su toca.

Si tan solo se atreviera… si se quedara. Pero sobre él, la vida, sus implicaciones, los deberes que ya hoy sobran, los argumentos, los preceptos, las razones y hasta un  sentimiento que presume quedó en alguna gaveta de la vida de todos los días dicen que, debe girar la manilla abrir la puerta y salir de allí.

De soslayo voltea y la mira ahí, dormida plácidamente; su respiración profunda como hace mucho tiempo no tenía. Sus ojos cerrados con el placer descansando sobre sus párpados, envuelta en sueños que no quiere dejar de soñar.  Su mano sobre la almohada de al lado, quizás creyendo que es él, quien todavía ahí descansa.

El recuerda cómo empezó este día, como cualquier otro en sus rutinas, la de ambos.  Ella,  entre archivos de sus pacientes, cerrando el cajón asignado a cada uno, como si de esa manera pudiera tener los demonios de ellos encerrados ahí, para no correr el riesgo que se fueran de fiesta con lo demonios propios de ella. Sobre su escritorio de cristal y un consultorio a lo minimalista, una tablilla con un discreto tintero que se deja leer “Psicóloga”.  El corazón roto hace años, despejada ya de las dudas que deja su incertidumbre e independiente de sentir por quien no lo merece. “Agua que no has de beber… que se vaya río abajo”, se repite cada día. Insomnios trasnochados que no se arreglan con lo que receta a los que gustosamente se hunden en su poltrona de conversaciones diarias.

Él, abogado de renombre; hombre presente en la corte recurrentemente, recto, admirado por todos, una sonrisa discreta siempre bien formada en su semblante, lo que tapa por completo un vacío que deja la tristeza de una rutina que no acaba, de una pasión que no se enciende, de una simple vida ordenada.

Ambos en el mismo edificio por años, sin toparse, sin ni siquiera encontrarse en el lugar donde estacionan, que dicho sea de paso es a tan solo una hilera, de un carro al otro. Hasta hace seis meses que ambos estuvieron sin sus vehículos, por razones distintas, pero siendo peatones iguales.  Una tarde de lluvia, de esas se Junio,  a la salida del hogar de concreto que los cobija cada día, casi se desafiaron por tomar el primer taxi disponible. Una mano sobre la otra para abrir una manilla, y al final un gesto amable que inundó  sus vidas, más que la lluvia. Un taxi compartido, un sobre olvidado que le hicieron a él subir hasta el consultorio de la “doctora”; una llamada para consultar un aspecto legal de un paciente llamado a juicio, un encierro por 45 minutos en un ascensor y la fobia de ella a lugares cerrados.   Parecía que la suerte los reunió de forma descarada para que en la mañana de hoy, él saliera disgustado de la oficina, viniendo ya de casa con el  gris acostumbrado.  Decidió tomar aire por un balcón oculto tras las escaleras del gran edificio, ella subía cargada de papeles desde  dos pisos anteriores cuando decidió bajar al sentirse  incómoda de ver que las luces del ascensor parpadeaba.  Por un momento pensó: -Si fuese en su compañía, me agradaría que se cerrará nuevamente.  Pensando en eso sonreía y mientras lo hacía el tacón de su sandalia se enredó con el escalón que seguía y giró, rumbo a estrellarse contra el mármol de las mismas escaleras que pisaba.

El accidente fue evitado por unos brazos que la sostuvieron oportunamente. Él estaba allí, pegado a su rostro, los papeles que traía rodaron por el piso y otros tanto volaron por el aire y en medio de una escena como la cámara lenta de una película rosa, sus ojos se encontraron, sus bocas se desearon y la salvación vino  para ambos.  Fue un beso largo, el mundo se detuvo, los dos fueron partícipes, los dos anduvieron a la carrera una ruta que en sus vidas normales, jamás hubieran ni siquiera dado un paso para andarla. Ella se separó un poco de él y sólo alcanzó a decir entre una sonrisa que más parecía de miedo que de otra cosa:

-¡Qué susto, casi me caigo!

El seguía sujetándola de la cintura, ella con sus brazos en su cuello, aunque ya no tenía riesgo de caerse, al menos no por la escalera.

-Te ayudo a recoger los papeles… -dijo él- y ambos de forma natural se agacharon para hacerlo, hubo uno que salió por el balcón donde había estado el abogado hacia tan solo unos minutos.

-Debo ir por eso que cayó por la ventana, fueron las palabras de ella en un susurro, mientras agachados recogían lo que aún estaba en el piso. Las manos de ellas y las de el temblaban, buscando los papeles… buscándose entre ellos.

-Te acompaño, solo dijo. Sin dejar de mirarla siguieron hasta el ascensor para ir en busca de lo que estaba perdido.

Lo que encontraron entre las paredes metálicas del ascensor fue una pasión que ninguno sabía que tenía por dentro. Los besos no podían dejar de pasar de una boca a la otra, hasta que el ascensor anunciaba con su sonido que llegaban a planta baja.  Cada uno acomodó su ropa, ajada un poco por lo intenso del encierro, y salieron.

Buscaron las hojas que habían visto descender por el aire, caminaron uno junto al otro, dándose cuenta que el día brillaba como ningún otro y así llegaron hasta donde estaban ahora. No encontraron papeles, pero si el camino…

Sin darse cuenta de la hora, sin pensar en los compromisos del día, simplemente pasaron por una recepción y subieron a una habitación y de eso  habían pasado algunas horas, quizás muchas y contadas para los del mundo que esperaba afuera, pocos minutos para ellos. 

Entre risas y cuentos, deseo y placer habían pasado el día más diferente y exquisito que en muchos podían tener memoria.  Recordaron como se habían conocido, el taxi, la lluvia, las llamadas, el ascensor y hoy nuevamente el ascensor…  era increíble  cómo en estas pocas horas, sus vidas habían  conectado de una forma tan definitiva , una complicidad tácita con tinte tal vez eterno, superior a la que habían logrado  tener alguna vez  con ninguna otra persona, aún las que estuvieron o estaban ligadas a sus sentimientos pasados o presentes.

Por un momento él dejó salir su incomodidad, la camuflada diariamente, con el permiso de quién puede exprear lo que piensa sin miedo alguno, luego se dio cuenta que  nunca a nadie había sido capaz de contarle eso, por temor a parecer desagradecido y sobre todo por darse cuenta el mismo, de lo desagradable que aveces se volvía  su propia realidad. 

Ella por su parte permitió que el fuera su “psicólogo” por un rato y también habló de sus dolores, de un pasado muy frustrante, y de una soledad escogida con premeditación.  Pero el deseo los supero y los hizo hundirse en él, olvidarse de todo lo que estaba fuera de ese momento juntos. 

Lo disfrutaron tanto que ninguno vio pasar las horas, excepto para comer lo que el servicio les trajo hasta su puerta. Ninguno de los dos habló de irse, y mucho menos de quedarse.  Ambos sabían que era lo único posible, solo tenían ese ahora, no habría fotos, ni reuniones comunes, no era un camino para ser transitado por tiempo determinado, era el amor concentrado en pocas horas en un tiempo que se eternizó mientras lo tuvieron entre sus manos.

El cansancio les hizo dormir y al despertar el no quiso molestarla; contemplarla dormida era un premio que no dejaba de admirar… por un momento pensó que era capaz de dejarlo todo por quedarse así con ella, y luego la razón subió sobre la superficie del corazón, haciéndole volver.

Ahora frente a la puerta, con una mano para abrir su salida del paraíso, solo quisiera volverse y navegar junto a las sabanas, por la curvas que ha conocido en este día; esas mismas por las cuales sus pensamientos se van a deslizar cuando quiera.  Quisiera estar ahí cuando ella abra los ojos y comérsela a besos, pero hacer eso implicaría que ya no podría salir de las redes que hoy cupido ha tendido entre ellos.  Todavía piensa:  —aún puedo decidir dejar esto hasta aquí -sin que sus raíces le retenga-. 

Abre la puerta y el aire que respira afuera, más bien le asfixia, no le sabe a ella. Sale a la calle, vuelve al edificio de su trabajo y ahí trata de perderse en la normalidad de un día que definitivamente no lo es.   

Baja al estacionamiento y toma el camino hacia su rutina, son las 6:30 pm y él se encuentra de cara con su verdad, los compromisos de esta hora le esperan; mientras sus pensamientos vuelan al inicio de este día.  Ese inicio cuando envuelto en los fantasmas que no mostraba a nadie, salió por un poco de aire a gritar su insatisfacción, a dejarse llevar por su pensamiento anhelando que apareciera su compañía de ascensor y así poder darle rienda suelta a lo que su mente pensó cuando la tuvo tan cerca.

Ella no quiere abrir los ojos, su próximo paciente quizás pueda esperar, mientras se fascina con lo que recuerda a párpados cerrados, siente sus manos, su respiración, su placer… este día comenzó y le era imposible subir a aquel ascensor y no anhelar que él estuviera ahí, que se volviera a cerrar, como hace un tiempo atrás. Lo irónico es que va sola y se asusta al sentir que sus luces parpadean y con eso  la subida se trastoca.  Sale del ascensor y comienza su ascenso en las escaleras…  alguien toca a su puerta , su asistente le avisa que ha llegado un paciente en crisis.  Ella no quiere abrir sus ojos, quiere quedarse a vivir allí, en lo que no sabe si es sueño o realidad.

Alguien dice el nombre de él: —¡Con que aquí estabas! Tengo rato buscándote amigo, te están esperando en la sala de juntas. Él, parado en el balcón abre sus ojos y ve caer por el aire unas hojas de papel. La presiente.

El abre la puerta, ella se endereza en su asiento y al levantar la mirada le ve, es él, en su consultorio, él quien tenía la emergencia… está ahí, tan real como en la escalera, como en el ascensor, como en la habitación. Ambos se miran y saben que va a pasar. Nadie les hará despertar. Nadie puede delimitarle lo que es real y lo que está en sus pensamientos o sueños… nadie.


La vida… es más, mucho más!💭💓

La vida es algo más, que un conjunto de palabras escritas y tiradas al vacío del precipicio del olvido.

           
Mucho más que abrazos que se dieron sin ni siquiera recordar la circunstancias que los propiciaron.
No solo besos que se cruzaron en la esquina de quien estaba desquiciado, sin otro recurso y así, se desbocó dejando que escaparan sin control alguno.

        
Más que palabras que se expresaron sin que hubiera sentimiento y al pasar del tiempo ni siquiera se recuerdan.
La vida se niega a ser, un cúmulo de objetos que han sido etiquetados como “claves para ser feliz” y aún al poseerlos no entendamos nada acerca de lo que es la felicidad.


Es aún más, que un montón de gente que “acompaña” nuestros días pero que en su mayoría (porque decir totalidad asusta) no saben cómo pensamos y mucho menos que sentimos.

La vida se trata de algo más que doblar la esquina de nuestros sueños hasta hacerlos invisibles, para cuidar que el que juzga , ese que camina “derecho” no nos acuse de insensatos y torcidos.

           
Muy distante de simples noches de pasión sin sentido, ganas desperdiciadas, sabanas que no dicen nada, vacío que reina en medio de un amor que sucumbe ante su inexistencia.


La vida no es una súplica de amor en forma continúa antes oídos que no escuchan y ojos que no te descubren porque simplemente en el escenario de esa vida no cabe nuestra existencia..

Es más y muchísimo mejor que un millón de “likes” que pueden transmitirte el mensaje de aceptado y el ego termine inflado (y hasta el bolsillo también), pero que al final del día encuentras que no hay nadie y la zozobra es compañía.

         
Está por encima de muchos libros escritos o leídos que acumulan conocimiento, pero que no impulsan o llevan realmente a que se cambie la esencia y lo que se hace.
La vida es más que el desespero por aquel que no aparece, desasosiego por quien no se manifiesta, angustia porque esas palabras no lleguen…

           
Es más que simples respuestas a preguntas complicadas, salidas a todos los problemas, soluciones bien trazadas y perfección a la carta.

           
Va más allá de millones de respiros que hasta ahora hemos dado y que quizás valoramos en el último que demos, comprobando que hasta entonces muchos los desperdiciamos.

La vida va muchas leguas más allá, de la simple popularidad o fama, de un entorno asesino que te exige una máscara para mantenerte entre sus favoritos, sin importar quién seas en verdad.

Es más que un camino, un desierto, un puente, un precipicio… el abismo. La vida es andar y sentirse devuelta cuando el corazón se queda suspendido en algún lado.



Abarca más que ojos leyendo a toda prisa por la necesidad de buscar siempre algo nuevo o mejor, sin percatarse de que el tesoro más preciado ya solo suena a cansancio.
La vida es eso que ni siquiera te das cuenta que ocurre cuando estas iluminado, porque lo que sientes te ha sobrepasado y en silencio por un rato te has quedado, sin saber interpretar como es que esto te ha pasado.

                  
La vida transcurre entre la locura de lo que nos hacer reír y llorar a la vez, irnos a dormir creyéndonos dueños del universo por una palabra recibida o mendigos de la existencia ante la ausencia de lo que nunca se dijo.
La vida y sus volteretas te mantiene unas veces boca arriba y otras cabeza abajo, agitándote la sangre, despeinándote el cabello, levantándote la falda o bajando pantalones cuando menos lo esperabas.

La vida es gente que ya no está , porque realmente nunca estuvieron, pero también gente que llega para quedarse, y a veces no a nuestro lado, pero si en nuestra consciencia, en nuestra piel y hasta en nuestros labios.
La vida, esa… ciertamente no conoce de imposibles, ni sabe de negativas… simplemente sabe de aprovecharse del momento que tengamos para vivir expresando lo que como un regalo sentimos, sin esperar a mañana después que todo se ha ido. No existe para ella lo que no se puede, existe el que no se atreve o el que no quiere suficientemente.

          
La vida… palpitaciones que hablan de oportunidades que se presentan, sentimientos que se encuentran, existencia que se llena, luz que brilla y noche que llega, página que se escribe bajo el calor de la llama que arde como una hoguera en el corazón de quien descubrió que la vida es este día, y que no hay nada allá afuera.

La vida no son letras perfectas, escritas sobre el papel correcto… por eso en esta oportunidad va con mi propio trazo, el de mis dedos (aún con la imperfección que eso implique).  La vida… son pensamientos intensos que me conducen  al rincón más preciado de mis horas… ese en el que me encuentro contigo y con lo que siento…

Naufragios… tesoros🏝


La vida a veces nos ahoga con sus olas de emociones… yo no estoy excenta de ello (ni quiero estarlo) y en medio de ese agite por supuesto que mi barco a zozobrado y me he sentido como náufrago en el medio de un mar inmenso, que si bien no amenaza con tragarme, si me dice que no puedo moverme o que por lo menos ahora, no hay posibilidad de salir de ese pedazo de tierra que se alegra cuando le llamo isla.  Sin embargo, no pido más que un poco de esa misma tierra, porque en ella, aún sin buscarlo,  vino una esperanza… y te encontré a ti, mi tesoro predilecto.

He comprendido que los naufragios valieron la pena para encontrarte ahí.. escondido entre la arena, olvidado quizás por los que andan buscando otro tipo de riquezas, nomsabiendo que sin duda la más alta riqueza es la del amor.

Lo que he ido descubriendo con las sensaciones de la brisa que en un tiempo incontable, me acaricia, es que ningún tesoro está tan a la vista para que cualquiera pirata lo robe.  Los tesoros , lo son porque su valor hay que descubrirlo y no es tan fácil de obtenerlo (merecen un esfuerzo), sino fueran simples cosas que se pudieran comprar. Abro el cofre con la emoción del amor, cada puesta de sol y cada amanecer en los que sé, que el brillo de lo que eres me alumbrará.  Aún en medio del naufragio soy feliz con mi tesoro.

Tomo cada día como una travesía
Un mar inmenso en el que pienso
Que me permite desde esta orilla 
Hablart a ti de lo que siento.

Guardo lo que eres en mi corazón
Ahí no quien lo huerte, ahí no hay ladrón
Eres lo mejor que he encontrado
En medio de los nafragios
Que mi vida a dado.

Y agradezco cada uno, porque ellos fueron la ruta para llegar hasta ti, mi tesoro.