Realidad o sueño…

La mano sobre el picaporte, a punto de girar y salir al mundo exterior.  Su respiración es muy lenta.  Suspira pensando en lo que deja atrás. Su mano tiembla, no  como temblaba hace apenas unas horas, cuando paseaba por el cuerpo de ella como escultor sobre su toca.

Si tan solo se atreviera… si se quedara. Pero sobre él, la vida, sus implicaciones, los deberes que ya hoy sobran, los argumentos, los preceptos, las razones y hasta un  sentimiento que presume quedó en alguna gaveta de la vida de todos los días dicen que, debe girar la manilla abrir la puerta y salir de allí.

De soslayo voltea y la mira ahí, dormida plácidamente; su respiración profunda como hace mucho tiempo no tenía. Sus ojos cerrados con el placer descansando sobre sus párpados, envuelta en sueños que no quiere dejar de soñar.  Su mano sobre la almohada de al lado, quizás creyendo que es él, quien todavía ahí descansa.

El recuerda cómo empezó este día, como cualquier otro en sus rutinas, la de ambos.  Ella,  entre archivos de sus pacientes, cerrando el cajón asignado a cada uno, como si de esa manera pudiera tener los demonios de ellos encerrados ahí, para no correr el riesgo que se fueran de fiesta con lo demonios propios de ella. Sobre su escritorio de cristal y un consultorio a lo minimalista, una tablilla con un discreto tintero que se deja leer “Psicóloga”.  El corazón roto hace años, despejada ya de las dudas que deja su incertidumbre e independiente de sentir por quien no lo merece. “Agua que no has de beber… que se vaya río abajo”, se repite cada día. Insomnios trasnochados que no se arreglan con lo que receta a los que gustosamente se hunden en su poltrona de conversaciones diarias.

Él, abogado de renombre; hombre presente en la corte recurrentemente, recto, admirado por todos, una sonrisa discreta siempre bien formada en su semblante, lo que tapa por completo un vacío que deja la tristeza de una rutina que no acaba, de una pasión que no se enciende, de una simple vida ordenada.

Ambos en el mismo edificio por años, sin toparse, sin ni siquiera encontrarse en el lugar donde estacionan, que dicho sea de paso es a tan solo una hilera, de un carro al otro. Hasta hace seis meses que ambos estuvieron sin sus vehículos, por razones distintas, pero siendo peatones iguales.  Una tarde de lluvia, de esas se Junio,  a la salida del hogar de concreto que los cobija cada día, casi se desafiaron por tomar el primer taxi disponible. Una mano sobre la otra para abrir una manilla, y al final un gesto amable que inundó  sus vidas, más que la lluvia. Un taxi compartido, un sobre olvidado que le hicieron a él subir hasta el consultorio de la “doctora”; una llamada para consultar un aspecto legal de un paciente llamado a juicio, un encierro por 45 minutos en un ascensor y la fobia de ella a lugares cerrados.   Parecía que la suerte los reunió de forma descarada para que en la mañana de hoy, él saliera disgustado de la oficina, viniendo ya de casa con el  gris acostumbrado.  Decidió tomar aire por un balcón oculto tras las escaleras del gran edificio, ella subía cargada de papeles desde  dos pisos anteriores cuando decidió bajar al sentirse  incómoda de ver que las luces del ascensor parpadeaba.  Por un momento pensó: -Si fuese en su compañía, me agradaría que se cerrará nuevamente.  Pensando en eso sonreía y mientras lo hacía el tacón de su sandalia se enredó con el escalón que seguía y giró, rumbo a estrellarse contra el mármol de las mismas escaleras que pisaba.

El accidente fue evitado por unos brazos que la sostuvieron oportunamente. Él estaba allí, pegado a su rostro, los papeles que traía rodaron por el piso y otros tanto volaron por el aire y en medio de una escena como la cámara lenta de una película rosa, sus ojos se encontraron, sus bocas se desearon y la salvación vino  para ambos.  Fue un beso largo, el mundo se detuvo, los dos fueron partícipes, los dos anduvieron a la carrera una ruta que en sus vidas normales, jamás hubieran ni siquiera dado un paso para andarla. Ella se separó un poco de él y sólo alcanzó a decir entre una sonrisa que más parecía de miedo que de otra cosa:

-¡Qué susto, casi me caigo!

El seguía sujetándola de la cintura, ella con sus brazos en su cuello, aunque ya no tenía riesgo de caerse, al menos no por la escalera.

-Te ayudo a recoger los papeles… -dijo él- y ambos de forma natural se agacharon para hacerlo, hubo uno que salió por el balcón donde había estado el abogado hacia tan solo unos minutos.

-Debo ir por eso que cayó por la ventana, fueron las palabras de ella en un susurro, mientras agachados recogían lo que aún estaba en el piso. Las manos de ellas y las de el temblaban, buscando los papeles… buscándose entre ellos.

-Te acompaño, solo dijo. Sin dejar de mirarla siguieron hasta el ascensor para ir en busca de lo que estaba perdido.

Lo que encontraron entre las paredes metálicas del ascensor fue una pasión que ninguno sabía que tenía por dentro. Los besos no podían dejar de pasar de una boca a la otra, hasta que el ascensor anunciaba con su sonido que llegaban a planta baja.  Cada uno acomodó su ropa, ajada un poco por lo intenso del encierro, y salieron.

Buscaron las hojas que habían visto descender por el aire, caminaron uno junto al otro, dándose cuenta que el día brillaba como ningún otro y así llegaron hasta donde estaban ahora. No encontraron papeles, pero si el camino…

Sin darse cuenta de la hora, sin pensar en los compromisos del día, simplemente pasaron por una recepción y subieron a una habitación y de eso  habían pasado algunas horas, quizás muchas y contadas para los del mundo que esperaba afuera, pocos minutos para ellos. 

Entre risas y cuentos, deseo y placer habían pasado el día más diferente y exquisito que en muchos podían tener memoria.  Recordaron como se habían conocido, el taxi, la lluvia, las llamadas, el ascensor y hoy nuevamente el ascensor…  era increíble  cómo en estas pocas horas, sus vidas habían  conectado de una forma tan definitiva , una complicidad tácita con tinte tal vez eterno, superior a la que habían logrado  tener alguna vez  con ninguna otra persona, aún las que estuvieron o estaban ligadas a sus sentimientos pasados o presentes.

Por un momento él dejó salir su incomodidad, la camuflada diariamente, con el permiso de quién puede exprear lo que piensa sin miedo alguno, luego se dio cuenta que  nunca a nadie había sido capaz de contarle eso, por temor a parecer desagradecido y sobre todo por darse cuenta el mismo, de lo desagradable que aveces se volvía  su propia realidad. 

Ella por su parte permitió que el fuera su “psicólogo” por un rato y también habló de sus dolores, de un pasado muy frustrante, y de una soledad escogida con premeditación.  Pero el deseo los supero y los hizo hundirse en él, olvidarse de todo lo que estaba fuera de ese momento juntos. 

Lo disfrutaron tanto que ninguno vio pasar las horas, excepto para comer lo que el servicio les trajo hasta su puerta. Ninguno de los dos habló de irse, y mucho menos de quedarse.  Ambos sabían que era lo único posible, solo tenían ese ahora, no habría fotos, ni reuniones comunes, no era un camino para ser transitado por tiempo determinado, era el amor concentrado en pocas horas en un tiempo que se eternizó mientras lo tuvieron entre sus manos.

El cansancio les hizo dormir y al despertar el no quiso molestarla; contemplarla dormida era un premio que no dejaba de admirar… por un momento pensó que era capaz de dejarlo todo por quedarse así con ella, y luego la razón subió sobre la superficie del corazón, haciéndole volver.

Ahora frente a la puerta, con una mano para abrir su salida del paraíso, solo quisiera volverse y navegar junto a las sabanas, por la curvas que ha conocido en este día; esas mismas por las cuales sus pensamientos se van a deslizar cuando quiera.  Quisiera estar ahí cuando ella abra los ojos y comérsela a besos, pero hacer eso implicaría que ya no podría salir de las redes que hoy cupido ha tendido entre ellos.  Todavía piensa:  —aún puedo decidir dejar esto hasta aquí -sin que sus raíces le retenga-. 

Abre la puerta y el aire que respira afuera, más bien le asfixia, no le sabe a ella. Sale a la calle, vuelve al edificio de su trabajo y ahí trata de perderse en la normalidad de un día que definitivamente no lo es.   

Baja al estacionamiento y toma el camino hacia su rutina, son las 6:30 pm y él se encuentra de cara con su verdad, los compromisos de esta hora le esperan; mientras sus pensamientos vuelan al inicio de este día.  Ese inicio cuando envuelto en los fantasmas que no mostraba a nadie, salió por un poco de aire a gritar su insatisfacción, a dejarse llevar por su pensamiento anhelando que apareciera su compañía de ascensor y así poder darle rienda suelta a lo que su mente pensó cuando la tuvo tan cerca.

Ella no quiere abrir los ojos, su próximo paciente quizás pueda esperar, mientras se fascina con lo que recuerda a párpados cerrados, siente sus manos, su respiración, su placer… este día comenzó y le era imposible subir a aquel ascensor y no anhelar que él estuviera ahí, que se volviera a cerrar, como hace un tiempo atrás. Lo irónico es que va sola y se asusta al sentir que sus luces parpadean y con eso  la subida se trastoca.  Sale del ascensor y comienza su ascenso en las escaleras…  alguien toca a su puerta , su asistente le avisa que ha llegado un paciente en crisis.  Ella no quiere abrir sus ojos, quiere quedarse a vivir allí, en lo que no sabe si es sueño o realidad.

Alguien dice el nombre de él: —¡Con que aquí estabas! Tengo rato buscándote amigo, te están esperando en la sala de juntas. Él, parado en el balcón abre sus ojos y ve caer por el aire unas hojas de papel. La presiente.

El abre la puerta, ella se endereza en su asiento y al levantar la mirada le ve, es él, en su consultorio, él quien tenía la emergencia… está ahí, tan real como en la escalera, como en el ascensor, como en la habitación. Ambos se miran y saben que va a pasar. Nadie les hará despertar. Nadie puede delimitarle lo que es real y lo que está en sus pensamientos o sueños… nadie.


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La vida… es más, mucho más!💭💓

La vida es algo más, que un conjunto de palabras escritas y tiradas al vacío del precipicio del olvido.

           
Mucho más que abrazos que se dieron sin ni siquiera recordar la circunstancias que los propiciaron.
No solo besos que se cruzaron en la esquina de quien estaba desquiciado, sin otro recurso y así, se desbocó dejando que escaparan sin control alguno.

        
Más que palabras que se expresaron sin que hubiera sentimiento y al pasar del tiempo ni siquiera se recuerdan.
La vida se niega a ser, un cúmulo de objetos que han sido etiquetados como “claves para ser feliz” y aún al poseerlos no entendamos nada acerca de lo que es la felicidad.


Es aún más, que un montón de gente que “acompaña” nuestros días pero que en su mayoría (porque decir totalidad asusta) no saben cómo pensamos y mucho menos que sentimos.

La vida se trata de algo más que doblar la esquina de nuestros sueños hasta hacerlos invisibles, para cuidar que el que juzga , ese que camina “derecho” no nos acuse de insensatos y torcidos.

           
Muy distante de simples noches de pasión sin sentido, ganas desperdiciadas, sabanas que no dicen nada, vacío que reina en medio de un amor que sucumbe ante su inexistencia.


La vida no es una súplica de amor en forma continúa antes oídos que no escuchan y ojos que no te descubren porque simplemente en el escenario de esa vida no cabe nuestra existencia..

Es más y muchísimo mejor que un millón de “likes” que pueden transmitirte el mensaje de aceptado y el ego termine inflado (y hasta el bolsillo también), pero que al final del día encuentras que no hay nadie y la zozobra es compañía.

         
Está por encima de muchos libros escritos o leídos que acumulan conocimiento, pero que no impulsan o llevan realmente a que se cambie la esencia y lo que se hace.
La vida es más que el desespero por aquel que no aparece, desasosiego por quien no se manifiesta, angustia porque esas palabras no lleguen…

           
Es más que simples respuestas a preguntas complicadas, salidas a todos los problemas, soluciones bien trazadas y perfección a la carta.

           
Va más allá de millones de respiros que hasta ahora hemos dado y que quizás valoramos en el último que demos, comprobando que hasta entonces muchos los desperdiciamos.

La vida va muchas leguas más allá, de la simple popularidad o fama, de un entorno asesino que te exige una máscara para mantenerte entre sus favoritos, sin importar quién seas en verdad.

Es más que un camino, un desierto, un puente, un precipicio… el abismo. La vida es andar y sentirse devuelta cuando el corazón se queda suspendido en algún lado.



Abarca más que ojos leyendo a toda prisa por la necesidad de buscar siempre algo nuevo o mejor, sin percatarse de que el tesoro más preciado ya solo suena a cansancio.
La vida es eso que ni siquiera te das cuenta que ocurre cuando estas iluminado, porque lo que sientes te ha sobrepasado y en silencio por un rato te has quedado, sin saber interpretar como es que esto te ha pasado.

                  
La vida transcurre entre la locura de lo que nos hacer reír y llorar a la vez, irnos a dormir creyéndonos dueños del universo por una palabra recibida o mendigos de la existencia ante la ausencia de lo que nunca se dijo.
La vida y sus volteretas te mantiene unas veces boca arriba y otras cabeza abajo, agitándote la sangre, despeinándote el cabello, levantándote la falda o bajando pantalones cuando menos lo esperabas.

La vida es gente que ya no está , porque realmente nunca estuvieron, pero también gente que llega para quedarse, y a veces no a nuestro lado, pero si en nuestra consciencia, en nuestra piel y hasta en nuestros labios.
La vida, esa… ciertamente no conoce de imposibles, ni sabe de negativas… simplemente sabe de aprovecharse del momento que tengamos para vivir expresando lo que como un regalo sentimos, sin esperar a mañana después que todo se ha ido. No existe para ella lo que no se puede, existe el que no se atreve o el que no quiere suficientemente.

          
La vida… palpitaciones que hablan de oportunidades que se presentan, sentimientos que se encuentran, existencia que se llena, luz que brilla y noche que llega, página que se escribe bajo el calor de la llama que arde como una hoguera en el corazón de quien descubrió que la vida es este día, y que no hay nada allá afuera.

La vida no son letras perfectas, escritas sobre el papel correcto… por eso en esta oportunidad va con mi propio trazo, el de mis dedos (aún con la imperfección que eso implique).  La vida… son pensamientos intensos que me conducen  al rincón más preciado de mis horas… ese en el que me encuentro contigo y con lo que siento…

Naufragios… tesoros🏝


La vida a veces nos ahoga con sus olas de emociones… yo no estoy excenta de ello (ni quiero estarlo) y en medio de ese agite por supuesto que mi barco a zozobrado y me he sentido como náufrago en el medio de un mar inmenso, que si bien no amenaza con tragarme, si me dice que no puedo moverme o que por lo menos ahora, no hay posibilidad de salir de ese pedazo de tierra que se alegra cuando le llamo isla.  Sin embargo, no pido más que un poco de esa misma tierra, porque en ella, aún sin buscarlo,  vino una esperanza… y te encontré a ti, mi tesoro predilecto.

He comprendido que los naufragios valieron la pena para encontrarte ahí.. escondido entre la arena, olvidado quizás por los que andan buscando otro tipo de riquezas, nomsabiendo que sin duda la más alta riqueza es la del amor.

Lo que he ido descubriendo con las sensaciones de la brisa que en un tiempo incontable, me acaricia, es que ningún tesoro está tan a la vista para que cualquiera pirata lo robe.  Los tesoros , lo son porque su valor hay que descubrirlo y no es tan fácil de obtenerlo (merecen un esfuerzo), sino fueran simples cosas que se pudieran comprar. Abro el cofre con la emoción del amor, cada puesta de sol y cada amanecer en los que sé, que el brillo de lo que eres me alumbrará.  Aún en medio del naufragio soy feliz con mi tesoro.

Tomo cada día como una travesía
Un mar inmenso en el que pienso
Que me permite desde esta orilla 
Hablart a ti de lo que siento.

Guardo lo que eres en mi corazón
Ahí no quien lo huerte, ahí no hay ladrón
Eres lo mejor que he encontrado
En medio de los nafragios
Que mi vida a dado.

Y agradezco cada uno, porque ellos fueron la ruta para llegar hasta ti, mi tesoro.

Balde de agua fría…

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Entre sábanas revueltas una vez más amaneció. Tanteó con su mano izquierda… no había nadie. La sensación era de pérdida.  Pero, pérdida ¿de qué o mejor dicho de quien?

Recordaba que le había visto un par de veces en el comedor común de la oficina. Nunca intercambiaron palabras, ella sólo le veía. Tantos años trabajando en el mismo lugar y ningún lazo afectivo, era como un desperdicio, pero así era, el país de los muertos, el de los trabajos sin paga que alcance, el de los sueños que se rompen por una simple noche de sexo, hasta sin placer. Muchas personas unidas con un mismo fin, hacer crecer la estadísticas y posición de una organización, que cada vez les había hecho más desorganizadas sus vidas, porque al fin y al cabo ya no vivían. Diez años allí, y su corazón seguía igual, vacío.
Unas conquistas de esas aleatorias, sin premeditación y por otra parte sin sentido o futuro, le había arrinconado en el extremo de la cama vacía y el silencio ruidoso de noches interminables.
Muchos decían en medio de las pláticas del almuerzo:
-¿Hasta cuándo estás así? Los años te pasan y no esperan ¡inviértelos en el cuerpo de alguien..! para que no quede solo consumido por la edad.
Eran comentarios satíricos y burlones que lejos de hacerle sentir mejor, aumentaban su desasosiego.
Una media sonrisa se permitía dibujar, mientras por su espalda de deslizaban las palabras hirientes, yéndose a quedar en la parte baja de sus caderas, esas que efectivamente ya habían empezado a recibir los embates de los años.
En algún momento lo miró, en ese mismo comedor que a veces detestaba, por el ruido y la comida repetida que siempre servían.  A cuatro mesas de la de ella, se sentó… quizás algo solitario, como ella (pensó) o más bien abstraído del mundo, pensando en cual sería su próximo movimiento.
En la mesa de ella, entre sus compañeros habituales, dos eran mujeres y los otros dos hombres, ella era la que definitivamente rompía el esquema del “dos para dos” de ahí los ánimos que recibía. 
Como quien no tiene interés, pero si curiosidad, preguntó por él a sus amigos.
Los detalles no se hicieron esperar. Cien por ciento digital, respondieron casi al unísono. Ratón de la biblioteca de Ciencias en la Universidad, comento una de sus compañeras fijas, quien se había cruzado con él en algunas clases, cuando ambos eran muy jóvenes y algo diferente a lo de ahora.
Entre tantas palabras, ella se silenció. Le parecía no muy acertado el que sintieran que le gustaba. Podrían establecer algún tipo de presión al respecto, así que decidió dejarlo hasta ahí. No preguntó más, ni comentó más.
Pocos días pasaron y el hombre lejano de acercó, como al descuido. Una bandeja caída, un tropiezo y un: -“Disculpa” fue suficiente para que ella realmente pudiera detallar sus ojos.
Se miraba al espejo y se decía: “No te emociones que esas cosas, ya eso ha quedado en el pasado”. Sus planes sólo eran sobrevivir en este mundo en el que todos casi mataban por sobresalir. No era tan malo, a pesar de todo contaba con sus amigos, los del comedor, los de los comentarios hirientes, los seguros de todos los días. Un rictus en lugar de una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando los pensaba.  Pero aún así, les amaba.
Cuando tenían problemas entre sí, ella mediaba. Una de ellas se practicó un aborto por temor al rechazo de su “par” y ella le aconsejó por todos los medios que no lo hiciera y cuando todo falló y salió mal, casi muere, pero ella estuvo allí para atender y consolar, con la discreción que el caso ameritaba.
Cuando uno de ellos, el más alegre y descarado.  El que nunca se enteró que iba a ser padre, flirteaba con otra casi en la cara de quien era su pareja (o al menos parte de su dos para dos) ella intervino más de una vez, no con amenazas, sino con palabras que le hicieron reflexionar y ver lo que podía perder. Con buen resultado o no, ella obraba para el bien del equipo.
Cuando el otro masculino del grupo, el divorciado y emparejado con la otra chica del cuarteto que se convertía en quinteto disonante con ella, no recogía a su hija a tiempo los días que la tenía, ella le hacía el “quite” y la buscaba para entretenerla mientras él aparecía y así llevaban todos la fiesta en paz, en pro del bienestar de la niña.
Cuando la segunda de las chicas, la emparejada con el divorciado quería irse de farra, con drogas incorporadas, más de una vez la recogió y le buscó ayuda profesional para que no quedara atrapada por sus adicciones. Le hizo pensar en algún momento que el hogar que quería formar, necesitaba de la sobriedad de ella y la atención de él, por tanto debía hacer su parte cada uno.
En fin, esa era ella y su grupo… en aquel medio ambiente hostil, de la competencia.  Eran todos quizás algo mas jóvenes que ella, pero igualmente todos muchísimo más viejos por los desaciertos y malas actitudes ejercidas y sobre todo no dispuestos a corregir. Ellos llenaban sus bocas diciendo que si “vivían”, mientras ella sólo les veía y callaba.
Que otra persona se acercara era algo no usual, pero ocurrió.  De pronto se sintió atraída aún más, por el que había visto un par de veces en aquel comedor atiborrado de comensales.
Una vez recibió una nota, otras un libro de sus preferidos, con el ánimo de préstamo, pero que al tercer dia fue dejado como parte del afecto que surgía.  Esta como si él sabía cómo la ruta para acercársele.
¿Cuántos días pasaron? ¿Ocho o diez? Quizás menos.  Lo cierto es que de un momento a otro la vida le cambió.  Era importante para alguien.  Por mucho tiempo se resistió a dejarse llevar, a bailar el compás del amor, los desencantos pasado le habían hecho ser muy precavida, pero esta vez había decidido confiar.
En ese amanecer la sensación de amor era confusa. La soledad del extremo izquierdo de su cama, se presentaba y le golpeaba.  Ella había entregado su amor, pero el simplemente no estaba, y ella no entendía para nada que pasaba.
Era día de trabajo normal, martes, así que debía apurarse. Aún sin entender bien lo ocurrido, en medio del vacío de la habitación se quedó… parada allí, frente al espejo, sintiendo que una sonrisa se había dibujado en su ser, la noche anterior cuando entró con él.  Las lágrimas se confundieron con la las gotas de la regadera.  El reloj presionó y no quedó más que disponerse a arreglarse y a salir a toda prisa.
Al mirar su bolso abierto, encontró una nota que decía. 
-“Tu efectivo no cubrió todo el costo, dile a tus amigos que paguen el resto… tu premio fue suficiente. -Ah, no estás tan mal, después de todo”.
Esas palabras fueron como un balde de agua fría que le despertaron aquel día, y como que también para el resto de la vida.
La faena diaria se desarrolló normal en la mañana. Guiños de ojos entre los cuatros del grupo se observaron. La miraban y anhelaban el encuentro en la comida.  Sonrisitas burlonas, se dejaban escuchar en medio del silencio entre los teclados.

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La fila para el comedor era larga, pero todos estaban puntuales, ella se demoró, realmente no le apetecía nada; sin embargo de la fuerza que no tenía sacó, y llegó a su lugar de todos los días, al de aquellos “amigos” desconocidos.
Todos sentados normalmente, y sonrisas con muecas inusuales en sus rostros. El silencio reinante.  Ella jugando un poco con los utensilios. El silencio ruidoso allí, hasta que una de ellas, con picardía pregunto:
-¿Y cómo ha sido tu noche? Creíamos que hoy te soltarías el pelo( como manera de decir que se saltaría las reglas y hasta no iría por la oficina).
– ¿El amor te hizo el favor, por fin? Dijo otro en carcajada.
– ¿Con ganas de repetir? Se escuchó otro comentario.
– ¡Ala pues! Que tanto silencio abruma. ¡Dí que tienes algo ahora par contar a los hijos de tus amigas! Deja el silencio.
Ella sólo pasó su mirada lentamente por cada uno de los cuatro y dijo:

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– La nota decía, que “mi efectivo, no era suficiente” así que ustedes tendrán que pagar el resto de la tarifa.
El ambiente de tornó frío. El descubierto de la trampa quedó ante todos. La vergüenza hizo que se retorcieran un poco en sus asientos. La burla, tuvo cara de muerte ahora. Pero las salidas del desparpajo, no se hicieron esperar:
– Pero bueno no es han malo, compartimos el costo de tu placer, te ayudamos. Vamos, no vengas ahora con un “corazón roto” por un tal desconocido.
– Nosotros valemos más que él.
– Ya nos conoces, no queremos que te desperdicies.
– Ya mañana te habrás olvidado de ese fulano…
Respiró profundo y levantándose volvió a decirles:
-Tienen razón, un corazón roto puede sanar, la amistad si es de verdad, vale por encima de muchas otras cosas… se quienes son, ahora lo sé, y mañana ya no querré recordarlo.
-El desengaño no es por él, sino por ustedes. Creí que yo valía algo más que una burla, que mis acciones y demostraciones de afecto para cada uno de ustedes habían tenido algún significado.  -¡Pero gracias! ese balde de agua fría recibido, ¡me ha despertado! Y ahora puedo ver, que estoy en el lugar equivocado.
Simplemente se levantó y se fue.

Ruido en el silencio… de la mente

La calle llena de gente como todos los días. Unos deambulan de un lado a otro corriendo porque se hace tarde para llegar al lugar donde los sueños se acaban y la competencia por un ascenso en cualquier puesto de trabajo se convierte en la única meta de las próximas 10 o 12 horas.  Aunque 8 sigue siendo lo legal o el tiempo estipulado para que los “normales” hagan llegar a las empresas a su máximo nivel de producción, el simple hecho de no lograrlo, genera las fulanas “horas extras”;  un mal necesario que da algo de estatus a los que han fracasado en tener vida propia.

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A estas horas del día, ella se encuentra en su café de siempre y él aparecerá en tan sólo unos segundos ante su vista; el reloj de su impaciencia así se lo hace saber. Dejó  estacionado su vehículo muy cerca de allí. Sale del parqueadero, cruza la pequeña acera enladrillada como todos los días, sólo que hoy tiene algo diferente… y es que anda sin compañía . Es extraño, pero la rubia despampanante que a menudo cuelga de su brazo o de su cuello, esta vez no le acompaña.

El libro que ella tiene entre sus manos, que ha servido de entretienimiento para sus pensamientos y sus ganas, aunque esta abierto, no ha conseguido ser leído por mucho que lo ha manoseado.  Al fin lo vé, disimuladamente pasa una de las páginas del libro mientras levanta su mirada aún con la cabeza hacia abajo y lo identifica, ahí ya se acerca, aspira profundamente y siente hasta la fragancia de su varonil perfume,  la que destila olor aún a la distancia que se encuentra.  Ahora vendrá la compra reglamentaria de la prensa matutina  (ella conoce su rutina… al menos la de la calle) y luego de un rápido vistazo a las  revistas que se encuentran en la sección de adultos, alisa su corbata, toma el periódico y continúa. Su sonrisa es perfecta.

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El libro que todos los días ha servido de mampara, hoy ya no tiene ningún sentido, las pocas líneas que ha podido leer en las últimas semanas, ya ni las recuerda,  nada más al percibir la presencia de él lo demás se borra, y aunque lo intenta con el libro, no ha podido olvidarse de quien viene acompañado cada vez que lo ve, a veces de una rubia otras de una pelirroja, las cuales  aún yendo vestidas de traje formal, (adecuados para las oficinas donde todos laboran) no evitan dejar al descubierto  sus sugestivas formas de moverse que sólo destilan  erotismo e insinuaciones cada vez que van a su lado, o en cada roce que le hacen, aunque sea al descuido.   Pareciera que para cada una tiene días estimados y así la fiesta va en paz, pero  lo más cumbre de todo es que todos confluyen en el mismo lugar, hasta ella, la que lee, la que le mira sin que él se de cuenta.

El da dos pasos en su camino y en ese momento  lo tiene justo al frente. Acaba de colgar su maletín en su hombro derecho al recoger la prensa, y al girar hacia la izquierda para volverse a la calle,  la punta del maletín tropieza la  taza de café en su mesa y esta sin poder resistirlo,  se derrama y se estrella contra el piso, partiéndose en unos cuantos pedazos. Por parte del café, no hay nada que lamentar; ya que estaba totalmente frío, porque ella nunca lo tomó, como en ninguno de los días que precedían al que corre hoy, simplemente el líquido estaba allí… como parte de la escena, como su fachada completa. 

El ruido de la taza al caer hace que él se voltee,  al igual que otros que están en la cercanía, los que con su mirada transmiten le transmiten a él, el siguiente mensaje: “le tiraste el café a la chica, al menos discúlpate y cómprale otro, no te hagas el loco”.

Siendo el caballero que todos esperan que sea, se voltea…
– Disculpa, dice y  sonríe, con esa sonrisa que ha impedido que ella pueda concentrarse en su libro desde hace como un mes,  cuando lo escogió en una librería cercana como la excusa perfecta para poder mirarlo temprano antes de comenzar el trabajo, mientras él lleva su periódico y a alguna mujer de su brazo.

Ella se levanta de la pequeña mesa, como sintiéndose descubierta en su emboscada.

– No te preocupes, no es nada sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos. Lo ha visto tanto en el último mes, que podría describir sus facciones con los ojos cerrados y hasta dibujarlo a la perfección.

El nerviosismo de ella, despierta interés en él y en medio de la observación descubre que la conoce, no sabe su nombre, no tiene idea de cual es su cargo, pero ahora si tiene la certeza que pertenecen al mismo emporio.

– ¿Tú eres… del piso  5 o del 12? ¿La chica de auditoría…?

Ahora si la coartada cayó, el pudo recordar esa incursión que hizo a su oficina aquel día cuando al fin fueron presentados y quedó paralizada, y sin pestañear.  Ella alguna vez lo vio en el ascensor (él no), pero no fue hasta después, cuando fue hasta su oficina, que supo quien era.  Despues de ese primer encuentro, no había necesidad inminente de solicitar documento, cifras o cualquier otra información, sin embargo ella merodeó una cuantas veces más en su predios, como al acecho, sin intercambiar más palabras, sólo dejando que la mirada detrás de sus cristalinos espejuelos lo persiguieran a cada paso.

Asiente con su cabeza, y empuja sus lentes hacia atrás, como buscando protección,  pero aceptando que sí, si es la chica no la del 5 o la del 12, sino la del piso 8. La que fue un día por unas planillas y a partir de allí fueron muchas las excusas que le siguieron. Sin embargo, el valor que no sabía existía en ella hasta ahora para acercársele, en ese momento se deja ver.

– Sí, la de auditoría y creo que aún me estás debiendo unos datos. Así que vas a tener que hacerme una declaración privada de información  en mi oficina. -Si tienes algunos minutos podemos subir juntos. Se incorpora como poseída por un extraño atrevimiento y se para a su lado, y luego justamente al frente, casi que acortando la distancia prudente entre ambos. El casi la respira, pero la deja entrar en su área.

– ¿Por qué hoy en solitario? Siempre se te ve con alguien… ¿te dejaron solo en el bosque y con el lobo rondando? ¿que ha pasado? Ella pregunta como quien tiene el derecho de saber, que aún no le han dado y él, intimidado con todo esto, decide contestar. Tampoco sabe como se ha dejado intervenir de aquella forma, sin embargo están allí parados uno frente al otro, la gente sigue en su carrera matutina, el día laboral apenas comienza, el sol va sacando su fuerza e ilumina la calle, el calor se siente y a distancias cortas entre dos, más.

-A veces nada como disfrutar de una mañana en la que uno pueda estirarse como quiera y avanzar el día, sin tener que tropezar a cada paso con quien se atraviesa a cada rato. – Y para serte sincero, dice mientras su ojos se clavan intencionalmente en las pupilas de ella, tengo más de una semana sin ese tipo de compañía.

De acuerdo a lo que ella a observado en los últimos días, casi  puede asegurar que no es así, sin embargo le da la licencia de la mentira. Tan sólo una sonrisa muestra como señal de aceptación y ambos dejan de verse para colocarse uno al lado del otro y encaminarse hacia la entrada del lugar que así mismo les permitió conocerse. Van de camino hacia el trabajo.

– ¿Y tú, siempre estás sola? Y esta pregunta la toma por sorpresa, no contaba con este tipo de interés. Había imaginado muchas veces como abordarlo, pensó una y otra vez como hacer desaparecer a sus insinuantes acompañantes, pero no se había paseado por la idea de responder a posibles preguntas de él, eso no había sido considerado en el abanico se sus opciones.  Sabía manejarse en el anonimato, siendo invisible y ahora que él la veía, estaba bastante nerviosa, hasta su pensamiento estaba inquieto. Ha perdido la ventaja de quien acecha en el silencio.

– Con unas piernas tan bonitas, no entiendo porqué andas sola. ¿los tipos que trabajan en tu piso están ciegos?

Ella se da cuenta que necesita un contra ataque inmediato y una salida a la altura, pero solamente de pensar que él habla sobre sus piernas, esto hace que esas mismas piernas que empiecen a temblar y se sofoque. Para nada quiere caminar delante de él,  eso la haría aún más vulnerable a su mirada.

-Nunca me has visto en falda, siempre voy de pantalones, como ahora, así que no entiendo como o pretendes hablar de mis piernas.

Consisera que ha sido buena esta salida y se siente a salvo, como  a un paso adelante, así que coge un respiro algo aliviada;  la intimidación que sentía con la pregunta que él hizo, va pasando y el agite en su respiración va siendo parte también del  segundo pasado.

-No las he visto, pero es mejor, porque entonces las imagino… -La dimensión puedo hacerla claramente sólo con ver lo que cubre tu ropa, y su mirada la recorre con desparpajo. Esta vez el rubor le abarca no sólo el rostro, sino el alma a ella. Nunca se había arriesgado a un juego como este,nones de la que se anota a hacerlo, por temor a salir lastimada.  Siempre ha sido muy en su sitio”, de emociones controladas y él definitivamente la pone en “jaque”.

Ya en la entrada del edificio, luego del saludo reglamentario a los que igual entran a ganarse el pan diario, avanzan hasta el ascensor.  El que conduce a los pisos pares es el más cotizado a esta hora del día, muchas personas esperan. Por su parte, el que sube a los pisos impares está sin mucho público, sólo unas tres personas. Sus miradas se cruzan nuevamente de una forma cómplice, y sin hablar deciden ir por ese, el de pocos testigos.  Entran y se colocan en la parte posterior mientras las personas que les acompañan van desapareciendo una en el piso 3 y las otras dos en el 7. Se cierra el ascensor y quedan solos allí. Ya no hay gente de un lado a otro, ella vacila un segundo en lo que va hacer, pero el consentimiento en los ojos de él se nota. 

Una mano se estira y el recorrido del ascensor es suspendido. El se acerca, como quien es atraído por una fuerza irrefrenable. Ella luego de haberlo observado tantos días a la distancia, ahora tan cerca y teniéndolo a la mano, no sabe que hacer.

El acorta aún más la distancia… se acerca; ella cierra los ojos. Se pierde en lo que ha pensado, ¿cuantas veces ha imaginado una escena como ésta? Al menos unas ocho veces… y ahora está ahí, y sólo el silencio y los pocos minutos que tienen, les mantienen allí, de pie. Un segundo más, acaba de morir, mientras sus ojos siguen cerrados como quien aguarda la sorpresa del deseo, y espera en cualquier momento sentir algún tipo de roce.  Siente una mano en su hombro derecho…

– ¿Está bien señorita? Oye una voz que es como un desagradable chillido en sus oídos. Esto le hace abrir los ojos, y al hacerlo, la luz odiosa del Sol quema sus pupilas. Es el mesonero que a diario, por más de quince días le ha atendido gentilmente en aquel café.

-Este hombre tan descuidado, tropezó su café y usted se ha quedado como si la golpeada ha sido usted. ¿Se siente bien?

Parpadea una y otra vez, como queriendo entender que hace aquel mesonero en el ascensor.. hasta que la realidad la trae de vuelta y se da cuenta donde está.

El ya no está por ningún lado, el ascensor le espera  en el edificio al otro lado de la calle, en medio del tumulto de la oficina. Su reloj de pulsera, le condena a  reaccionar ahora, y a correr antes de hayan motivos para que la paga del día sea menor.  En el ascensor hubiera estado dispuesta a perder cualquier paga con tal de quedarse allí, con él, pero de no apurarse sólo tendrá un día que vale mucho menos, y la indiferencia de la que es objeto le afectaría aún más.

– Gracias… no me ocurre nada.  Sólo el silencio de mi mente, que me atrapa y en sus muchas vueltas, ya no se donde termino.

Deja la propina acostumbrada y aún en el silencio, el de su mente, sigue sonando el ruido del ascensor detenido y lo que ocurre ahí dentro.

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La Felicidad salió a pasear…

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(Para los que piensan que la Felicidad es para el que la tiene y nada más… Tenerla es compartirla; ya que así aumenta)

Felicidad… Esa era ella… Felicidad!

Despertó una mañana de esas que eran hermosas para ella. Cielo azul, pájaros cantando, buen sueño. Decidió que era el día que pasearía a ver como estaba todo en su reino (así llamaba ella al lugar donde vivía).

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Se detuvo frente al armario y sacó su mejor vestido… El de muchos colores.  Suspiró al verse y comprobar lo bien que le quedaba, era imposible no admirarse con semejante atuendo. Tomo uno se sus sombreros preferidos, calzo sus pies con algo lindo y salió.  Ese día todos la verían, ¿quién podría no hacerlo?

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Para su sorpresa, nadie la miro. Al rededor había una mezcla de silencio y letargo casi triste.  Las personas no sonreían y estaban tan apuradas por llegar a donde iban, que todos la “obviaron”.  😦

-¿He perdido mis atributos? Se preguntaba. -Antes todos anhelaban mi compañía, claro, y yo no me acercaba mucho…, se decía a si misma casi en tono de reproche.

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Pasó la mano por su vestido y se fijó en sus colores, en lo bien que lucía y por un momento pensó:

– Mejor me quedo en mi lugar, donde todo está bien, bello y feliz, nada tengo que hacer aquí… Sin embargo eso no le  hacía sonreír.

Entonces también pensó:  -¡Algo tengo que hacer! ¿Sino para que me sirve ser quien soy?

Decidió quedarse y hacer que las cosas cambiarán.

Ya se había fijado  al alejarse se su casa, que el cielo estaba gris y sin muchas ganas de que su rostro mostrara otro semblante.

-Empecemos por verlo de otra manera, “Si yo soy quien digo ser, lo puedo hacer”, dijo mientras tocaba el azul de su vestido, y simplemente ese mismo color lo trasladó hacia el cielo.

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Inmediatamente todo cambió, muchos miraron al cielo y sintieron que volvía a empezar el día, y que los rayos del sol se colaban por ahí. Había más energía, más impulso. Su vestido dejó de tener ese color, pero consideraba que valía la pena.

Así decidió hacer con cada situación.  Encontró amargura y de color rosa, la vistió con ternura. Entregó flores entre los que estaban peleados y se reconciliaron. También el rosa de su vestido fue quitado.

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Vio que los parques y jardines estaban secos, como el alma de muchos, producto de incomprensiones y tomó el verde que traía consigo y lo coloreó. Todo empezó a germinar nuevamente. Las personas podían sentarse a conversar en la grama, bajo un árbol o en el jardín.  El verde desapareció de su vestido.

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Continuó su paseo, donde había oscuridad regaló el blanco y el amarillo, y se encendieron los espacios. Ya no había golpes entre unos y otros;  ya que  podían caminar juntos sin tropezarse. Se disfrutaba más de cada lugar al ser observado con claridad. Perdió ese color también en sus ropas.

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A los que no se atrevían a amar, los que estaban frustrados o pasando un desamor, los cubrió con el rojo vivo de una nueva pasión. Le costó altamente entregar este color, porque era de sus más preciados o favoritos, pero igual lo dió. El amor volvió a correr entre la gente. Habían enamorados por todos lados.  La besos no se hacían de rogar. Las manos agarradas en largos paseos evidenciaban la intención de demostrar que estaban juntos y por amor. Campañas sonaron, uniones de dieron, hijos nacieron. Las rosas más rojas se vieron, testigo del amor y la pasión.

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Y así continuó el resto del día… Dejó caer el morado para darle vida a los frutos que habían palidecido al igual que el interés en mucha gente; el naranja lo ubicó en los caminos y en sus flores, tanto como en el impulso de los que ahí habitaban,  para recorrerlos; también dejó que hubiesen tonos oscuros, como del marrón y el negro, que sirvieran de marco a cada cosa linda que había por allí, recordando que las normas o reglas eran necesarias para que todo funcionase, sin tener que teñirlo todo de ellas.

Al final del día su ropa era transparente, estaba prácticamente desnuda ante los ojos de los demás, quienes no se escandalizaban de lo que veían; ya que para cada uno, ella simplemente representaba el color que les había devuelto las ganas de comenzar y seguir. Ella era una sensación, una percepción, un recordatorio de lo que cada uno tenía en su ser y podía hacer.

Ella llegó nuevamente a su casa… Y por primera vez había comprendido que a pesar de ser Felicidad, no había sido tan feliz como ese día, que su cansancio tenía el nombre de la alegría, porque había encontrado sentido en todo lo que tenía.  Se había quedado sin nada en ella, ningún color acompañaba su ropa, pero sus colores habían pintado todo a su paso. Entendió, que:

No sirve de nada pretender ser feliz a solas, sin que eso irradie, impacte y embellezca la vida de otros.

A partir del paseo de ese día.. La Felicidad es feliz (y en su armario día a día se renuevan como un milagro los vestidos de colores).

Feliz día para ti      🙂 ❇

Culpable..!

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Se abre la sesión, hace su entrada solemne a esta sala, su “Señoría” quien preside el juicio contra este infame individuo.

Todos de pié, ya él juicio comenzó!

El jurado en su sitio, el defensor moja sus labios con su lengua como medida preventiva para lucir bien, para afinar sus pensamientos y lanzarse al ataque cuanto antes.  El acusador acaricia su maletín con timidez, como si pretendiese que al frotarlo el coraje que le hace falta lo fuera a conseguir por el simple contacto.

Queda de pié el acusado. Habla su señoría

– Usted, el que se viste de encanto, cuya mirada es profunda y sus palabras de miel ¿cómo se declara?

– Yo, ¡soy inocente! Señoría.

-… ¡Yo sólo estaba jugando!

Se da paso al acusador, quien alisa un poco su traje azul algo gastado, también pasa su mano izquierda sobre sus cabellos, cuyo mechones negros se empeñan en estar sobre el lado izquierdo de su frente tapando contínuamente su ojo.  Es como una especie de máscara que se ha puesto, para no mostrar realmente que es casi uno de ellos, del gremio del acusado. La audición ha comenzado y los cargos se escuchan.

-Se le acusa de asesinar la confianza
-De maltratar la ilusión
-De acabar con la esperanza
-Que había en un corazón.

Sentado en el lugar donde se rinde declaración, ante los ojos expectantes de todos en el salón, el acusado pausadamente responde observando fijamente a cada una de las féminas del jurado, quienes esquivas se miran entre ellas como buscando refugio.

-Nuevamente digo: “Soy inocente”… Yo simplemente jugaba.
-¿Dice que sólo jugaba, cuando entró a su vida…así como si nada?
-¿Qué no había intención alguna de enamorarla? ¿Eso dice?

Se hace un silencio de segundos eternos en la sala, las mujeres que hay allí, comentan con las miradas: -¡Desgraciado! Se les lee en la mente decir, aunque sus bocas no digan nada.  Sin atreverse a mirar fijamente a este hombre por más de dos segundos. Están quizás revueltas y hasta confundidas.

-La víctima ha dicho, que sin pedir permiso sin más nada, usted le hizo sentir cosas que ella no esperaba (la voz del acusador quiere ser grave, pero es más un chillido que otra cosa). Cito a continuación lo que ha declarado la víctima por escrito, antes que usted:

-Sus dulces palabras me hicieron creer que le importaba
-Sus manos de miel se paseaban por mi espalda
-Sus escritos me inspiraron a sentir lo que soñaba
-Su presencia cada día en mi vida me hizo creer que me amaba.

-Pero resulta, que nada era como yo pensaba
-Mientras hablaba conmigo en el fondo se burlaba
-Me tomó en sus brazos y no llegó a sentir nada
-Me dejó como alguien que espera el tren en la parada.

¡Protesto Señoría!  Exclamó el defensor.

Eso que el acusador cita, son sólo percepciones equivocadas de la supuesta víctima. Cada quien es libre de pensar lo que quiera de otro y no por eso lo hace culpable de este horrendo crimen, del cual es acusado mi cliente.

– ¡No a lugar! Mantenga la compostura, ya pronto tendrá su oportunidad. Continuemos….

Se hace un revuelo en la sala.  Los hombres con medias sonrisas irónicas, miran de reojo a las féminas que una vez más se retuercen en sus asientos.

-¡Ni que esto fuera la Inquisición! Se deja oír un comentario en el fondo del leve murmullo general.

Toc, toc se  oye el duro y seco golpe del martillo recordando que la justicia no se ha ido, aunque a veces la venda en los ojos sea muy densa.

-¡Orden en la sala, sigamos!

El acusador siguió tímidamente su exposición, mientras el acusado siempre se mantuvo imponente. Su mirada recorría la sala posando sus ojos sobre cada una de aquellas mujeres, que ante su mirada penetrante acomodaban unas, sus cortas faldas, otras cerraban el botón de su blusa que a propósito habían dejado abierto, como costumbre de seducción, pero en ese momento se sentían desnudadas no de sus ropas, sino en sus pensamientos, por aquel delincuente acusado de grandes crímenes. Querían cubrirse como eb defensa, aunque no sabían exactamente de qué debían protegerse.

Todo continuó por unas horas, entre revuelo, confesiones, lágrimas de unas testigos y una que otra cita sobre lo que la víctima había dicho, que este delincuente había hecho.

Se dió paso al abogado defensor.

-Señoría, con mi cliente aquí ante todos ustedes, sólo le pido que primero le observé bien. ¡Mírelo! (El gato con botas de la película de animada tendría que tomar lecciones con él), este hombre no es capaz de hacer toda esa serie de acusaciones infundadas que pesan sobre él.

-El no tiene la culpa de despertar sentimientos, de encender los pensamientos. -¡Mirelo bien! Ya que podría ser él, más bien víctima y no el victimario.

-Las mujeres se han acostumbrado al maltrato y a la forma rústica de ser tratadas, con todo ese asunto de la igualdad, que cuando un hombre es cortés con ellas, ya creen que las está enamorando.

Esas palabras salpican toda la sala, y el hábil leguleyo sabe que es así, por tanto enfila el resto de su ataque para lograr que su defensa se haga más creíble y productiva cada vez.

– Este hombre, el de la mirada profunda y reposada, se acercó a ella, porque simplemente necesitaba ayuda. Y eso fue lo que hizo ¡le ayudó!  -Hay mujeres que no sólo necesitan palabras… Y el simplemente estuvo dispuesto. ¿Acaso eso es digno de condenación?

Una vez más los argumentos del abogado consiguen que una ola de comentarios y murmuraciones se hagan presente. Los hombres sonríen, casi diciendo: ¡Exactamente así es!  Y muchas de las mujeres tienen expresión de interrogantes en sus mentes.

-Las percepciones, como les decía hace un rato, son personales… Y a veces lo que se piensa no es.

-Sería absurdo endilgar culpas simplemente por no ser correspondida. ¡Eso es simplemente absurdo!

-Aunque hubo contacto diario, no hubo promesas; así que no hay ningún pacto transgredido. Mi cliente es totalmente inocente y de eso no hay duda alguna…

La ironía del defensor y toda su argumentación, demostrando que domina al tema, arrincona por completo al acusador.

-Además Señoría, este juicio se está llevando a cabo en ausencia de la víctima, ¡quien ni siquiera tiene el valor de dar la cara!  Escudándose en un dolor que nadie aquí puede constatar.

Hora y media más de disertación, de acercarse este experto hombre al jurado y a través de palabras con el tono indicado, hasta convencerlos de que ya han ganado.

Entra en receso la sesión, mientras la deliberación del jurado se lleva a cabo y al fin en la tarde de ese día se reanuda el caso con el veredicto listo. Se da lectura al resultado, su Señoría preside:

– De acuerdo a toda la información recabada y a las pruebas presentadas, este honorable jurado ha encontrado al acusado, el de  la mirada profunda… ¡Inocente! La voz de quien lee el veredicto es temblorosa…

Se oyen voces de júbilo, el abogado satisfecho aprieta la mano de su cliente, pensando en todo el dinero que ha ganado y la fama que le seguirá precediendo en lo adelante.

Su señoría abandona el estrado, baja lentamente los escalones y va deshaciéndose de sus ropas memorables y honoríficas. Se quita la imponente toga, suelta sus cabellos perfectamente amarrados, hasta alborotarlos por completo. Los lentes que cubrían su rostro son echados al piso, sigue así caminando lentamente, se abre un camino entre la multitud como si el mar estuviese lado a lado… Va despojándose del resto de su ropa, abre cada uno de los botones de su traje, cae su falda su chaqueta, sus piés están descalzos. Ya no hay blusas, ni sujetadores internos, no quedó ninguna de sus prendas. Sólo sus largos cabellos tapan parte de su busto. Su mano derecha se levanta y sólo se deja escuchar el hueco sonido de una bala…

El disparo atraviesa la frente de aquel hombre cuyos ojos profundos en ese momento la miraban. Su asombro fue lo último que sintió, al ver quien le disparaba.

-Te declaro culpable, yo, a quien tú le estafaste el alma.

-Ya no volveré a escuchar tu sonrisa, aquella con que me alegrabas.

-Ya no habrán más palabras de mentira, porque aquí las doy por terminadas.

-Ya no hay más juegos de cariño, porque al final sólo fui yo quien te amaba.

-Te condeno entonces a no estar atado más al rincón de mi vida, a la profundidad de mi alma.

-Libro a las otras de ti, para que no sean engañadas, para que no piensen que por tus palabras, tengan ilusiones de ser amadas.

El cuerpo yacía en medio de la sala, las esposas sobre sus manos estaban, la escoltaban a su celda y su cuerpo ya tapaban.

Su veredicto fue implacable: ¡CULPABLE! Porque lo amaba