Relato… correr por el miedo 😳 💀🌫

El respiraba muy agitado, la sensación de que le perseguían cada vez era más fuerte. No estaba a gusto en ningún lado, no sentía seguro, estaba convencido que venían a por él, y le harían daño.

Tomó su bote y se fue al lago. “Aquí el enemigo que me acecha no podrá encontrarme “, pensó mientras precipitadamente se echó al agua y ya en el medio, donde la orilla no se disipaba bien, decidió sentarse y descansar. ¡Lo había conseguido! alejarse era lo que necesitaba. Pero no, la angustia seguía como siempre. El dolor una vez más clavaba su punta filosa en la espalda, al punto de hacerlo encorvarse, buscando alivio.

Y estando ahí, lo presintió más fuerte, sabia que no había escapado, podía sentir su respiro tras él. En el borde del bote, con el agua haciendo de espejo, abajo, doblado por el dolor insoportable del miedo, lo vio… el reflejo en el agua se lo mostró.

Era él, el mismo, y todo sus temores, dudas y angustias, por querer ser quien no era, por solo buscar ser aceptado (al precio que fuera), aunque en verdad por quien lo hacía ni siquiera le quería. Era él y sus miserias no saldadas, y ese peso hizo que se hundiera el bote, no sin antes hundirse su alma en el más grande y despreciable, miedo.

💀(El miedo a veces nos salva de algún peligro y también tiene su lugar en nuestra vida, pero el miedo que provocado por creer que no llenamos la expectativa de alguien más, tan humano como nosotros mismos, es un verdugo innecesario que termina ahogándonos los días)💀

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Micro relato… “El que se sonrojó “ 🙈💕

Cielo, amaneció como todos los días, seguro de sí mismo con su suave azul acostumbrado mientras pensaba vestirse más intenso para el día.

Ella, pequeña y tímida se acercó y solo susurró al oído de Cielo, lo que quería hacer con él, a solas.

El sacudido por las palabras de ella,no pudo evitarlo, los colores se le subieron al rostro, se sonrojó.

Nuestro reflejo… las letras 📝

Las letras nos reflejan…

Cuando tomamos un lápiz o un teclado digital y la historia se hace dueña de nosotros, muchas veces es como si un espejo trajera sobre la hoja o ese mismo teclado, eso que somos.

Lo que se quedó guardado y no salió en su momento porque no hubo chance, la persona se fue, el amor se acabó, la vida terminó…

También es la rienda suelta, que nos da la oportunidad de ir a realizar en ese mundo imaginario -pero totalmente real- aquellas cosas que saborean nuestros sentidos o que recorren nuestras más torcidas apetencias.

Al final de cada hoja, en alguno de los trazos de sus letras, y no solo en el reflejo de la pantalla cuando escribimos, aparecemos nosotros dibujados quizás con otra cara, en otro cuerpo, con un escenario similar o muy distintos, pero igual nosotros ahí estamos.

Es nuestro reflejo, aunque a veces nos cuente asumirlo o por el contrario lo celebremos orgullosos.

Que nadie está tan guardado, como para impedir totalmente, que lo que siente se resbale en la superficie de un historia. 📝Lo certifico… ahí somos libres 📝

Despertar es soñar… atrévete! 🌳🙂

La vida,

Esa que nos invita a estar despiertos, mientras que nos cuenta una historia interesante, de las que no nos permiten pegar un ojo mientras estamos ávidos de ver ¿qué pasa?

Esa que también nos da alas, aunque a veces sean pequeñas y el cielo sea inmenso, invitándonos a crecer en cada vuelo; esa misma que te dice a ti Cielo mismo, que también vueles.

Esa que es más de los atrevidos que de ningún otro, porque son esos los que intrépidamente conquistan un sueño aun a ojos abiertos, e igual ven lo que sienten con ellos cerrados.

Por eso insisto… Date el permiso de Despertar y sueña, pero sobre todo permítete a ti mismo tener la experiencia única de ir por ello, sin más nada en mente que disfrutar de hacerlo.

🌱

El día está triste 😔 … el mar está molesto 😠

El día esta triste…

El mar está bravo…

Y me pregunto:

—¿El día está triste por comprobar que siempre el mar está molesto?

o

—¿El mar está molesto al contemplar al día , todo el tiempo triste?

En ninguno de los dos casos se cumple el “siempre” o “todo el tiempo” sin embargo son buenas excusas, para cada cual quedarse en el error que prefieran.

Cada quien asume una posición… salir de ella podría marcar significativamente, la diferencia.

Así son las relaciones tóxicas, esas que protagonizamos alguna vez o en las que somos espectadores, más veces se las que quisiéramos. Las mismas en las que el otro excusa su pésima actitud, con la existencia de algún estímulo en quien le acompaña en la relación; olvidando (o al menos pretendiendo eso) que en sí mismo es responsable de ella. Sin que existan más culpables.

Cuando el amor toca… ❤️ 🚪

Un mensajero llamado AMOR, salió un día. Tenía una encomienda urgente que entregar. Su emisor le pidió encarecidamente que fuera, que lo entregara, que para su corazón era de “vida o muerte”.

El amor, como siempre, diligente tomó el encargo y salió. Para no perder de vista el norte que llevaba, memorizó la dirección:

—Calle El Jardín #8, ciudad del Corazón.

A pesar de que hubo mal tiempo, y nadie se atrevía a salir, el AMOR sí. Llevaba su meta clara, debía hacer la entrega y sobretodo quería ver, que pasaba.

La tormenta que hubo, voló los carteles de identificación de las calles, así que se hizo más difícil el llegar. Pero sabiendo que quería hacerlo, al fin lo consiguió.

Encontró la calle, y a pesar de la lluvia y el viento, aún las flores sonreían en derredor. Era un hermoso lugar, pero estaba solo. No quiso pensar en las razones, lo disculpo con el mal tiempo.

El número del lugar también había sido borrado, por los malos tiempos pasados, y quizás por la falta de cuidado y mantenimiento, así que desde el inicio de la calle y guiándose por los números que si se veían sobre las puertas, empezó a contar y llegó.

—Uno… dos… tres… aquí no se ve el número, pero sigo contando…. cinco… seis… ayyyy.! Y cayó en un gran pozo de agua. Aunque se golpeó, pudo levantar su mano lo más alto posible, para evitar que el tesoro que traía en ella para entregar, se arruinara.

— Siete… ¡esta es! No se ve el 8, pero esta es.

Con la emoción de quien trae un valioso regalo para ser entregado, subió unos pocos escalones para alcanzar a la puerta y al fin poder tocar. Sus piernas temblaban, pero su golpe sobre ella era firme. Tocó muchas veces, y pensó: —¡No hay nadie en casa! Esperaré.

Dejó transcurrir unas horas y allí estuvo, consistente, presente, no se marchó a la primera, ni dijo hasta aquí y simplemente sacudió sus pies. No, simplemente con paciencia esperó.

Se hizo de noche y la situación no cambió, pensó además: —Quizás la persona de quien es este corazón, está de fiesta y no vendrá hasta mañana, por lo cual decidió volver al día siguiente.

La lluvia del día anterior había cesado, y aunque se podían ver los estragos en las calles, en El Jardín todo parecía en orden, pero seguía sola esa calle.

Volvió a pararse frente a la puerta, insistentemente tocó y tocó, sin obtener respuesta. Dio un recorrido por la calle, en busca de alguien que pudiera informarle sobre quien habitaba en ese corazón. No encontró a nadie.

Una vez más, parado ante su puerta tocó… sintió como un ruido dentro y llegaría a asegurar que escuchó pasos que se aproximaban a la puerta, pero nada ocurrió. La puerta siguió cerrada.

Por espacio de 8 días o más el AMOR estuvo allí, tocando insistentemente, asomándose por la ventana para ver si podía divisar algo. Nunca se atrevió saltar la verja y entrar a la parte posterior, no se consideraba un invasor, sino uno que respetaba la propiedad del otro, por tanto no entró, esperó.

Cabe decir que el tiempo del AMOR, no es igual que el nuestro, para él esos días, pudieron ser semanas, meses y hasta años, manteniendo así la misma insistencia, las mismas ganas de entregar lo que traía, de no quedar mal con el emisario; y sobretodo de entender cuánto anhelaba quien le entregó la encomienda, que ella llegará a las manos del destinatario.

Un buen día, camino a la calle que hasta ahora, consideraba que era El Jardín, el AMOR se dio cuenta de algo. Quizás había estado todo este tiempo en la calle equivocada. Tal vez la lluvia de ese día también había alterado el nombre de las calles y el simplemente estaba tocando donde no correspondía.

Así que decidió pasearse por otra calle, en la cual no se divisaba con claridad el nombre, pero sí, los números de las puertas. Al andar unos pasos en esa calle, divisó un hermoso 8️⃣, reluciente que estaba grabado en aquella puerta.

Tan solo al verlo, sonrió. Fue como haber encontrado al fin, lo que había buscado por tanto tiempo. Sin más preámbulo, tocó y a los pocos segundos la luz de la entrada se encendió.

Seguidamente apareció el rostro más dulce que jamás viera. El dueño del corazón, a quien el Amor tocó a su puerta, no había perdido la esperanza de que llegara, y así ocurrió. Recibió el tesoro, y todo a su alrededor se iluminó.

El AMOR volvió ese día a casa satisfecho, porque no se rindió y aunque no le abrieron la puerta donde pensaba originalmente que era su destino, lo agradeció y comprendió que esa puerta estaba muy lejos de serlo.

(Al otro lado de la ciudad, en la calle que seguía sola, en aquella puerta que tantas veces el AMOR había tocado sin obtener respuesta, de pronto se abrió, y para su desconcierto ya nadie estaba allí. El AMOR no se acabó, solo cambió de lugar… o mejor dicho encontró su verdadero lugar).

❤️***************❤️

Si está tocando a tu puerta
No le hagas esperar,
Que solo si está abierta
Él (el AMOR) se atreverá
A pasar…

El hombre del año…🥇cuento corto

El salón estaba exquisitamente arreglado, las mesas de manera impecable, el vino a temperatura perfecta, la hora del brindis se acercaba, el reconocimiento apenas acababa de empezar.

Quinientas cincuenta personas en un recinto exclusivo. Diez alocuciones previas, en las cuales se exponía con admiración, el motivo de la cita de esta noche. El reconocimiento al “Hombre del Año”. Sus virtudes, su integridad, sus capacidades, todo puesto al descubierto para llevarse ese galardón.

Desde su núcleo familiar su esposa e hijos y hasta el nieto que viene en camino en el vientre de una de sus nueras, agita sus manos para aplaudir la vida de este hombre. Su pelo perfectamente cortado, barba rasurada a la medida, un anillo que alumbra en su mano derecha, indicando la pertenencia hacia quien está sonriente a su lado, reluciente de alegría y orgullosa al saber que ese que todos alaban, es de ella, es su propiedad certificada. Una conducta intachable le acompaña, una reputación que ha cuidado a lo largo de sus años, una satisfacción de ver los resultados de tan arduo esfuerzo.

Entre el grupo de trabajo que lidera, cuenta amigos satisfechos más que con compañeros circunstanciales. El trato a lo largo de los años, les ha establecido como un bloque sólido que soluciona todo lo que es puesto en sus manos, aún cuando las salidas a veces no sean las esperadas, pero si las más justas.

Las causas benéficas, le conocen. Siempre pendiente del necesitado, compañero fiel y voluntario de las causas que otros llaman pérdidas. Las manos que han recibido de su auxilio, no se cansan de aplaudirlo.

La religión no se queda atrás, es la primera en promoverlo como ejemplo para otros. Hombre de fe, que no se pierde un oficio; puntual en las misas domingueras, su voz alguna vez a entonado como solista un cántico de alabanza y ha pronunciado quizás con permiso especial, alguna homilía.

Cada uno de los que están en este salón, tienen motivos de sobra para festejar, tan merecido reconocimiento. Uno tras otros de los diez interlocutores que gustosamente han pasado a hablar de las virtudes que detenta el agasajado, confirman que ha sido la mejor de las elecciones, definitivamente este es el “Hombre del Año”. Alguno de los masculinos que están presentes, en el fondo se preguntan ¿cómo puedo llegar a ser como él? Y los más sinceros, quizás, dejan correr un poco el frío de la envidia por el rictus que sube hasta su boca, mientras aplauden con un dejo de amargura, entre expositor y expositor. Y entre pensamientos de envidia, solo alcanzan a repetirse entre ovación y ovación: “Este no es mejor que yo” aunque nada sustenta eso.

Ella también le alaba. En este momento el sube al podio, su alocución es impecable. Las palabras justas, el tono adecuado, la profundidad en lo que dice junto a una voz que se quiebra ante una emoción que lo amerita. Lo recorre con su mirada, ambos… solo ellos, saben cómo se miran. Ella toca el lóbulo de su oreja izquierda mientras sonríe y lo observa al hablar, él sabe que significa que haga eso; y ambos recuerdan los sonidos de placer que compartieron apenas unas cuatro horas atrás, cuando el recogía el traje en la tintorería y pasaba afeitándose, cosa que había calculado a primera hora de la mañana, para tener en la tarde el encuentro con quien le permitía tener la sonrisa siempre dispuesta para los que le rodeaban.

Su voz, la de él, la conduce por el camino de la intimidad, del placer, sin mucha dificultad. Siente el recorrido de sus manos por sus piernas, y la dulzura de sus palabras al hacerla suya. Por supuesto que es el hombre perfecto. No tiene exigencias, no pone amarras, simplemente da y recibe lo que el instante de ese amor, le permiten.

Está hablando aún. Lo hace acerca de la honestidad y su significado. De lo importante que es poder andar en paz, sin que haya un dedo que te señale por algo indebido. Su bandera es la felicidad que exhibe en su familia, donde también la transparencia ha construido la más fuerte de sus bases. Partiendo de allí, se puede confiar en que usa la misma medida para tratar el resto de las áreas de su vida.

Llega el momento, se hace la entrega del reconocimiento formal, placa en mano el Alcalde da el reconocimiento y le tregua la llave de la ciudad, y ve brillar el botón que lo acredita como el Hombre del Año. En la placa se puede leer:

Ejemplo de honestidad y humanidad (cosas que pudieran ser excluyentes si las viéramos en la justa medida).

Ella se levanta, no quiere quedarse para el momento de las fotografía y los besos de portada que quedarán registrados. No, ella lo quiere en su terreno, en el que su mejor reconocimiento lo recibe entre sus piernas, entre la corriente que el amor desde hace algún tienpo encendió en sus vidas.

El la mira levantarse, y hasta su placer recibe el aroma de su rastro, el simplemente lo aspira y sonríe, recordándola, mientras el flash de una cámara lo devuelve al momento.

Otro premio, otra apariencia, otra mentira.