Tristeza… quien escapa de ella? 🤍💭😔

Cuando estamos tristes la realidad se vuelve más lenta, los pasos tienen algo más de peso y la sonrisa parece una mueca indescriptible.

Las palabras pueden doler, sobre todo aquellas que ni se dicen, los agravios se sobre dimensionan, y el ser sobrio, no es la opción que se toma más frecuentemente.

El camino tiende a volverse menos llamativo, y el polvo puede empezar a caer sobre el alma, corriendo el peligro de quedarnos inmóviles como estatuas de sal, sin esperanza.

La tristeza duele, pero es parte de la vida. Termina dándole más sabor a los momentos felices, aunque efímeros y nos recuerda el verdadero valor a la alegría… esa que viene de adentro y no es determinada por nadie.

Hay quien se avergüenza de ella, de la tristeza; como si asumirla te quitara méritos o ser vulnerable fuera el pecado imperdonable. Pero, quién se empeña en obviarla, terminará siendo un payaso de sus propias mentiras, con fachada de aserrín que se desmorona fácil.

Yo estoy triste… porque soy humana. Porque extraño a los que amo y en este momento, aún con toda la tecnología existente, no puedo tenerles cerca y cuidar de ellos. Porque sentada en el piso frío de mi situación, veo qué hay manos que aún sin querer pasan y empujan a ver si podemos descender a la roca madre. Estoy triste y quizás es bueno para mi orgullo porque pese a que no se rinde, sufre golpes mortales y eso da pie a una humildad teórica, que ahora se desarrolla.

Y cuando tocaba seguir viendo hacia el piso y secar una lágrima tonta que sale sin aviso… levanto la mirada arriba y me doy cuenta de una verdad maravillosa: “Es posible volar al lado de la luna, aunque seamos pequeños; solo basta estar dispuestos a extender las alas”

Entonces, la tristeza no se va de un todo… pero la esperanza estira sus brazos y me abraza; sigo mirando al cielo. Tú sabes, que te veo.

Se extraña… te extraño 💭✖️

Extraña el corazón que siente, ese que fue embargado por una pasión, por una emoción, por un sentimiento.

Extraña aquel que ha recorrido un camino y lo ha disfrutado, pero que sabe, que jamás volverá a pisarlo.

Se extrañan esas páginas leídas que nos dieron aliento y otras que hasta incomodaron, cuando se hace presente su espacio vacío en nuestra biblioteca.

Extraña la mano que acaricia, que sostiene, que levanta; cuando no existe más el ser que de ella necesitaba… se ha ido.

Extraña quien viendo salir el sol, contempla también la belleza de la vida y ahora está en una tumba de concreto, con techo de nubes siempre grises.

Se extraña la voz, esa que despertaba con una palabra de presencia, con tonos a veces disonantes, pero que portaban el sonido de los días, y ahora hay silencio aterrador que mata.

Extraña quien llegó a la cúspide y admiró la belleza desde la cima, el aire cálido y el brillo de los rayos de sol, cuando el resto de la vida toca estar al ras del suelo, al pie de la montaña, sin volver a encontrar el camino por el que se asciende.

En fin, se extraña a quién es parte de nuestra vida, a lo que hicimos con agrado, eso que logramos como “lo último”, el ver lo que ya no vemos, los amigos que hemos olvidado y nos olvidan, las rosas que ya marchitas no florecen; los relatos que escribimos y que no han vuelto a aparecer en nuestros cuadernos, la poesía que se quedó colgada junto al sentimiento, la rabia que ya no aviva ante lo injusto.

Se extraña ser… y eso es lo terrible.

Mirada desde adentro… versos 😔💓

Que el mundo estalla en desmanes
Mientras yo veo por la ventana,
Aquello que no ocurre
O ni siquiera existe
Y una ambulancia se oye.

La lluvia como modo de vida,
todo empapado y frío,
Y el asunto de estar,
se trata más de dónde
Un grito diciendo: “¡mamá!”


La chicharra que sueña,
esa tal que no existe, que aletea
Jugando a que no vuela y que
una vida sale a través de ella
Preguntas en silencio, gritan

Quien se atreve a cortar
el Amor, y contarlo luego
como algo que expiró en sus manos
Que ya nunca regresa
No queda a quien decirle nada



Mirada desde adentro, mientras afuera el mundo sigue apurado y ni me mira.

Preguntas… respuestas

Que tengamos todas las preguntas, no quiere decir que seguramente cada una de ellas, tenga una respuesta.

A veces nos encontramos ante abismos infranqueables, calles sin salidas, emociones sin retorno; y de alguna manera preguntamos porqué o en el mejor de los casos, para qué; pretendiendo con esta pregunta darle un corte más filosófico y profundo. Pero lo cierto es que al preguntar la afirmación que va implícita es: esto que me ocurre o lo que no llega, “no me lo merezco” 🤨y es entonces cuando viene una pregunta tras otra.

Y hay un silencio grande…

¿Porqué? por que no hay un compromiso escrito en el cielo de que por cada pregunta tiene que haber una respuesta o más aún, una salida.

En medio de las turbulencias humanas, que parecen ahora más frecuentes que antes; quizás por la existencia de las redes sociales, que parecen omniscientes y divulgan todo lo que ocurre (todo el tiempo), nuestra vida se sumerge continuamente en un caos, y las olas que baten nuestra alma son esas “preguntas “.

Lo cumbre es que las hacemos al aire, y la mayoría de las veces no a nosotros mismos. No nos preguntemos ¿qué sentimos? O ¿qué origina en nosotros cierta reacción? Y la más grande de todas las preguntas ¿cómo es que llegue a dónde estoy? No, generalmente nos centramos en una interrogación cómo está: “¿porque me ocurre esto a mi?” Entre paréntesis, “yo que soy tan Bueno(a)”

Echemos un ojo a nuestra vida hoy, ahora… no ayer, ni mañana que aún no llega. Lo que eres, lo que tienes, lo que sientes… ¿es producto realmente de tus propias acciones, creencias y decisiones?

¿Estás consciente?

¡Muchas preguntas! Si, pero son las que deben retumbar en nuestro interior, antes de inundar todo el exterior con la frustración que nos da, no tener las respuestas.

Que haya respuesta, no nos dejará satisfechos; que exista una salida no implica que no volvamos al error; que encontremos el camino no significa que ya nunca estaremos perdidos

Día de lluvia… mojado 🚲 🏍 ☔️

Desde anoche esta lloviendo.

Día difícil para el que le toca salir; tráfico pesado, peligro inminente, cuidado mojado.

Y miro a los que van en bici… circla, como le dicen aquí; y miro a los que van en moto…

Igual de difícil, sólo que unos van a mayor velocidad y con menos esfuerzo.

También están los que han amanecido con el cielo de techo… y no encuentran donde guarecerse del frío y el agua.😞

Y mi corazón se encoge. Se que es el tiempo, que la lluvia está planificada en el cronómetro del clima, que es necesaria para los cultivos.

Y se hace la tranca en la vía, y también los vehículos se detienen. Todo va lento, muy lento…

Noviembre sale al paso en medio de la conversación que tengo con quien amablemente me transporta (un ángel de la guarda en el camino) y como mes “multisabio” (lo acabo de inventar) se nuestra satisfecho de que todo esté como este.

Sólo me dice entre gota y gota: —Ve con cuidado.

Cuando las nubes tocan el cerro y no dejan ver su picos, el asunto de la lluvia es para rato. El sonido de las gotas sigue, como la canción de cuna de una mamá para que su pequeño duerma. Y la ciudad a duras penas mantiene sus ojos abiertos.

Todo está frío. Como esas relaciones cuando la lluvia de la costumbre y el desencuentro empapa hasta las huesos, helando hasta las mejores intenciones de quedarse y atizar el fuego.

—Arrópate Noviembre, porque tampoco eres inmune y cualquier estornudo nos pone a todos en angustia extrema. Por lo del “corona”.

Y aterrizó a mi día, a lo que me toca. Me dispongo a cumplir con la rutina; mientras hago una oración en el silencio…

➰Ruego por los que van en la vía, que por favor no tengan ningún accidente.

➰Ruego por los que andando en sus bicis sienten que las fuerzas les fallan. Y que están muy helados, porque se puedan detener y los jefes entiendan.

➰Ruego por los que andan en las motos, para que el sentido común les asista y también sean guardados del mal tiempo.

➰Ruego por todos los que bajo este manto gris, debemos ponernos unos en los zapatos del otro. Seamos sensibles.

Y escucho la chicharra en mi oídos, esa que no existe en un ambiente como este. Pero la escucho (será con el recuerdo) o puede que ya también tenga alucinaciones auditivas…

Noviembre está cubierto, y yo hago lo propio para seguir el camino.

Noviembre 5; 2020 7:15 am

En modo “fe”… noviembre 🍁

La vida hoy sonríe, como si no pasara nada. Como si el lug e de las lágrimas quedará allá fuera, y se hiciera bonanza en medio de un mar agitado.

(El mar, pienso en él y lo solo que se debe sentir en mi ausencia, como yo lo hago sin el, y me duele).

Y Noviembre me guiña un ojo, como diciéndome “olvidemos lo de ayer” y termina haciéndome una invitación:

—Vamos hoy en “modo felicidad”.

Reconozco que hoy, la escéptica soy yo… pero agradezco en el fondo que no coincidíamos en nuestros barrancos.

Que mientras uno está abajo, es porque el otro está arriba, y viceversa. Eso es necesario para que todo funcione. Si, hasta para esa parte que te estás imaginando, pero a la que no me referí.

Subirnos a la vida significa que nos va a dar vértigo, ganas de bajarnos y muchas veces un camino derecho y cansón que nos produzca sueño, pero también tiene su campo de flores, su canto de pájaros, sus “personas especiales” que nos alegran el día camino al trabajo. De todos eso y más tiene la vida. Hasta de aquellos que nos acordamos, aunque voluntariamente queramos tenerlos en el baúl de los recuerdos que ya no florecen.

Noviembre, creo que quiero hacerte caso, quiero ir en “modo felicidad” hoy, aunque para ello debo cultivar la primera parte de la palabra, la “fe” .

Así que seguimos, ven tú conmigo…

Noviembre 4; 2020 7:00 am

Noviembre y sus cosas… 😶

Noviembre está serio, como preocupado. Amaneció sentado sobre la cumbre de las cavilaciones. Mala noche. Quizás algún dolor de antaño o un achaque de esos que acompañan con los años.

El mundo ente virus y elecciones.

Los humanos en los trajines del día. La lucha por la supervivencia, la preocupación y ocupación de ¿qué hacer para mantener lo que tengo, o no perderlo? El tic tac del reloj haciendo lo suyo.

Le pregunto: —¿Qué ocurre? Levanta una de sus cejas con aire de ironía.

—Serás la única que no sabe que ocurre. Entrelaza sus manos sobre su rodilla cruzada, y él silencio es el resto de la respuesta , al menos por casi un minuto.

—La vida, eso ocurre. Todo patas arriba; deberíamos estar en el preámbulo de las fiestas, de los abrazos, de los regalos. Yo soy quien abre esa puerta…

—Calma Nov, no te eches esa responsabilidad con cara de carga encima; tú no eres quien decide lo que ocurre en el mundo. Solo sé el mes que precede al final del año, eso es suficiente y funcional. Cada año es distinto, aunque nos empeñemos en meterlos a todos por el mismo tubo.

—Quizás tengas algo de razón, pero esto no me consuela.

—Es que no es para consolarte, es sólo para hacerte caer en cuenta que no tenemos el absoluto control de nada; y cuando hablo de “nada”, es simplemente eso… NADA.

Se pone de pie, da pasos alejándose, miro su espalda. Levanta su mano derecha en señal de despedida, hasta se gira y mirándome de soslayo dice:

—Entonces, hora de empezar este día. Va a ser un día complicado para ti.

—Lo se.

—¿Y..?

—Nada, es el día que tengo y tendré que subirme a el.

—No te entiendo.

—Tranquilo que no tienes que hacerlo.

Y nos separamos… se que más tarde reaccionará con el sol. Y vendrá a sonreírme, como si nada.

Noviembre 3; 2020 6:55 am