De las cosas cotidianas 42… juntos pero no revueltos 😳

Hay cosas que simplemente, no se mezclan… Dentro de las cosas cotidianas que más tocan en medio de este “aislamiento preventivo” o cuarentena, están las labores de la cocina; para unos fascinación total, para otros castigo eterno. Para mi, mal necesario. En medio de una preparación que tenía que hacer, la indicación era añadir cierta cantidad de líquido, compuesto por agua y aceite. Siempre hemos escuchado “son como agua y aceite” para indicar que dos no se llevan bien o que son totalmente diferentes. Yo vertí uno y otro líquido y la realidad, alumbró a mis ojos…
Están juntos, pero no se mezclan.
De la misma manera, la vida es como un gran recipiente en el que a veces somos líquidos diversos, que no terminamos mezclándonos unos con otros. Todos tenemos pensamientos distintos, perspectivas diferentes y hasta una que otra divergencia extrema, pero regularmente encontramos algún punto común que haga que dos rectas que atraviesen por el, unas líneas que pinten algo importante en un plano. Pero a veces, todo es paralelo y la convergencia no aparece. Se pueden incluir ambos líquidos en una mezcla mayor y servirá para se cohesionen el resto de los ingredientes y al final se obtenga un buen resultado. Pero solos, jamás se mezclarán. Esa puede ser una lección de vida. Esto me lleva a pensar en relaciones de pareja que no van a ningún lado. Se conjuga el verbo “dormir” en una misma cama, y quizás se haga lo que es normal hacer sobre esa superficie, pero al final no se fusionan, no se mezclan, no existe algo realmente común que los haga permanecer juntos y contentos. Terminan estando uno al lado del otro, pero aislados. Por otro lado también pensé en el resto de la mezcla, por ejemplo: la familia conformada principalmente por los hijos, por los cuales deciden quedarse a ser “aditivos” para que ellos surjan y terminen siendo seres completos (como si de padres infelices podría lograrse algo así). Entonces no queda de otra que notar con los -comodines- , esos que constantemente están llenando los espacios. Lo cierto es qué hay relaciones que se sustentan en la presencia de otros, pero no, de los dos que la conforman. Esos que necesitan que siempre haya gente entre ellos, primos, hermanos, sobrinos; alguien que celebre juntos con ellos, porque a solas se darían cuenta que son agua y aceite y esa es una verdad que golearía y haría caer de golpe el castillo de naipes de su felicidad. Quizás yo sea agua, alguna vez hirviendo, otra cayendo solo de a gotas, alguna hasta evaporándome; o también puedo ser aceite, que juego a deslizar, que puedo ser inflamable a altas temperaturas, con algún grado de pureza o con aditivos. Pero ya sea una u otro, sé que uno no se fusiona con otro, solo por el hecho de estar en un mismo recipiente o estar bajo un mismo techo. En esta cuarentena, el agua y el aceite quizás conviven y tal vez luego de que esta acabe, cada uno irá al recipiente que mejor le acomode; y se abran cansado de estar como líquidos estancados a punto de podrirse esperando “nada” en un mismo lugar. Pero también puede suceder, que el bien llamado -mayor- impere, y se queden solo a ser ingredientes de otra mezcla, pero nunca de la suya propia.
Agua y aceite…el reflejo palpable, que puede no estar a la vista; eso mismo que es estar juntos, pero no revueltos.

Máscara… el adorno más pesado 🎭😞

A veces buscamos tanto la aprobación, que termina convirtiéndose en nuestra primera necesidad. Y claro, encontramos cosas en nosotros que no nos gustan o que pueden no gustarle a los demás y eso nos llena de temor.

Tan es así, que vivimos en los tiempos del “retoque”y nos valemos de cualquier cosa que nos haga ver mejor; lo lamentable es que eso no termina siendo para sentirnos bien con nosotros mismos, sino para “pasar la prueba” de otros.

Sino nos adicionamos algo, jugamos a ocultar lo que no parece verse tan bien como para estar en el grupo que queremos, y entonces vienen las máscaras. Todo sea por ese momento de gloria, ese mismo en el que nos sentimos “dentro” de un mundo al que sabemos no pertenecemos y quizás no nos guste de un todo, pero nos dejamos arropar por el ambiente y lo que nos trae.

Comenzamos adornándonos y terminamos simplemente siendo el adorno de otro.

Esa es una carga sumamente pesada, porque no hay nada que agote mas que estar fingiendo lo que en esencia, no se es. Una sonrisa obligada, un te quiero por conveniencia, una popularidad como modo de respiro, nos llevará al final del día a llorar frente al espejo, comprobando que lo queda de nosotros ha sido tan maltratado por la máscara, que ahora lo que queríamos ocultar, disimular o fingir, está aún peor.

Nadie ha dicho que mejorar nuestra apariencia sea malo, ni mucho menos mejorar lo que somos internamente; eso más bien debería ser un objetivo saludable. Sin embargo, si no comenzamos por gustarnos a nosotros mismos, raramente podremos obtener eso de alguien más.

Y en su defecto, si simplemente escondemos eso que nos parece desagradable, o nos mantenemos en una negación de nuestra situación, enfermedad o problemas ¿cómo saldremos de ellos?

En la medida que podamos ir por la vida a cara descubierta, sentiremos que nuestros pasos se vuelven más livianos y comenzaremos a apreciar en medida justa nuestros atributos (físicos y emocionales) y nuestros defectos tendrán la oportunidad de ser tratados como se merecen.

Si te sientes agotado, sería bueno revisar si hay alguna máscara por ahí haciendo peso innecesario. Todos las tenemos, pero de nosotros depende el querer usarlas o no. No te resignes a estar todo el tiempo disfrazado. Ánimo!

Lo que no es…🍃

¿Podrán acaso pegarse las hojas a los árboles después de haberse caído?

¿Será la apariencia suficiente?

En los árboles como en la vida hay cosas que aunque fueron, ya no son.

La sonrisa falsa, por más que te de apariencia de feliz, no es lo que te hace feliz.

Las relaciones rotas que se escudan en fotografías desteñidas, no adquieren color y vida por posar para fotos nuevas.

Lo que no es… simplemente no es.

El agua que se derrama, ya no podrá recogerse 
El amor que no es cuidado, no puede fortalecerse.

Aunque las apariencias invadan nuestras vidas, vivir a través de ellas, no es vida.

Parece, pero… 👑

Ojo con equivocarnos…

No es solo la corona lo que hace al rey… sino más bien quién es él, lo que impacta o no la corona.

Nunca falta alguien por ahí que conozcamos, que use corona y se pavonee como rey aún con alma mezquina y pobre. Una vez más, toca limpiar un poca la “niebla” de la apariencia y darnos cuenta de que no siempre lo que parece, es.

Cosas para aprender en el tablero de la vida…

Atrae y mantén…


Muchas veces hemos escuchado eso de que “las apariencias engañan” y por algo ha trascendido ese dicho a lo largo del tiempo.

Y si dicen que las apariencias engañan, es porque hay que reconocer que ciertamente, las apariencias también “atraen” y eso es lo que la mayoría de las veces lleva a un acercamiento.

Lo cumbre de todo esto, es que no importa qué tan Espectacular sea la apariencia, para permanecer ahí, es necesario algo más.

Lo que hace que alguien se mantenga bebiendo es el sabor; 

Lo que permite que alguien se mantenga a nuestro lado (gustosamente) es lo que somos en nuestro interior, aquello que otros reciben cada vez que nos entregamos, que nos exhibimos, que nos expresamos.

Y muchos podrán decir que “bebemos” el líquido más preciado que es el agua, y no sabe a nada… Pero en su caso como el del “ser“, produce una sensación, cubre una necesidad, da plenitud…

Como una abejita que se acerca a una bella flor… Son los que se acercan por una atracción; pero a diferencia de la abeja que al obtener lo que quiere se va; el corazón de aquel que si encuentra lo que quiere, se queda.

No está mal preocuparse de cómo nos vemos, pero es aún mejor ocuparnos en lo que “somos“.