Agosto el que no se calla… Y sus lecciones

La tarde de ayer fue lluviosa… Como las ultimas tardes de Julio y Agosto, el mes de estreno.

Calor intenso y luego gotas a montones. 

Unos deciden quedarse en casa, sino necesitan (como yo) salir.

Para así evitar el tráfico que de por sí es un tanto infernal y que se pone peor con drenajes que no funcionan y conductores que de por generalmente no respetan el derecho de los otros.


Y algunos (también como yo) estilan por mirar al cielo y encontrar algo bello que capturar por ahí.

Esto me hizo  pensar un poco en que:

No todo el que ve nubes grises, decide llevar paraguas” y es que hasta ahí me llevo ese atardecer de ayer, a darme cuenta una vez más,  que no todos pensamos de la misma manera. 

Como dice el dicho: “Cada cabeza es un mundo” a lo que yo siempre agrego mentalmente al refrán… “y cada mundo tiene su desastre particular”

Esa idea de que todos tenemos derecho a pensar distinto, me pasó por la mente pero no le di muchas vueltas porque si eran muchas las “vueltas” reales que entre el tráfico tenía que dar, la tarde de ayer.

Al final luego que fui soltando unos cuantos pesos de mi maleta… Fui a este encuentro…


Y viendo el mar por unos minutos en su vaivén…, me sobrecogió una emoción de solo pensar en las tantas veces que en su afán de alcanzar la orilla (y quizás más allá) una y otra vez va y viene y no se cansa… No se detiene, no se agota, no se duerme en su deseo… Wow! Y pensé : “A mí me falta de eso”. Aunque tantas veces había estado allí, ayer, en medio de ese atardecer de ensueño, definitivamente su fuerza me intimidó; quizás al compararla con mi debilidad.

La tarde siguió simplemente mágica…

Era la hora en que las gaviotas dan sus últimos vuelos del día , como quien toca el aire y siente su caricia para luego transformalo en toques más fuertes al acercarse al agua. Fue una danza indescriptible llena de plumas, agua, aire y una emoción que hace que todo al rededor se prepare como una melodía especial, para que suceda.


La ventana del cielo se abrió nuevamente y el sol salió a hacer lo que sabe, de manera espectacular… Simplemente brillar!

Tenemos diariamente una ventana igual en la vida, que se abre para que nosotros brillemos,  y a veces solo nos lamentamos por querer tocar y entrar por una puerta que simplemente está cerrada (teniendo semejante ventana!!!)

Y la tarde avanzó, y yo seguí 

Contemplando el espectáculo en primera fila… Luz y sombra… Cielo y suelo… Como la vida.


Y mis huellas como el resto de lo que hablé con el mar, quedaron allí.

Sí, también dejé marcas allí, para que si las encuentras sepas dónde está mi corazón (ya sabes, yo, como de costumbre dejando marcas en el camino, para evitar que nos “perdamos”)

Llegue hasta mi ventana y al observar nuevamente el espectáculo concluí que:

Hay diferentes formas de ver una misma cosa”


Y es que viéndolo desde aquí , no podría percibir  con la misma claridad, como era verlo desde allá, desde la propia orilla.

Creí que esa lección estaba entendida y aprobada y simplemente seguí con las muchas demandas de un día que no terminaba.  Hasta que… Vino la prueba (de la lección recibida) 

Quise hablar sobre lo que sentía y pensaba, y por supuesto que lo que hice fue escribir … El destinatario estaba ocupado, y su respuesta lógica fue algo así como: “luego te escucho…” 

Pero, el mensaje que mi mente interpretó o procesó sin pensarlo mucho, fue : “después te presto atención, ahora tengo algo más importante que tú”. Es de imaginarse que como simple mortal, inmediatamente me sentí mal… Pero antes de seguir dándole cabida a pensamientos fulminantes y querer llenar mi mochila de viaje con emociones de abandono o tristeza… Recordé el atardecer y lo que Agosto me ha estado diciendo… “No todos pensamos iguales”, no todos tienen la misma urgencia, no todos podemos sentir lo mismo. Y lo más importante para ese momento, fue entender que quizás yo percibí lo que no era…

Volví al texto que escribí y pude entender que mis letras habían podido sugerir una “escucha posterior” en lugar de invitar a ser leída en ese momento.

Y ahí me dije a mí misma:  

“Cada lección aprendida 

Va enriqueciendo la vida”

Cerré el chat que tenía abierto en modo como de “¿que respondo?” y terminé con una sonrisa, entendiendo que cada cabeza es un mundo y las percepciones son distintas (y que es bueno confirmarlas ante de cualquier veredicto). No es igual ver el atardecer desde la orilla del mar, que verlo desde la ventana. Es el mismo espectáculo con dos apreciaciones diferentes.

¡Ah!  pero lo que sí es igual,  es mi amor… Desde la perspectiva que sea … Y lo sabes.❤️