Hojas sin soledad…🌳🤗

Nuestra vida, como un árbol, tendrá un tronco con diferentes ramas, las que estarán o no llenas de muchas hojas.

Durante la aventura de la vida, experimentaremos la cercanía de mucha gente, sin que esto determine el que nos sintamos realmente acompañados.

Lo que somos capaces de transmitir o dar, será lo que mantenga a mas de uno a nuestro lado (puede soñar a mero interés, pero puede ocurrir así).

Hay quien está contigo, estrictamente por lo que puede obtener; esos “damedores” terminan decidiendo cómo debemos ir por la vida para su aprobación, con palabras como: <<tienes que darme>>, <<te exijo>>, <<dame como yo lo digo y estarás bien>> y otras muchas que implícitamente llevan el imperativo de que demos, aún sin querer.

Es en este medio tan demandante, rodeado de gente que exige de nosotros esto y aquello, aparecen nuestras hojas, las de esas acciones obligadas, pero pronto se caen y el árbol sigue quedando sin mucho follaje. A pesar de estar con “muchos”, haciendo “muchas cosas” nos sentimos solos, desnudos . Descubrimos la verdadera soledad, la de ir acompañado y sentirse solo.

El milagro sucede cuando empezamos a dar, de lo que realmente somos, a quienes realmente están interesados en nosotros precisamente por eso, por lo que somos; no por lo que ellos necesitan o demanden de nosotros. Es entonces cuando la magia ocurre; comenzamos a dar y es justo lo que alguien mas anhela recibir. Se vuelve un retroalimentación tácita, una doble vía en la que el amor fluye y en ambas direcciones se da y recibe. Nos ocupamos de alguien más, nuestra atención ya no reposa en nosotros mismos y en nuestros tronco aparecen ramas llenas de hojas, vivas que se quedan por mucho tiempo. No existen más hojas de utilería, esas que se hacen sólo para cumplir o guardar alguna apariencia.

Entonces podemos ofrecer ramas sobre las cuales, alguien en vuelo pueda descansar o lo más maravilloso aún, ramas en la que alguien se sienta tan bien o a gusto, que decida hacer nido en ella, quedándose a vivir en nosotros. Y ya no nos sentimos solos; el árbol está lleno de hojas (aún en otoño) la vida está llena del amor de quien está con nosotros por lo que somos.

Hojas que caen, alma al aire

Simple!

Cuando perdemos el miedo “a perder”

Ya no hay nada que esconder.

El amor sabe de quitarse la ropa…

Esa que encubre el alma y no la muestra como es.

Sabe quitar el abrigo del miedo, haciéndonos capaces de ir dejando huellas de fuego (aún sin ropa), entre la frialdad de quienes nos envuelven.

Sabrás que eres hoja en otoño, porque estás dispuesto a caer, aún si te equivocas.

Sabrás si es de verdad lo que sientes, si te arriesgas a expresarlo, aún con el riesgo de obtener “nada” por respuesta.

Es más libre, más liviano, hojas que caen, alma al aire.