De la cosas cotidianas 44… oscuridad

Después de cada noche, viene el amanecer y todo túnel oscuro tiene una luz a su final...

Estamos acostumbrados a escuchar este tipo de frases, pero ¿qué pasa cuabdo la oscuridad se prolonga?

En estos días pasados pude tener mi lección en carne viva, a cerca de la oscuridad.😳

Y es que una cosa es tener la electrícidad fallando…

Otra, saber que la luz del día de alguna manera puede ayudar a ver algo a donde no llega la electricidad…

Y otra cosa mucho más radical, es estar totalmente a oscuras

Donde tus pupilas quieren ver y hacen todo lo posible por enfocar, con el único resultado de simplemente no ver nada.

El estar alrededor de seis días sin electricidad en casa, me sirvió para darme cuenta de algunas cosas (Las causas de estar sin el servicio las voy a obviar, porque eso sería tema para otra entrada y no quiero darle mucha atención a algo que puede pasarle a cualquiera en algún momento).

Toda situación difícil o inesperada sólo es un catalizador o revelador de lo que tenemos dentro. Así que voy mejor a lo que me dejaron estos días de oscuridad, al menos dentro de casa.

Cuando andamos a oscuras, tropezamos. Alguna vez te has levantado al baño en la noche, no quieres encender la luz y vas casi que a ojos cerrados… pero de pronto tropiezas, dándote un golpe en el dedo meñique de tu pie? Entonces el dolor te hace abrir los ojos, encender la luz y hasta palabrotas pueden venir a la boca de quién no la tiene amaestrada.

Simplemente la ausencia de no saber por donde andamos, nos hace más susceptibles a equivocarnos, a golpearnos, de seguro a lastimarnos.

Cuando andamos a oscuras usamos los recuerdos. Si sabemos bien donde están ubicadas las cosas en nuestra casa, sabremos cómo ir aunque falte la electricidad. En teoría es así, el recuerdo nos guía y podemos llegar hasta nuestro sofá y sentarnos sin mayor inconveniente; el detalle viene cuando algo cambia y la vida siempre lo hace.

Del mismo modo cuando estamos a oscuras en nuestra mente y corazón por un dolor, ya sea una pérdida física o un despecho; tendemos a sumergirnos en el recuerdo. Repasamos una y otra vez la misma escena, creyendo que con eso llenaremos el vacío, sin embargo, este se vuelve más grande con cada pala de recuerdo que cavamos en la tierra de nuestra mente. Quién vive de recuerdos terminará lastimado por la realidad.

Estar conscientes de que estamos en oscuridad, nos llevará a buscar la luz. Alguien que no sabe que no ve, no necesita la luz. Lo más importante para salir de una situación que nos agobia o hace mal, es precisamente reconocer que estamos en ella. A los que siempre están “bien” nada podrá mejorarlos o llevarlos a un paso más allá; su tope de bienestar ya ha sido colmado. Como decía un amigo “aquí estoy, esperando un día malo pa ver cómo es” lo decís a manera de chiste, pero quién está tan, pero tan bien; ya ha acostumbrado sus pupilas a lo oscuro y su cuerpo se ha hecho insensible a los golpes; entonces irremediablemente se quedará en esa conocida oscuridad.

Para los que no, los que experimentamos cambios y estos nos hacen llorar o reír, incomodarnos de algún modo es el trampolín para saltar de un lugar a otro o dicho de otra forma, cerrar una puerta que nos hacía daño.

Quedarse a oscuras, nos enseña a no ser negligentes➰. A veces no bastan las intenciones, sino que hay que llevar a cabo una acción. No es suficiente querer que el bombillo se encienda, hay que tocar el interruptor. No se pagará la cuenta sola, hay que hacer el pago aunque sea on line y hay que trabajar para tener el dinero de cubrir esas cuentas.

La oscuridad es el marco perfecto para buscar culpables, lo que no sirve de nada. Cuando estamos en los momentos difíciles, como humanos tendemos a buscar quién tiene la culpa de que estemos así; olvidando que somos responsables de cada decisión que tomamos o hemos dejado de asumir.

Así que a pesar de estar a oscuras todos esos días, esa lección alumbró de alguna manera áreas que necesitaban luz para mi. Al menos en la práctica.

Por eso decidí compartir contigo otra cotidianidad que me hace pensar.

Los faros… en calma y en tormenta 🚤 🌊

➰➰Los faros en las tormentas… salvan vidas y cuando las noches son claras y serenas, encandilan.➰➰

Algunas veces somos faros en el camino de alguien; su destino no está muy claro, tiende a perder el enfoque, su mano ha estado sin asir la de nadie, por mucho tiempo. Y somos faros.

Nuestra luz inspira, nuestra compañía es espada que rompe las cadenas de la soledad, las palabras unen y hay un camino para ser andado, juntos.

Otras veces, aunque seguimos siendo los mismos (faros); simplemente encandilamos o resultamos molestos; alguien está muy bien. La vida es fácil, sin tormentas, el destino es un invento maquillado al antojo; salta de mano en mano y el corazón no importa. Ser faro molesta, a quien le gusta navegar en las sombras.

Nuestra luz se vuelve una flecha, que tal vez señala los caminos ocultos, lo que puede enmendarse, la cara que no se ve, cubierta por maquillaje. La luz, delata.

Por eso los faros terminan siendo alivio de muchos y parte de la vida de ninguno, porque nadie se los lleva a casa, pero saben que estarán ahí marcando el rumbo, gritando ¡hay salida! Cuando todo parece acabarse y la niebla se convierte en la vida.

Me gustan los faros, me gusta ser faro… aunque a alguno le den ganas, de apagarme.

Febrero… que te vas, y una lección tempranera 😳🎨

Cuando todo lo vemos del mismo color…

Viendo este amanecer no puedo irme en “blanco”… el día hoy muy temprano habla, y me hace reflexionar un poco.

Hay situaciones en nuestra vida que son como esta hora del día… en la que “todo lo vemos de un mismo color”.  Ya sea porque estamos súper emocionados por algo, puede ser una buena noticia, un nuevo trabajo, terminar de escribir un libro, la respuesta afirmativa de ese alguien que nunca se enteró que tú estabas ahí  hasta ahora… en fin, todo lo bueno que se nos pueda ocurrir para que se dispare el *color luz* en nuestros ojos. Sí,  en nuestros ojos, porque es ahí donde aparece este color y quizás no en todo lo que vemos.

Por otro lado también existe otro color; el *color oscuridad* ese con el que vemos cuando una puerta se nos cerró (o nos la cerraron) en la cara, alguien se fue, la llamada que nunca llegó, un té quiero que jamás salió de unos labios (o peor un té quiero que te diste cuenta, era fingido), una mano que no se extendió.  Es entonces cuando la penumbra y la sombra nos acompaña y desde esa perspectiva lo vemos todo.  

La lámpara de nuestra visión del mundo, simplemente se apaga o se enciende.  Pero más que eso, este amanecer me ha susurrado algo al corazón, y es que:

Un solo color existe pero no persiste por siempre.


Podemos pasar de un solo color a muchos…

Luego, por una causa u otra, nos damos cuenta que el panorama puede tener otros matices, inigualables y a veces hasta incalculables.  Quizás alguien nos tropieza mientras vamos caminando en nuestra “nube” o en nuestro “túnel” y nos regala un poco de equilibrio necesario para no pasar el día como fuera de lugar…  tal vez una llamada repica cuando estamos a punto de llorar y sumergirnos en el llanto más amargo por aquello que no pasó. O simplemente la chica de la recepción del médico a donde vamos, dice nuestro nombre y tenemos que “bajarle dos” a esa sonrisa que alguien nos dejó hace más de una hora y que por más que han pasado los minutos, solo de pensarlo, volvemos a sonreir.

En fin… este inicio de día me recuerda  una vez más, que hay varias formas de ver las cosas… perspectiva la han denominado.  No hay in color que se quede sin cambiar en el escenario fascinante de la vida.  No hay una emoción estática, es emoción justamente por eso.  No hay in sentimiento sin salto ni variedad, porque trae intensidad consigo. Existen los bemoles en toda composición musical, existen otros tonos que a lo largo del camino se pueden encontrar.  Existen seres que te llevan a lo más sublime y a la zozobra desesperante… esos son los que no podemos olvidar.

Dentro de las cosas más terribles que considero me puedan pasar, está la que me ocurre cuando “ya todo me da igual” es un estado emocional, menta y sentimental, que no se lo dese a nadie… es como cuando uno dice:  

-Si estás bien… y si no, igual. 

Cuando nada ocurre, cuando el sobresalto te abandonó y ya no hay algo que encienda tu atención… cuando todo es tan igual que puedo predecir el segundo que viene y el que se acaba de suicidar.  Cuando una relación está en ese punto, solo hay que colocar la lápida… porque la tumba está llena y hace rato el sentimiento se murió.  Eso es por donde lo pueda ver… ¡terrible! Es simplemente como ir arrastrando un cadaver que te pesa, sin encontrar al fin un lugar donde dejarlo descansar en paz, y sobre todo un lugar donde sea uno mismo quien pueda desacansar (sin ese peso).


Y cuando ya entendemos que no todo es de un mismo color, que los matices inundan nuestra vida, que hay suficientes como  para vestir cada día…  entonces nos sacudimos de lo que ha pasado, sea bueno o malo y volvemos con ganas de recomenzar.

La historia de nuestra vida, la escribimos con un lápiz que tiene infinitos colores… tan infinitos como nuestros pensamientos y su magnitud tan extensa como la de un sentimiento.


Te encuentro en esos colores, los que son de fijación, los  de un momento y los que varían en la medida que avanza nuestro propio cuento…. esos que se tenjen en el alma, en el pensamiento y hasta en la piel.