Despertar, ver, entender… 😊👀

¿No has sentido alguna vez la sensación de estar perdido(a)?

Eso que hace que aún viendo, no veamos; que tengamos algo ante nuestra propia nariz, y simplemente tenemos el juicio nublado…

Si te ha ocurrido, tranquilo (a) ¡somos humanos!

El detalle de todo eso, es ¿cuánto tiempo somos capaces de sobrevivir en ese estado de negación?

Esto nos puede ocurrir y dejarnos atados a cosas o personas equivocadas, a victimizarnos por un tiempo en el que pudimos más bien disfrutar de lo que ocurrió , o también puede llevarnos a perder oportunidades.

Podemos estar ciegos tanto para aferrarnos a alguien que ya ni siquiera está, como para soltar o no valorar a quien si quiere estar a nuestro lado.

También el punto ciego podemos desarrollarlo con respecto a un trabajo del que fuimos despedidos ocasionando tanto ruido en nuestro ego, que no hay forma de que aceptemos otra oportunidad laboral diferente, así se presente.

Estar perdidos o sin visión puede además alcazar hasta nuestro mejores talentos, cuando nos empeñamos en “suicidarlos” de alguna manera, simplemente porque a alguien no le gustamos y como única salida, optamos por escondernos. Entonces la inconformidad nos acompañará en cada hora de nuestros días.

En fin, el punto ciego es algo normal en nosotros los humanos, porque a menos que demos vuelta o giremos nuestra cabeza, tendremos partes que no seremos capaces de ver en algún momento. Eso aplica en lo físico y hasta en lo que no lo es.

En ese momento, contar con alguien más que nos sirva de alarma o recordatorio de quienes somos, es favorable. Tal vez nos toque escuchar cosas que no queremos, pero que igual nos harán bien a la larga. Quizás comenzaremos a ver otras que estaban ahí y que no nos afectaban mientras no las descubrimos y que luego si lo harán. Pero en resumidas cuentas, tener un “lente” adicional que nos ayuda a revisar nuestro camino, es un privilegio por el cual podemos sentir gratitud.

Despertar, es algo que a veces podremos hacer solos, otras se nos pegarán las cobijas y quien nos ayude a hacerlo con amor, se quedará en nuestro día.

Entenderemos mejor cuando podamos ver mejor… sabiendo que a veces vemos mejor a ojos cerrados. Ya no estaremos perdidos.

Perdidos… o en el rumbo…🚏⛅️

El que dice que nunca se ha perdido…. es porque simplemente nunca tomó ningún camino.

Alguna vez, seguro, que  hemos salido con el ánimo y la intención de llegar a un destino. Esperamos con anhelo ir hasta allá, imaginamos los colores, podemos hasta comenzar a sentir los sabores de lo que anhelamos y ponemos todo nuestro empeño para simplemente llegar.  Preparamos nuestra mochila de viaje con disposición, coraje y el entusiasmo que nos produce pensar en todo eso que queremos y que en algún momento obtendremos (cuando lleguemos).

Sin embargo, el camino no siempre es recto y sin pérdidas. Nos toca al menos una encrucijada en la cual debemos decidir hacia que lado ir, una que otra curva que nos pueda distraer y a lo mejor algún abismo al borde de la carretera que simplemente nos haga atemorizar tanto, como para solo pensar en devolvernos o al menos preguntarnos: “¿pero que es lo que hago aquí?

En otras ocasiones, por el afán de llegar más rápido y de no esperar el tiempo correspondiente para llegar a dónde vamos, optamos por caminos cortos, o atendemos sugerencias que otras con buenas intenciones (hasta equivocadas) nos hacen.

El punto es, que tanto en un escenario como en otro, de alguna forma nos “perdemos“… porque simplemente somos humanos y no estamos excento de ello.  Debido a esto, existen las brújulas, que indican donde está el norte o hacia dónde queda el lugar al cual queremos por fin llegar.

Hay quien se lamenta tanto por la pérdida, que no disfruta para nada la belleza del camino que se abre cuando no sólo andamos por donde todo el mundo espera.  Por eso tenemos las opciones, o bien de quejarnos y sentirnos miserables por estar perdidos, o sacamos nuestra brújula (si la tenemos) y comenzamos a reconsiderar nuestros pasos, y mientras lo hacemos, simplemente disfrutamos lo que tenemos al frente.

No es el pecado imperdonable, el perderse, porque a cualquiera le puede ocurrir; lo peor es pretender no llegar a ninguna parte, por el revés sufrido (aunque hayan voces al rededor diciendo que ya nunca más podremos andar) 

  • Si nos hemos perdido, podemos retomar el camino… y en el caso extremo de que no fuese así, también podemos tener en cuenta el hacer uno nuevo

Retomar el rumbo, no siempre implica volver a lo mismo, seguir los mismos pasos, tener un mismo punto de partida y de llegada… ¡no! Retomar el rumbo es primero que nada, reconocerlo y establecerlo como nuestro verdadero rumbo, saber realmente hacia donde queremos ir, encontrarnos (o reencontrarnos si fue que nos perdimos) a nosotros mismos y en función de eso que queremos, realmente dar pasos.  Lo demás, son solo vías, pintadas en nuestra vía por otros, que quizás no se atreven ni siquiera ellos mismos ni siquiera a lanzarse en la aventura de transitar por ellas.

  • Está permitido equivocarnos, perdernos y hasta desviarnos… pero más aún, está permitido usar nuestro instinto para volver a ser el caminante que da forma al camino.

Brújula en mano (o en el corazón) demos los pasos! ❤️