Puerta… la nuestra! 🚪

¿Quién tiene la llave de nuestra puerta?

¿Qué hay detrás de ella?

¿Le sigue un camino o un muro?

¿La quieres para abrirla o para cerrarla?

¿De madera, de hierro o de cristal?

¿Para ser tocada o timbrada?

¿Desde que lado la observas (adentro o afuera)?

A veces y hasta de forma irónica, nuestro corazón tiene una puerta.

Quizás una batiente, sin cerradura que separa de un ambiente a otro. Todos entran y salen, pero nadie se queda, porque es un medio para dividir espacios, no para hacerlos suyos.

Tal vez una de seguridad con tubos internos anclados a las paredes; pesadas y con un pequeño ojo visor para observar quién toca, antes de arriesgarnos a abrir. Su función es transmitir seguridad. Todos la quieren para protección, pero ninguno para diversión.

Podría ser una puerta uniforme, igual al resto en un recinto, de esas que todas se abren con una misma llave y sin hacer ningún esfuerzo. No es especial, porque no tiene porque serlo. Todos la prueban por la facilidad, abren y si les gusta el lugar pasan un momento y luego salen, tanto o más como quien decidió no entrar.

O más bien puede ser una enorme puerta de cedro, dura, fuerte, imponente, sin poder abrirse por lo pesada. Justo en el centro una abertura por la que se puede entrar haciendo haciendo algo de esfuerzo. Todos se intimidan al verle, pero el más osado descubre cómo llegar a su compartimento secreto.

Alguna puerta estará muy frágil, quizás después de una tormenta, incendio o inundación y cualquier cosa que ocurra termine de derrumbarla, dejando al descubierto el espacio que protegía. Todos se conduelen al verle, pero nadie quiere quedarse sosteniendo algo que está por caerse.

Puertas de cristales, delicadas y peligrosas. Transparente en toda su extensión; es fácil ver el interior y más aún divisar si algo la empaña. Todos admiran su belleza y elegancia, pero pocos o casi nadie querrá estar detrás de una que lejos de protegerle, le deja expuesto.

Es así, que hay muchos diferentes tipos de puertas o defensas que usamos cuando hemos entendido de forma consciente que sentimos algo y eso puede hacernos vulnerables.

Algunas veces nos permitirán entrar otras sólo correremos desesperados hacia la salida.

Unas serán cerradas delicadamente y otras cerrarán de un portazo que casi nos dejará sordos.

Lo que si es cierto, es que se puede abrir si nos atrevemos a llamar o nos quedaremos atrapados si no conocemos al que tiene la llave.

Las puertas pueden llevarnos a oportunidades o castigos, dependiendo de la construcción que hayamos hecho.

Mi puerta está ahí, tú lo sabes…

pero ahora debo dejarlo hasta aquí , porque alguien está ahí, tocando, así que debo atender.