Hojas sin soledad…🌳🤗

Nuestra vida, como un árbol, tendrá un tronco con diferentes ramas, las que estarán o no llenas de muchas hojas.

Durante la aventura de la vida, experimentaremos la cercanía de mucha gente, sin que esto determine el que nos sintamos realmente acompañados.

Lo que somos capaces de transmitir o dar, será lo que mantenga a mas de uno a nuestro lado (puede soñar a mero interés, pero puede ocurrir así).

Hay quien está contigo, estrictamente por lo que puede obtener; esos “damedores” terminan decidiendo cómo debemos ir por la vida para su aprobación, con palabras como: <<tienes que darme>>, <<te exijo>>, <<dame como yo lo digo y estarás bien>> y otras muchas que implícitamente llevan el imperativo de que demos, aún sin querer.

Es en este medio tan demandante, rodeado de gente que exige de nosotros esto y aquello, aparecen nuestras hojas, las de esas acciones obligadas, pero pronto se caen y el árbol sigue quedando sin mucho follaje. A pesar de estar con “muchos”, haciendo “muchas cosas” nos sentimos solos, desnudos . Descubrimos la verdadera soledad, la de ir acompañado y sentirse solo.

El milagro sucede cuando empezamos a dar, de lo que realmente somos, a quienes realmente están interesados en nosotros precisamente por eso, por lo que somos; no por lo que ellos necesitan o demanden de nosotros. Es entonces cuando la magia ocurre; comenzamos a dar y es justo lo que alguien mas anhela recibir. Se vuelve un retroalimentación tácita, una doble vía en la que el amor fluye y en ambas direcciones se da y recibe. Nos ocupamos de alguien más, nuestra atención ya no reposa en nosotros mismos y en nuestros tronco aparecen ramas llenas de hojas, vivas que se quedan por mucho tiempo. No existen más hojas de utilería, esas que se hacen sólo para cumplir o guardar alguna apariencia.

Entonces podemos ofrecer ramas sobre las cuales, alguien en vuelo pueda descansar o lo más maravilloso aún, ramas en la que alguien se sienta tan bien o a gusto, que decida hacer nido en ella, quedándose a vivir en nosotros. Y ya no nos sentimos solos; el árbol está lleno de hojas (aún en otoño) la vida está llena del amor de quien está con nosotros por lo que somos.

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Septiembre, un día que ya se fue… 👀

Los grises bellos de este día, me recuerdan que la belleza tiene que ver más con los ojos con que realmente miramos, que lo que no.

La belleza, o la fealdad; dependiendo la perspectiva que le demos, seguirá estando en su lugar, aunque nos empeñemos en ignorarla.

De los días que se van y no estuviste

De los grises que dibujan la tristeza

De lo que no se olvida aunque se quiera

De lo que sigue estando aunque no se vea

De los atardeceres de Septiembre, que yo veo.

Un día que ya se fue.

El Amor…🌳

A veces manejamos la vida, como la escena de un crimen por resolver, todo lo queremos comprobar…

He llegado a pensar que en cuanto a ti, no hay mejor evidencia de lo que sientes que eso que expresas aún sin decirlo, cuando un recuerdo mío se cuela en tu memoria y no puedes evitar sonreír porque me pienses.

Hay evidencias que no son físicas, sino que más bien ocurren dentro, cuando nuestro pulso se agita y el alma tiene cosquillas, sin que haya un control o un dominio absoluto de lo expuesto.

Hemos de dejar crecer el árbol, sin tanto temor por no saber hasta dónde llegue, y añadiremos a sus ramas, hojas, que hablarán de lo que sientes. Hojas que serán verdes en sus ramas, hojas que serán blancas o del color que prefieras ante tus dedos para llenarlas de ti y lo que eres. Hojas que iremos pasando en el transcurrir de los días, mientras tú y yo, en ellos nos pensamos.

En cuanto a mi, soy un árbol que disfruta el otoño, y que aún en él, siente como reverdece alguna primavera, árbol que sabe del frío del invierno, y del avasallante fuego del verano que también quema.

A pesar de estar desnuda, como árbol en este tiempo, tengo hojas… producto de cada detalle de lo que siento, y sobre las ramas de mi piel se van añadiendo poco a poco .

La evidencia del que siente, está en lo que hay en su mente.