De las cosas cotidianas 14… cuando la cosa se calienta 🔥

💭—¿Porqué es necesario que algo se caliente?

En estos día, mientras hacia el café de la mañana (si, de ese que no tomo) me di cuenta que casi todo lo que se hace en la cocina amerita que se “caliente”.

El café para que bote su olor y sabor, debe ser bañado con agua hirviendo. De la misma forma la leche para que tenga esa rica espuma que a tantos gusta, es sometida al vapor que la hace crecer.

Así sucesivamente me fui paseando por los alimentos y otras bebidas como té o alguna infusión que igual son sometidas a altas temperaturas para obtener el resultado o sabor que queremos.

Y me puse a pensar: 💭—El fuego quema, pero es necesario.

Esa subidas de temperatura o calentamiento me hacen recordar esas situaciones en las que he visto o me ha pasado a mi misma, en que bajo una “calentera” uno echa para fuera lo que tenía guardado sin atreverse a expresar.m y entonces eso se desborda.

A veces la vida transcurre en una suerte de olla caliente, en la que similar a la fábula esa que cuentan, donde el sapo se aclimató tanto al agua que se fue calentando poco a poco, hasta que el mismo se cocinó en ella sin capacidad para reaccionar.

No obstante, a veces nos damos cuenta que el agua se calienta bruscamente de algún modo y reaccionamos. De allí nuestra capacidad para quitar la mano de la fuente que la quema, de expresar un grito y que venga alguien a ayudarnos o de tomar precaución para no salir lastimados, a expensas del calor.

Entonces me pregunto: —¿Porqué esperar estar al borde para expresar una molestia, una incomodidad, un desacuerdo?

Es por eso que escuchamos cosas como: —¿Qué te pasa, tú no eres así?

Y es que nos dedicamos a aguantar y aguantar, sin resolver.

Creo que el calor que recibimos de otros, es la bendita medida para que no dejemos dentro algo que puede al final del cuento, hacernos daño.

Es mejor ir soltando en la medida que vamos recibiendo el calor, que acumularlo y luego convertirnos en un volcán que explote y su lava de amargura arrase a todo aquel que nos encontremos por delante.

🔥Cuando la cosa se calienta, sería lo más prudente confirmarla, aclararla o resolverla cuanto antes. 🔥

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Despedidas… pensamientos💭

Como si las despedidas doliesen más que cualquier culpa infligida por el dedo que nos señala, de un corazón que no existe y es frío.

Así el alma mía ha ido entendiendo que detrás de cada despedida existe un amor irresuelto, que no encontró más salida que la huida ante la cobardía de quién era la parte exacta y a la medida, de un sentimiento no compartido.

Las despedidas, esas que siguen sin gustarme pero que he aprendido a manejar en estos tiempos; llevan implícitas para unos el olvido necesario para continuar la vida que aún no se descubre y para otros una tristeza que da la incertidumbre de no saber que hubiera pasado de realmente atreverse. Entonces hay paz, porque a cada uno le cuesta hacer lo suyo. Desaparecen las deudas.

Despedirse para quien quiere volver, también tiene otra faceta, la de la preparación. En ella quien se va, se envuelve en una suerte de perfumes en el alma, de rictus hasta nuevo en la semblanza de lágrimas en su rostro, de cuentos que aún viejos se escriben con letras nuevas, y eso le da un aire de estreno a su regreso.

Despedirse a veces significa un reencuentro luego, bañado de nostalgias que quedan sin oficio, ante el reconocimiento de los que verdaderamente se aman.

No así, la despedida del que olvida. Con indiferencia fúnebre, con insistencia sólo en sí mismo, con el “sin importancia” acostumbrado de lo que el otro sienta.

Esa despedida, la que se hace sin pensar más que en separarse de alguien que no existe en el sentimiento del otro, es la que aún, hoy día, ahora, me abre un hueco en el corazón, me lastima.

Pero he aprendido a despedirme, ya lo sabes; estoy en el tránsito de detenerme y soltar a ver qué ocurre… si es que algo pasa. Sabiendo desde mi ser que nada ocurrirá, que seguirá el camino como una eterna despedida, de las que no me gustan, de esas que me dejan las manos llenas de olvido.

Como si ya he aprendido como hacer para que no duelan las despedidas, escribí esto; y sin embargo la lágrima al pensar que te vas, corre el riesgo y se derrama por la mejilla silenciosa, esa, la mía, que aún no se hace consciente de lecciones recibidas para esto.

Despedida lleva en sí misma la intención de “ir” (ida) esa sería la esperanza… que sin saber, en algún momento, de esos en los que no nos damos cuenta, sea al cruce de mi camino donde te lleve esa ida.

Aún pienso en las despedidas, las nuestras… y mi mano se levanta queriendo decir: —¡adiós!, pero en lugar de ello prefiero decir:

—aquí estoy.

Lluvia… apreciar! 🌧🌱

Los días lluviosos como los de este Julio que recién comienza, nos llevan a detenernos y contemplar un poco en más calma, la propia grandeza del día.

El estar quietos por lluvia, debe llenarnos de la alegría que tienen las flores al celebrar ser regadas, y a saber que podemos agradecer por el privilegio recordar días llenos de sol.

Contemplar es apreciar… apreciemos la vida. 💙

Despertar, ver, entender… 😊👀

¿No has sentido alguna vez la sensación de estar perdido(a)?

Eso que hace que aún viendo, no veamos; que tengamos algo ante nuestra propia nariz, y simplemente tenemos el juicio nublado…

Si te ha ocurrido, tranquilo (a) ¡somos humanos!

El detalle de todo eso, es ¿cuánto tiempo somos capaces de sobrevivir en ese estado de negación?

Esto nos puede ocurrir y dejarnos atados a cosas o personas equivocadas, a victimizarnos por un tiempo en el que pudimos más bien disfrutar de lo que ocurrió , o también puede llevarnos a perder oportunidades.

Podemos estar ciegos tanto para aferrarnos a alguien que ya ni siquiera está, como para soltar o no valorar a quien si quiere estar a nuestro lado.

También el punto ciego podemos desarrollarlo con respecto a un trabajo del que fuimos despedidos ocasionando tanto ruido en nuestro ego, que no hay forma de que aceptemos otra oportunidad laboral diferente, así se presente.

Estar perdidos o sin visión puede además alcazar hasta nuestro mejores talentos, cuando nos empeñamos en “suicidarlos” de alguna manera, simplemente porque a alguien no le gustamos y como única salida, optamos por escondernos. Entonces la inconformidad nos acompañará en cada hora de nuestros días.

En fin, el punto ciego es algo normal en nosotros los humanos, porque a menos que demos vuelta o giremos nuestra cabeza, tendremos partes que no seremos capaces de ver en algún momento. Eso aplica en lo físico y hasta en lo que no lo es.

En ese momento, contar con alguien más que nos sirva de alarma o recordatorio de quienes somos, es favorable. Tal vez nos toque escuchar cosas que no queremos, pero que igual nos harán bien a la larga. Quizás comenzaremos a ver otras que estaban ahí y que no nos afectaban mientras no las descubrimos y que luego si lo harán. Pero en resumidas cuentas, tener un “lente” adicional que nos ayuda a revisar nuestro camino, es un privilegio por el cual podemos sentir gratitud.

Despertar, es algo que a veces podremos hacer solos, otras se nos pegarán las cobijas y quien nos ayude a hacerlo con amor, se quedará en nuestro día.

Entenderemos mejor cuando podamos ver mejor… sabiendo que a veces vemos mejor a ojos cerrados. Ya no estaremos perdidos.

¿Quién avanza entre huecos? 🙁💭

Un día en las calles de mi vida

Y el camino inevitablemente me hace pensar, pero hoy también se coló en mi, el pesar.

El día llego como en penumbras, como diciendo: —Mejor te quedas y no vayas, que se te cure un poco la herida, esa que sangra.

Pero igual me fui…

El tráfico estaba pesado y la prisa que llevaba, me hacía notar más que así fuera. Pero aunque hubo muchos momentos en que todo se despejaba, era imposible avanzar como quería.

Entonces inevitablemente caí en cuenta de la realidad que a veces quiero obviar, para poder respirar aún en el caos.

— ¡Los huecos no dejan avanzar! Eso fue lo que termino diciéndome mi voz del interior.

Sí, el camino tiene huecos. Ahí caemos y nos lastimamos.

¡Simplemente no avanzamos, como país, como nación, como gente!

Y corremos el riesgo de acostumbrarnos, que quedarnos en letargo de sentirnos simplemente desahuciados. El hueco está ahí, caemos y punto. Nos sentimos muertos.

Hace un año esto era territorio de protestas, hoy ya quedan solo recuerdos de un pasado.

Y de muertos que una vez se sublevaron, esculturas que ya no pueden hacer nada.

Doloroso es ver la dejadez, de quien tiene en sus manos el bienestar, y en lugar de eso solo se muestra insensible a lo que en las calles pueda pasar.

Sentí que el corazón me dolía al ver a Venezuela en pequeño, en mi zona, caerse a pedazos.

Y no importa si la culpa es de estos que ya están hace una eternidad o de los que se fueron y matan por regresar. Importante es que nosotros como país nos podamos encontrar.

Que existan nuevas propuestas, ganas de trabajar, de dejar de una vez por todas de hacernos mal y pretender pagar el mal con mucha más maldad.

Los huecos en el camino nos impiden avanzar, la falta de humanidad nos impide preservar, eso que es tan importante, eso que es la dignidad.

Venezuela la mía, la del Sur…

Una vez más me levanto y te observo y junto al grito de los que ya no tiene voz, porque quizás están muertos, dejo escuchar también la mía diciendo: —¡Tenemos que despertar!

Ningún país se construye y se sostiene mediante la maldad.

Ninguna sociedad puede llamarse “social” si no hay sensibilidad de unos ante otros.

Ninguno puede clamar paz, llevando entre sus manos un puñal.

Todo esto, nos deja “huecos”, vacíos de la esencia que nos ha caracterizado por los siglos. Pureza en alma, solidarios ante la necesidad, hermanos sobre cualquier diferencia.

Y entonces se nos hace más largo el camino a transitar, y corremos el riesgo de sólo quedarnos atascados, sin poder avanzar.

Hoy, a pesar de llorar en silencio, dejo que mis palabras traspasen el umbral de la inconsciencia y me permito mostrarme vulnerable, afectada y hasta emocional, ante tanta ausencia de amor y humanidad.

¡Que en algún momento podamos despertar, por favor! 😪

Las alturas… trae lo posible contigo ☁️💫💙

Trae lo posible contigo…

El día, la gente, la vida; traerán constantemente razones y argumentos (y se oirán muy lógicos algunas veces) que estarán a punto de convencerte de que desertes, de ser quien eres y por lo tanto de hacer lo que en función de ello, quieres. Entonces te perderás.

Abrir el corazón no es enquistarse en la utopía, es hacerla cierta cada vez que te atreves a dar un paso por lo que quieres. Nadie habla de que que llegues o no llegues, de que conquistes todo el territorio o no lo hagas; se trata más bien de ir más abierto, más alegre, más liviano. Disfruta.

Si ya afuera están los límites, los “No” que abundan, y los “cuidado” más con intención de que te retraigas y no seas, que con intención de que nada malo te ocurra; porque lo peor que puede pasarte es que no te pase nada 🙄. Adentro más que afuera.

Un paso, un grito, un vuelo, una carcajada, un hacer y atrevernos, puede marcar la diferencia en la vida de quien lo haga. Vuela.

Una vez con el corazón abierto, despierto y dispuesto a vivir… elevado a las alturas; podrás pisar la tierra más dura y aun con golpes y caídas, seguirás sin sentirte herido; porque simplemente estarás por encima de eso. Libre.

Suficiente con todo lo externo que estorba, no te quedes en ello… trae lo posible contigo Y sobre todo, llévalo a donde quiera que vayas. Sueña.