Seguir es algo más que palabras.. 🧗🏽‍♂️⛰

Seguir no es algo que logran hacerlo, los que simplemente hablan.

No es querer llegar a la cima, conquistar a alguien, recibir los aplausos, tener estadísticas favorables.

Es mucho más que acciones aisladas que no llevan a nada, porque lo que se hace sin intención no tendrá trascendencia.

Es tener la convicción de quedarse y saber que el camino no es fácil y que algunas veces darán ganas de tirar la toalla.

Estar presente, continuar, no importando que la cima se haga cada vez más lejana, que la conquista sea infructuosa y que los aplausos y récords sean cada vez más escasos, es un acto de amor incomprensible. Porque se necesita de eso, para construir a base de hechos que no se desvanezcan por lo indolente del medio y aún así permanecer, sobretodo con el propósito de hacer bien. El amor entonces se traduce en convicción, seguridad, certeza, y hasta gana la guerra ante cada batalla de miedo que se libre.

Me quedo en el 2019 como dije al principio, con el amor… ese que hace que no mire la cima como mi original para seguir, sino como un termómetro más de la constancia.

Anuncios

Luz y sombras… todos tenemos de eso 💭

Simple!

No podemos tolerar todo el tiempo la luz en nuestros ojos. Nos encandilamos.

No podemos andar a ciegas, golpeándonos todo el tiempo. Duele.

Hay horas, en las que nos hacemos uno con las sombras, y observamos la luz sin que nos invada.

Y después de la emoción… que?⁉️💓

Cuando la adrenalina baja, y la emoción ya se extingue ¿qué queda?
Quedan las resacas de un amor que no existe, de una piel usada por el placer, que no reconoce los caminos del sentimiento. Un vacío.
Quedan preguntas que jamás tendrán respuestas, porque simplemente no habrás quien quiera hacerlo. Sin importancia.
Quedan las cajas y papeles de regalos abiertos por todos lados; y cada rasgadura en ellos hablará de cuánta premura hubo sólo en obtener su contenido. Quizás a los cinco minutos se abandone.
Quedan vacíos los espacios llenos por espasmos emocionales, que lo ocuparon todo, promesas hechas sin importar su trascendencia, palabras dichas sin sentirlas de verdad. Oraciones que no sirven.
Quedan copas vacías y algunas estrelladas, luego de hacer brindis y planes que jamás serían cumplidos; deseos que no son los verdaderos, pero que al momento de chocar los tragos son una medida social el emitirlos. Hipocresía.
Luego que la emoción pasajera… “pasa”, solo queda la emoción cotidiana, esa que no se disfraza sino que viene entre los dos, con la simpleza de un “que bueno verte”. Quizás sin desenfreno, tal vez con las limitaciones propias del que no puede… en el fondo porque quizás sea la emoción prohibida.
El telón baja y hay quien se arropa con su amplia cortina a fin de resistir el frío que dejaron los falsos aplausos, las emociones fingidas, esos abrazos que no arroparon nada.
¿Cuánto tiempo hay que pasar entre esas sábanas? Todo el que sea necesario para estar listo en ir en busca de una nueva emoción ilusionaría.

Después de la emoción, solo eso… buscar otra; como mar que nunca se sacia, como sabor que nunca llega a ser el indicado, como unas manos por descubrir acariciando tu espalda.

Entonces solo quedan, las ganas de descubrirte, de encontrarte en algún lado, de verdad, sin que te escabullas. Eso no solo es emoción de la que pasa, sino más bien emoción de la que te marca y se queda, de la que se transforma en sentimiento verdadero, aún en los días en que respirar sea lento y bajito.

Como si fuera… lo que no es ♥️

Como si ya nada me importara y tú con ello, me miro a los ojos y no te veo.

Como si la lluvia ya no moja y estuviera todo tan seco, camino en soledad y no te siento.

Como si un adiós fuera la vida y pasar la pagina necesario, veo otros rostros diferentes, no estas en ellos.

Como si el olvido fuera posible y lo tatuado se borrara, mi piel guarda silencio, olvida sus ganas.

Como si tu nombre ya no existe, ni pertenezca a nadie que conozco, decirlo suena extraño, como cualquier palabra.

Como si las flores fueran ellas, y no me recordaran tus manos y el viento las moviera sin rozarme, las reconozco simples, bellas y más nada.

Como si las horas no necesitaran ser felices y la risa fuese un cuento viejo ya extinto, camino en medio de lo que existe, sin extrañar la alegría que me dabas.

Como si la tristeza fuese la amiga inseparable que no exige alquiler ni ninguna otra cosa, me quedo pensando en lo que ya no existe y tú en medio de todo eso.

Como si no quererte fuese muy fácil y el Amor pudiera inhabilitarlo dentro, sigo en modo automático, sin que ninguna parada sea en tu vida.

Como si escribir es de letras que no sienten, y pudiera escaparme sin que se derrame lo que soy, les dejo salir… ya no es de ti que hablan, se inventan otra historia.

Así… como si existiera lo que no es, y los imposibles pasarán a ser probables.

Evasión…no quita el dolor 😖

Evadir es un arma que todos usamos en algún momento…

Por tanto eso nos lleva a estar conscientes, de que por disimularlo o entrar en la negación de que no ocurre, lo que ocurre no se va.

Eso no elimina el dolor.

Dejarlo todo para que el tiempo lo resuelva o el olvido lo cure, es una herramienta que nos ayuda a evadir, pero no a sanar.

Despertar ante lo que nos ocurre y trabajarlo desde adentro, puede ubicarnos en el dolor por algún tiempo, pero no nos dejará ahí para siempre.

Quien no se da el permiso de asumir lo que ocurre, se niega la oportunidad de resolver en algún momento como quiere pasar el resto de sus días.

Las ventanas que quedan abiertas, impiden el correcto uso de la puerta para la salida.

Diciembre que va pasando… falta poco 🌬

Diciembre sigue su avance, como alguien que camina hacia el final, satisfecho

El movimiento entre lo que amanece y anochece le ha recordado todo lo vivido.

Su intensidad a veces incontrolable, permite pensar en todo aquello que se nos escapa, sin que podamos de alguna forma predeterminada evitarlo.

Un rayo de luz no puede ser contenido por mucha oscuridad que sea echada encima.

Sin embargo también los silencios aparecen, claros, tímidos, pero con mensajes incluidos.

Las palabras a veces no pueden recoger lo que ocurre dentro, por tanto el silencio lo dice todo.

Y al final luego de eso, de ese estar callado en si mismo, Diciembre como nosotros alumbra ante lo que es.

Nadie puede darse mejor regalo que estar consigo mismo y disfrutarlo.

Y el escenario va cambiando vez tras vez, aunque sigamos siendo los mismos aquí abajo, Diciembre se ha encargado de repetir que nada es igual.

Risas en el llanto. Calma en la alegría, esperanza en el dolor. Nada se queda quieto, como nubes que se agitan ante el paso del viento.

Diciembre ha convertido sus instantes en ráfagas de fuego sin metralla. No hace falta.

Hay incendios que lo consumen todo, esos que a veces produce la revolución de la sangre o esos que se dan por sentimientos fugaces.

Entonces continúa diciendo, Diciembre, la fiesta no acaba hasta que es bailada la última melodía.

Aunque parezca que todo acaba, hay oportunidad de ser iluminados nuevamente, si en algún momento nos detenemos a mirar hacia otra parte.

☀️❄️☀️❄️☀️❄️☀️❄️

Diciembre ha traído consigo lecciones abrumadoras, de esas que hacen sonar muy duro la caja de resonancia de nuestra alma. La vida continua su proceso, no tenemos el poder para pararla; sólo querer andar con ella nos hará disfrutar lo que queda.

No hay tanta compañía en los días grises, las grandes convocatorias son para las fiestas, sin embargo el sol sale para cada día sin importar cómo estén los ánimos.

La solidaridad y el amor real, es un brazo que arropa aún en la distancia, entonces la gratitud pasa a llenar espacios que el dolor había construido de puro vacío. Tú estás, gracias.

Diciembre con todo lo que eres, serás para no olvidarte.

La muerte… la vida ✝️

La muerte…

Esa amiga que ha hecho cita con nosotros, que llega y nos visita sin ser invitada y cuando lo hace, simplemente no se queda y somos nosotros los que nos marchamos con ella.

Esa misma… es la certeza más grande que tenemos, desde el mismo momento que inauguramos la vida; en la que el tic tac de lo efímero comenzó a manifestarse, y en la que cada paso que hemos dado bien o mal, la consume.

A la que más le huimos, pero que más segura viene, la indescriptible, la “innombrable”, la causante de persignarse de unos cuantos, invocando una cruz que ni conocen. La del miedo, de la despedida definitiva, la que marca la ausencia y nos deja solo. La muerte.

La vida…

Esa que comienza con desafío tras desafío, con cambios desde el alumbramiento, a la que llegamos gritando y con los puños cerrados en señal de defensa. Esa misma vida, que después a golpes mismos, nos va aflojando.

En ella, inauguramos las sorpresas, queremos conquistar todas las cimas, pedimos que los deseos se vuelvan realidad aún sin medir sus propias consecuencias. Nos damos el “tupé ” de ponerla en <pausa> cada vez que nos place dejarlo para algún día.

La misma que rechazamos a veces a mansalva, cuando nos empeñamos en suspirar por lo pasado sin querer encarar lo que nos regala el presente. Jugando a la “posdata” consumimos gran parte de sus horas, queriendo vivir el tiempo de otros y su existencia, donde a veces ni cabemos. Errores comunes, de los que no tienen tiempo y se empeñan en no saberlo.

A esa… a la vida, le hacemos cita para una fiesta y la dejamos esperando. Decidimos que amar es mejor para después, para cuando estemos listo (y eso es nunca). Congelamos los “Te quiero” en la nevera del olvido, porque debemos ocuparnos de lo importante, a veces precisamente, de lo que no nos sirve.

Vida & Muerte

Entonces, la vida se consume, a veces no en muchas horas… simplemente se va y al mirarse al espejo, encuentra el reflejo de la muerte que impera al final del camino.

Eso simplemente nos recuerda que no podemos resignarnos con la espera de un después que no existe y un mañana del que no tenemos garantía. Asumir el reto, la gracia y responsabilidad de vivir hoy, es lo que practican los que asomados al espejo de la vida ya han descubierto el reflejo de la muerte.