Hay días … con bandera tricolor 🇻🇪

La bandera de Venezuela, la mía, la del sur, vuelve a levantarse hoy con la dignidad que la libertad puede darle.

Apreciando sus colores, creo que en este tiempo se ha ampliado el significado de cada uno, llevando lo que nos enseñaron en el cole como un punto de partida, pero hoy ya mayores, entendemos que nos hemos ensanchado desde el corazón.

Su amarillo que en otro tiempo se circunscribía a la riqueza del oro que en nuestra tierra ya existía desde antes que los conquistadores nos visitaran. Tiempo desde que hemos sido arrebatados de ese tipo de riquezas, hasta ahora. Ese mismo oro, fue sustituido con el paso de los años por el llamado “oro negro” llamándose así al petróleo, que ha sido históricamente nuestra tarjeta de presentación en el marco de la economía internacional.

En los tiempos que corren hemos entendido que el tesoro de nuestra Venezuela está en su gente . La misma que refulge con el brillo que el metal precioso tiene, cada que vez que está dispuesto de manera personal a dar lo mejor de sí, en cualquier escenario que se le ubique. Poseemos el tesoro de la risa, esa que permite que aún en territorio de guerra, con la miseria que abunda y hambre por cualquier lado, seamos capaces de hacer bromas, compartir un chiste y regalarnos risas sonaras que alegran el espíritu.

El azul por su parte correspondía a ese Mar Caribe que baña nuestras costas, siendo el camino por el cual una vez nos abordaron. Hoy la extensión de ese azul se proyecta hasta el cielo, ese mismo que se tiñe de añil con toda la fuerza que da el estar de este lado del trópico.

Ese mismo azul, forma los lazos fraternos que nos mantiene unidos aún con los que no están, y por supuesto con los que llegaron un día, así, de la misma manera que nuestro gentilicio lo hace hoy a cualquier parte del mundo con sus sueños a cuestas.

Esos, los sueños azules son los que nos permiten conquistar los territorios que pisamos, no por la fuerza, ni por llevar armamentos, sino por el brillo que tienen cada vez que los contamos. Tanto que no hay nada a lo que renunciemos, porque sabemos que si un venezolano se lo propone, lo hace posible, le pone música y lo baila mientras lo materializa. Es decir, lo disfruta. Ese es el color de los sueños, y nos envuelve en cada cosa que hacemos.

Por su parte el rojo, contemplado inicialmente para la sangre de todos aquellos libertadores del tiempo de la independencia. Hoy, cada corazón venezolano es un “libertador” y por nuestra venas corre la pasión cada vez más carmesí, por el anhelo de tener una vida mejor.

Somos intensos y apasionados, por eso no claudicamos con facilidad. Dispuestos a celebrar nuestra pequeñas victorias en medio de guerras pintadas de derrotas; con un corazón tan grande que a veces no cabe en el pecho y unos sentimientos tan descomunales que cuando gritamos “amor” esa palabra llega a cualquier parte de este mundo.

Y lo blanco de las estrellas, corresponde a cada una de las provincias que una vez tuvimos (hoy, hasta eso nos lo han cambiado) pero el alcance de las estrellas ha llegado a ser la pureza con la que cada uno desde que despierta lleva a cabo sus acciones, con el fin de suplir para aquellos a quienes ama.

Así somos bajo este tricolor.

De tesoros, de sueños, de pasiones, de pureza y esperanza.

Este es un día en el que recordar esto, permite que “un sublime aliento” sea infundido en nuestras vidas.

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De las cosas cotidianas 23… Gloria al Bravo pueblo! 🇻🇪

Cuando la injusticia gobierna, la protesta de vuelve lo cotidiano.

Venezuela. Por años de sufrimiento más bien silencioso y resignado hemos sido testigos de cantidad ilimitada de cosas que están fuera de lugar, para cualquier ciudadano del mundo. Lo que ha quitado dignidad a nuestra vida cotidiana, ante la mirada indolente de quienes. nos gobiernan y el silencio cómplice de quienes deberían darnos seguridad.

La vida cotidiana del venezolano se convirtió en un rosario de imposibles

✖️Se nos hizo imposible la compra de alimentos. Primero por escasez y luego por falta de capacidad de pagar dichos productos.

✖️Se nos hizo imposible el suministro de medicinas hasta para la gripe más tonta o los parásitos más inofensivos.

✖️Se nos hizo imposible transitar por las calles, libres del miedo. Ya que la delincuencia desatada sin ninguna restricción y cuerpos de seguridad que dan miedo,por su practicas también delictivas , nos convirtieron en presos de la inseguridad.

✖️Se nos hizo imposible el mantenimiento de los vehículos, porque cualquier repuesto vale lo que costaba una flota de autos nuevos, años atrás. Y la alternativa del transporte público de remonta a vehículos usados para transportar animales o materiales de construcción, más no humanos.

✖️Se nos hizo imposible abrazar a quienes amamos. Y ese quizás es uno de los peores daños sufridos en todo esto. El éxodo obligado de miembros de casi todas las familias en nuestro territorio, nos enluto de una tristeza que cuesta dejarla a un lado.

Los imposibles fueron sumando cada vez, restando el carácter alegre y jovial, de los habitantes de esta tierra de gracia, que por tradición acuñó con brazos abiertos , a más de uno que llegó con la intención de hacer una vida agradable dentro de las paredes de nuestra amada Venezuela,m; y por tiempos memorables eso fue posible.

Por mucho tiempo hemos visto con real tristeza, el marchitar de la alegría típica del venezolano, quien ha sido desgastado en largas colas, en cuerpos cansados y mal alimentados y en la decepción que da cuando el amedrentamiento y la desesperanza ocupan el lugar distintivo que una vez nos denominó “Bravo Pueblo“.

Pero llegó el momento de decir ¡BASTA!

Por muy equivocada que pueda ser la decisión de un pueblo al escoger a un gobernante, eso no le ata a padecer de ese mal para siempre.

Cuando algo no nos hace bien, se vuelve tóxico; llámese relación afectiva, de trabajo o hasta con quienes detentan el gobierno. En un escenario así, nadie prospera. Ni aún esos que teniendo los bolsillos llenos de corruptelas, tienen la vida llena de dinero, pero a la vez, la más miserable de cualquier ser sobre esta tierra. Esa misma vida que es maldecida por muchos dentro de unos límites que nos contienen a todos.

En algún momento “la gota cae en la roca y le abre el hueco”.

Bajo el riesgo de lo que significa protestar en este, en el que anteriormente teníamos el derecho de hacerlo y ahora es catalogado como un “delito”; muchos dijimos: presente a la hora de expresar públicamente en primer lugar para los propios venezolanos y de complemento para el resto del mundo que nos ve, un profundo desacuerdo en la forma de hacer las cosas.

Las banderas tricolores, junto a banderas de países que nos han respaldados como hermanos, ondearon con el viento dándonos ese ambiente de libertad que tanto necesitamos.

Es a penas el comienzo y quien piense que esto es sencillo, es un iluso… pero me queda una lección contundente de todo esto

Cuando algo nos hace mal en lo personal o más aún en lo colectivo, hay que buscarle salida rápido.

Con los mecanismos que existan, con las decisiones que hayan de ser tomadas, no debemos dejar que el tiempo, nuestro activo más valioso, sea consumido haciendo malabares en ambientes, escenarios o circunstancias tan desagradables que atenten con nuestra salud física y emocional.

El bravo pueblo debe aprender (y yo como parte de este) que poner correctivos a tiempo, nos evita que luego se utilicen medidas extremas y peligrosas para acabar con los males.

Como quiere que sea, el bravo pueblo también ha demostrado que aunque se pueda tener mucha rabia, existe el suficiente sentido colectivo de conciencia , como para hacer las cosas pacíficamente.

La libertad se conquista con convicción, determinación y ganas y no desde la cómoda poltrona de la costumbre y la queja.

Expresar que lo que está mal, está mal, es un derecho que no debemos resignarnos a perder. Eso aplica para cualquier ámbito de nuestra vida.

En lo sucesivo, lo cotidiano será darle “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor” y nuestra oración también cotidiana será la de decir “Abajo Cadenas!”

Que nunca nadie nos calle como nación, y en el mundo particular que representa cada persona en cualquier parte donde nos desenvolvamos, que tampoco nadie evite que expresemos lo que sentimos. Amén!

Entonces como país estaremos dando señales de esperanza y como personas estaremos confirmando que estamos vivos.

Venezuela… la del Sur, voces de hoy 🇻🇪 ♥️⭐️

Se oyen hoy cantos de sirenas, cornetas tocan anticipando la ruptura. Como mujer en emergencia para alumbrar el hijo tan esperado, se encuentran hoy, cada una de nuestras fronteras, temblando ante el anhelo de libertad que corre por las venas.

El miedo aunque está, hemos decidido abandonarlo; con su fusil apunta y yo no surte efecto, las balas aunque maten no podrán callarnos, porque cuando el amor grita es algo irreversible; y no hay algo que se parezca más al amor, que la libertad.

Las calles hoy se tiñen del tricolor Preciado. Los que dentro de sus límites aún estamos, celebramos la valentía como algo sagrado, como eso que no puede arrancarlo ni aún el más perverso tirano.

La esperanza renace aún en medio del caos, que han dejado ya años de reprensión y letargo, de sufrimiento mudo, de conformismo absurdo, siniestro y hasta vano.

Cuando algo nos mueve realmente, nos hace ir a su conquista, no nos quedamos quietos, inertes, no nos importa si con eso podamos perder la vida. Vamos por ello, sabiendo que más nadie por eso que queremos irá a darlo todo.

En eso se diferencian los que dicen que quieren y los que lo demuestran. Yo no me quedo, y tú lo sabes, yo voy… construyo el encuentro.