De las cosas cotidianas 26… entreabierto, el mensaje distorsionado.

¿Alguna vez te ha tocado estar parado ante una puerta “entreabierta “?

¿Cierto que da algo de incertidumbre?

En estos días salí al bajante a tirar la basura, y al querer volver a entrar a mi casa, encontré que la puerta estaba entreabierta…

Me asaltaron las dudas y el tenor, y es que yo la había cerrado Justo al salir con la bolsa de basura en mano.

En ese momento pensé:—¡Creí que la cerré, pero no fue así, que descuido! Para nadie es un secreto la situación tan insegura que padecemos todos en este lado tricolor del mundo, pero bueno, ese es otro asunto.

En medio del susto y lo extraño que me resultó, al minuto siguiente supe que había pasado: uno de mis hijos, iba saliendo y olvidó su móvil, por tanto se devolvió desde la puerta, dejándola así, y luego inmediatamente salió.

El se despidió, y yo aún con la extraña sensación me quede ahí en mis pensamientos cotidianos… y es que pude entender:

“Cuanto daño nos hace, una puerta entreabierta”

Entonces empecé a revisar que a lo largo de nuestra vida y en muchas áreas de ellas, dejamos puertas entreabiertas, historias inconclusas, dudas que nos devanan los sesos, esos … “si pero no” que existen y ni nos permiten pisar en firme continuamente.

Una puerta entreabierta no te dice nada. No sabes si es para que salgas y te vayas o para que entres y te quedes.

A menudo ese tipo de cosas tiende a descalabrarme… porque a veces pienso que uno de los peores episodios que pueden ocurrirnos es no saber si pasamos o no pasamos, o mejor (o peor aún) si nos vamos…

Una puerta entreabierta es como una de esas conversaciones en las que decides valientemente llamar a alguien para decirle que le quieres (a riesgo de que el mundo podría caerse por eso) y resulta que cuando logras hablar, lo haces de todo, más no de lo que sientes. Entonces… sí, estuviste ahí, pero no terminaste de pasar, ni de salir; sigues en la misma encrucijada, en la disyuntiva existencial que te entrecorta el respiro.

Una puerta entreabierta, es una de esas historias inconclusas, que no terminas de explicarte a satisfacción ¿Porqué terminó? Lo sabes, y juegas dejar que en tu luz, siempre llegue mucha de esa oscuridad, con el anhelo absurdo de creer que puedes regresar el tiempo, llegar a ese momento y cambiarlo. Quizás sabes que aunque eso llegare a pasar, no estarías dispuesto a hacerlo, pero ahí está… la puerta que sigues dejando así, ni cerrada, ni abierta, impidiéndote que tengas algún otro tipo de mejor pensamiento.

Una puerta entreabierta es como cuando decides cambiarte de ropa ante alguien y entonces te colocas detrás de la puerta y no cierras. La persona puede sentir como te quitas la ropa y si es curioso, de seguro algo verá, pero tú no decides ni hacerlo abiertamente ante sus ojos (confianza) o cerrar la puerta completamente y salir cuando ya te hayas vuelto a vestir (seguridad). El mensaje que se da cuando eso ocurre, es bastante confuso. El que está al otro lado puede tomarlo como una invitación, y si es la pareja quien recibe esta acción, puede tomarlo como un rechazo. Muchas lecturas erradas que podrían evitarse con solo abrir o cerrar definitivamente, y no dejarlo así, sin definir.

Otra puerta entreabierta, es esa que nos mantiene pensando que podremos llegar a ser lo que fuimos, hace cinco, diez, veinte o más años. Los logros laborales, la chispa en el corazón, hasta las medidas en nuestro cuerpo que teníamos. Entonces, anclados en eso no disfrutamos nuestra realidad, y olvidamos las razones por las cuales nos fuimos de aquel trabajo, los motivos que llevaron a una separación y lo bien que resultó todo a pesar de eso, y que ahora aunque el cuerpo puede tener arrugas, canas y alguna que otra celulitis, grasa acumulada, estrías o algo más, es el cuerpo bendito que estás en el deber de cuidar y disfrutar… ya que con él, has vivido momentos memorables y puedes tener aun mejores.

En fin, una puerta entreabierta, consiste en todos esos temores, algunas veces infundados y otras no, que nos dejan parados ante el umbral de la puerta… si estamos fuera, no nos dejan entrar, si erramos dentro no nos dejan salir.

Eso no sirve para nada. La vida, es una gran sala con muchas puertas, por tanto debemos estar atentos a dejarlas abiertas para recibir aquello que realmente deseamos que suceda o simplemente cerrar luego de sacar todo el contenido que nos intoxica. No somos radicales, lo sé, somos humanos; sin embargo podemos minimizar el lapso en el que dejamos las puertas entreabiertas y nos ahogamos en una incertidumbre que no nos suma nada.

Yo, ese día como no estaba esperando a nadie más, cerré la puerta, que estuvo entreabierta y me llenó de dudas.

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De las cosas cotidianas 25… las cosas cambian en solo segundos 🥚 😳

Tan cierto como que a veces empezamos a hacer huevos fritos (enteros)

Y decidimos cambiar en tan solo segundos, terminando en huevos revueltos.

Así también a veces nos ocurre en la vida. Venimos con algo en mente y creemos que eso es lo que queremos, pero al estar ya en la situación u oportunidad, resolvemos que no es exactamente lo que queríamos y decidimos transformarlo, para no decir “cambiarlo”.

El cambio puede resultar condenable por los que solamente levantan la ceja y apuntan con su dedo para “satanizar” de alguna manera, que ya no queramos más algo o hasta a alguien.

Es tan sencillo, pero no quiere decir que sea fácil de enfrentar (sobretodo con la rigidez que nosotros mismos podemos tener) que podemos cambiar de parecer y que insistir en que no es así, es obviar que nos estamos engañando.

Los cambios llegan, y a veces ocurren sin que los podamos programar con exactitud. Manejarlo con flexibilidad puede permitir reconocer realmente lo que queremos. Como en lo cotidiano, ¿porque limitarnos y quedarnos sin cambiar eso que ya no no queremos o apetece?

💭

De las cosas cotidianas 24… lo que pensamos y no sucede 💦

—¿Alguna vez has sufrido la falta de agua donde vives?

—¡Ja! Si no es así, no vives en Venezuela, así que venga… relájate,

De este lado del mundo es casi normal que los servicios públicos o básicos, fallen. Pero no es de eso, de lo que precisamente quiero hablar.

En la residencia donde yo vivo, no se va el agua con tanta frecuencia como en otras partes, sin embargo en estos días ocurrió. Pero fue cuando no lo esperé, cuando nadie había tomado la previsión, ni hubo el anuncio acostumbrado a través de las redes, en un descuido nos sorprendió la falta del líquido vital.

Y luego de que esto pasó, como era de esperarse vino la reacción. La angustia de pensar que volviera a irse, hizo que entonces se llenaran todos los envases posibles para no pasar por el mal trance de quedarse sin la codiciada agua, otra vez. ¿Y que ocurrió cuando si estábamos preparados? Pues, que el agua no volvió a irse.

Si en un primer momento me resultó irónico y hasta un mal chiste, luego me quedé pensando que como ese episodio del agua, ocurre con la vida.

A veces nos preparamos tanto para algo o tememos tanto temor que algo ocurra que tomamos todas las previsiones, y esperamos, y esperamos… y no ocurre nada.

Sin embargo, también ocurre que cuando ni pensamos para nada que algo increíble nos puede pasar, que eso no está en nuestra agenda…. ¡Zuas! Ocurre y muchas veces no lo asimilamos enseguida.

Estar preparados, no es malo. Pero que algo rico nos sorprenda es aún mejor. A veces las mejores cosas y las mejoras personas llegan a nuestra vida, sin avisar, sin esperarlo o sin que ni siquiera imaginemos que algo así, pueda llegar a ser.

Tuve que utilizar el agua recogida y agradecer en el fondo porque, no es tan cotidiano que se vaya.

De las cosas cotidianas 23… Gloria al Bravo pueblo! 🇻🇪

Cuando la injusticia gobierna, la protesta de vuelve lo cotidiano.

Venezuela. Por años de sufrimiento más bien silencioso y resignado hemos sido testigos de cantidad ilimitada de cosas que están fuera de lugar, para cualquier ciudadano del mundo. Lo que ha quitado dignidad a nuestra vida cotidiana, ante la mirada indolente de quienes. nos gobiernan y el silencio cómplice de quienes deberían darnos seguridad.

La vida cotidiana del venezolano se convirtió en un rosario de imposibles

✖️Se nos hizo imposible la compra de alimentos. Primero por escasez y luego por falta de capacidad de pagar dichos productos.

✖️Se nos hizo imposible el suministro de medicinas hasta para la gripe más tonta o los parásitos más inofensivos.

✖️Se nos hizo imposible transitar por las calles, libres del miedo. Ya que la delincuencia desatada sin ninguna restricción y cuerpos de seguridad que dan miedo,por su practicas también delictivas , nos convirtieron en presos de la inseguridad.

✖️Se nos hizo imposible el mantenimiento de los vehículos, porque cualquier repuesto vale lo que costaba una flota de autos nuevos, años atrás. Y la alternativa del transporte público de remonta a vehículos usados para transportar animales o materiales de construcción, más no humanos.

✖️Se nos hizo imposible abrazar a quienes amamos. Y ese quizás es uno de los peores daños sufridos en todo esto. El éxodo obligado de miembros de casi todas las familias en nuestro territorio, nos enluto de una tristeza que cuesta dejarla a un lado.

Los imposibles fueron sumando cada vez, restando el carácter alegre y jovial, de los habitantes de esta tierra de gracia, que por tradición acuñó con brazos abiertos , a más de uno que llegó con la intención de hacer una vida agradable dentro de las paredes de nuestra amada Venezuela,m; y por tiempos memorables eso fue posible.

Por mucho tiempo hemos visto con real tristeza, el marchitar de la alegría típica del venezolano, quien ha sido desgastado en largas colas, en cuerpos cansados y mal alimentados y en la decepción que da cuando el amedrentamiento y la desesperanza ocupan el lugar distintivo que una vez nos denominó “Bravo Pueblo“.

Pero llegó el momento de decir ¡BASTA!

Por muy equivocada que pueda ser la decisión de un pueblo al escoger a un gobernante, eso no le ata a padecer de ese mal para siempre.

Cuando algo no nos hace bien, se vuelve tóxico; llámese relación afectiva, de trabajo o hasta con quienes detentan el gobierno. En un escenario así, nadie prospera. Ni aún esos que teniendo los bolsillos llenos de corruptelas, tienen la vida llena de dinero, pero a la vez, la más miserable de cualquier ser sobre esta tierra. Esa misma vida que es maldecida por muchos dentro de unos límites que nos contienen a todos.

En algún momento “la gota cae en la roca y le abre el hueco”.

Bajo el riesgo de lo que significa protestar en este, en el que anteriormente teníamos el derecho de hacerlo y ahora es catalogado como un “delito”; muchos dijimos: presente a la hora de expresar públicamente en primer lugar para los propios venezolanos y de complemento para el resto del mundo que nos ve, un profundo desacuerdo en la forma de hacer las cosas.

Las banderas tricolores, junto a banderas de países que nos han respaldados como hermanos, ondearon con el viento dándonos ese ambiente de libertad que tanto necesitamos.

Es a penas el comienzo y quien piense que esto es sencillo, es un iluso… pero me queda una lección contundente de todo esto

Cuando algo nos hace mal en lo personal o más aún en lo colectivo, hay que buscarle salida rápido.

Con los mecanismos que existan, con las decisiones que hayan de ser tomadas, no debemos dejar que el tiempo, nuestro activo más valioso, sea consumido haciendo malabares en ambientes, escenarios o circunstancias tan desagradables que atenten con nuestra salud física y emocional.

El bravo pueblo debe aprender (y yo como parte de este) que poner correctivos a tiempo, nos evita que luego se utilicen medidas extremas y peligrosas para acabar con los males.

Como quiere que sea, el bravo pueblo también ha demostrado que aunque se pueda tener mucha rabia, existe el suficiente sentido colectivo de conciencia , como para hacer las cosas pacíficamente.

La libertad se conquista con convicción, determinación y ganas y no desde la cómoda poltrona de la costumbre y la queja.

Expresar que lo que está mal, está mal, es un derecho que no debemos resignarnos a perder. Eso aplica para cualquier ámbito de nuestra vida.

En lo sucesivo, lo cotidiano será darle “Gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando la virtud y honor” y nuestra oración también cotidiana será la de decir “Abajo Cadenas!”

Que nunca nadie nos calle como nación, y en el mundo particular que representa cada persona en cualquier parte donde nos desenvolvamos, que tampoco nadie evite que expresemos lo que sentimos. Amén!

Entonces como país estaremos dando señales de esperanza y como personas estaremos confirmando que estamos vivos.

De las cosas cotidianas 23… la heridas, duelen! 😓🤕

Hace poco menos de un mes… ¡me corté!

No era el cuchillo de siempre, no había probado su hoja bien… y encima me distraje pensando más allá de lo que la posibilidad me permitía. Pero ese ya es otro tema.

Lo cierto es que aún cuando la herida fue pequeña, me dolía un mundo.

Y entonces tuve que hacer lo posible para parar la sangre, apretándome lo he ya me dolía con el ánimo de esperar que el cuerpo reaccionara y cesara el estallido que decía: —¡Me lastimaste!

Alguna vez alguien a tu lado se ha cortado o se ha caído e inmediatamente le dices:

—¡Cálmate, no llores… vamos! El asunto es que con decir eso, la herida no se quita y el golpe de la caída no desaparece, pero nosotros expertos en dar ordenes, simplemente lo seguimos diciendo.

Esta cortada dentro de lo cotidiano, me hizo pensar en varias cosas:

Primero: lo que corta, corta. Así que a prestar atención. Es decir en lo que pretendamos meternos, no basta solo con estar, hay que además estar atentos, sino queremos salir lastimados o hasta lastimar a alguien más. Esto aplica para cualquier área.

Segundo: las heridas duelen, y eso no se quita sólo con palabras. Si el propio cuerpo echa sangre y está dando su alarma, qué pretendemos hacer al querer silenciarlo, haciéndonos los locos como si nada paso. Mejor, estamos conscientes y tomamos cartas en el asunto. De la misma manera ocurre con nuestra heridas emocionales, a veces queremos hacernos los fuertes, los que estamos por encima de eso, cuando en realidad estamos rotos por dentro. Entonces ¿qué es lo mejor? Pues, reconocer lo que nos pasa, darnos el permiso de sentir el dolor sin que sea el fin del mundo y buscarle la mejor salida a lo que nos hace que estemos tan mal.

Tercero: y quizás lo más importante… la heridas aunque escuecen por un tiempo, también se curan. Hoy 23 días después de mi cortada, aún siento sensible donde estuvo la herida, pero va pasando, eso va sanando. Igualmente sucede con lo,que nos agobia, nos duele y a veces hasta nos deja tirados en el piso de nuestras emociones. En algún momentos también seremos suficientemente objetivos para soltar e ir sanando a nuestro ritmo (nadie puede pretender que sanes a un paso que no sea el tuyo, porque solo tú sabes cuánto te duele).

No neguemos el dolor de la herida, y no neguemos aún más la capacidad que tenemos para sanarnos.

De las cosas cotidianas 22.. cuando te aprietan, que sale? 😖

¿Alguna vez has “machacado ” ajo?

Producto de las recientes fechas decembrinas y lo que comemos por estos lados del mundo, tuve que machacar unos cuantos ajos.

Mientras lo hacia y apreciaba el olor que botaban, pensaba:

—¿Porqué es que hay que hacer esto?

—¿Porqué no echarlo de una vez así, entero?

Claro, sería más fácil para el que le toca cocinar no tener que pelar ni triturar. Sin embargo, todo tiene su motivo.

Cuando se aprieta, machaca o tritura se obtiene todo su sabor, su esencia, lo que es. La comida queda con muchos sabores, no solo de ajo sino del resto de lo que se procese, justamente, en la medida que se “procese“.

Entonces no me quedo más que pensar y preguntarme:

—¿Que nos ocurre cuando somos puestos en el mortero? Cuando nos aprietan, machacan o trituran ¿Que es lo que botamos?

Por supuesto, cuando nos duele decimos: —Ayyyy! o expresamos nuestro dolor de alguna manera. Pero más allá del dolor, ¿de que estamos hechos?

Nuestra esencia también es exprimida en algún momento, ya sea por eso que consiguen sacarnos lo mejor que tenemos dentro, así como también los que ponen a relieve esos monstruos que conviven en nuestro interior.

¿Si estuvieras preparando un plato y tú fueras un ingrediente… si fueras triturado, que sabor le darías?

💭😳

De las cosas cotidianas 21… “terminator” 🐜 🦗🕷

¿Alguna vez te ha tocado el papel de “exterminador “?

Bueno, a veces cuando los bichos visitan nuestros hogares, hay que hacerlo o terminaremos siendo sus inquilinos y ellos los dueños del lugar.

Desde hace un tiempo tenia eso como tarea pendiente, porque los veía deambular por ahí sigilosamente, a escondidas, aprovechando la Oscuridad y todo eso que ellos saben, y valiéndose además de qué hay momentos en que no tengo ni tiempo, ni fuerzas para hacer tareas que ameritan esfuerzo físico (los que saben del mal de la fibro, saben de que les hablo).

Sin embargo, hay días en que uno amanece y dice: —¡Hasta aquí! Si, tal como con una relación tóxica, decidimos poner fin, por nuestro propio bienestar y a veces por nuestra propia supervivencia.

Así que inicie la “guerra de las galaxias”. Reconozco que no ha sido nada fácil, sacar todo lo qué hay en cuanta gaveta o gabinete pueda tener uno en la cocina, no resulta nada cautivador, para quien solo quiere deshacerse de los bichos, pero ni modo <tarea que se empieza, tarea que se termina>.

Literalmente comprobé, que uno puede hacer cosas, que nunca ha pensado y que aún con este tamaño que tengo, fui capaz de meterme en los gabinetes que hacen esquina para llegar al fondo y así poder limpiar y sacar a esos desagradables animalitos; pese a la incomodidad, la falta de luz, y casi que la claustrofobia que me dan los espacios reducidos. Cuando el empeño está presente, las excusas para no hacer, desaparecen.

Despejé todo, boté lo que no sirve, lo que hace mil años estaba ahí, en honor a lo que no existe. Quité el polvo y la grasa que se pegan en las cosas cuando a menudo no se usan, y determiné usar algunas que bien me harían. Otras simplemente las envié a un destino donde podrían ser aprovechadas. Y los bichos salían a hacerme frente.

Unas veces me hicieron gritar y correr, pero siempre volví, y lo hice porque quería terminar. Para mi era necesario librarme de ellos.

Entonces me di cuenta, que así como pueden ponerse nuestras cocinas y hasta nuestros hogares, pueden ponerse también nuestras vidas. Llenas de “bichos” que la intoxican y si nos descuidamos nos minaran la existencia de su porquería.

—¿Quien dijo que limpiar y lidiar con la suciedad es agradable? El que lo haya dicho, lo hará de vez en cuando jajajaja, o vivirá solo. Por eso existen en el mercado mil productos y diferentes utensilios con que hacerlo, para que la cruzada sea lo menos traumática posible.

Del mismo modo, en nuestra vida cotidiana, a veces tenemos que lidiar con “bichos y suciedad” que no son fáciles de exterminar. Algunos porque son producidos por nosotros mismos, y otros porque permitimos su funesta entrada.

Hay personas qué hay que echarles <baygon> y me permito hacer la cuña del producto, porque en definitiva es letal para los animales rastreros. Y por supuesto, no vamos a matar a nadie (por mucho que a veces te permitas soñarlo jajajajaja), pero si es requerido ponerles límites que le hagan de una forma u otra forma desaparecer, hasta que nuestra vista no pueda verles, y nuestra vida no se afecte. Gente que hace daño y nos roba energía.

Me di cuenta sirviendo de exterminador, que la tarea no es fácil; de la misma manera no es sencillo abordar una situación desagradable y estar dispuesto a quedarte hasta el final, hasta que por fin se resuelva y alguien tenga que irse. Los problemas no se solucionan solos, debemos intervenir, tanto o más de lo que intervinimos para crearlos.

A veces pretendemos ser como los que temen a las alimañas (ratones, cucarachas, entre otros) que gritan y gritan, pero están totalmente sumergidos en la incapacidad de hacer algo para eliminarlos. En alguna ocasión, se prefiere hasta hacerse el loco, creyendo que el animal se asustará y se irá; cuando lo que realmente ocurre es que va ganado más territorio, reproduciéndose a una velocidad muy rápida.

El temor en definitiva, no nos lleva a nada. Sentirlo es totalmente permitido, porque somos humanos, y el dolor puede hacernos retroceder algunas veces, sin embargo y a pesar que lo sintamos, no quiere decir que nos haga sus presas y que ya nunca podamos superarlo.

Confirmé que acabar con lo que uno *no quiere* no es tan sencillo, pero vale la pena, cuando luego ya no tienes eso produciéndote a veces hasta repulsión.

A la fecha, llevo la obra de exterminar a los bichos hasta un 80%, me falta los lugares menos apetecidos por ellos. La prueba más grande la he ido superando, el orden a vuelto a las gavetas y gabinetes; y sobre todo la limpieza y tranquilidad de saber que no andan por ahí ensuciándolo todo. No me confío, se que los que quedan, pueden en cualquier momento seguir en su intento de colonizar mi espacio, por eso ya he tomado medidas para que así no sea.

De la misma manera, mis bichos emocionales (y hasta los que respiran cerca de mi) también han llevado lo suyo; estoy alerta para que nadie me carcoma el alma, el sentimiento y mi esencia. Se que volverán o vendrán en algún momento y pretenderán decirme que no soy del tamaño del estándar, y me echarán en cara mis defectos (que pueden que sean innumerables), pero ya no me asustan, no como antes que me parecía el final de todo si su mentón arriba, no indicaba su señal de aprobación.

Los bichos … “pafuera“!!! TODOS.

(A pesar de lo desagradable que es verles ahí muertos, coloco la imagen para que no olvidemos lo terriblemente que es padecer de compañías tóxicas, sean rastreros o personas) 😞