Octubre Florezco contigo, con lo que veo…🌸👀

Estos días de Octubre la belleza no se ha escondido, simplemente sale al paso y me encuentro con ella, tú me acompañas Cielo, eres parte de la más exquisita, de la que más me me llena.

Como un árbol que despliega su belleza, volando con alas que se insertan en la tarde; son los sueños de quienes como yo no se limitan cuando te miran. Floreces en mis pestañas.

Como espacio que estuvo calcinado en un momento, y la vida le sacude en sus entrañas, llenando con su movimiento todo, nuevamente; es el dolor que alguna vez nos acaba, entonces, lo que sentimos nos rescata y devuelve a la vida. Floreces en mi corazón.

Como un color vivo que resalta, aún en el paisaje más plano o llano y se viste de luz con la visita; así también, nuestra vida aún en sus tiempos de feliz equilibrio y tranquilidad absoluta, cuando es sacudida por el color del amor, resurge. Floreces en mis ganas.

Como ola que se rinde ante la orilla yéndose mil veces, y un millón de veces más regresando, es el amor que pretendemos negar, pero que hace rato tocó a la puerta (entró y se quedó a vivir allí). Floreces en la punta de mis dedos.

Como penumbra que llega con halo de intimidad, conquistando espacios que de mantenían inmunes; es la presencia cercana de quien está aunque no le veamos, y a quien vemos aún con los ojos cerrados. Floreces en mis pensamientos.

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Así pasa la vida…

Puentes… sobre los cuáles andamos, mientras que el agua corre sin que se le detenga,

Sin que nadie reconduzca su cauce de manera forzada.

Por eso me gustan los puentes, por que unen tu orilla con la mía,

Sin que sea necesario que desaparezca, lo que nos separa.

Agua… que en cualquiera de sus versiones nos transmite vida.

Que en su movimiento nos recuerda que nada se queda para siempre.

Que la vemos tranquila unas veces y otra se rebela, y hasta nos asusta.

Esa que corre por debajo de ti y de mi, que también nos moja como una fuente.

Soledad… que acompaña en medio de un todo,

Donde cansados nos detenemos a pensar a dónde vamos.

El sol arriba, el puente abajo, y luego el agua, nosotros viendo por encima.

Silencio solo, alas muy quietas, tiempo de considerar lo que hay en nuestras manos.

Cuevas… donde escondernos del mismo temor que sentimos.

No salimos o exponemos, el dolor no lo queremos en la realidad de nuestros días.

Ilusa seguridad del resguardo; sabemos que en algún momento nos harán daño.

Tiempo en espera, espacio pequeño que tarde o temprano propiciará la salida.

Ventanas… que sirven para asomar el alma, hacia futuros al alcance, desconocidos

Atisbar sin desesperarnos, nuestras manos aunque no llegan, tocan.

Lo que nuestros pasos no hacen cerca, nuestras ganas lo hacen nuestro.

Esperanza de llegar aunque sea luego, sueños que se realizan aún estando dormidos.

Así pasa la vida, mi entras te pienso. Quizás yo con ella también acabe…

Octubre… atardecer y amanecer ¿son distintos?

El atardecer y el amanecer…

Líneas continuas en una historia que nos hemos empeñado en separar, por lo que llamamos horas.

Dos corazones que se aman…

Un solo sentimiento que se mueve en ambas direcciones, retenido muchas veces por las reglas que nos hemos impuesto.

¿Quién los separa?

¿Quien dice que son distintos?

¿Quien viéndoles de frente, a la cara piensa que no es lo mismo?

El mismo ojo del cielo se pasea sin medida

Arriba no se sabe de horas,

No se sabe de tiempo,

No se habla de olvidos, ni despedidas.

No hay separación…

Eres todo, Cielo…

Estás cerca y lejos

Claridad y sombra,

Vida y desconsuelo.

No se puede definir

Lo que está profundo,

Dentro.

Pero estando junto a ti,

Siento que va anocheciendo

Y cuando abres los ojos

Es que ya está amaneciendo.

Tú mi atardecer continuo,

Mi amanecer en silencio

La voz que grita y se calla

Letra, verso, pensamiento

Sensación de madrugada,

Luna que va apareciendo,

Sol que a su llegado

Alumbra el alma por dentro…

¿Quién nos separa?

Octubre… tarde de versos y letras

Yo le vi y totalmente me atrajo,

No pude resistirme a sus encantos

En sus colores se iban dibujando

El camino de todos mis atajos.

Le vi y le amé, fue inevitable

Como flor y sol una tarde de verano

Como gotas derramándose en la mano

De quien terminó siendo insaciable.

Le vi y sus colores me mostraron

Que no existe imposible permanente,

Que toda cambia y es en nuestra mente

Que a cada uno de ellos, conquistamos.

Se coló en mi ser, en mis sentidos

Sacarlo de allí, ya no se puede

Luego de conocerle y en sus redes

No me resisto, no puedo darle olvido

Como es el Amor de inalterable

Aunque trastorne todos los sentidos

Porque aún con el corazón dolido

El no se va, no hay quien le cambie.

Entre mi alma caben los suspiros

Que al verle ahí, tan bello me arrebata,

Aún silencioso mi ser ya no se aplaca

Y solo en él, quiero a mi ser hundido.

Mirarle así, me hace desearle

Cada vez más, a mi ser va unido

Ya no hay una estación en el camino

En la que pueda dejar de pensarle.

Le miro ahí, al Cielo que me gusta

El que se ve y el que desaparece,

Aún así, lo que siento en mi crece

Y debo confesar, que eso me asusta.

Una tarde de Octubre de esas sin dueño, me acerque hasta ti, a hacerte mío, a sentirte ahí, a rozarte, en alas de un buen pájaro me llevo, anhelante… y soñé por un momento que eras mío.

Esa es la magia de la tarde, que nos permite soñar sin amarras, volar aún sin alas, amar a distancia.

Octubre y este atardecer que me regala, versos, prosa y en picada está mi alma.

Como flores nacen en sus alas, los pensamientos que hasta ti me llevan, su vuelo sereno me recuerda la grandeza de amar, sin que esperemos más nada.

El amor es una madrugada, en la que el sol a veces se queda dormido, y aunque no parece o lo hace más tarde, no significa que le es indiferente, o lo peor, que ha dejado de amarla.

Sigo aprendiendo en esta tarde de Octubre, que aunque el amor alguna vez viste de incierto, no se ausenta lo profundo, el desvarío, cuando lo sentimos, cuando nos abraza, cuando nos permite vivir… cuando se le encuentra.

Hojas sin soledad…🌳🤗

Nuestra vida, como un árbol, tendrá un tronco con diferentes ramas, las que estarán o no llenas de muchas hojas.

Durante la aventura de la vida, experimentaremos la cercanía de mucha gente, sin que esto determine el que nos sintamos realmente acompañados.

Lo que somos capaces de transmitir o dar, será lo que mantenga a mas de uno a nuestro lado (puede soñar a mero interés, pero puede ocurrir así).

Hay quien está contigo, estrictamente por lo que puede obtener; esos “damedores” terminan decidiendo cómo debemos ir por la vida para su aprobación, con palabras como: <<tienes que darme>>, <<te exijo>>, <<dame como yo lo digo y estarás bien>> y otras muchas que implícitamente llevan el imperativo de que demos, aún sin querer.

Es en este medio tan demandante, rodeado de gente que exige de nosotros esto y aquello, aparecen nuestras hojas, las de esas acciones obligadas, pero pronto se caen y el árbol sigue quedando sin mucho follaje. A pesar de estar con “muchos”, haciendo “muchas cosas” nos sentimos solos, desnudos . Descubrimos la verdadera soledad, la de ir acompañado y sentirse solo.

El milagro sucede cuando empezamos a dar, de lo que realmente somos, a quienes realmente están interesados en nosotros precisamente por eso, por lo que somos; no por lo que ellos necesitan o demanden de nosotros. Es entonces cuando la magia ocurre; comenzamos a dar y es justo lo que alguien mas anhela recibir. Se vuelve un retroalimentación tácita, una doble vía en la que el amor fluye y en ambas direcciones se da y recibe. Nos ocupamos de alguien más, nuestra atención ya no reposa en nosotros mismos y en nuestros tronco aparecen ramas llenas de hojas, vivas que se quedan por mucho tiempo. No existen más hojas de utilería, esas que se hacen sólo para cumplir o guardar alguna apariencia.

Entonces podemos ofrecer ramas sobre las cuales, alguien en vuelo pueda descansar o lo más maravilloso aún, ramas en la que alguien se sienta tan bien o a gusto, que decida hacer nido en ella, quedándose a vivir en nosotros. Y ya no nos sentimos solos; el árbol está lleno de hojas (aún en otoño) la vida está llena del amor de quien está con nosotros por lo que somos.

Una rama que sostiene..🌳❤️

Nos conquista la idea de volar, de trascender, de libertad.

Surcar el cielo es una experiencia que anhelamos sin parar.

Más allá de lo que podemos pensar o imaginar, el arriba nos pertenecerá.

Pero a pesar del vuelo, que bueno es

Aterrizar.

No tener que batir alas, ni aún siquiera

Planear,

En un momento del vuelo, es bueno sólo parar.

Quien nos aterriza, es aquel que también nos lleva a volar más allá (sin duda).

Nada como una rama en nuestro vuelo, nada como un pecho para consuelo, una mano que te aferre, un lugar para llegar.

Que estemos en modo “vuelo” no implica que podremos estar siempre en el aire, sino más bien que aún estando así, de un lado para otro, alguien nos brinde de su atención y su ser como pista de aterrizaje donde parar y arribar.

Eso el amor, lo da.

Ayer y hoy, hacen del ahora espectáculo continuo…

Hoy amaneció espectáculo, con testigos diminutos de ojos que no alcanzaban a recorrer su imponente belleza. Cielo, tú el fondo perfecto para mis mejores escenas.

Surcos que se elevan, dejando rastro de un pensamiento que sube y viceversa. Cielo, me invitas a recorrerte.

El ahora de una mañana que brilla ante las horas que dormir, ya no quieren. Cielo, te vistes del color de la belleza.

El recuerdo del ayer en despedida es joya inmensa en el cofre inmenso, que se va, que se desliza impertérrito sin dolores que acompañen. Cielo, tú eres de las joyas más preciosas de lo eterno.

Jugar entre sus manos que giran hacia la diestra, dando vuelta hasta completar el círculo, hacen del instante una belleza. Cielo, ese tic tac no te afecta.

Agua que toca la orilla, sublime caricia que se desborda, a veces unas más que otras, y el horizonte con su ojo infinito abarcando aún lo lejos. Cielo, ser sublime te hacen sin fin.

Reflejo largo, imponente. Nada pasa sin evidencia, aún en lo que se seca. Los límites se ven y también el pasar de ellos. Cielo, nadie te detiene.

Caminar en solitario, aprovechar el trayecto para contemplar lo inmenso y en todo eso, encajar. Cielo, eres compañía muda, que también grita.

Acercarnos a lo deseado, va mucho más allá del miedo y aunque seamos pequeños se hace suyo lo eterno. Cielo, libre eres de temores, tiemblas por las sensaciones

Sin duda la despedida, también se viste de lujo; aún en su mortaja el día no desfallece, con sus colores de crece casi cono en madrugada. Cielo, haces tuyo lo que tocas.

Gotas que mojan los pensamientos,

O que mas bien se evaporan en ellos, esos, los calientes, que no se van ni un momento, esos en los que me acerco. Cielo, me mojas.

Luego que van pasando ayer… hoy… queda ese ahora, en el que sin estar sola, el pensamiento volando, llega hasta ti y te toca. Cielo, te encuentro.

Entre ayer y hoy…

Prevalece nuestro ahora,

Ese en el que yo estoy,

Ese, en el que me tocas

Y mis sueños te trasladan

A este aquí, a esta hora,

En que lees estas letras

Son mis palabras calladas

De quien al Cielo, se asoma,

Tú, el Cielo

Me desbordas.