Septiembre que se vá y su lección de atardecer…

Entre lo “Normalito” y lo “Extraordinario”

No me gustan los nueve…

Creo que con la misma intensidad que me enloquecen y encantan los ochos, los nueve no me gustan para nada. Hago esta introducción,  porque a pesar de toda esta aversión por los nueves, en este mes, que “casualmente” es nueve voy con otra de sus lecciones.

Este mes realmente ha sido para la historia… han habido sorpresas, sobresaltos,  momentos muy desagradables, conversaciones aunque no normales, muy buenas y placenteras.

Creo que si pudiera definir este mes con una palabra, seria “Atreverse”. Y el atreverme a expresarme hasta por este medio es la marca distintiva en todo esto y lo sabes, más que nadie, se que lo sabes.

Entendí además que “hacer” lo de hoy no podía quedarse en la sola letra porque entonces el “hacer” quedaba sólo en ganas o a medias sin ningún resultado tangible,  por tanto hay simplemente atreverse y hacerlo. Y entre las sorpresas del camino y sus cajas (si las del camino) se fueron envueltas mis palabras con destino mágico a un puerto seguro.

Pero la lección que me ocupa esta vez, es la de:  “No convertir en normal lo extraordinario…”

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Por lo general,  solemos pensar que todo es normal. .. que el cielo esté azul, que los pájaros puedan cantar o que simplemente nos podamos comunicar, y nuestra “costumbre”  nubla implacablemente la maravilla que constantemente es expuesta ante nuestros sentidos.

Que haya un #CieloAzul de esos que nos seducen y nos dan ganas de perdernos en ellos y volar… eso no tiene nada de normal.  Hay muchas partes donde el clima no deja que se puede contemplar ese azul, y en las partes que si se puede mirar, quizás muchos, por no decir la mayoría, no tienen suficiente sensibilidad en su mirada para observarlo y agradecerlo. Un cielo azul,  aunque pareciera obvio, es extraordinario y cuántas cosas me inspira y me hace sentir. Por eso, ese “mi” Cielo Azul es vital y extraordinario para mi.

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Siguiendo con la lección….El atardecer de hace unos días fue radiante!  Era como si el sol hiciera gala de su fulgor y se despidiera con todo el fuego del deseo que lo llena en toda su plenitud. Su despedía fue como diciendo: ¡Ey! Recuérdame así como soy… En todo mi esplendor.

De este lado, el de mi orilla, aquí.. fue un atardecer en colores de oro ¡todo relucía!

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en otro lugar quizás tu orilla, la de más allá,  los colores fueron en tonos más azules,  pero aún así, ambos escenarios espectaculares.

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No podemos llamar “normal lo extraordinario”, solo porque nuestros ojos simplemente no quieran ver y nuestro corazón se haya quedado dormido en el bostezo de la rutina… No debemos por la fuerza de las costumbre condenar a lo bello y extraordinario a lo simplemente normal. Acaso es normal tanta belleza, lo sublime, lo mágico, la entrega, la presencia, el transmitir amor, es normal? Basta mirar a nuestro alrededor y nos daremos cuenta que no. Lo que ocurre es que tropezamos a diario con la belleza que le colocamos la etiqueta (como ahora todo lleva una) de normal.

Sin embargo, si nos ponemos a detallar, la magia ocurre cuando a pesar de existir ambientes  distintos para una misma escena,  ambos nos convocan a estar juntos al contemplarlos y la cita se vuelve extraordinaria.

Una maravilla nunca va a ser normal, aunque la vistamos de rutina y la opaquemos con pensamientos de desinterés.  Tan sólo con el hecho de que uno de estos atardeceres nos abrace y nos haga volar en sus colores e imaginamos quizás como puede estar ” tocando” esas orillas distantes, esas en las que el mismo atardecer , en la medida que el día avanza hacia su final, simplemente se sumerge en ellas… Las misma  que están separadas por grandes extensiones de agua, pero unidas por los colores extraordinarios que arroja el cielo en la despedida de otro día… eso me indica que es algo extraordinario.

Como los atardeceres,  son algunas personas… unos la toman como “normal” porque aparece todos los días, regalando su esencia, dejando huellas que quizás algún viento borra. Pero yo, la de mirada profunda, la que observa con el corazón y toca tu esencia con sus sentidos… yo se que al igual que los atardeceres lo extraordinario está en ti,  ya sea por muchos colores o por tonos grises que te acompañen. Y me gusta sobremanera saber que no he perdido la capacidad de encontrar lo mágico en medio de la cansona rutina.

La maravilla de lo extraordinario “es” existe… a pesar de nuestra ceguera que se empeña en hacerlo pasar como inadvertido.

Que fantástico es, que ésta lección de atardecer de este Septiembre que ya se va… traiga tu recuerdo hasta mí.

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Y para confirmarlo… El atardecer de ayer, fue un verdadero espectáculo… Y por supuesto que mis pensamientos estaban ahí, contigo el Extraordinario.

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AC✴

Septiembre y otra lección de sus atardeceres

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El atardecer de ayer fue algo bello.

Aunque el tráfico,  el sonido de cornetas incesantes que gritaban: ¡apúrate! en la locura de la prisa coleftiva de mi ciudad y porqué no decirlo, la.paranoia también colectiva reflejada en el temor de no pararse en ningún lado porque alguien se puede antojar de ti para quitarte lo que ellos consideran que les pertenece por el ejercicio de la fuerza o por la intimidación de algún arma, todas ellas me impidieron de algún modo contemplar lentamente la transición de ese atardecer… También puedo decir que a pesar de eso, en medio de ese movimiento lo pude ver.

Viendo la paleta de sus colores, simplemente había algo impresionante que pasaba arriba. Los grises rastros de la lluvia que a manera de regalo se presentó ayer, después del medio día,  (luego de una semana con 35° y hasta más de temperatura por estos lados) era el fondo perfecto para ver rafagas de rojos, azules, morados, narajas y un amarillo que se colaba de algun modo producto de un sol que se había bañado con suaves gotas en su paseo de ayer.

No alcancé a registrar eso en foto, pero creo que le hice más justicia describiéndolo de forma audible, para quien disfruta de esto tanto como yo.

De este atardecer una vez más,  me quedó una lección…

Aunque quise llegar a tiempo para su captura,  ya se había ido para cuando llegué a un lugar “más seguro”. Y pensando en esto, recibí el mensaje y entee mis pensamientos, tomé nota unq vez más:

“Aprovecha lo bello”, lo hermoso,  lo que captura tu atención mientras puedas hacerlo,  porque en algún momento ya no estará más.

En el caso de los atardeceres pasan en cuestión de minutos y es imposible detenerlos (anque se puedan grabar). Del mismo modo ocurre con las personas y hasta con lo que sentimos;  si no nos detenemos a contrmplar, a abrazar  a decir: aquí estoy yo para ti… puede que a ese atardecer le sorprenda la noche y ya no vuelva la oportunidad de decir y hacer lo que pensamos podíamos dejar para luego.

Y no es que el ahora sepulte o ahogue el pasado de ayer, ni desdibuje las horas del mañana; es sólo que ese ahora que no atendimos en el pasado y que nos hace lamentar algunas cosas en nuestro hoy, es el mismo que  si pasamos rápido por ocupados o distraídos, es el que nos va a pasar factura en el vacio que encontraremos mañana.

Lo que hay que expresar, hay que hacerlo ahora;  no mañana, no después… porque esas son palabras para los que quieren vivir la vida de forma posdatada olvidando que su fecha de caducidad cada instante está más cerca.

Llegué y lo vi, me acerqué, contemplé. .. ya no era el mismo, se veia de otro modo, estaba como de despedida final, pero le abracé con el amor del que entiende con gratitud  la lección enseñada. Y él, el atardecer se despidio con una sonrisa tenue del que exhibe una misión cumplida. .. me recordó a ti…

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Y tambien me recordó mi atrevimiento al  no dejarte pasar sin pararme  a disfrutarte…

AC★

Septiembre y una lección de atardecer

Detenerme  a ver este atardecer me recordó una vez más que a veces hay que ser como el sol…

Nunca falta una nube gris rondando por nuestro cielo (por muy azul que parezca en algún momento se tiñe de otro color). Vendrá algo o alguien que nos provoque dejar de brillar o al menos por un momento consiga opacarnos.

Y puede que nosotros mismos lleguemos a decir:
¡Se le acabó la vida al sol!

Hay palabras que cortan o más bien silencios que desgarran y la nube va creciendo… Y lo azul del cielo simplemente desaparece ante nuestros ojos.

Viendo, o más bien contemplando este atardecer me di cuenta que no es así… Al  menos no esta vez.

Es cierto, las nubes grises estuvieron, la palabra se dijo, la herido se abrió, el dolor hizo su “agosto” contigo o mejor dicho conmigo… Pero el sol es el sol, nadie lo “eliminó”.

Ni aún esas nubes que en auto engaño pretendieron ponerse a su altura; aunque pensándolo mejor y haciendo justicia con las nubes, como que no fueron ellas quienes pretendieron nada, sino que fueron mis ojos quienes se limitaron a ver una sola parte del cuadro.

A pesar de un supuesto mal tiempo, el sol, el amigo de la mañana y de la tarde, estiró sus brazos y sus rayos inevitablemente se dejaron ver, no hubo forma de evitarlo, simplemente se mostró, se exhibió… Sencillamente fue él en su esencia más pura.

A veces igual nos ocurre con lo que sentimos… Luego que una ” balde de agua fría” nos cae encima y nuestro pensamiento reactivo inmediato es: “ya no habrá lugar para sentir”… Cuándo menos pensamos algo se re-enciende en nosotros (sin que lo podamos evitar)  y quizás el mismo que nos lanzó el agua con su frialdad, sea quien reciba nuestra más calurosa muestra de afecto.

Complicado…?
Nada con el ser humano es sencillo!
Por eso somos humanos…
Este atardecer y sus lecciones, realmente me lleno el corazón de emociones.

Sólo me quedó pensando en tí y en tu balde de agua fría…y en el tamaño real de mi sol y lo que siento.

AC✴

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Septiembre y sus sorpresas

En mi andar de hoy, entre pasos llenos de preguntas que rayaban en lo absurdo y un duro silencio que gritaba a mil voces: ¡te estás equivocando! tomé ese camino,  el mismo que he recorrido otras veces… ese, el que no conduce a ningún lado, pero que irremediablemente nos empeñamos en recorrer. Ese que es una opción, pero que para el engaño de nuestra tristeza obligatoria se convierte en un mandato y nos dejamos arrastrar por allí.
Era casi la mitad del día y emprendí mi paso. El sol era como mi sombra; a cualquier lugar a donde me movía,  allí estaba, sería por eso que en el fondo si era él quien reflejaba entonces mi sombra.
Pasaron muchos minutos en la calle,  allí donde nadie se conoce y cada quien camina o anda con una historia a cuestas,  con un drama que muchas veces se disimula o que otras veces se silencia, como en el caso mio.
El sol me perseguía con sus rayos, pero yo tenia frío… de ese que se aloja en los huesos del alma y consigue quebrarlos hasta hacerlos polvo, y por supuesto a ella (el alma) con ellos.
Recordé un  olvido tras otro, una indiferencia y otra, un desinterés y todos, tanto que llegué a recordar que habia olvidado la decisión última de no querer recordarte más, al menos no tanto.
Las cornetas sonaban, la vida seguía pasando ante mis ojos y yo ahí, acompañada de mis pensamientos en una fría soledad rodeada de 35°C  que quemaban y eran los que regían aquella hora del día. Mis mis pasos eran lentos, y de una forma casi automática, como quien vaga perdido en un desierto que conoce, me encontré ya cerca, en la calle de mi casa, esa el lugar donde está el depósito de mi vida, donde los sueños muchas veces se amontonan peligrosamente hasta amenazar con desbordarse de manera hasta impúdica. Ese mismo lugar donde los deberes cuelgan de las paredes y el placer no existe en la cama del reposo. Ahí, hacia ese, mi lugar me dirigía.
Siempre que ando paseando la soledad, por muy pesada que parezca, me doy un tiempo aunque sólo sea en segundos de simplemente “contemplar” y eso permite que siempre la tristeza tenga algún color que no le deje ganar la batalla definitivamente. Vi un par de cosas que llamaron mi atención y el impulso natural era hacerle un click y registrar ese instante, esa belleza, ese color en una fotografía; sin embargo el temor a la inseguridad y al que quiere hacerte daño, aún cuando por dentro tu estés más rota de cualquier herida que ellos pudieran hacerte, una vez más me lo impidió.  Y pasé frente a la maravilla, silente, con una sonrisa a medio construir, como esas que una es experta en mostrar cuando se ve a la persona que se quiere retener aunque sea por el segundo más intenso de la vida; y simplemente él sigue su camino y se va… y la sonrisa queda allí.
Ya el rumbo estaba trazado, en pocos y hasta lentos minutos estaría de vuelta a mi seguridad, a mis no puedo o mejor dicho no debo, a los mandatos contínuos,  a las rutinas que te hacen salir aprobadas ante un jurado que no conoce la imparcialidad sino su comodidad. Ahí estaba, con la mirada entre la acera y la calle, sin levantarla mucho con la excusa del sol a pesar de mis oscuros lentes;  pero de pronto… el regalo de una sorpresa una vez más me favoreció y simplemente me sorprendió.

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Me sorprendió esta flor, si, esta, amarilla, radiante.  Ingenua, pero bella. Joven pero segura. Recatada pero exhibiéndose. Llamó mi atención como quien dice ¡Ey! No te vayas así,  sin mí.
Me recordó el color de la Iniciativa que a veces pierdo, por el cansancio de tropezar siempre con las mismas respuestas indiferentes y vacías;  sin embargo realmente me cautivó.  Por unos minutos ya no me importó nada… solo ella y lo que me quería contar. Mientras acariciaba sus pétalos y al fin sacaba el móvil para fotografiarla, ella posaba con tanto gusto y me iba recordando lo importante de no dejarse vencer, y al fin entendí que este encuentro había sido el motivo de mi salida de este día. Entendí al ver su plenitud y su actitud tan radiante,  que aún cuando ella sabía que ya pronto moriría,  estaba allí… mostrándose,  sin ocultar lo que era, sintiéndose bien con su lugar en el mundo,  no pensando en el ayer y mucho menos en el mañana, sino sólo disfrutando de ese momento que nos pertenecía.
Por supuesto la fotografía fue hermosa, pero más aún lo que esta flor me hizo sentir.. y sobre todo la grata dicha de ser sorprendida una vez más por la vida.
Por eso, se los quise compartir.

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