Junio que se viste de atardecer, con los colores del amanecer

¿Quién dice que este atardecer no fue tan alucinante como el amanecer..? se han prestado los colores!!!!


Mientras el sol ardía allá arriba, por aquí abajo ardían las balas en los cañones de algunos, que continúan en pie de lucha en una realidad que no alcanzamos a entender de un todo en esta, mi Venezuela, la de Sur.

Me preguntaba hoy, y también a ti te pregunté, por los motivos que tenemos para celebrar.  ¿Qué celebrar en un contexto de caos y adversidad, de hambre y desasosiego..?

¡Pues, celebrar la vida!  🎉

  • Que aún podemos contar lo que ocurre a nuestro paso.  
  • Que aún podemos sentir con todo, sea correspondido el amor o no. 
  • Que el aire nos roza y los sentimos, podemos experimentar caricias.  
  • Que tenemos trabajos o actividades que hacer, y eso nos conecta con el sentido de utilidad necesario para dejar huella donde estamos, ya sea de la manera tradicional o no.  
  • Aún, y en medio del caos, celebramos el que se tengan ideales por los cuales luchar; sean de uno o de otros, porque sin ideales, la vida es simplemente vana.

Y el cielo no se hizo esperar, y nuevamente ardió en la despedida del día…


Y en medio del estrés que me causaron los disparos, como portadora de la esperanza y haciéndome la invitación formal a celebrar, Luna también apareció.


Y una vez más comprendí, que: 

Ante la peor situación, el peor de los dolores, el más grande desamor que nos pueda herir…  hay esperanza de que si puede cambiarse, revertirse o hasta estrenarse una nueva situación, una mejor sensación, un inigualable amor.

Ahora, las sirenas suenan, no sé si de ambulancias o patrullas, por lo que sea, celebro en esta hora el poder estar aquí, escribiendo esto, que en algún momento leerás… y volverás a saber (una vez más), lo que siento en este ahora, y por ti.

Está soy yo y lo que me embarga… en este atardecer que ya acaba, vestido casi con los colores de la mañana.

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Junio… de cerca o a distancia

Este día de Junio, solo me dice que:

Quien se queda en la distancia, jamás disfrutará de la magia de estar cerca.

A veces nos conformamos con ver desde lejos, sin acercarnos, navegando entre el mar de la dudas, sintiendo como los temores silencian nuestros gritos de libertad.

Pero este día me invita a acercarme…


Me dice que no solo me asome y vea, sino que abra el resto de mis sentidos y: palpe su latido, saboree de lo rico de sus horas, aspire el olor de la oportunidad de hoy y escuche su voz cuando expresa con su esplendor que también está para mí, aunque a veces ni yo misma lo crea.

Una vez más me arriesgo a acercarme, aún sabiendo que quizás allá una distancia que me lastime. Atiendo lo que me dice el día, yo si me acerco…

Díade Junio, semana que inicia …

El día sonríe con la luz que se esconde entre nubes de alegría.


Cambia en tan poco tiempo y dibuja un semblante  nuevo, que es impredecible saber qué vendrá más adelante. Eso lo hace excitante.

Sus matices bellos, nos inspiran  a tomar cada hora como un hermoso paquete puesto a la puerta de nuestra alma, que nos atrevemos a tomar para nosotros, por presentir que la mejor oportunidad esta contenida ahí, en lo que nos atrevemos a abrir.


Las ganas del día no se quedaron tiradas en el letargo o la tristeza del aguacero de ayer… hoy se despertaron con la fuerza de conquistar lo inconquistable, de eso a lo cual ni siquiera nos asomamos por temor a no obtenerlo.

Junio, hoy despiertas considerando el valor de sonreír… porque sabes perfectamente a que saben las tristezas.

Hoy sonrío contigo, en medio del Cielo que me embarga.

Realidad o sueño…

La mano sobre el picaporte, a punto de girar y salir al mundo exterior.  Su respiración es muy lenta.  Suspira pensando en lo que deja atrás. Su mano tiembla, no  como temblaba hace apenas unas horas, cuando paseaba por el cuerpo de ella como escultor sobre su toca.

Si tan solo se atreviera… si se quedara. Pero sobre él, la vida, sus implicaciones, los deberes que ya hoy sobran, los argumentos, los preceptos, las razones y hasta un  sentimiento que presume quedó en alguna gaveta de la vida de todos los días dicen que, debe girar la manilla abrir la puerta y salir de allí.

De soslayo voltea y la mira ahí, dormida plácidamente; su respiración profunda como hace mucho tiempo no tenía. Sus ojos cerrados con el placer descansando sobre sus párpados, envuelta en sueños que no quiere dejar de soñar.  Su mano sobre la almohada de al lado, quizás creyendo que es él, quien todavía ahí descansa.

El recuerda cómo empezó este día, como cualquier otro en sus rutinas, la de ambos.  Ella,  entre archivos de sus pacientes, cerrando el cajón asignado a cada uno, como si de esa manera pudiera tener los demonios de ellos encerrados ahí, para no correr el riesgo que se fueran de fiesta con lo demonios propios de ella. Sobre su escritorio de cristal y un consultorio a lo minimalista, una tablilla con un discreto tintero que se deja leer “Psicóloga”.  El corazón roto hace años, despejada ya de las dudas que deja su incertidumbre e independiente de sentir por quien no lo merece. “Agua que no has de beber… que se vaya río abajo”, se repite cada día. Insomnios trasnochados que no se arreglan con lo que receta a los que gustosamente se hunden en su poltrona de conversaciones diarias.

Él, abogado de renombre; hombre presente en la corte recurrentemente, recto, admirado por todos, una sonrisa discreta siempre bien formada en su semblante, lo que tapa por completo un vacío que deja la tristeza de una rutina que no acaba, de una pasión que no se enciende, de una simple vida ordenada.

Ambos en el mismo edificio por años, sin toparse, sin ni siquiera encontrarse en el lugar donde estacionan, que dicho sea de paso es a tan solo una hilera, de un carro al otro. Hasta hace seis meses que ambos estuvieron sin sus vehículos, por razones distintas, pero siendo peatones iguales.  Una tarde de lluvia, de esas se Junio,  a la salida del hogar de concreto que los cobija cada día, casi se desafiaron por tomar el primer taxi disponible. Una mano sobre la otra para abrir una manilla, y al final un gesto amable que inundó  sus vidas, más que la lluvia. Un taxi compartido, un sobre olvidado que le hicieron a él subir hasta el consultorio de la “doctora”; una llamada para consultar un aspecto legal de un paciente llamado a juicio, un encierro por 45 minutos en un ascensor y la fobia de ella a lugares cerrados.   Parecía que la suerte los reunió de forma descarada para que en la mañana de hoy, él saliera disgustado de la oficina, viniendo ya de casa con el  gris acostumbrado.  Decidió tomar aire por un balcón oculto tras las escaleras del gran edificio, ella subía cargada de papeles desde  dos pisos anteriores cuando decidió bajar al sentirse  incómoda de ver que las luces del ascensor parpadeaba.  Por un momento pensó: -Si fuese en su compañía, me agradaría que se cerrará nuevamente.  Pensando en eso sonreía y mientras lo hacía el tacón de su sandalia se enredó con el escalón que seguía y giró, rumbo a estrellarse contra el mármol de las mismas escaleras que pisaba.

El accidente fue evitado por unos brazos que la sostuvieron oportunamente. Él estaba allí, pegado a su rostro, los papeles que traía rodaron por el piso y otros tanto volaron por el aire y en medio de una escena como la cámara lenta de una película rosa, sus ojos se encontraron, sus bocas se desearon y la salvación vino  para ambos.  Fue un beso largo, el mundo se detuvo, los dos fueron partícipes, los dos anduvieron a la carrera una ruta que en sus vidas normales, jamás hubieran ni siquiera dado un paso para andarla. Ella se separó un poco de él y sólo alcanzó a decir entre una sonrisa que más parecía de miedo que de otra cosa:

-¡Qué susto, casi me caigo!

El seguía sujetándola de la cintura, ella con sus brazos en su cuello, aunque ya no tenía riesgo de caerse, al menos no por la escalera.

-Te ayudo a recoger los papeles… -dijo él- y ambos de forma natural se agacharon para hacerlo, hubo uno que salió por el balcón donde había estado el abogado hacia tan solo unos minutos.

-Debo ir por eso que cayó por la ventana, fueron las palabras de ella en un susurro, mientras agachados recogían lo que aún estaba en el piso. Las manos de ellas y las de el temblaban, buscando los papeles… buscándose entre ellos.

-Te acompaño, solo dijo. Sin dejar de mirarla siguieron hasta el ascensor para ir en busca de lo que estaba perdido.

Lo que encontraron entre las paredes metálicas del ascensor fue una pasión que ninguno sabía que tenía por dentro. Los besos no podían dejar de pasar de una boca a la otra, hasta que el ascensor anunciaba con su sonido que llegaban a planta baja.  Cada uno acomodó su ropa, ajada un poco por lo intenso del encierro, y salieron.

Buscaron las hojas que habían visto descender por el aire, caminaron uno junto al otro, dándose cuenta que el día brillaba como ningún otro y así llegaron hasta donde estaban ahora. No encontraron papeles, pero si el camino…

Sin darse cuenta de la hora, sin pensar en los compromisos del día, simplemente pasaron por una recepción y subieron a una habitación y de eso  habían pasado algunas horas, quizás muchas y contadas para los del mundo que esperaba afuera, pocos minutos para ellos. 

Entre risas y cuentos, deseo y placer habían pasado el día más diferente y exquisito que en muchos podían tener memoria.  Recordaron como se habían conocido, el taxi, la lluvia, las llamadas, el ascensor y hoy nuevamente el ascensor…  era increíble  cómo en estas pocas horas, sus vidas habían  conectado de una forma tan definitiva , una complicidad tácita con tinte tal vez eterno, superior a la que habían logrado  tener alguna vez  con ninguna otra persona, aún las que estuvieron o estaban ligadas a sus sentimientos pasados o presentes.

Por un momento él dejó salir su incomodidad, la camuflada diariamente, con el permiso de quién puede exprear lo que piensa sin miedo alguno, luego se dio cuenta que  nunca a nadie había sido capaz de contarle eso, por temor a parecer desagradecido y sobre todo por darse cuenta el mismo, de lo desagradable que aveces se volvía  su propia realidad. 

Ella por su parte permitió que el fuera su “psicólogo” por un rato y también habló de sus dolores, de un pasado muy frustrante, y de una soledad escogida con premeditación.  Pero el deseo los supero y los hizo hundirse en él, olvidarse de todo lo que estaba fuera de ese momento juntos. 

Lo disfrutaron tanto que ninguno vio pasar las horas, excepto para comer lo que el servicio les trajo hasta su puerta. Ninguno de los dos habló de irse, y mucho menos de quedarse.  Ambos sabían que era lo único posible, solo tenían ese ahora, no habría fotos, ni reuniones comunes, no era un camino para ser transitado por tiempo determinado, era el amor concentrado en pocas horas en un tiempo que se eternizó mientras lo tuvieron entre sus manos.

El cansancio les hizo dormir y al despertar el no quiso molestarla; contemplarla dormida era un premio que no dejaba de admirar… por un momento pensó que era capaz de dejarlo todo por quedarse así con ella, y luego la razón subió sobre la superficie del corazón, haciéndole volver.

Ahora frente a la puerta, con una mano para abrir su salida del paraíso, solo quisiera volverse y navegar junto a las sabanas, por la curvas que ha conocido en este día; esas mismas por las cuales sus pensamientos se van a deslizar cuando quiera.  Quisiera estar ahí cuando ella abra los ojos y comérsela a besos, pero hacer eso implicaría que ya no podría salir de las redes que hoy cupido ha tendido entre ellos.  Todavía piensa:  —aún puedo decidir dejar esto hasta aquí -sin que sus raíces le retenga-. 

Abre la puerta y el aire que respira afuera, más bien le asfixia, no le sabe a ella. Sale a la calle, vuelve al edificio de su trabajo y ahí trata de perderse en la normalidad de un día que definitivamente no lo es.   

Baja al estacionamiento y toma el camino hacia su rutina, son las 6:30 pm y él se encuentra de cara con su verdad, los compromisos de esta hora le esperan; mientras sus pensamientos vuelan al inicio de este día.  Ese inicio cuando envuelto en los fantasmas que no mostraba a nadie, salió por un poco de aire a gritar su insatisfacción, a dejarse llevar por su pensamiento anhelando que apareciera su compañía de ascensor y así poder darle rienda suelta a lo que su mente pensó cuando la tuvo tan cerca.

Ella no quiere abrir los ojos, su próximo paciente quizás pueda esperar, mientras se fascina con lo que recuerda a párpados cerrados, siente sus manos, su respiración, su placer… este día comenzó y le era imposible subir a aquel ascensor y no anhelar que él estuviera ahí, que se volviera a cerrar, como hace un tiempo atrás. Lo irónico es que va sola y se asusta al sentir que sus luces parpadean y con eso  la subida se trastoca.  Sale del ascensor y comienza su ascenso en las escaleras…  alguien toca a su puerta , su asistente le avisa que ha llegado un paciente en crisis.  Ella no quiere abrir sus ojos, quiere quedarse a vivir allí, en lo que no sabe si es sueño o realidad.

Alguien dice el nombre de él: —¡Con que aquí estabas! Tengo rato buscándote amigo, te están esperando en la sala de juntas. Él, parado en el balcón abre sus ojos y ve caer por el aire unas hojas de papel. La presiente.

El abre la puerta, ella se endereza en su asiento y al levantar la mirada le ve, es él, en su consultorio, él quien tenía la emergencia… está ahí, tan real como en la escalera, como en el ascensor, como en la habitación. Ambos se miran y saben que va a pasar. Nadie les hará despertar. Nadie puede delimitarle lo que es real y lo que está en sus pensamientos o sueños… nadie.


Corazón Roto…

(Para los que saben que siente un corazón roto)

Cuando un corazón se rompe,
cae su vida en mil pedazos,
Ya no existe la alegría,
se olvida de los abrazos.

Cuando un corazón es roto,
por desamor y hasta olvido,
No hay cobija que lo arrope,
nada le quita ese frío.

Cuando un corazón se ha roto,
estamos rotos por dentro;
No sabemos ya de risas,
hay un sentimiento muerto.

Cuando un corazón se quiebra,
por desprecio desalmado,
Somos un alma en tiniebla,
tristeza y desengaño.

Nos matan, si el corazón,
roto nos lo han dejado,
Y aunque por fuera seguimos,
por dentro estamos varados.

Cuando un corazón se ha roto,
y hay dolor por todos lados
Pareciera que no existe,
Nada para ser sanado.

❤️Pero… hay esperanza…
Si, para un corazón roto,
¡aunque parezca increíble,
imposible y hasta loco!❤️

Solo el amor puede hacer,
Que sus partes se fusionen,
Que haya vida otra vez,
Que vivan los corazones.

Un corazon que está roto
Y sangrando de dolor,

Solo puede ser sanado
Con la magia del amor.

Recorrido..

El día de ayer, me permitió hacerme consciente de algo:

Hay un recorrido diario que la luz hace…


Indistintamente de que la veamos o no, aparece.  El sol como su portador cada mañana inaugura la posibilidad de un día más. Un día más para saborear lo que  nos espera en sus horas, un día menos para los que aspiran disfrutar la eternidad.

Unas veces preferimos quedarnos envueltos en las sabanas, abandonándonos a un letargo que habla más de escondernos a nuestras propias realidades, que a extasiarnos en sueños que nos arropen. Pero al verle o no, nos hacemos testigos tácitos o activos de lo que la luz del día nos muestra.

Así como esa misma luz hace su recorrido, también nosotros los hacemos…


Unas veces mas explícitos, más atrevidos, nos mostramos.  El recorrido se hace rapido, no podemos evitar el ser vistos; simplemente queremos irrumpir de alguna manera en la vida de alguien, en un espacio no conquistado, y allí, como el sol, como la luz… entramos.

Luego que conseguimos “nuestra posición” nuestro recorrido de alguna manera se detiene, se estanca, se conforma…


No necesitamos más que estar allí, en nuestro cielo, en nuestro espacio, nos acomodamos tan bien que olvidamos que a todo día le llega su noche.


Nos obligamos a olvidar a que sabe la noche, y pretendenos deshacer los pasos de nuestro recorrido por allí, nos decimos a nosotros mismos: 

– No existió, esto es lo mío, solo sé de esta luz.

Y por supuesto nos alumbramos tanto, y las pupilas de nuestras emociones llegan a estar tan dilatadas que fuera de eso que creemos, nuestro único recorrido, no nos atrevemos a ver más nada, porque simplemente a nuestros ojos no existe.

Hoy, este día de Junio me dice a través del sol, que tenga presente que en el recorrido no solo podemos estar mostrándonos y brillando, tal como la hace el sol, sino que también hay horas de penumbra, en las que el  paso se detiene, y simplemente salimos de escena. No olvidando eso podemos avanzar tranquilamente cuando nos toque, sin necesidad de sólo colgarnos en la comodidad de lo que creemos no se va a mover.


Nada es siempre igual, aunque nos parezca, aunque el paso a paso de los días nos resulte conocido tiene implícito sus bemoles distintos, sus diferencias, momentos de más y menor intensidad y emoción. No siempre estamos al mismo ritmo o con el mismo sonido, y aún cuando el camino que toque por recorrer sea el único que tengamos, no lo asumiremos de la misma manera todos los días: no de manera idéntica.

Y puede que existan momentos cumbres que pongan al  relieve lo que nos llena, lo que nos hace temblar de solo pensarlo, sin embargo también hay otros, en los que algo de manera circunstancial o no, también cubre eso y solo podemos conformarnos con su resplandor.

Nada se mantiene estático… insisto, nada.

Como el sol sale en su recorrido y lo hace cada día, porque sabe qué hay nuevos caminos que pueden surgir.  Igual nosotros recorremos el camino, con las sorpresas que se presenten, estemos preparados para ellas o no.


La luz, en su recorrido sale, brilla con todo su esplendor y luego, simplemente de retira para volver otra vez cuando lo cree oportuno. Nuestro recorrido diario puede ser similar…en el que a veces también aparecemos, brillamos y luego por alguna razón nos apagamos.  Pero necesitamos el mismo empuje del sol, para volver a salir, a la vida, a nuestro recorrido, a menos que definitivamente se acabe nuestro camino…