De paseo por la Vida…😳

Definitivamente, los días de la vida nos tienen guardados hechos, que no pensamos nunca que pudiéramos  observar y mucho menos ser parte de ellos. Pero, definitivamente las sorpresas abundan más de lo que nosotros mismos imaginamos.

A veces conocemos o tenemos personas en nuestra vida, que no creemos que puedan en algún momento hacer algo o someterse a alguna situación, porque se creen “muy por encima de” o porque simplemente se han encargado de decir audiblmente que no lo harán… pero a veces, quizás solo a veces; la vida solita se encarga de poner a cada quien en el tren que le toca viajar, y es así, que entonces nos encontramos a las personas menos pensadas en el vagón, que reparte lecciones.   Esto puede sonar  normal en la supremacia de quien lo controla todo, sin embargo lo que no es  cotidiano es que una como yo, sea testigo de ello.

Y compruebo con un asombro agradable que: cada cual en algún momento, tomará asiento en ese tren. Si se aprende o no, es asunto personal de cada quien, pero la “clase” para ser enseñado está disponible, y el boleto para subir está en el bolsillo de todos.


La vida sigue su ritmo, con o sin nosotros, haciendo un despliegue de su belleza, repartiéndonos regalos que ni esperábamos.  A veces nos envuelve sonrisas entre paréntesis de lagrimas, que no alcanzamos a entender, pero que son propias también de la existencia. Nos permite asomarnos a su ventana, y ella misma se ofrece para pasearnos,  como diciéndonos entre uno y otro día:

Espera un poco, todo pasa oportunamente… así que mientras, disfruta el viaje.


Y hoy decidí, simplemente dejarme llevar… anduve “De paseo por la Vida”. Mientras muchos pensamientos me acompañaban hoy, vestidos de un sentimiento que nunca me deja andar sola,  vi el camino y la vida moverse y simplemente me dije: —De nada sirve, que te detengas.  Así que subí al autobús de la vida y ella cortésmente, me llevó a lo ancho y largo de su ruta.

El día estaba esplendoroso, y aunque de este lado del mundo anunciaron tormenta tropical y restricción de salidas de embarcaciones marítimas pequeñas en toda la costa, fui a dar justamente al interior de una de ellas.  No parecía fácil hacerlo, pero en definitiva a veces no se trata de lógica. Y ahí estaba yo,  frente al mar, uno que no es el de mis atardeceres acostumbrados, sino uno, que la vida  me dio de regalo extra.


El día se dejó ver despejado, nada que ver con lo anunciado por los que saben del clima. Y me dio por pensar que: “A veces es tan cómodo quedarse en una orilla“. Cuando nos quedamos en ella, ni siquiera es necesario mojarnos, mucho menos incomodarnos por nada. Desde la orilla podemos solo contemplar, pero no necesariamente queremos llegar más allá. Es para lo que se resignan o se acostumbran a algo estático o hasta cíclico, y no  se atreven a más, porque simplemente, no quieren (y quien puede condenar eso?).

Sin embargo hay quien quiere conquistar la incertidumbre, y hacerla jugar en su propio equipo, subir al bote y recorrer la distancia hasta la otra orilla. Ese es precisamente,  el puente tan necesario que nosotros mismos fabricamos para poder atracar en el muelle de la sonrisa diaria.

Y así es como uno termina,  subiéndose al bote, como sucedió  hoy (quizás a pesar de los pronósticos nefastos  que en nuestro alrededor nunca faltan).


Llegar a dónde queremos, puede llenarnos de temor en el camino, pero en la medida que avanzamos, lo vamos haciendo cada vez más nuestro. Y asi fue como siguió el paseo por la vida, el agua abrió el camino y la otra orilla pedía ser visitada, en la medida que me acercaba, se alejaba más del imposible, que quizás alguna vez pude sentir cuando solo miraba desde la orilla origen. 


Es increíble cuanta diferencia hay de un  lado a otro… y comprendí una vez más que la actitud con que se asuma cada extremo de nuestra vida, determinará cómo se ve y sobre todo, como se siente.

Pude comprobar cómo el agua, tan viva como cualquier ser que respira sobre esta tierra, en su propio movimiento, deja huella. Nada se queda igual cuando constantemente es impactado por algo, aunque parezca sutil.

Encontrarnos con tanta belleza, hace que nuestras propias expectativas, palidezcan. Las nubes jugaron a tocar la montaña, y en medio de un sol tan intenso que podía broncear a cualquiera en pocos segundos, la brisa fresca también se hizo sentir.  Del mismo modo también ocurre con nuestras situaciones más difíciles, en las que a veces sin saber cómo, entra un poco de respiro para nosotros a través de algo o alguien…


La vida una vez más me dijo que estaba Viva (ella… y creo que yo con ella), a través del agua, el aire, el sol, la arena… todo respiraba junto conmigo. Increíble cómo todo fluye en su lugar sin intereferir con lo demás. Un espectáculo de belleza natural, no se afecta porque sea muy fuerte la temperatura, todo va bien…


Hasta en los ejemplos menos agradables, la vida se mueve, trasciende y se hace dueña del lugar. Por eso se llama vida.
Pude darme cuenta además que pueden haber diferentes “orillas” aún en la misma playa… como las alternativas de la vida en la cual hay versatilidad aún en los sentimientos . Unas orillas son solo arena más oscura.


Hay otras orillas mas cristalinas, donde todo queda al descubierto, aún lo que hay en la profundidad 


Y otras además, en cuya superficie arroja la muestra de lo que contiene dentro, de una forma abierta y constante. Pareciera no quedarse con nada o que tiene mucho para compartir.  Me gusta ser como esas orillas, que tiene algo para entregar…


Nada se queda sin destacar, cuando nos damos la oportunidad de admirar como la vida se mueve… todo tiene el brillo de la existencia y todo de alguna manera respira. Lo que me llama la atención, es que somos nosotros, los “humanos” los que a veces podemos experimentar el sentirnos vacíos y sin vida.


La vida sigue alumbrando, y yo de paseo con ella. Cada rayo de luz grita que podemos encontrar su reflejo dónde queremos. Estar en cualquier paso del camino y poder apreciarlo, es una bendición.


Por supuesto que la pila de mi cámara se acabo antes de poder recoger lo que el día me regalo en el paseo por la vida, sin embargo con mi ojos abiertos contemplando la inmensidad mientras mi cabeza estaba sobre la arena y bajo la sombra de un árbol, pude entender  una vez más que el mejor registro que podemos tener de algo o alguien ocurre en nuestra mente, es nuestro propio recuerdo.


Dependiendo hasta donde dejemos correr nuestro enfoque, será el registro que en total tendremos.
Donde menos imaginamos y en las condiciones más incómodas, la vida se manifiesta, vibra y hasta se ve contenta  (la vida) entonces me pregunto: ¿porqué para nosotros tiene que ser de un modo u otro, y con tantas exigencias?


Y toca la hora de volver… aunque no queramos o queriéndolo con muchas ganas, la realidad, lo cotidiano o los deberes una vez más nos arrastran.

Al final de la tarde una fuerte lluvia  hizo de cortina blanca entre orilla y orilla, impidiendo que se pudiera ver nada entre una y otra. Ya para ese momento no contaba con ninguna fuente de energía para cargar mi cámara, sin embargo el ver la nube de agua, tapándolo todo, hasta lo más cercano y obvio me dejó pensando que así mismo, con las cosas más simples y obvias, ocurre que nubes de mal entendidos o supuestos nos impiden ver con claridad en algún momento…

Y llegue nuevamente a mi ventana


Y el atardecer me recibió, como diciendo: —Este  paseo por la vida, te recuerda que eres mía, que te espero para que me veas…

Así que lo hice, fui a el, le miré y como siempre le hice mío… tu Cielo, una vez más fuiste mío, en medio del atardecer.


Ese es mi paseo diario por la vida, ese que me sacude y me emociona.


Y así se fue marchando el día, luego de ese paseo que me regaló la vida….

Los cuadros colgados… ❤️👀

Alguna vez te has detenido a observar los cuadros que penden en las paredes del sentimiento…?


Lo que sentimos puede tener paredes… a veces unos muros altos producto de nuestras acciones desesperadas con el único objeto de auto protegernos del dolor. Ese sentimiento que quizás fue lastimado en un tiempo, lo revestimos de paredes, en las cuales vamos colgando cada una de las acciones que hemos realizado para mantenernos a salvo.

Otras paredes son de cristales, en ellas los cuadros en lugar de ser colgados son dibujados de forma artística sobre esa misma superficie. Allí el paso de la luz o de la sombra de las propias emociones va dejando las huellas necesarias para cubrir igualmente esas paredes.

Es increíble dar un paseo por esos pasillos e ir comprobando paso a paso, lo que hemos podido enmarcar en cada ocasión .

Nuestras acciones son el mejor retrato de lo que decimos sentir, por tanto la galería que poseamos en el interior, en algún momento se hará de exposición pública.

Hay quienes tienen capacidad para ver nuestras obras de arte (o de desastre) cuando ni siquiera nosotros mismos lo notamos, y esas personas son los que más de una vez han tomado el pincel junto a nosotros para que nuestro cuadro quede de una manera u otra.

Por tanto nuestras acciones deben ser fieles a lo que sentimos, y en la medida que igualmente sentimos, iremos haciendo.

Revisando mi galería... 👀🖼

Días que pasan, sentimientos que no…

Repasando las horas de este día de Julio, se me viene al recuerdo unas palabras que alguna vez escuché: “amor de un día ”

Te imaginas que el sentimiento pudiera ser como este día, que simplemente amaneció hermoso, radiante, colorido 

Sus horas fueron ardientes mientras duraron sus horas… y luego al llegar la tarde, se despide. Se acaba.
¿Amor de horas… cómo sería?

Ya has consumido tu las mías, ya no te quedan, ya no existen, se han ido con el día… te imaginas?

Y volviendo a repasar este día,  su aspecto, su esplendor su maravilla; me encuentro con que el día no pasa, no termina, que los que lo hacemos somos nosotros, nuestras vidas.

A este día de Julio, quien le ha puesto duración somos nosotros, para él, el hoy es solo lo que existe.  Se viste de luz o de nublado y es solo cambiarse de ropaje, son circunstancias, pero él, en su esencia, en lo que es no cambia.


Y me dice: -Pequeña, no eres la única que tiene de lo que se queda para siempre, yo soy hoy, el día, y no me voy aunque otros así lo crean.

Cerré mis ojos y lo ví… día tras dia como siempre, vestido de diferente y único esplendor cada vez, pero el mismo al que me acerco diariamente.


—Soy el “día del amor” -volvió a decirme-.  Ese que tampoco te deja por completo. No pienses porque pases horas tu sin verme, cuando duermes, yo he dejado de existir en cualquier modo.

Entonces, en medio de este mismo día de Julio, me doy cuenta que aunque pase, el no pasa, porque va al mismo compás  de lo que siento. Eso que también llegó para quedarse, como este hoy eterno de mi alma.


Y ahora se enciende más, para hacerme entender, que cuando yo creo que termina… no se acaba.  Como el amor, el brilla, quema y hasta duele, y para que se extinga no puede hacerse nada.

Julio, en esta tarde del día que no se acaba, me doy cuenta que solo lo que se siente es lo que no pasa…

Hoy… un ayer, un mañana…

Si ayer me hubiera desgastado pensando en  este hoy, que era su mañana;  como un día que ameneceria lluvioso y cargado de complicaciones, seguro me habría abrumado de solo pensar en cuantos inconvenientes pudiera tener, apenas al abrir lo ojos.  Quizás me angustiara por no tener paraguas, por las colas que se forman en el tráfico cuando llueve, por las enfermedades que pueden llegar a causa de un resfriado (sobre todo por estos lados en los que no se consiguen las medicinas con facilidad) y así, un sinfín  de escenarios que produjeran desasosiego pude haberlos tenido de solo pensar ayer, en mañana, que es este hoy.


De la misma manera, también pude haberme imaginado un mañana esplendoroso, lleno de un sol que despertara hasta mis sentidos más dormidos, y quizás me animara a vestir de la manera más fresca posible, esperando que sus rayos de alguna manera me penetraran… y en lugar de ello, también pudo amanecer hoy (que es el mañana del ayer) nublado o simplemente llorando, perdón, quise decir, lloviendo.

En ambos casos, mis supuestos de un “mañana” que no había llegado, primero me hicieron desconocer el hoy maravilloso que viví en ese momento, ese hoy que es mi ayer, y no cuenta ya mucho; y por otra parte me creó angustia o excitación algo que simplemente ¡no existía! Porque simplemente fue así… este hoy, aún ayer no ocurría.

Hoy, ahora, solo me quedo con este instante.. el mismo en el que tus ojos me recorren a través de mis letras.  Ayer , si me viste, está bien, pero deseo que me veas hoy; mañana ni idea tenemos de si nos veremos, por tanto deseo (otra vez) verte hoy. Este es mi presente continuo, el que comparto contigo, en este hoy, sin ayer, sin mañana.

Díade Junio, semana que inicia …

El día sonríe con la luz que se esconde entre nubes de alegría.


Cambia en tan poco tiempo y dibuja un semblante  nuevo, que es impredecible saber qué vendrá más adelante. Eso lo hace excitante.

Sus matices bellos, nos inspiran  a tomar cada hora como un hermoso paquete puesto a la puerta de nuestra alma, que nos atrevemos a tomar para nosotros, por presentir que la mejor oportunidad esta contenida ahí, en lo que nos atrevemos a abrir.


Las ganas del día no se quedaron tiradas en el letargo o la tristeza del aguacero de ayer… hoy se despertaron con la fuerza de conquistar lo inconquistable, de eso a lo cual ni siquiera nos asomamos por temor a no obtenerlo.

Junio, hoy despiertas considerando el valor de sonreír… porque sabes perfectamente a que saben las tristezas.

Hoy sonrío contigo, en medio del Cielo que me embarga.

Recorrido..

El día de ayer, me permitió hacerme consciente de algo:

Hay un recorrido diario que la luz hace…


Indistintamente de que la veamos o no, aparece.  El sol como su portador cada mañana inaugura la posibilidad de un día más. Un día más para saborear lo que  nos espera en sus horas, un día menos para los que aspiran disfrutar la eternidad.

Unas veces preferimos quedarnos envueltos en las sabanas, abandonándonos a un letargo que habla más de escondernos a nuestras propias realidades, que a extasiarnos en sueños que nos arropen. Pero al verle o no, nos hacemos testigos tácitos o activos de lo que la luz del día nos muestra.

Así como esa misma luz hace su recorrido, también nosotros los hacemos…


Unas veces mas explícitos, más atrevidos, nos mostramos.  El recorrido se hace rapido, no podemos evitar el ser vistos; simplemente queremos irrumpir de alguna manera en la vida de alguien, en un espacio no conquistado, y allí, como el sol, como la luz… entramos.

Luego que conseguimos “nuestra posición” nuestro recorrido de alguna manera se detiene, se estanca, se conforma…


No necesitamos más que estar allí, en nuestro cielo, en nuestro espacio, nos acomodamos tan bien que olvidamos que a todo día le llega su noche.


Nos obligamos a olvidar a que sabe la noche, y pretendenos deshacer los pasos de nuestro recorrido por allí, nos decimos a nosotros mismos: 

– No existió, esto es lo mío, solo sé de esta luz.

Y por supuesto nos alumbramos tanto, y las pupilas de nuestras emociones llegan a estar tan dilatadas que fuera de eso que creemos, nuestro único recorrido, no nos atrevemos a ver más nada, porque simplemente a nuestros ojos no existe.

Hoy, este día de Junio me dice a través del sol, que tenga presente que en el recorrido no solo podemos estar mostrándonos y brillando, tal como la hace el sol, sino que también hay horas de penumbra, en las que el  paso se detiene, y simplemente salimos de escena. No olvidando eso podemos avanzar tranquilamente cuando nos toque, sin necesidad de sólo colgarnos en la comodidad de lo que creemos no se va a mover.


Nada es siempre igual, aunque nos parezca, aunque el paso a paso de los días nos resulte conocido tiene implícito sus bemoles distintos, sus diferencias, momentos de más y menor intensidad y emoción. No siempre estamos al mismo ritmo o con el mismo sonido, y aún cuando el camino que toque por recorrer sea el único que tengamos, no lo asumiremos de la misma manera todos los días: no de manera idéntica.

Y puede que existan momentos cumbres que pongan al  relieve lo que nos llena, lo que nos hace temblar de solo pensarlo, sin embargo también hay otros, en los que algo de manera circunstancial o no, también cubre eso y solo podemos conformarnos con su resplandor.

Nada se mantiene estático… insisto, nada.

Como el sol sale en su recorrido y lo hace cada día, porque sabe qué hay nuevos caminos que pueden surgir.  Igual nosotros recorremos el camino, con las sorpresas que se presenten, estemos preparados para ellas o no.


La luz, en su recorrido sale, brilla con todo su esplendor y luego, simplemente de retira para volver otra vez cuando lo cree oportuno. Nuestro recorrido diario puede ser similar…en el que a veces también aparecemos, brillamos y luego por alguna razón nos apagamos.  Pero necesitamos el mismo empuje del sol, para volver a salir, a la vida, a nuestro recorrido, a menos que definitivamente se acabe nuestro camino…